Naciones Unidas pide a París que establezca un proceso de autodeterminación para Polinesia Francesa

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Las Naciones Unidas han aprobado una resolución pidiendo a Francia que establezca un proceso de autodeterminación para  Tahiti Nui ( Polinesia Francesa). Esta expone que el pueblo de este archipiélago debe elegir libremente su estatus político, señalando que durante más de 30 años París llevo a cabo pruebas nucleares que han tenido un impacto notable sobre la salud y el medio ambiente.  Se pide intensificar el diálogo a Francia a pesar de que el gobierno de Polinesia Francesa solicitó en el mes de octubre que el territorio dejase de formar parte de la lista de descolonización de Naciones Unidas. París se ha negado a organizar  un referéndum en Tahití a pesar de haber sido solicitado por la asamblea territorial hace tres años.

Francia retiró de la lista  a los llamados Establecimientos Franceses de Oceanía en 1947, 67 años después de anexionarse el antiguo Reino de Tahiti. En 2013 la Asamblea General de Naciones Unidas  volvió a incluir a Tahiti Nui, medida que molestó a París calificando el acto como una flagrante interferencia de la ONU y desde entonces evitando la cooperación  sobre esta materia.  Francia reconoce sin embargo a Naciones Unidas en el proceso de descolonización de Kanaky Nueva Caledonia, territorio melanesio en el que se prevé un referéndun sobre la independencia dentro de dos años.

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864

 

El esbelto volumen es una obra maestra. Un ejemplo elegantemente escrito de reconstrucción histórica, Slavers in Paradise (Australian National University Press, Camberra, 1981) hace la crónica de un triste capítulo genocida en la historia de las Islas del Pacífico durante el cual 3.125 isleños  fueron secuestrados o reclutados para trabajar en el Perú durante el periodo 1862-3. El profesor Maude es el decano de los historiadores del Pacífico y su relato refleja su enorme pericia, la familiaridad de toda una vida con Oceanía y su compasivo entendimiento de los isleños y sus culturas.

Según su propia admisión, el libro fue resultado de un `intermitente trabajo de amor a lo largo de veinte años´. Comenzó con una virtual tabula rasa, se basó en una vasto variedad de documentación en archivos franceses, británicos, hawaianos, peruanos y españoles, y forjó `un cuadro compuesto a partir de una intratable colección de hechos discretos´. El resultado es un soberbio trabajo detectivesco; cuidadoso, enciclopédico y preciso. La historia que Maude cuenta es la del `más dramático conflicto regional ocurrido en el escenario romántico de los Mares del Sur, entre perplejos inocentes  y la codicia humana´.

La historia del periodo colonial en Oceanía fue y es una historia de hambre de fuerza laboral. Los poderes imperiales que dividieron las Islas del Pacífico en el último siglo (XIX), constantemente estaban buscando proveedores seguros de trabajo barato y tratable para laborar en sus intereses, intensivos en labor, agrícolas y mineros. Así, los franceses utilizaron prisioneros políticos vietnamitas en las minas de níquel de Nueva Caledonia, y reclutaron chinos para que sirvieran de artesanos en Tahití; los australianos reclutaron isleños de las Salomón para cortar caña en Queensland; y los británicos transportaron a Fiji trabajadores obligados por contrato para producir azúcar. El comercio esclavista peruano — pues aparte de las finezas legales ninguna otra palabra describe tan adecuadamente el proceso— fue, entonces, una (aunque una más trágica) en una serie de corrientes humanas de convección que vincularon las Islas del Pacífico con la cuenca del Pacífico.

La experiencia de este trabajo tuvo un efecto profundo no solo sobre los trabajadores mismos, sino sobre los territorios originales y de destino. En primer lugar, el proceso de reclutamiento fue homogeneizador, pues quebró las distinciones de clan, casta, tribu y lengua que existían entre los reclutados. En segundo lugar, los introdujo a culturas (generalmente occidentales), materiales y no materiales, ajenas, y aseguró, vía la repatriación, la difusión de esas culturas por toda la región del Pacífico. Hablando generalmente, la cultura repatriada socavó las estructuras políticas, económicas y sociales, al mismo tiempo que forjaba nuevos vínculos de dependencia, particularmente en el nivel material, entre el territorio de origen y el de destino.

