¿Dónde iría un fugitivo en la isla más remota del planeta?

17952958_999389003527391_290970053111261406_n

Un investigador encontró 32 documentales filmados en Isla de Pascua hace casi un siglo. En todos hay imágenes de los moai, pero apenas aparecen sus habitantes, en ese momento bajo una colonización cruel, tratados como esclavos y encerrados en su propio pueblo por más de 60 años. Desesperados, muchos de ellos se fugaron en precarios botes hacia alta mar.  La película Tierra Sola de Tiziana Panizza cuenta esa historia y el registro de su prisión actual; una pequeña comunidad custodiada por gendarmes nativos y chilenos. ¿Dónde iría un fugitivo en la isla más remota del planeta? Tierra Sola es un documental acerca de la paradoja de la libertad en la isla más apartada del mundo.

`La cárcel de Isla de Pascua es parte de la institucionalidad del Estado chileno allí. Como tal, se instala allí con gendarmes continentales, pero también una dotación de oficiales Rapanui que fueron formados para ejercer en su propia isla´, cuenta su directora, quien detalla que la cinta sigue a dos gendarmes mujeres, una continental y la otra Rapanui.

`Esta historia de alguna manera viene a llenar el vacío que tenemos. Poco sabemos de Isla de Pascua, más allá de los moais, o de sus bailes tradicionales. No es materia de textos de estudio de historia. No se enseña la cultura Rapanui en los colegios. Menos se sabe de su historia contemporánea en el siglo XX ´

`Entendemos muy poco a los Rapanui y el orgullo que llevan de su cultura y su idioma. Sabemos de los moais y que es un destino turístico hermoso, pero hoy es clave comprender la historia de las diversas naciones que habitan nuestro territorio para poder habitarlo en armonía y diversidad ´

Visionar trailer :  Tierra Sola

Pacífico Sur: Un clima en crisis

nadi-junction-namotomoto-rups-waqavonovono

El calentamiento de la tierra amenaza a la supervivencia física y cultural de varias sociedades del Océano Pacífico. Estas son víctimas inocentes de trescientos años de quema orgiástica de combustibles fósiles en nombre de la industrialización.

Las Islas del Pacífico Sur, 25 países y territorios que reúnen únicamente medio millón de kilómetros cuadrados de superficie terrestre sobre una área marítima de 31 kilómetros cuadrados no han contribuido prácticamente en nada , para crear esta bomba climática.La región nunca ha sido una gran consumidora de combustibles. Incluso hoy día la industria en las islas es escasa y muy dispersa, los automóviles son muy pocos, y mucha gente vive y trabaja sin aire acondicionado. Sin embargo el calentamiento global de la tierra se aventura devastador para los cinco millones de personas que hacen de los atolones e islas volcánicas y de coral su hogar.

A pesar de su reputación mundial como islas paradisiacas, los micro estados y territorios del Pacífico Sur se incluyen entre los lugares más poblados de la tierra. Nauru tienen 386 personas por kilómetro cuadrado (más que los Países Bajos). Tuvalu posee 292, Guam 195, las Islas Marshall 186. Para muchos países, la tierra representa menos de un millar del área que pueden reclamar como su zona marítima económica exclusiva.

Sus precarios recursos naturales están sustentados sobre una base muy precaria. Muchas Islas del Pacífico Sur no son más que atolones o islas coralinas elevadas, que se abastecen de agua potable a través de acuíferos subterráneos de aguas poco profundas. Solamente siete islas superan los 1000 kilómetros cuadrados. Las selvas y las playas de arenas blancas pueden ser muy hermosas para la contemplación, sin embargo muchas de las islas dependen de la pesca y el mar, para garantizar su supervivencia y el comercio, más que de los recursos de la tierra.

En los Estados de las Islas del Pacífico, todo el suelo disponible esta ya siendo utilizado desde hace décadas para la agricultura; muchas y diminutas islas son incapaces de crecer y alimentar, al mismo tiempo a sus poblaciones.

Las culturas tradicionales del Pacífico han reconocido siempre la fragilidad de esta riqueza aparente.Impusieron tabu temporales sobre la pesca y la caza. Las creencias locales protegieron lugares vulnerables. Las poblaciones permanecieron en un relativo estado de bienestar, siempre y cuando no sobre pasaron la capacidad física de las islas para mantenerlos.

En décadas pasadas el impacto del mundo industrial ha incrementado esta vulnerabilidad.Una isla ha sido abandonada porque sus suelos han sido agotados por la incontrolada actividad minera de explotación de sus yacimientos de fosfatos.

En otras los residuos han contaminado peligrosamente las reservas de agua. Las actividades humanas, desde la agricultura para alimentar a una población en constante crecimiento hasta el boom turístico experimentado fuera de la región, estan sometiendo a presión muchos de los recursos de que disponen las islas.

