Naciones Unidas pide a París que establezca un proceso de autodeterminación para Polinesia Francesa

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Las Naciones Unidas han aprobado una resolución pidiendo a Francia que establezca un proceso de autodeterminación para  Tahiti Nui ( Polinesia Francesa). Esta expone que el pueblo de este archipiélago debe elegir libremente su estatus político, señalando que durante más de 30 años París llevo a cabo pruebas nucleares que han tenido un impacto notable sobre la salud y el medio ambiente.  Se pide intensificar el diálogo a Francia a pesar de que el gobierno de Polinesia Francesa solicitó en el mes de octubre que el territorio dejase de formar parte de la lista de descolonización de Naciones Unidas. París se ha negado a organizar  un referéndum en Tahití a pesar de haber sido solicitado por la asamblea territorial hace tres años.

Francia retiró de la lista  a los llamados Establecimientos Franceses de Oceanía en 1947, 67 años después de anexionarse el antiguo Reino de Tahiti. En 2013 la Asamblea General de Naciones Unidas  volvió a incluir a Tahiti Nui, medida que molestó a París calificando el acto como una flagrante interferencia de la ONU y desde entonces evitando la cooperación  sobre esta materia.  Francia reconoce sin embargo a Naciones Unidas en el proceso de descolonización de Kanaky Nueva Caledonia, territorio melanesio en el que se prevé un referéndun sobre la independencia dentro de dos años.

Hotel Hanga Roa : Firma de Acuerdo entre el clan Hito y el Estado chileno

El 11 de octubre, cinco días después que iniciaran protestas contra el Hotel Hanga Roa, se firmó un histórico acuerdo entre la Gobernadora de Isla de Pascua, Carolina Hotu Hey; y los herederos de Ricardo Hito Tepihe, representados por Pedro Hito, Luis Emiliano Tuki Hito (Kihi), Ricardo Hito Cea, Susana Tuki Hito, Santi Hitorangui, Claudio Tuki Hito (Rau) y la  portavoz Marisol Hito (Kere).

Este consiste en el compromiso de constituir una Mesa de Trabajo que iniciará sesiones el próximo 18 de octubre y tendrá 90 días –divididos en cuatro etapas- para resolver el problema de tierras entre los Hito y el Estado.

En el Punto Primero del convenio se comenta respecto de cómo se originó esta Mesa, después de tantos años estancado el problema:

Con fecha 11 de octubre, se presentan los herederos de don Ricardo Hito Tepihe, a esta Gobernación Provincial, manifestando ellos, el deber del Estado de entablar diálogo para lograr una solución, por situación en particular que afecta sus derechos que expresan corresponderle por el terreno donde está ubicado el Hotel Hanga Roa Eco Villaje, y reclamos por situación vivida fin de semana anterior, además del desconocimiento del Estado por derechos anteriores.

Se hacía alusión al hecho que la mañana del martes 11 una delegación de los Hito irrumpió en la Gobernación Provincial en momentos que comenzaba a sesionar la Subcomisión de Desarrollo de Isla de Pascua (Subcodeipa), estando presentes los comisionados electos rapanui y la gobernadora Hotu.

Los Hito acudían a protestar, en primer término, contra la Orden N°646emanada por la gobernadora Hotu el viernes 7 de octubre, en que se solicitaba a la Armada desalojar a este clan de los exteriores del Hotel Hanga Roa.

Por destemplada, dicha orden no se vio concretada. Los Hito rehusaron abandonar su legítima protesta, mientras que el Gobernador Marítimo y el capitán de Carabineros prefirieron no llevar a efecto el desalojo, por las negativas consecuencias que una medida así podría tener, máxime si se considera que en Rapa Nui todos reconocen que las tierras en disputa efectivamente son propiedad ancestral de los Hito.

Marisol Hito lideró a su Clan en la arremetida en la reunión de la Subcodeipa. Habló fuerte y claro. Fue tan intenso el momento que la Gobernadora y el resto de los comisionados se allanaron ahí mismo a iniciar un diálogo que encaminé a una solución definitiva de este caso, el más emblemático e internacionalmente conocido de todas las situaciones de despojo de tierras que afectan a los Rapa Nui.