Al mismo tiempo, los territorios de destino fueron transformados. La experiencia del trabajo dio origen a sociedades plurales, como en el caso de Fiji y Nueva Caledonia, o creó pequeños enclaves extranjeros, como en el caso de los chinos en Tahití y los isleños del Pacífico en Australia.

Afortunadamente, los pasados veinte años han sido testigos de un enorme crecimiento en el conocimiento de estas variadas tratas de fuerza de trabajo, como consecuencia de la investigación de estudiosos como Parnaby, Corris, Scarr, Gillion y McCall. Sin embargo, hasta la publicación de Slavers in Paradise, la historia del reclutamiento peruano de fuerza de trabajo en las Islas del Pacífico durante la década de 1860 era apenas entendido. H.E. Maude ha hecho un invalorable servicio al documentar este comercio en detalle y destruir los mitos asociados con él.

La decisión peruana de reclutar fuerza de trabajo en la región del Pacífico fue resultado de una combinación de factores: la supresión del reclutamiento en China, la emancipación de los negros en el Perú, la eliminación del tributo indígena, el desarrollo de la explotación guanera y la expansión de la agricultura peruana como resultado de la escasez producida por la Guerra Civil en los Estados Unidos. El 15 de enero de 1861, el Congreso peruano promulgó una legislación que permitía la introducción de los denominados colonos asiáticos, con la intención de que sirvieran como sirvientes domésticos o como peones en las propiedades de los poderosos hacendados.

El reclutamiento de polinesios, en realidad, ocurrió por accidente. Un aventurero irlandés llamado J. C. Byrne, recibió una licencia, el 1 de abril de 1862, para introducir colonos de las Islas del Pacífico, y partió del Callao rumbo a las Nuevas Hébridas en Melanesia. En su ruta sucedió que visitó Tongareva, en las Islas Cook del norte. Llegó en un momento altamente fortuito. Los franceses acababan de reclutar a los isleños de Tongareva para trabajar en Tahití, y quienes quedaron, enfrentados ante un periodo de escasez de alimentos, estaban ansiosos por dejar la isla. Byrne firmó contratos con 253 isleños y ahí comenzó la carrera por la fuerza de trabajo polinesia. Finalmente, 33 barcos fueron comprometidos en el reclutamiento (27 peruanos, 4 chilenos, un español y uno de Tasmania), y durante treinta y ocho viajes entre septiembre de 1862 y abril de 1863, visitaron todos los grupos habitados de la Polinesia, excepto Hawaii.

Una variedad de estratagemas fue usada para obtener la fuerza laboral. Ocho barcos armaron una incursión armada en la Isla de Pascua en diciembre de 1862 y se llevaron a 349 de los habitantes; el capitán de la Empresa ofreció al gran jefe de Atiu, en las Islas Cook del sur, $3,000 en monedas de oro por doscientos hombres; y el doctor a bordo del mismo barco atontó a los isleños con una mezcla de brandy y opio.

Sin embargo, no todos los isleños fueron obtenidos por la violencia y el engaño. Como la gente de Tongareva, los habitantes de las islas Gilbert del sur estuvieron prontos a ser voluntarios, debido a que la comida era escasa. Los jóvenes de Niue, se informa, tenían la `manía´ de emigrar en búsqueda de aventuras, mientras otros setecientos isleños de las Cook, inocentes, crédulos y acostumbrados a confiar en los europeos, firmaron por voluntad propia.

Los reclutadores encontraron dos comunidades que ayudaron y obstaculizaron sus empeños: `vagabundos de playa´(beachcombers) y misioneros. Byrne, por ejemplo, utilizó los servicios de un vagabundo conocido como Beni para que lo ayudara a reclutar en Tongareva, mientras Paddy Cooney, `un súbdito británico de mal afamado carácter´, indujo a 85 pakapukanos a contratar con el Jorge Zahara. Algunos de los vagabundos y tripulantes de la nave, sin embargo, no estuvieron dispuestos a ser parte del fraude, y el sobrecargo de la Empresa fue abandonado a su muerte por insistir en que los isleños fueran reclutados voluntariamente.