Un incremento de 2º en la temperatura media y una subida del nivel del mar de 4 metros supondría una sentencia para algunas comunidades insulares; produciría una avalancha de refugiados de otras islas, desestructuraría muchas sociedades, circunstancia provocada por la fractura de sus sistemas de producción de cultivo y la estructura social. A parte de que supondría un impacto catastrófico sobre el resto de las poblaciones no afectadas. Tokelau, Marshall, Tuvalu, Line y Kiribati podrían, simplemente, dejar de existir.

Muchos territorios perderían sus islas exteriores, lo que supondría una amenaza mayor a los ya de por sí escasos recursos naturales, Bajo la ley internacional que proporciona las Zonas Económicas Exclusivas, una isla de un kilómetro cuadrado sin vecinos garantiza los derechos sobre los recursos marinos en áreas de más de 125000 kilómetros cuadrados.

A pesar de que las Islas del Pacífico Sur tan sólo aportan una proporción muy pequeña a los cinco millones de personas que habitan el planeta, representan una parte irremplazable de la herencia cultural del mundo: Únicamente Melanesia posee un tercio de las lenguas conocidas del mundo. La desaparición de los micro estados supondría una perdida irrecuperable de la diversidad cultural humana del planeta.

Cuando los efectos del calentamiento de la tierra empiecen realmente a sentirse, los problemas regionales se convertirán en un asunto muy grave pues las poblaciones; estas se verán obligadas a desplazarse de las islas de coral y los atolones erosionados y desprovistos de reservas de agua dulce, a las islas altas más próximas, para más tarde hacerlo a otros lugares como Australia o Nueva Zelanda.

En todos los países los sistemas agrícolas cambiarán. Se consumirá mucha más electricidad destinada, sobre todo, al aire acondicionado; se impondrá un crecimiento de los costes en la economía. El agua dulce será abundante en unos lugares y en otros a penas dispondrán de ella.

Las villas y aldeas quedarán desiertas cuando se agoten las reservas de agua potable.Nuevos asentamientos humanos aparecerán y se desarrollaran desordenadamente por todos lados, El impacto social será extremo y de proporciones gigantescas

Peter Hulm: A Climate of Crisis: Global Warming and the Island South Pacific –The Association of South Pacific Environmental Institutions , Port Moresby, Papua New Guinea, 1.989

Na veibuli, la investidura de los jefes en las islas Fiji

710px-Two_Fijian_warriors,_photograph_by_Burton_Brothers,_1884

Na veibuli, la investidura de los jefes es uno de los aspectos más importantes de la cultura material fijiana. Cada clan, tribu y confederación tienen su propio jefe. En cada una de estas comunidades los turanga de menor rango no pueden ser investidos individualmente sino que deben hacerlo al mismo tiempo que el jefe supremo. La fecha de investidura se decide entre todos los jefes de la tribu y la preparación de la ceremonia puede durar hasta un año, pues se cultivan tubérculos, se engorda a los cerdos y las mujeres confeccionan esteras o ibe  y masi o textiles naturales confeccionados con la corteza interior de la morera. Cada tribu o pueblo es responsable de la aportación de taro, tavioka, cerdos, esterillas, textiles naturales y colmillos de ballena. Todos estos bienes materiales se reúnen antes del ritual y, posteriormente, son distribuidos entre cada clan.

El turanga participa en la preparación de la na veibuli asegurando, al mismo tiempo, el bienestar de todos los participantes. Todas las riquezas personales del jefe son distribuidas entre sus subordinados. Desde la visión tradicional, un jefe siempre es pobre en el sentido material e inmensamente rico en el sentido espiritual; sus posesiones más apreciadas son su pueblo y su comunidad. Un fijiano, cuando se encuentra necesitado, siempre acude al turanga ni koro.

En la na veibuli tiene lugar la presentación del tabua (ai lakovi) en la que se demanda al individuo que acepte la condición de jefe supremo. Cuando el jefe aparece en la rara o área pública del poblado se produce un saludo solemne de bienvenida mediante el llamado tama. A continuación tiene lugar la ai qalovi (segunda presentación del colmillo de cachalote pulido) seguida de la yaqona ni sau o la preparación para el ritual de la yaqona (yaqona vakaturaga). El pueblo y el país (vanua) demuestra su convicción y confianza con respecto al jefe (lavutu). Tras la ceremonia de la kava, y habiendo sido ya reconocido como turaga, a este le son presentados un cerdo asado y cestos llenos de taro (ai wase ni yaqona). La presentación del tercer tabua (ai tataunaki), reconoce la responsabilidad absoluta del turaga como líder del pueblo o país. Magiti ni veibuli es el nombre con el cual se conoce la presentación de alimentos para ser consumidos en la magiti o fiesta tradicional: cerdos,, tortugas,taro,pescado, ñames…. Todos estos productos son presentados por la comunidad, a la comunidad y para la comunidad. Tras esta ceremonia, el ministro de la iglesia ofrece una oración (na masu), que inmediatamente da paso al banquete propiamente dicho o kana magiti. La investidura de un jefe llega a su término con un servicio religioso de acción de gracias (na lotu).

