El Sydney Film Festival 2010 presenta Strange Birds in Paradise: A West Papua History, documental dirigido por Charlie Hill-Smith

Con motivo de la celebración del Sydney Film Festival  se proyectara en el Event Cinema 9 ( 505-525 George Street) a las 18.0 horas Strange Birds in Paradise: A West Papua History Este documental de Charlie Hill-Smith que fue presentado  en el Documentary Film Festival de Amsterdam (IDFA) y tres veces en el Festival International du Film Documentaire Oceanien/FIFO Tahiti , nos acerca a través de la música a la realidad de PapúaOccidental , ocupada militarmente por Indonesia desde la década de los sesenta. Mientras los papú siguen sometidos a la brutal represión de aquel país asiático, tres amigos en Melbourne graban canciones tradicionales prohibidas por las autoridades indonesias de la mano del musicologo australiano David Bridie. Sus protagonistas son Donny Roem, exiliado reciente, que escapó de su país , cruzando el Mar de Arafura rumbo a Australia abordo de una canoa junto a cuarenta y dos refugiados. Jacob Rumbiak fue un niño soldado en el Movimiento de Resistencia de Papúa Occidental describiendo en Strange Birds in Paradise, experiencias de opresión, tortura y huida de su país natal.

Charles Hill-Smith, escritor australiano, ilustrador y comediante, amigo de ambos y apasionado por el intercambio cultural es acompañado por sus amigos melanesios y las familias javanesas a quienes conoció de joven en intercambio de estudios para adentramos en la historia particular de Jacob y Donny, descubrir y escuchar canciones como aquella que relata el asesinato del músico y líder independentista Arnold Ap, para cuestionarse el porque de un conflicto entre dos culturas apasionantes, ignorado por el resto del mundo. Hill-Smith visita aquellos lugares a los que Roem y Rumbiak consideran todavía  su hogar y constata las dificultades de los papú en el mantenimiento de sus modos de vida y costumbres y su adaptación al modelo económico indonesio; a la vez que visita los paupérrimos campos de refugiados situados a lo largo de la frontera de Papúa Nueva Guinea. Regresa también a Java , donde artistas amigos le ayudan a crear figuras de la mitología indonesia en la forma de marionetas de sombra. Es en definitiva Strange Birds in Paradise: A West Papua History   una historia extraordinaria e imaginativa, un bellisimo y emotivo documental  que presenta  a  un pueblo adaptable que se enfrenta a la tiranía de Indonesia a través del poder de la música, el arte y la libertad de expresión.

CHAMORRO POR SIEMPRE!

Alguien me pregunto de donde era
Le conteste como siempre lo hago:

Mamá y papá son de GUAM
Pero yo estoy americanizado

Nacido en el continente en el 58
Crecí haciéndome pasar como el chico americano medio, normal y corriente

No podía enfrentarme al hecho de que yo era mucho mas diferente
que el resto de mis amigos

El abuelo Juan me decía: escucha hijo, estoy orgulloso de la tierra de donde vengo
y decía: CHAMORRO POR SIEMPRE!, toda la vida en mi corazón

Las estaciones pueden variar , nuestras vidas cambiar,
pero me siento tan feliz de que este sentimiento sea siempre igual

Han pasado ya algunos años y debo confesar que aún tengo este sentimiento
No puedo ignorar quien que soy
y en esta noche, el lugar donde nací

No sabia ni tan siquiera cual era mi historia
Ni por donde empezar

Papá y mamá me decían: escucha hijo somos felices de ser de quiénes somos
y decían CHAMORROS POR SIEMPRE!
toda la vida en nuestro corazón

Las estaciones varían y nuestras vidas cambian
pero me siento tan feliz

Dejame descubrir los nombres y rostros de los que se fueron antes que nosotros:
Un pueblo acogedor y generoso
un pueblo valiente,y digno

Ahora, cuando alguien me pregunta de donde soy
le contesto de corazón:

Mamá y papá son de GUAM
y ahora se que yo soy CHAMORRO POR SIEMPRE!

CHAMORRO POR SIEMPRE!
CHAMORRO PO SIEMPRE!

Tan feliz con este sentimiento
Si, soy Chamorro por siempre

CHAMORRO POR SIEMPRE!