Los misioneros, en líneas generales, hicieron lo que pudieron para impedir el reclutamiento, y Maude reconoce su deuda con los registros de los misioneros en su reconstrucción del comercio. Los misioneros católicos franceses en la Polinesia oriental, como el Padre Honoré Laval, quien bloqueó el reclutamiento de la Serpiente Marina en Mangareva, islas Gambiers, fueron particularmente efectivos pues fueron capaces de convocar a las autoridades navales y coloniales de Tahití.

Los isleños no siempre fueron víctimas inermes de las operaciones esclavistas. En cierto número de casos los jefes polinesios evitaron el secuestro o el reclutamiento colocando tapus (tabúes) en los navíos peruanos. En otros casos tomaron las cosas en sus propias manos capturando naves y tripulaciones: los ´del atolónde Rakahanga capturando la Empresa; los Rapa tomando el mando de la goleta Cora, que ellos dirigieron a Tahití; y los Tonganos de Ha’apai emboscando a los marineros de la Margarita.

Mientras la mayoría de los raptados o reclutados no fueron tratados brutalmente durante el viaje al Callao, `la puerta del infierno´, muchos de ellos cayeron víctimas de enfermedades. En tierra, el asunto se puso peor. Efectivamente, como Maude sugiere, un período de trabajo por deudas en el Perú `era equivalente a una sentencia de muerte´. Sesenta y cinco por ciento de quienes desembarcaron murieron de enfermedades pulmonares o intestinales, mientras un sexto pereció de viruela.

La verdadera naturaleza de esta trata pronto se hizo evidente y los peruanos, cediendo a la presión diplomática británica y francesa, acordaron repatriar a los isleños. Naves sobrecargadas y pestíferas regresaron su cargamento enfermo y moribundo a la Polinesia. El resultado fue una catastrófica despoblación de las islas y, en total, cerca de seis mil murieron directa o indirectamente como resultado de la trata esclava.

¿Cómo se adaptaron los isleños a este grande y externamente inducido desastre social? ¿Qué estratagemas emplearon ante la súbita desaparición  de entre el 24 y el 79 por ciento de la población de trece islas? El mayor problema que tuvieron que enfrentar fue la falta de varones adultos. Esto significó que las tareas tradicionales de conseguir los alimentos tuvieron que ser reasignadas y que las poblaciones isleñas tuvieron que ser repuestas suspendiendo las sanciones que prohibían el adulterio, alentando la inmigración masculina y terminando practicas tales como el aborto y el infanticidio.

Al mismo tiempo, el trauma de la experiencia peruana alentó la difusión del cristianismo, y socavó las estructuras tradicionales del poder. Así, cuando los misioneros llegaron a la Isla de Pascua en 1864, encontraron `solo las ruinas de una civilización´, tras haber colapsado hasta el caos el viejo sistema económico y político.

Aunque todos los interesados en la historia del Pacífico se beneficiarán de la investigación de Maude, su sombría letanía fue compilada principalmente para los descendientes de quienes sufrieron. `Solo mediante el conocimiento de su historia´, escribe él, `podrán los isleños de hoy hacerse completamente conscientes de su identidad regional, y cuidarse así de la aniquilación de a pocos que los amenaza en el presente siglo, como el cautiverio peruano lo hizo en el pasado´.

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864 (reseña de  James A. Boutilier, publicado originalmente en The International History Review, Vol. 5, No. 1 (Feb. 1983), pp. 155-158. Traducido por Alberto Loza Nehmad.

Las olas, fuente económicamente viable de energía renovable para las Islas del Pacífico

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Las olas son omnipresentes en los más de 20 estados insulares esparcidos por 165 millones de kilómetros cuadrados en el Océano Pacífico. Pero recién este año, tras un estudio pionero realizado por oceanógrafos, se empezó a considerarlas como una fuente económicamente viable de energía renovable en la región.