Los otros puntos centrales del acuerdo son:

CUARTO: Se establecerá una mesa de trabajo, sin perjuicio de las manifestaciones pacíficas, conformada por representantes de los Herederos de Ricardo Hito Tepihe, el Ministerio de Interior y Seguridad Pública, representado por la Gobernación Provincial (…) la Subcomisión de Desarrollo de Isla de Pascua, el Ministerio de Bienes Nacionales,  la CONADI, el Consejero Nacional de la CONADI Rafael Tuki Tepano y el Ministerio de Desarrollo Social;. Se integrarán a la Mesa de Trabajo los Honui que los herederos de Don Ricardo Hito Tepihe designen para esta mesa.

QUINTO: Herederos de Ricardo Hito Tepihe establece un plazo de 90 días, con cuatro etapas, la materia de cada etapa se establecerá en la mesa indicada en el numeral anterior. La Primera etapa será del día 1 al día 15, inclusive. La Segunda etapa del día 16 al día 30 inclusive. La Tercera etapa del día 31 al día 60 inclusive, y la Cuarta y última etapa desde el día 61 al 90.

El compromiso de diálogo logrado entre los Hito y el Gobierno, se suma al Convenio de Asociatividad -firmado en septiembre- entre la comunidad Rapa Nui y Conaf por la gestión y usufructo del territorio ancestral comprendido en el Parque Nacional, lo que supone otro avance trascendente en el proceso de recuperación del territorio de este Pueblo.

Estos acuerdos muestran que el diálogo, el respeto de los derechos territoriales y a la investidura de las autoridades Rapa Nui es el único camino para recomponer la relación entre Chile y el Pueblo Nación Rapa Nui. Fuente original: Prensa Rapa Nui

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864

 

El esbelto volumen es una obra maestra. Un ejemplo elegantemente escrito de reconstrucción histórica, Slavers in Paradise (Australian National University Press, Camberra, 1981) hace la crónica de un triste capítulo genocida en la historia de las Islas del Pacífico durante el cual 3.125 isleños  fueron secuestrados o reclutados para trabajar en el Perú durante el periodo 1862-3. El profesor Maude es el decano de los historiadores del Pacífico y su relato refleja su enorme pericia, la familiaridad de toda una vida con Oceanía y su compasivo entendimiento de los isleños y sus culturas.

Según su propia admisión, el libro fue resultado de un `intermitente trabajo de amor a lo largo de veinte años´. Comenzó con una virtual tabula rasa, se basó en una vasto variedad de documentación en archivos franceses, británicos, hawaianos, peruanos y españoles, y forjó `un cuadro compuesto a partir de una intratable colección de hechos discretos´. El resultado es un soberbio trabajo detectivesco; cuidadoso, enciclopédico y preciso. La historia que Maude cuenta es la del `más dramático conflicto regional ocurrido en el escenario romántico de los Mares del Sur, entre perplejos inocentes  y la codicia humana´.

La historia del periodo colonial en Oceanía fue y es una historia de hambre de fuerza laboral. Los poderes imperiales que dividieron las Islas del Pacífico en el último siglo (XIX), constantemente estaban buscando proveedores seguros de trabajo barato y tratable para laborar en sus intereses, intensivos en labor, agrícolas y mineros. Así, los franceses utilizaron prisioneros políticos vietnamitas en las minas de níquel de Nueva Caledonia, y reclutaron chinos para que sirvieran de artesanos en Tahití; los australianos reclutaron isleños de las Salomón para cortar caña en Queensland; y los británicos transportaron a Fiji trabajadores obligados por contrato para producir azúcar. El comercio esclavista peruano — pues aparte de las finezas legales ninguna otra palabra describe tan adecuadamente el proceso— fue, entonces, una (aunque una más trágica) en una serie de corrientes humanas de convección que vincularon las Islas del Pacífico con la cuenca del Pacífico.