Guåhan Tano Y Chamorro

Wasawasa: Festival of Oceans (Islas Fiji)

Sailasa Tora compuso  Wasawasa en Sydney (Australia) hace ya más de una década  canción, y concepto, que con el paso del tiempo abanderaría la escena creativa fijiana. Wasawasa esta incluída en el CD del mismo nombre que fue grabado en el Oceania Centre for Arts & Culture  , pudiéndose adquirir en el mismo centro o en la librería del Universidad del Pacífico Sur (Suva) Wasawasa significa océano o la senda del océano y Tora, músico fijiano, la escribió inspirándose en el océano y en la importancia y significación tradicional y espiritual que los habitantes de las Islas del Pacífico comparten con este. Y una vez más esta misma canción inspiró desde el año pasado, la celebración del Wasawasa Festival of Oceans fue Leititia Mitchell, directora del Fiji Arts Council y miembro del comité del festival, quién propuso a Sailasa Tora la celebración de un encuentro versado sobre las artes que estrechase las relaciones entre los artistas y la comunidad desde una perspectiva no tan sólo económica si no una que al mismo tiempo actuase como instrumento de cambio social positivo. Desde el pasado día 21 hasta el 28 de noviembre se está celebrando su segunda edición que hasta ahora ha atraído multitud de personas de toda edad, especialmente jóvenes y turistas que se encuentran en las islas Fiji.

Desde su inicio, el festival pretende implicar a artistas locales y regionales para crear consciencia entre las comunidades de las Islas del Pacífico sobre aquellos problemas sociales que les afectan; utilizando el arte como un medio para atraer la atención sobre temas como la pobreza, el refuerzo del papel de la mujer en la sociedad, el desarrollo positivo de la juventud, el buen gobierno y conservación cultural y ambiental.

Para Sailasa Tora el océano sirve como metáfora para las esperanzas y sueños colectivos de los Pueblos de las Islas del Pacífico: Para el pensamiento contemporáneo, el océano es una barrera sin embargo desde la perspectiva tradicional, es como una autopista, un nexo de unión entre vecinos: Todos en el Pacífico estamos conectados por el océano. De esta forma el festival hace uso del arte como una fuera unitaria para llamar a la acción y la unidad y apropiarse de la responsabilidad propia para de esta manera conservar la sabiduría tradicional y hacer uso de los recursos de una manera inteligente.

La edición  pasada la celebramos en el Fiji Museum y los jardines de Thurston sin embargo y para hacerlo coincidir con el Miss South Pacific, que celebra la belleza y el poder de las Mujeres de las Islas del Pacífico (todas las candidatas son preciosas…), que se está celebrando en estas mismas fechas, este año tiene lugar en el  Albert Park de Suva donde se encuentra emplazada la Pacific Village. Si acudís estos días al Wasawasa: Festival of the Oceans podréis disfrutar de múisca, danza, poesía, arte, oratoria, audiovisulaes, escritura creativa, pintura mural y confeccion de textiles naturales en corteza interior de la morera o masi kesa (tapa).

Samoan Wedding Song ~ Jamoa Jam

For those joined in holy matrimony today
Jamoa Jam wish you both gods blessing
in your finest hour and days in to come
for today you will remember for the rest of your lives
the meaning of the samoan wedding song
Ia manuia le ugali’i fou( Blessings for the newlyweds)

standing by, in the isle of love
this is my finest hour honoring thy love
ua oo mai lau tautoga( the moment has come to pledge), fesiligia pe moni lou alofa (questioning if my love is real)
proclaim my love, at the altar of your dreams
in sickness and in health
my unconditional love for you

e o lau mama lea (Here is my ring), e tuuina i lou lima (putting it on your finger)
e faamanatu ai (In remembrance), o la ta aso
aso fiafia (of our special day) ua faapaiaina(that is blessed)

This is my samoan wedding song
to pledge my eternal love so straight from the heart

ua oo mai lau tautoga, fesiligia pe moni lou alofa
proclaim my love, at the altar of your dreams
in sickness and in health
my unconditional love for you

e o lau mama lea (here is my ring), e tuuina i lou lima (putting it on your finger)
e faamanatu ai (In remembrance), o la ta aso
aso fiafia(of our special day) ua faapaiaina (that is Blessed)

Samoan Wedding Song 
Jamoa Jam

 

Historia & Arqueología en las Islas Tonga


Los tonganos fueron en el pasado excelentes navegantes que no dudaron en lanzarse al océano y descubrir tierras remotas. Desde Vava’u, al norte de Tongatapu,  partieron las primeras canoas hacia Nuku Hiva en las Marquesas (Tahiti & sus Islas), y la presencia tongana en aquellas tierras ha sido constatada por los hallazgos de cerámica lapita, elaborados con arcillas procedentes del Delta del Rewa, al este de Viti Levu, en las Islas Fiji.