El informe sobre el análisis de costos de la energía de las olas, publicado por la Comunidad del Pacífico (SPC) – la principal organización científica y técnica de la región – es importante porque por primera vez analiza los costos de la compra, instalación, operación y mantenimiento de dispositivos de este tipo de energía en la zona.

El estudio concluye que `los costos de generación de energía a partir de las olas están a la par con otras energías renovables, como la eólica y la solar´. Rafiuddin Ahmed, del Grupo de Energía Renovable de la Universidad del Pacífico Sur (USP), con sede en Suva (Fiji), coincide en que el océano es una alternativa energética importante dado que `el costo de la generación de electricidad en los países insulares del Pacífico es actualmente muy alto, teniendo en cuenta que la mayoría son dependientes de los combustibles fósiles importados´.

En las Islas Cook y Tonga, por ejemplo, el petróleo importado representa aproximadamente 90 por ciento y 75 por ciento del suministro nacional de energía, respectivamente, mientras que las importaciones de combustibles fósiles equivalen a 10 por ciento del producto interno bruto de la región. Sin embargo, hoy solo 20 por ciento de los más de 10 millones de personas de la zona tiene acceso a la electricidad. La falta de acceso a los servicios básicos es una constante en la mayoría de los 14 países del Foro de Islas del Pacífico, que no alcanzaron el Objetivo de Desarrollo del Milenio 1, que pretendía erradicar la pobreza para el año 2015.

Según los expertos, la fiabilidad de la energía extraída del océano – la mareomotriz, generada por las mareas, y la undimotriz, exclusivamente por el oleaje – hace que sea una buena opción para el desarrollo sostenible.`La energía de las olas está disponible 90 por ciento del tiempo en un sitio dado en comparación con las energías solar y eólica, que están disponibles entre 20 y 30 por ciento del tiempo. El flujo de energía de las olas es hasta cinco veces superior en comparación con el viento que generan las olas, lo que hace que la energía de estas sea más persistente que la eólica´, aseguró Ahmed.  Las olas se forman cuando el viento, a medida que atraviesa el océano, transfiere energía al agua. Sin embargo, las condiciones del mar varían a lo largo del Pacífico y los sitios óptimos para obtener la energía de las olas, según el informe, se encuentran al sur de los 20 grados de latitud sur. Específicamente, Tahiti Nui (Polinesia Francesa) , Tonga, Islas Cook y Kanaky  Nueva Caledonia se benefician de la exposición a las olas del océano austral.

El estudio de la SPC analizó los costos que implica el uso de un convertidor Pelami de la energía de las olas, que normalmente se instala entre dos y 10 kilómetros de la costa y puede satisfacer la demanda anual de electricidad de unas 500 viviendas. El costo de la generación de este tipo de energía se calcula entre 209 y 467 dólares por megavatio hora (MWh) en la isla de Eua, Tonga, y entre 282 y 629 dólares por MWh en el sur de Rarotonga, Islas Cook. En comparación, el costo de generación de la energía solar y diésel puede alcanzar hasta 700 dólares por MWh y 500 dólares por MWh en ambos lugares, respectivamente.

Dada la gran cantidad de isleños que viven a lo largo de las costas y la necesidad de generación de energía independiente en las comunidades rurales, donde el déficit energético es mayor, `la energía de las olas es sin duda uno de los candidatos fuertes para el abastecimiento de las islas remotas´, expresó Ahmed.

En  Kanaky Nueva Caledonia y Fiji solamente 45,5 por ciento de la población rural está electrificada, proporción que cae a 17,8 por ciento en Vanuatu y 12,6 por ciento en Islas Salomón. Sin embargo, el profesor adjunto Anirudh Singh, de la Facultad de Ingeniería y Física de la USP, que también participa del Proyecto Red de Transferencia de Conocimiento y Tecnología sobre Energía Renovable en las Pequeñas Islas en Desarrollo (DIREKT), recomienda tener cautela sobre las conclusiones del informe. `La densidad de la energía disponible en las olas es en general bastante baja en el Pacífico en comparación, por ejemplo, con los países del hemisferio norte y, en segundo lugar…, la tecnología aún no ha sido debidamente probada en el mercado´, opinó Singh.