Henderson , una isla en el Pacífico Sur cubierta de plásticos

Las 18 toneladas de basura que cubren la  isla deshabitada  de Henderson convierten ese remoto territorio británico en el Pacífico Sur en el de mayor densidad de desperdicios producidos por el ser humanos del planeta.

Redes y boyas de pescar, cascos, mecheros, cepillos de dientes y envases de plástico forman parte de los  desperdicios, aunque la mayoría son `objetos sin identificar de los algunos solo miden un milímetro´, explicó a Efe Jennifer Lavers, del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania.

Lavers participó en el estudio que la ONG ecologista británica RSPB llevó a cabo en Henderson y que constató la presencia de 671 restos de basura por metro cuadrado en la isla, el más alto índice del globo, según la revista científica Proceedings de la National Academy of Science.

En el informe se calculó además que unos 3.570 deshechos llegan a sus costas diariamente, pese a que sus playas formen parte de a la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Despojos de Japón, China y Estados Unidos, pero también de Chile, Ecuador y Perú o de países más alejados, como Alemania, Francia, España y Reino Unido, acaban en esa isla  que forma parte del archipiélago británico de Pitcairn en Polinesia.

La distancia no es un impedimento para la llegada de desperdicios: el territorio, de 37 kilómetros cuadrados, se encuentra a más de 5,000 kilómetros de distancia de la masa continental más cercana y solo recibe visitas con fines científicos cada cinco o diez años. Lavers explicó por teléfono que una posible causa de la elevada contaminación podría ser su proximidad al giro oceánico del Pacífico Sur, un sistema de corriente marina rotativa que transportaría los desechos de otras naciones hasta el lugar.

La experta pronosticó que la contaminación en Henderson y en el planeta se agravará en el futuro por el cambio climático y el calentamiento global y originará `que muchas de las corrientes que conocemos cambien en la dirección, profundidad o velocidad ´. Estas modificaciones causarán cambios en la acumulación del plástico en los próximos años, `lo que puede exponer a los mismos problemas a nuevas comunidades de especies de otros lugares´, precisó Lavers, que instó a los gobiernos del mundo a gestionar mejor la basura y compartir sus conocimientos con las naciones menos desarrolladas.

Los científicos calculan que más de 300 millones de toneladas de plástico se produjeron en 2014 en todo el mundo, mientras que en la década de 1950 la producción mundial no llegaba a los dos millones de toneladas.

El plástico que no es reciclado flota y tiene un período de vida bastante largo, una situación que pone en peligro las más de 200 especies que habitan en los océanos, entre ellas peces, invertebrados, mamíferos y aves. Los restos de plástico representan un peligro para muchos animales que se enredan en ellos o los ingieren, además de que también pueden acabar en las orillas de las playas formando barreras que impiden el paso de las tortugas marinas.

Paniolo de Hawai’i, un mundo que se resiste a desaparecer

 

La mayoría de la gente no lo sabe, pero hay vaqueros en Hawaií.  Los paniolo, como se les llama localmente en pidgin , han existido en estas islas polinesias antes de que lo hiciesen en el Oeste Americano. Quizás el término más adecuado para referirse a estos vaqueros de origen español  y latinoamericano no sea paniolo, más bien la palabra paniola, derivada de espaniola que es como los hawaianos pronunciaban `español´. Sin embargo y por cuestiones de género gramatical pasó a utilizarse en su forma masculina aunque en lengua hawaiiana pani signifique literalmente `apropiarse´ y paniolo, `apropiarse de algo que no te pertenece´.

Los cowboys hawaiianos surgieron en los últimos años de la década década de 1800 y hasta el día de hoy siguen manteniéndose como una particularidad única del archipiélago,   Su cultura es  expresada a través de su propia música, rituales y lenguaje propios.  La palabra  paniolo   además de ser   utilizada para referirse a aquellos individuos de habla española, describe al mismo tiempo un estilo de vida que ha sido siempre considerado le’a le’a o apasionante; una vida  desprovista del aburrimiento y dedicado al disfrute de la libertad que tan sólo pueden inspirar los paisajes hawaianos y el duro trabajo en el campo junto al ganado.