La experiencia de este trabajo tuvo un efecto profundo no solo sobre los trabajadores mismos, sino sobre los territorios originales y de destino. En primer lugar, el proceso de reclutamiento fue homogeneizador, pues quebró las distinciones de clan, casta, tribu y lengua que existían entre los reclutados. En segundo lugar, los introdujo a culturas (generalmente occidentales), materiales y no materiales, ajenas, y aseguró, vía la repatriación, la difusión de esas culturas por toda la región del Pacífico. Hablando generalmente, la cultura repatriada socavó las estructuras políticas, económicas y sociales, al mismo tiempo que forjaba nuevos vínculos de dependencia, particularmente en el nivel material, entre el territorio de origen y el de destino.

Al mismo tiempo, los territorios de destino fueron transformados. La experiencia del trabajo dio origen a sociedades plurales, como en el caso de Fiji y Nueva Caledonia, o creó pequeños enclaves extranjeros, como en el caso de los chinos en Tahití y los isleños del Pacífico en Australia.

Afortunadamente, los pasados veinte años han sido testigos de un enorme crecimiento en el conocimiento de estas variadas tratas de fuerza de trabajo, como consecuencia de la investigación de estudiosos como Parnaby, Corris, Scarr, Gillion y McCall. Sin embargo, hasta la publicación de Slavers in Paradise, la historia del reclutamiento peruano de fuerza de trabajo en las Islas del Pacífico durante la década de 1860 era apenas entendido. H.E. Maude ha hecho un invalorable servicio al documentar este comercio en detalle y destruir los mitos asociados con él.

La decisión peruana de reclutar fuerza de trabajo en la región del Pacífico fue resultado de una combinación de factores: la supresión del reclutamiento en China, la emancipación de los negros en el Perú, la eliminación del tributo indígena, el desarrollo de la explotación guanera y la expansión de la agricultura peruana como resultado de la escasez producida por la Guerra Civil en los Estados Unidos. El 15 de enero de 1861, el Congreso peruano promulgó una legislación que permitía la introducción de los denominados colonos asiáticos, con la intención de que sirvieran como sirvientes domésticos o como peones en las propiedades de los poderosos hacendados.

El reclutamiento de polinesios, en realidad, ocurrió por accidente. Un aventurero irlandés llamado J. C. Byrne, recibió una licencia, el 1 de abril de 1862, para introducir colonos de las Islas del Pacífico, y partió del Callao rumbo a las Nuevas Hébridas en Melanesia. En su ruta sucedió que visitó Tongareva, en las Islas Cook del norte. Llegó en un momento altamente fortuito. Los franceses acababan de reclutar a los isleños de Tongareva para trabajar en Tahití, y quienes quedaron, enfrentados ante un periodo de escasez de alimentos, estaban ansiosos por dejar la isla. Byrne firmó contratos con 253 isleños y ahí comenzó la carrera por la fuerza de trabajo polinesia. Finalmente, 33 barcos fueron comprometidos en el reclutamiento (27 peruanos, 4 chilenos, un español y uno de Tasmania), y durante treinta y ocho viajes entre septiembre de 1862 y abril de 1863, visitaron todos los grupos habitados de la Polinesia, excepto Hawaii.

Una variedad de estratagemas fue usada para obtener la fuerza laboral. Ocho barcos armaron una incursión armada en la Isla de Pascua en diciembre de 1862 y se llevaron a 349 de los habitantes; el capitán de la Empresa ofreció al gran jefe de Atiu, en las Islas Cook del sur, $3,000 en monedas de oro por doscientos hombres; y el doctor a bordo del mismo barco atontó a los isleños con una mezcla de brandy y opio.

Sin embargo, no todos los isleños fueron obtenidos por la violencia y el engaño. Como la gente de Tongareva, los habitantes de las islas Gilbert del sur estuvieron prontos a ser voluntarios, debido a que la comida era escasa. Los jóvenes de Niue, se informa, tenían la `manía´ de emigrar en búsqueda de aventuras, mientras otros setecientos isleños de las Cook, inocentes, crédulos y acostumbrados a confiar en los europeos, firmaron por voluntad propia.