Este tipo de energía será adecuada para las comunidades costeras rurales `una vez que la tecnología del dispositivo único de energía de las olas se haya perfeccionado, pero eso llevará algún tiempo´, advirtió.

El trabajo sobre la tecnología de la energía marina se inició en la década de 1970, pero la mayoría de los dispositivos aún no lograron su aplicación comercial, aunque los prototipos se están probando en todo el mundo. El Pelamis, que puede producir energía eléctrica conectada a la red, es uno de los dos dispositivos que están listos para su comercialización, según el informe.

El equipo de investigación de la energía del océano de la University of the South Pacific  también está desarrollando conceptos nuevos, lo que incluye una columna rectangular de agua oscilante (OWC), que canaliza el flujo bidireccional de las olas hacia las paletas de la turbina de viento Savonius. `Un dispositivo OWC se puede construir localmente con materiales de la zona, con excepción de la turbina. Sus costos de operación y mantenimiento también son bajos y tiene una vida muy larga. Sin duda podrá competir con otras fuentes de energía renovables en lugares de buen potencial´, afirmó Ahmed.

Habrá que superar numerosos obstáculos antes de que el potencial energético del océano se transforme en realidad, incluida la falta de experiencia técnica local en las energías renovables y conseguir la inversión del sector privado para la comercialización de la tecnología. La generación de confianza de los inversores, según el Banco Mundial, también exige claridad por parte de los gobiernos de la región sobre las opciones de inversión, los planes de incentivos y los marcos políticas, legales y reglamentarios asociados. Fuente original: IPS

Tahiti Nui, líder de la oposición anuncia petición para detener a las multinacionales europeas

El líder de la oposición  en Polinesia Francesa ha anunciado que su partido pondrá en marcha una petición para detener a las multinacionales europeas que  pretenden explotar los recursos mineros de este archipiélago polinesio. Oscar Temaru ha declarado también que su partido Tavini Huiraatira  está organizando una marcha  en la isla de Tahiti para mostrar su oposición a estos planes. En conferencia de prensa, el líder  ma’ohi anunció que dicha petición se sumará a su campaña en Naciones Unidas para exigir la descolonización de esta  colectividad de ultramar francesa; Temaru  dijo que en  el proceso de la ONU se a pedido a Francia que respete el derecho a la soberanía sobre todos los recursos de Tahiti Nui , incluyendo los recursos marinos; recordando que bajo la ley francesa el estado puede reclamar estos recursos si son declarados  de valor estratégico. París posee los derechos de explotación de los fondos marinos y continentales de Polinesia Francesa  y  de los cuales se cree son ricos en yacimientos de   minerales raros.

Vuelta al mundo con Air New Zealand haciendo escala en las Islas del Pacífico

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Air New Zealand lanzó el pasado 3 de febrero de 2016 un billete de 1.402 euros (tasas incluidas), con salidas desde varias ciudades europeas con destino a  Aotearoa Nueva Zelanda, con la posibilidad de volar por Asia y regresar por América, o viceversa, y con el atractivo añadido de poder hacer escala en Hong Kong, Shanghai, Tokio, Singapur) y América del Norte (Los Ángeles, San Francisco, Honolulu, Vancouver), y cinco paradas en las Islas del Pacífico (Islas Cook, Samoa, Tonga, Fiji o Tahiti).Estas paradas deben ser de más de 24 horas en cada destino elegido, mientras que algunos de los vuelos para estos ciudades son operados por sus socios Cathay Pacific, Singapore Airlines, Air France, All Nippon Airways, Virgin Atlantic, United Airlines, Fiji Airways, Air Tahiti Nui y el resto de compañías miembros de Star Alliance.