Es posible que el primer grupo humano en descubrir y asentarse en las Islas Fiji fuera el pueblo polinesio hace ahora aproximadamente 3500 años; seguidos más tarde por los melanesios, aunque estos últimos ya habían sido pioneros 3000 años atrás, en la navegación por aguas del Pacífico. Hace 30.000 años los antepasados de los melanesios ya estaban viajando desde su tierra natal Papua Niugini, hasta las Islas Solomon, sin embargo otro extraordinario movimiento humano cuyos orígenes se encontraban también en el Sudeste de Asia, les alcanzaría: el pueblo lapita.En la costa occidental de la Grande Terre en Kanaky Nueva Caledonia los arqueólogos encontraron, hace ahora más de 30 años, fragmentos de cerámica esparcidos por las dunas de la arena cercanas a la playa; desde entonces la misma cerámica ha sido descubierta en muchas islas melanesias (Nueva Irlanda, Nueva Bretaña, Papua Niugini, Solomon & Vanuatu). La tradición de loza se difundió, al mismo tiempo, por los archipiélagos de Tonga, Samoa y las lejanas Islas Marquesas. Todo ello permite establecer las migraciones oceánicas que abordo de gigantescas canoas de doble casco realizaron los pueblos que se cree fueron los antepasados de los polinesios.

El pueblo lapita fue, con toda probabilidad, el primero en colonizar Vanuatu y Kanaky  Nueva Caledonia, continuando hacia el este, llegando a la actual frontera oriental de la Melanesia: El archipiélago fijiano. Aproximadamente 1500 años más tarde, recibiría oleadas migratorias melanesias.

Tras unos mil años de interacción el componente melanesio, ya modificado genética y culturalmente por elementos polinesios se impondría, empujando a los primeros colonizadores hacia las islas fijianas que conforman el archipiélago de Lau y más tarde a Tonga. A comienzos de nuestra era, pasaron a las Samoa. Fiji y Tonga.

Desde Samoa los antiguos polinesios navegarían hacia oriente, colonizando las Marquesas (Te Mau Fenua Enana). Tras una breve pausa, y aproximadamente en el 400 d.C. se extenderían por las Hawai’i (Ka’ pae Aina). Mientras en aquella misma época, los primeros polinesios alcanzaban Isla de Pascua (Rapa Nui), donde una vez más desarrollaron una cultura extraordinariamente compleja y refinada. El resto de los archipiélagos polinesios, incluida Aotearoa Nueva Zelanda, fueron colonizados por vez primera entre el 1000 y el 1300 d.C., principalmente desde las Samoa, Tonga, Islas de la Sociedad (Ni’a Matai / Raro Matai) o las Marquesas, estas últimas en Tahiti y sus Islas (Te Ao Ma’ohi). Estas diminutas porciones de tierra perdidas en medio del océano más grande del mundo, evolucionaron multitud de culturas en gran parte independientes, hasta que sufrieron la conmoción del contacto con los europeos durante los siglos XVII, XVIII y XIX.

Las Islas Tonga están habitadas desde el siglo V y fueron junto a Fiji y Samoa la cuna de la lengua y la cultura polinesia actuando, a un mismo tiempo y como hemos visto, como centro de expansión hacia la Polinesia oriental. En el siglo XIII el poder del Tu’i Tonga reinante o jefe de descendencia divina, abarcó desde el archipiélago tongano hasta la diminuta isla de Rotuma y el grupo de las islas Lau, en Fiji; hasta Wallis & Futuna, Samoa, Tokelau y Niue. Los intercambios comerciales y culturales entre estos grupos insulares fueron continuos e intensos especialmente con Fiji, su vecino más próximo. 