Los reclutadores encontraron dos comunidades que ayudaron y obstaculizaron sus empeños: `vagabundos de playa´(beachcombers) y misioneros. Byrne, por ejemplo, utilizó los servicios de un vagabundo conocido como Beni para que lo ayudara a reclutar en Tongareva, mientras Paddy Cooney, `un súbdito británico de mal afamado carácter´, indujo a 85 pakapukanos a contratar con el Jorge Zahara. Algunos de los vagabundos y tripulantes de la nave, sin embargo, no estuvieron dispuestos a ser parte del fraude, y el sobrecargo de la Empresa fue abandonado a su muerte por insistir en que los isleños fueran reclutados voluntariamente.

Los misioneros, en líneas generales, hicieron lo que pudieron para impedir el reclutamiento, y Maude reconoce su deuda con los registros de los misioneros en su reconstrucción del comercio. Los misioneros católicos franceses en la Polinesia oriental, como el Padre Honoré Laval, quien bloqueó el reclutamiento de la Serpiente Marina en Mangareva, islas Gambiers, fueron particularmente efectivos pues fueron capaces de convocar a las autoridades navales y coloniales de Tahití.

Los isleños no siempre fueron víctimas inermes de las operaciones esclavistas. En cierto número de casos los jefes polinesios evitaron el secuestro o el reclutamiento colocando tapus (tabúes) en los navíos peruanos. En otros casos tomaron las cosas en sus propias manos capturando naves y tripulaciones: los ´del atolónde Rakahanga capturando la Empresa; los Rapa tomando el mando de la goleta Cora, que ellos dirigieron a Tahití; y los Tonganos de Ha’apai emboscando a los marineros de la Margarita.

Mientras la mayoría de los raptados o reclutados no fueron tratados brutalmente durante el viaje al Callao, `la puerta del infierno´, muchos de ellos cayeron víctimas de enfermedades. En tierra, el asunto se puso peor. Efectivamente, como Maude sugiere, un período de trabajo por deudas en el Perú `era equivalente a una sentencia de muerte´. Sesenta y cinco por ciento de quienes desembarcaron murieron de enfermedades pulmonares o intestinales, mientras un sexto pereció de viruela.

La verdadera naturaleza de esta trata pronto se hizo evidente y los peruanos, cediendo a la presión diplomática británica y francesa, acordaron repatriar a los isleños. Naves sobrecargadas y pestíferas regresaron su cargamento enfermo y moribundo a la Polinesia. El resultado fue una catastrófica despoblación de las islas y, en total, cerca de seis mil murieron directa o indirectamente como resultado de la trata esclava.

¿Cómo se adaptaron los isleños a este grande y externamente inducido desastre social? ¿Qué estratagemas emplearon ante la súbita desaparición  de entre el 24 y el 79 por ciento de la población de trece islas? El mayor problema que tuvieron que enfrentar fue la falta de varones adultos. Esto significó que las tareas tradicionales de conseguir los alimentos tuvieron que ser reasignadas y que las poblaciones isleñas tuvieron que ser repuestas suspendiendo las sanciones que prohibían el adulterio, alentando la inmigración masculina y terminando practicas tales como el aborto y el infanticidio.

Al mismo tiempo, el trauma de la experiencia peruana alentó la difusión del cristianismo, y socavó las estructuras tradicionales del poder. Así, cuando los misioneros llegaron a la Isla de Pascua en 1864, encontraron `solo las ruinas de una civilización´, tras haber colapsado hasta el caos el viejo sistema económico y político.

Aunque todos los interesados en la historia del Pacífico se beneficiarán de la investigación de Maude, su sombría letanía fue compilada principalmente para los descendientes de quienes sufrieron. `Solo mediante el conocimiento de su historia´, escribe él, `podrán los isleños de hoy hacerse completamente conscientes de su identidad regional, y cuidarse así de la aniquilación de a pocos que los amenaza en el presente siglo, como el cautiverio peruano lo hizo en el pasado´.

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864 (reseña de  James A. Boutilier, publicado originalmente en The International History Review, Vol. 5, No. 1 (Feb. 1983), pp. 155-158. Traducido por Alberto Loza Nehmad.