Los vaqueros  establecieron en las islas enormes ranchos dedicados a la cría de vacuno. En las tierras altas de Maui, el Up Country es territorio vaquero. Hasta aquí llegaron gentes procedentes de España, México y Venezuela por expreso deseo del Rey Kamehameha III. Hoy por las venas de estos cowboys corre mezclada la sangre japonesa, filipina, polinesia, portuguesa y china.

En Makawao su centro de reunión se celebra cada año un rodeo al más puro estilo de Hawai’i; durante este tiempo uno se cruza con personajes pintorescos calzados con botas de montar, vaqueros ajustados, floreadas camisas ‘aloha y tocados con sombreros adornados con plumas del ‘iwi y las flores anaranjadas de la akulekule. Sin embargo en los últimos años los elevados impuestos, el aumento del coste energético y un clima en cambio han impactado de forma negativa en la viabilidad ganadera  en Hawai´i. Grandes áreas dedicadas al pasto han sido ya vendidas para el desarrollo urbanístico y agrícola  y muchas granjas luchan en estos momentos por su supervivencia. Los vehículos motorizados están reemplazando a los caballos para pastorear el ganado y muchos vaqueros han sido despedidos. El número de cowboys es hoy muy reducido y aunque se mantienen firmemente arraigados a su comunidad, manteniendo fuertes sentimientos familiares,  nadie sabe cuanto  tiempo podrán resistir.

Julia Cumes autora de The Last of  Hawaiian Cowboys  decidida a documentar y preservar la cultura hawaiiana de los vaqueros antes de que desaparezca para siempre, paso muchos meses y  durante un período de dos años para fotografiar, realizar entrevistas y registrar la música y el audio ambiental ; centrándose para ello  en dos familias paniolo:  los Ho’opais y los  Keakealanis,   creando de esta manera una labor multimedia que refleja la riqueza cultural derivada aquellos vaqueros llegados desde España, México y Venezuela hasta el lejano archipiélago polinesio para enseñar a los nativos a manejarse con el ganado en la Gran Isla de Hawaii y  examinando la futura perspectiva de esta comunidad.

Lomipeau Aotearoa, recopilación musical basada en las poesías de la Reina Salote Tupou III de Tonga

Este sábado pasado en el Auckland Council’s Mangere Arts Centre  (Auckland, Aotearoa Nueva Zelanda) la música y la danza ancestral de las islas Tonga fueron las protagonistas con motivo del lanzamiento de un álbum de música tradicional originaria de  este reino polinesio. `Lomipeau Aotearoa´ es una recopilación de canciones basadas en las poesías de la Reina Salote Tupou III e interpretadas por el grupo Pukepuke o’ Tonga con base en Auckland. Las canciones relatan eventos importantes en la historia de las islas y está  disponible en iTunes desde el 10 de abril de 2017.En frente de la Princesa Mele Siuilikutapu Kalaniuvalu Fotofili la comunidad tongana actuó junto a Pukepuke o’ Tonga,  cuyos integrantes  son descendientes del que fuera en compositor de la reina, son   miembros de la familia Pusiaki  de la aldea de Lapaha en Nuku´alofa y   los únicos a los que se les permite interpretar  aquellas  composiciones tonganas  que datan de los años veinte.

Sesilia Pusiaki, la  líder del grupo, dijo que el lanzamiento del álbum es un sueño hecho realidad para su familia:  `Refleja la forma en como vivíamos y vivimos, y es también  un reflejo de  como seguiremos viviendo.´ La poesía, melodías y los ritmos de Pukepuke o’ Tonga  muestran el alma y cuan profundos fueron  los sentimientos de la Reina Salote muy amada y respetada  por  los tonganos por su entrega al amantenimiento, desarrollo y preservación de las artes  tradicionales y el Faka Tonga o la manera de hacer las cosas al estilo tongano.

`Lomipeau Aotearoa´ es el primer álbum de su tipo en ser producido como parte del llamado Taonga Pasifika , proyecto piloto de dos años que se centra en promover la preservación y la difusión de la cultura de las Islas del Pacífico.

 

Samoa, aumenta el número de menores que se dedican a la venta ambulante en las calles de Apia

The Samoa Workers Congress ha declarado recientemente que  el número de  niños  que venden en las calles de Apia está aumentando a pesar de las medidas tomadas por el gobierno de Samoa. Una encuesta realizada el pasado año  entre cien niños y por iniciativa de la Organización Internacional del trabajo,  muestra  que muchos de ellos buscan en las basuras  y venden  en las calles de la capital samoana desde muy temprano por la mañana hasta las doce de la noche. Esta institución recomienda a este país polinesio a que modifique sus leyes para ayudar a resolver este problema creciente. El aumento de la pobreza en el país está provocando que muchos padres tomen medidas desesperadas; el aumento de niños como vendedores callejeros es una clara señal de la preocupante situación económica que sufre Samoa.