El primer Tu’i Ha’atakalaua fue Mo’ungamotu’a hermano del vigesimocuarto Tu’i Tonga , sin embargo el representante del poder temporal delegó sus poderes de gobierno en un hijo más joven produciendose, de esta forma una tercera línea de jefatura que sería conocida como Tu’i Kanokupolu y actuaría de intermediaria entre los Tu’i Tonga y los Tu’i Ha’iatakalaua. Todos ellos estuvieron relacionados entre sí por lazos de matrimonio. Con el paso del tiempo la dinastía de los Ha’atakalaua perdieron su posición, al tiempo que los Tu’i Kanokupolu aumentaban su poder.Todos estos acontecimientos desembocaron en guerras civiles que asolaron a las islas durante todo el siglo XIX

En 1845, tras la muerte de su tío abuelo el  Tu’i Kanokupolu Taufa’ahau, heredó su titulo y fue investido como rey bajo el nombre de Siaosi (George en lengua tongana) Tupou. A partir de entonces, su dominio se extendería a todo el país y las Islas Tonga entrarían en una nueva era como país reunificado En 1862 Taufa’ahau Tupou I introduciría un código legal que declaraba la igualdad entre los jefes y el pueblo; liberaba a sus siervos de los trabajos forzados, y de la obligación de presentar contribuciones materiales, además de ejercer el control sobre sus propias tierras. A la muerte del Tu’i Tonga, Taufa’ahau Tupou I fue investido con su título aunque este, con la presencia de la religión cristiana dejase de ser representativo. En reunión parlamentaria en 1895 el rey adquirió el titulo de Tu’i Ha’atakalaua, permitiendole introducir una constitución favorable a su monarquía. Constitución aún hoy vigente en el país. 

 

George Tupou I inició reformas en la tenencia de la tierra para asegurar el suministro de alimentos a la población, permitiendo a esta disponer y cultivar en sus propias parcelas. Este cambio vino de la mano de una reforma, dando fin a una serie de practicas sociales: El tapu o la reserva de alimentos y bienes materiales destinados a la aristocracia; el fau o o los derechos de una hermana y sus descendientes sobre la propiedad de su hermano y sus familiares; y el fatongia, el trabajo forzoso realizado por las clases más bajas del escalafón social en benéfico de los jefes. Tupou II y la Reina Salote, consideraron, durante sus respectivos reinados, que estas reformas amenazaban a la aristocracia y propia estabilidad del Tonga por lo que se limitaron a restablecerlos con ligeras modificaciones. El poder de la aristocracia derivaba de los privilegios que les otorgaban el control de la tierra, bienes y el trabajo forzado de sus inferiores.

Tras la muerte del Primer Ministro, Tevita Uga, Baker misionero wesleyano abandonó la iglesia y reemplazo la posición política de este. También consiguió proclamarse ministro de Asuntos Exteriores y de Tierras. Aprovechando la edad avanzada de Tupou I, el ex predicador tomaría ventaja e influiría en los asuntos del reino; todas las escuelas primarias regidas por la misión pasarían a estar bajo el control del gobierno y se haría con los derechos hereditarios de treinta y tres nobles y sus matapule. En 1885 persuadiría al rey para establecer la Iglesia Libre Wesleyana de Tonga. Algunos tonganos descontentos con la actitud del británico intentaron asesinarlo.

El Rey Tupou II, su padre se casó con Lavinia Veiongo, un controvertido matrimonio al que los principales jefes tradicionales se opusieron. La Reina murió cuando Salote Pilolevu tenía tan sólo dos años y cuando su padre volvió a casarse; esta fue enviada a Nueva Zelanda. Regresó a Tonga a los catorce años de edad para preparar su propio matrimonio. A los tres años de su llegada a las islas, se esposaba con Tungi Mailefihi, jefe de alto rango. Tan sólo con dieciocho años, tras un año de matrimonio y ya con su primer hijo entre los brazos Taufa’ahau Tupou, fue coronada Reina de Tonga.

Cuando se planteaba como una misión imposible en el Reino de Tonga, George Tupou III tomó en matrimonio a la madre de Sir Edward Cakobau, Adi Litia Cakobau estrechando, si cabe a un más, los lazos entre Fiji y el archipiélago tongano. Ratu Sir Edward Cakobau nació en la isla de Bau, donde desde siempre se ha concentrado el poder tradicional fijiano y donde aún hoy día las visitas son restringidas.