Según un estudio de ADN, los primeros pobladores de Vanuatu llegaron de Asia

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Fotografia: © Paolo & Maryjohn Sampson

Los primeros pobladores modernos de Vanuatu llegaron a ese archipiélago de l a Melanesia  hace unos 3.000 años desde Asia para después colonizar el archipiélago polinesio de  Tonga, según un estudio arqueológico del ADN publicado en Australia. `La actual población de Vanuatu desciende en primer lugar de los asiáticos. Su población original es de base asiática, de Taiwán o quizá del norte de Filipinas´, ha asegurado Matthew Spriggs, que formó parte del equipo investigador de la Universidad Nacional Australiana.

El trabajo, divulgado en la revista científica Nature, se ha centrado en el análisis del ADN antiguo de tres muestras de esqueletos excavados del cementerio más antiguo que se conoce de la cultura Lapita, situado cerca de la capital, Port Vila en la isla de Efate.  Las conclusiones de la investigación descartan que los primeros pobladores de Vanuatu descendieran de las poblaciones vecinas de Australia o Papúa Nueva Guinea, que llegaron a la región hace al menos 40.000 años.

La arqueología consideraba que los lapita, pueblo de exploradores marinos, procedía de Nueva Guinea o de alguna otra región de Australasia, y que luego se diseminó por las islas Salomón, Fiji, Tonga y el resto de Polinesia, entre el 1.600 y el 1.000 antes de Cristo. Según el nuevo estudio, estos primeros pobladores asiáticos `pasaron por lugares en donde ya había gente, pero fueron hacia Vanuatu, donde no había nadie´, dijo Spriggs según un comunicado de la universidad. Después se vincularon con los papues para producir la mezcla genética que se ve actualmente en Vanuatu y en el resto del Pacífico, aunque `la diferencia está simplemente en el porcentaje´, subrayó el arqueólogo.

Otro estudio del ADN antiguo de las muestras tomadas en un cementerio de Tonga -realizado por Geoffrey Clark, de la misma universidad- confirmó que el mismo grupo de gente habitó por primera vez  este reino polinesio, aunque años después.

Takatāpui, el orgullo recuperado

Takatāpui A place of standing (Oratia Media, Aotearoa Nueva Zelanda, 2016) ilustrado con magnificas fotografías  y acompañado de  textos de introducción de Witi Ihimaera, Ngahuia Te Awekotuku y  Henare Te Ua, es un libro dedicado a la vida e historias de los  takatāpui de Aotearoa Nueva Zelanda.

El termino māori takatāpui definía en el pasado a aquellas personas que compartían el amor y el sexo con su mismo género, fue recuperado en la década de los ochenta para definir a una persona māori no heterosexual. Takatāpui es una palabra definida en el  Diccionario de la Lengua  Māori compilado por el misionero William Williams (1844) como “un compañero íntimo del mismo sexo“. Actualmente identifica a la comunidad LGTB māori y posee variaciones distintas como takatāpui kaharua o bisexual, takatāpui wahine o lesbiana, takatāpui wahine ki tāne y takatāpui tāne ki wahine para los transexuales masculino y femenino respectivamente.

La herencia puritana impuesta por las reglas y códigos religiosos de los colonizadores occidentales borro deliberadamente todo rastro de los takatāpui, la iglesia institucional se encargó de predicar a sus fieles la creencia de la inexistencia de la homosexualidad en  aquellas  sociedad polinesia y la práctica de esta como grave ofensa a su Dios. Hoy día algunas comunidades e iglesias conservadoras nativas que reducen la sexualidad humana a la reproducción dentro del matrimonio patriarcal, no aceptan la existencia de la homosexualidad en la tradición māori,  particularmente entre sus miembros masculinos a los que se les ha dotado desde siempre un carácter guerrero.

A diferencia de los fa’afafine samoanos, por citar un ejemplo en Polinesia, los takatāpui  no ocupan una posición social definida dentro de la familia, comunidad y sociedad, sin embargo para comprender el significado real de lo que es ser fa’afafine o takatāpui hay que situarse en el plano cultural mucho más que en el sexual, sino todo esfuerzo es en vano.