En su visita a Tahiti, Françoise Hollande avala las ayudas a los polinesios enfermos por la radiación nuclear

El presidente   de la República Francesa, François Hollande,  afirmó   en su visita a  Tahiti y sus Islas  el pasado lunes,  que los polinesios  afectados por los ensayos nucleares, practicados durante 30 años en el archipiélago, tienen derecho a una compensación. `Con su capacidad disuasoria, Francia es lo que es a día de hoy gracias a los ensayos nucleares practicados durante un largo período de tiempo ´explicó Hollande a su llegada a Pape’ete.

Las indemnizaciones por los daños asociados a las pruebas nucleares  que tuvieron lugar  en los atolones de coral de Moruroua y Fangataufa, en el archipiélago de Tuamotu, constituyeron  uno de los asuntos primordiales en la agenda del presidente galo durante su gira por los territorios de ultramar que Francia posee en el Pacífico Sur.   El  domingo  el mandatario francés  visitó  Wallis & Futuna en Polinesia, islas situadas  entre Nueva Caledonia y Tahití. La isla de Wallis no acogía a un jefe de Estado francés desde 1979, cuando visitó esa isla Valéry Giscard d’Estaing. En cambio en la vecina Futuna, fue  la primera vez que un mandatario francés ponía los pies.

`Es legitimo que Francia realice compensaciones sociales o económicas por las consecuencias de estas prácticas´ afirmó  François Hollande en rueda de prensa conjunta con el mandatario tahitiano Edouard Fritch. Las autoridades locales han lamentado que las compensaciones aprobadas en el año 210 se hayan aplicado con lentitud.  Tan solo 19 personas, de las cuales tan sólo 5 son polinesias, han recibido pagos. Además, un subsidio de 150 millones de euros, fijado por el entonces presidente Jacques Chirac en 1996, tras el fin de los ensayos, podría reducirse hasta los 84 millones. El fondo regional de salud es gestionado por empleados y sindicatos, demandando estos a Francia 450 millones de euros para financiar el tratamiento de los enfermos de cáncer como consecuencia de la radiación nuclear.  Entre  de 1966 a 1996,  el gobierno galo  realizó más de ciento noventa pruebas nucleares aéreas y subterráneas  en Tuamotu,  sin tan siquiera advertir a sus habitantes de los riesgos que corrían.

Las autoridades regionales han lamentado que las compensaciones aprobadas en 2010 se hayan aplicado con lentitud. Un grupo antinuclear ha señalado que solo 19 personas, de las cuales 5 son polinesias, han recibido los pagos.   Además, un subsidio de 150 millones de euros, fijado por el entonces presidente Jacques Chirac tras el término de los ensayos nucleares, podría reducirse hasta los 84 millones este año. Empleados y sindicatos que gestionan el fondo regional de salud demandan  450 millones de euros para financiar el tratamiento de los enfermos que sufren cáncer como consecuencia de la radiación. En la actualidad la vida y la salud de  150.000 polinesios están amenazadas, los  casos de cáncer de pulmón y de tiroides son numerosos,

Tatau, expresión de identidad cultural

El arte del tatuaje  en Tahiti  y sus Islas  estuvo al borde de la desaparición  hasta que  en la década de los ochenta el esfuerzo de su revitalización entró en escena. Tatau  La culture d’un art (2014)  es un documental dirigido por  Jean-Philippe  Joaquim  el cual nos trae la historia del tatau  que  hace ciento cincuenta años trato de ser eliminado por  los misioneros europeos quiénes  lo consideraron  una  práctica erótica asociada a la desnudez y un impedimento al buen desarrollo de la  labor evangelizadora y  occidentalizadora  que pretendían  proyectar  sobre la sociedad polinesia.   Para los tahitianos  el tatau  expresaba su identidad cultural que dibujada sobre su anatomía en unas ocasiones  indicaba genealogía o  status social  y otras,  madurez sexual  o  logros personales. El documental, premiado en el pasado Festival International du film Océanien (Fifo) de Tahiti,   no es del agrado de los maestros tatuadores  marquesanos que  han  denunciado  el cúmulo de amalgamas y  falsedades que en el se encuentran, confundiendo el tatuaje tahitiano con  el marquesano.