Educado en Nueva Zelanda en Inglaterra se convirtió muy pronto en un líder carismático para las gentes melanesias de Fiji. Desde 1938 hasta su muerte en 1973 fue miembro del Gran Consejo de Jefes y Primer Ministro de Fiji tras las elecciones de 1972. Tanto la Reina Salote como su hermanastro, fueron muy respetados y amados por sus respectivos pueblos, su perdida entristeció enormemente a Tonga Y Fiji y las multitudes acudieron a sus funerales. Sus adioses significaron el fin de toda una época en ambos países.

 Las Tonga incluyen algunos de los enclaves arqueológicos más interesantes de las Islas del Pacífico. El onceavo Tu’i Tonga, Tu’itatui, fue quién construyo el Trilito de Ha’amonga, construcción de tres enormes piedras a modo de puerta. Los tonganos lo llaman haamonga o haamonga Maui, afirmando que fue construido por el semi dios y héroe legendario polinesio Maui. Sus enormes columnas  que alcanzan los seis metros del altura, representan a los dos hijos del Tu’i Tonga, Lafa y Talaiha’apepe; mientras que el lintel de otros seis metros de longitud y encajado en las columnas, simboliza la unión de los dos hermanos. Sospechando que tras su muerte sus dos hijos lucharían entre sí para ostentar el poder, Tu’itatui construyó este monumento cuyo peso es de unas cien toneladas,  para hacerles  recordar siempre  la importancia de mantenerse unidos en la paz.o Lafa era el heredero del trono y Talaiha’apepe el segundogénitLos mitos y tradiciones de Tonga confieren su construcción al  mismo tiempo y como hemos visto, a Maui quién trajo consigo la coralina calcárea desde la islita de Uea. Taufa’ahau Tupou IV padre del actual Rey de Tonga acudió hace 41 años al trilito con ocasión del último solsticio de invierno para comprobar  sus propias teorías  sobre este extraordinario  y misterioso monumento megalítico. Taufa’ahau Tupou IV  descubrió unas rayas apenas visibles en la parte superior del dintel, al copiarlas creyó haber descubierto lo que buscaba. La línea principal del dibujo marcaba según el, a dirección de donde procede el primer rayo de sol en el día del solsticio de invierno.

Lafa y Talaiha’pepe desplazaron la capital desde Niutoua a Lapaha, área ideal para el anclaje de sus enormes canoas de doble casco o kalia. Lapaha está situada en el distrito septentrional de Mu’a, a orillas de la laguna y a 9 kilómetros al este de Nuku’ alofa, capital del Reino de Tonga. Debido a su importancia como centro cultural y político durante seis siglos, esta es una de las áreas arqueológicas más importantes del archipiélago.

El foso que rodeaba al kolo o aldea real fortificada es todavía visible, aunque a penas quedan restos de las viviendas y otras estructuras. Durante el largo periodo en que reinaron los Tu’i Tonga cada aldea e isla estaba gobernada por un líder tribal que trazaba su linaje hasta alcanzar a los mismos jefes supremos divinos. El primer gobierno ostentado por los Tu’i Tonga se produjo aproximadamente a principios del siglo IX, alcanzando su apogeo entre los siglos XV y XVI; incluyendo el reinado de Tele’a. Su tumba Paepae-’o-Tele’a es el símbolo más representativo de la antigua arquitectura monumental tongana y una de las más impresionantes de estas islas polinesias; aunque no se puede asegurar que el jefe supremo de origen divino este enterrado en ella por la ausencia del llamado fonualoto o pasadizo subterráneo. Las excavaciones arqueológicas para desvelar el misterio, están completamente prohibidas. A pesar de que su estilo arquitectónico sigue las pautas de otras langi, la forma de L de las piedras emplazadas en los bordes más meridionales del paepae o plataforma tan sólo se dan lugar aquí.

 Las llamadas langi son tumbas construidas con piedras gigantescas, a modo de pequeñas pirámides destinadas a los reyes y a la nobleza. Se encuentran en muchos lugares del archipiélago; dos en Vava’u, seis en Ha’apai y 37 en Tongatapu ( nueve de las cuales se encuentran situadas fuera del área de Mu’a).

La diferencia que marcan las langi con respecto a las fai’toka o tumbas de los comunes es su monumentalidad, indicando la importancia política y social del allí enterrado. Sin embargo algunas de las tumbas no son más que colinas cónicas formadas por arena y piedras (como la Hehea de Lapaha) o plataformas de tierra más o menos elevada y contenida por muros de piedra rectangulares.