Takatāpui A Place of Standing, nos muestra la reconexión con un pasado olvidado, un tiempo  antes de que  los estereotipos de género occidentales se impusiesen en la sociedad māori y la sexualidad se conviertiese en un motivo de discriminación. Del mismo modo,  nos acerca a  un presente vibrante desde donde los takatāpui pueden reclamar su reconocimiento e igualdad al mismo tiempo  que  aspirar a  un futuro mejor y encontrar un espacio donde posicionarse y el cual  forma  parte integral de la identidad māori . Permite a través de sus  páginas y fotografías  emplazar el  lugar histórico al que  este colectivo   pertenece;  conectando de esta manera  con la cultura, la identidad, la tierra y el espíritu. Una obra cargada de vitalidad, de aroha o amor desinteresado por el otro;  luchas y triunfos de una comunidad que ha venido siendo doblemente marginada durante  mucho  tiempo,  tanto por  las corrientes principales del  pensamiento  pākehā como  māori . Takatāpui A Place of Standing, sigue  el progreso alcanzado hasta día de hoy, partiendo desde los años de opresión  que tuvieron lugar antes de la Homosexual Law Reform Act de 1986 y la reacción de las comunidades māori que precedieron a los oscuros años de la epidemia del SIDA. Treinta años después de aquella reforma todavía queda mucho por hacer aunque también mucho que celebrar. Historias  contadas en primera persona,  desde todos los ámbitos vitales y a través de décadas, es un homenaje a aquellos que lucharon por sus derechos y a los que se debe hoy día que los takatāpui puedan expresar su identidad abiertamente y con orgullo.

The New Zealand AIDS Foundation/Te Tuapapa Mate Araikore O Aotearoa  bajo la dirección de Jordan Harries y su equipo han venido trabajando durante años en esta preciosa obra; juntos llevan adelante el compromiso de la fundación con los māori y otras comunidades homosexuales y bisexuales  a través de celebraciones tales como Big Gay Out y Hui Takatāpui; un esfuerzo colectivo cuya conclusión obedece a la contribución de muchos líderes comunitarios, miembros, investigadores, editores, traductores y fotógrafos, sin  cuyo tautoko (apoyo) y manaakitanga (hospitalidad), estas historias jamás se hubieran contado.

Ma’u Henua se hará cargo de proteger el Parque Nacional de Rapa Nui

Desde el lunes pasado, los turistas que ingresan al Parque Nacional Rapa Nui, en Isla de Pascua, ya no le pagan las entradas a los guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) para ingresar a esta reserva. El cobro lo realizan los miembros de la comunidad indígena Ma’u Henua que se hizo cargo de coadministrar, por un año, esta área protegida tras firmar un acuerdo con la Corporación en agosto.

Para nosotros esto es algo nuevo, algo histórico porque vamos a administrar nuestra herencia ancestral que son nuestros más de 25 mil vestigios arqueológicos que existen en la isla que todos estos años han estado en estado de abandono y deterioro continuo”, dice Camilo Rapu, presidente de Ma’u Henua.

Hetereki Huke es arquitecto y  ha desarrollado investigaciones patrimoniales en el parque que  ocupa cerca del 40% de la isla. Explica que el patrimonio arqueológico no solo se concentra allí sino que está presente en todo este territorio insular.

A su juicio, los factores que aceleran su deterioro son la exposición de las estructuras a la intemperie, el  paso de vacas y caballos,  la acción de los turistas y el crecimiento urbano. El Parque Rapa Nui recibe unos 65 mil turistas en promedio al año y se ubica entre los más visitados del país, según Aarón Cavieres, director de la Conaf.

Cavieres, quien firmó el convenio de coadministración en agosto con Ma’u Henua explica que este instrumento permite que la comunidad comparta la administración de uso público del parque, haciéndose cargo de las tareas vinculadas al acceso y manejo de la visitación de las áreas de uso público. Conaf, en tanto, se preocupará de la biodiversidad del lugar y el control de incendios, entre otras funciones.

El plan de acción inicial con la comunidad busca pasar de 5 sitios de visitación habilitados, como Rano Raraku o Tahai,  a 25 sitios con presencia de personal que atienda al visitante sin afectar la conservación del patrimonio arqueológico.“Existe consenso de todos los involucrados, en que el traspaso de competencias es un proceso que, para que sea exitoso, debe ser paulatino”, advierte Cavieres.