En la década de los setenta cuando jóvenes polinesios pudieron viajar a Francia y estudiar en la universidad, empezaron a  tomar conciencia de su identidad cultural,  disponiéndose  a  investigar sobre  los   tatuajes  que sus  antepasados llevaban orgullosamente  grabados sobre la piel .  En Tahiti  muchos diseños del tatuaje, al no haber sido registrados,   se perdieron  para siempre;  por lo que la  información encontrada  fue escasa.  El tiki patu  en  las islas  Marquesas  aguantó mejor el embate de la influencia  de los misioneros  y conservada parcialmente su práctica pudo  sobrevivir a las agresiones externas y a su desaparición.

Karl von den Steinen  viajó al archipiélago en 1897 y allí comenzó a dibujar todos los diseños   marquesanos   conocidos e intentar descifrar sus significados.  El etnólogo alemán  publicó un libro al que los tatuadores  de Tahiti y sus Islas  recurrieron  habitualmente sin embargo,   en aquellos  años  de descubrimientos  tenían acceso tan solo  a los diseños,  pero no a la técnica de aplicación la cual  llegaría de la mano de polinesios originarios  de Samoa.

A Tavana Salmon, empresario tahitiano residente en Hawaii,  se le atribuye en la década de los ochenta  la revitalización del arte del tatuaje en Tahiti y sus Islas;  cuando expresó su deseo de que los componentes de su grupo de baile  pudiesen lucir tatuajes tradicionales. Salmon no dudo en viajar  a las islas Samoa conocedor de que los habitantes de aquellas islas   aún aplicaban el tatuaje con instrumentos tradicionales y donde los esfuerzos de la iglesia de suprimir su práctica no habían conseguido su fin.

En un primer momento  los samoanos se negaron a tatuar diseños tahitianos o marquesanos por lo que Salmon se  obligado a  ofrecerles una importante  suma de dinero  para que complaciesen sus deseos. A  petición del matai o jefe de mayor rango,  fue requerido a  proveer alimentos  a toda la   aldea y el maestro quién debía aplicar los tatuajes,   compensar su  labor con una vaca.

La  revitalización del arte del tatuaje en Tahiti y sus Islas no hubiese sido posible sin la ayuda de los  diseños marquesanos  y  la técnica  y aplicación de los  samoanos.

Cuando los polinesios de Tahiti  se propusieron revitalizar  e impulsar nuevamente el arte del tatuaje,  lo hicieron inspirados en aquellos diseños cuyo origen se encuentra en las  Marquesas y más tarde, descubriendo aquellos  propiamente tahitianos, samoanos, tonganos, de Hawaii e incluso Rapa Nui; todos estos tatuajes y sus diseños se fusionaron dando como resultado una mezcla cultural polinesia  que  al mismo tiempo  se refleja en la  población de Tahiti y sus Islas.

Si  hoy día uno hoy pasea por las calles de Pape’ete, capital de Polinesia Francesa, resulta difícil encontrase con tahitianos mayores de edad  con  tatau que cubran sus cuerpos. Tanto  hombres como mujeres se tatúan, las tahitianas hacían uso del tatau hasta el siglo XIX.   Los tatuajes que lleva la nueva generación adoptan  una fusión de diseños tahitianos,hawaiianos, samoanos y māori.   Hacerse  un tatuaje   en  el antebrazo, en el tobillo o en cualquier otra parte del cuerpo,  es hoy una forma de reivindicar la identidad cultura ma’ohi.  Otros  se tatúan  por motivos puramente estéticos o como elemento de atracción sexual. En ocasiones las reacciones de las familias de estos jóvenes no son del todo  positivas ya que para muchas personas mayores, bajo la influencia represiva del colonialismo y de la iglesia y junto a la lengua tahitiana, estos estaban prohibidos. En el pasado  los únicos que llevaban tatuajes eran los bailarines, los marginados y los inadaptados.