Rapu, en tanto,  advierte que aspiran a la administración total del parque el próximo año, antes que la Presidenta Michelle Bachelet deje su cargo. Por eso pidieron expresamente que se incluyera en el convenio de asociatividad parte del discurso que hizo la  mandataria el 30  abril pasado, en el que señala que seis meses antes que termine el gobierno hará una evaluación y el traspaso del parque.

El presidente de Ma’u Henua agrega  que en promedio son $1.200 millones los que ingresan al parque por concepto de entradas, las que cuestan $30 mil para extranjeros y $10 mil para nacionales.  “Todo se puede reinvertir en la mantención y conservación, porque Conaf destinaba antes los fondos a la parte operativa”, asegura Rapu, quien advierte que el precio podría subir a US$80 para extranjeros y US$20 para turistas nacionales, $52 mil y $13 mil respectivamente, a raíz de un acuerdo que están heredando de la Conaf con la Comisión de Desarrollo de Isla de Pascua (Codeipa).

La presidenta de la Codeipa, Anakena Manutomatoma, señala que desde julio están analizando este tema con la Corporación y la cámara de turismo. “Si hay un alza de las tarifas es para mejorar todo dentro del parque y entregar al turista un mejor servicio”, plantea. El manejo conjunto de áreas protegidas, como en este caso, se promueve a través de tratados internacionales y será parte de la discusión del futuro Servicio de Biodiversidad. Fuente original: La Tercera

Papahānaumokuākea, al noreste del archipiélago polinesio de Hawai’i, declarada la mayor zona protegida del planeta

Barack Obama, presidente de los Estados Unidos,  declaró este pasado  viernes la mayor zona protegida del planeta, en una región al noreste del archipiélago polinesio de Hawai’i. Su decisión multiplica por cuatro el área del Monumento Nacional de Papahānaumokuākea, declarado en 2006 por George W. Bush, y que abarca en total más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierra y océano. La medida impone la prohibición de pesca comercial en el área protegida y exigirá un permiso especial a todas las investigaciones científicas que necesiten extraer ejemplares de la zona.La zona protegida en aguas hawaiianas triplica el tamaño de España y es superior a la de todos los parques nacionales estadounidenses juntos. Además, cuenta con la mayor comunidad de aves marinas del mundo, con más de 14 millones de ejemplares de 22 especies distintas. Allí también ha sido descubierto recientemente el animal vivo más longevo del planeta, un coral de 4.500 años, así como seis montes submarinos donde viven más de 7.000 especies marinas.

Papahānaumokuākea está  formado por un conjunto de islitas y atolones de coral  de escasa altura enclavados  a unos 250 km al noroeste del archipiélago principal de las islas Hawai’i. Se extiende por una superficie de 1931 km y para los hawaianos, este sitio tiene un significado cosmológico, ya que encarna el vínculo de parentesco entre los hombres y la naturaleza, cuna de la vida y tierra de albergue de los espíritus después de la muerte.

Dos de sus islas, Nihoa y Makumanamana, poseen vestigios arqueológicos que atestiguan la presencia de asentamientos humanos y la ocupación del suelo antes de la llegada de los europeos. Las isletas y atolones poseen hábitats pelágicos de aguas profundas y otros elementos notables como montañas submarinas, bancos de arena sumergidos, vastos arrecifes coralinos y lagunas marinas.

El anuncio de la Casa Blanca coincide esta semana con el centenario de los Parques Nacionales de Estados Unidos y supone la confirmación de los esfuerzos de Obama para responder a los desafíos del cambio climático. Su orden presidencial se une a otras similares en las que ha declarado la protección de más de 2,2 millones de kilómetros cuadrados de tierra y mar, más del doble que ninguno de sus predecesores. Con motivo de este anuncio, el presidente Obama viajará la semana que viene a Hawai’i  y participará en el Congreso Mundial de la Naturaleza, organizado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en Honolulu. La Casa Blanca asegura en su comunicado que, además de contribuir a la protección de la zona y las especies que viven en ella, esta región está considerada como un lugar sagrado para los ciudadanos kanaka maoli o  nativos hawaiianos.