Texto: Tangata O Te Moana Nui

Atiu: Cómo se vive en los Mares del Sur

Mi cuerpo huele a tiare maori (Gardenia tahitiensis) y sudor. Camino por la playa junto a la orilla, mientras el agua, en azul y espuma, juega con los dedos de mis pies. Cuando me encamino a despedir el día, llevo conmigo una sensación de felicidad tras las zambullidas en la laguna tibia y cristalina.

A lo lejos truena la mar eterna, esa mar que muere violentamente en el arrecife y rompe el en el silencio perfumado del atardecer. Es Te Moana Pasifika (el Océano Pacífico en el idioma maori de las islas Cook), el que trajo sobre sus olas a los antepasados de los hombres y mujeres que habitan hoy esta isla. Llegaron desde ‘Avaiki Nui, la primera tierra creada por los dioses y la patria espiritual y de origen de los polinesios, a la que regresaran a descansar para siempre después de sostener la a menudo difícil batalla con la vida.

Polinesia baila, baila a todas horas y no se cansa. Es fácil sacar a bailar a estas graciosas vahine (muchachas jóvenes) de largos cabellos negros y brillantes. Sé que ellas esperan que sea yo el que las lleve y me gusta complácelas. Las atraen las melodías dulzonas, pero también las apasiona el tamure y la kaina porinetia que, con sus movimientos frenéticos y provocativos, forman parte indisoluble de su existencia. En el local social de la Cook Island Christian Church, donde estamos reunidos, ninguna banda toca música contemporánea. El ritmo del tokere o tambor tradicional, del ‘ukerere y de la kita o guitarra es más pausado; como las danzas y los cantos que las acompañan. La monotonía de los sonidos y la parsimonia de los pasos y los gestos son extraordinariamente seductoras. Me encuentro atrapado, envuelto, y siento que ya no podré respirar sin ellos.

No ha salido el sol esta mañana de sábado. El cielo muestra un gris plomizo de fin de mundo. Pájaros negros con largas alas planean muy alto sobre los cocoteros. Presagian la proximidad de la temporada de huracanes. Llueve, llueve y llueve sobre la isla y el mar. Es una lluvia fina y persistente, que no me impide visitar a las mamas o ancianas en su taller de confección. Cuando notan mi presencia todo son risas y gritos. Están contentas por verme una vez más. Yo también disfruto compartiendo mi vida con ellas. Les parece gracioso que pase mis horas interesándome por todo lo que hacen o dejan de hacer.

Grandotas, envueltas en vistosos vestidos de colores salpicadas mil flores blancas y pequeñas unas, rojas y grandes otras… Están sentadas en el suelo, trabajan y se divierten. Trabajan al son de la música polinesia, una música como la miel: dulce y espesa, nacida de la selva. La misma en la que bailan los hermosos y coloridos pareu que cuelgan sobre nuestras cabezas. Sus manos son muy gruesas, pero tejen las ‘ara tai u hojas de pandano con una habilidad sorprende. Mientras observo su laboriosa tarea, una de ellas, la más alborotadora, me cuenta que ha estado en Tahiti y Rarotonga visitando a parientes y amigos, pero que, sin duda, donde mejor está es en su amada isla.

Los hombres ya deben estar en sus pequeños huertos, o de pesca en la laguna o en mar abierto. En las tierras bajas que hay en el borde exterior del makatea (antiguo arrecife de coral) que rodea la isla, se cultiva el taro mediante un sistema de irrigación. Las áreas donde crece este tubérculo estaban divididas tradicionalmente en función de las ngati o clanes, que han alejado las parcelas y hacen ineficaz su explotación. En esta zona con pantanos la tierra fértil abunda y alimenta plantaciones de cafeto, naranjos, piña, vainilla y copra, destinadas al consumo local y a la exportación.

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Entre el estrecho arrecife de coral y el suelo volcánico aparece un relieve muy accidentado, con extrañas y complicadas formaciones de coral fosilizado. Los maori la consideran la primera tierra creada por Dios. Y así debe ser, pues para los primeros pobladores de la isla el makatea se evidenció una fuente inagotable de recursos, que satisfacía sus necesidades más inmediatas. De él obtuvieron maderas preciosas como la del toa (Casuarina equisetifolia), la del ano (Guettarde speciosa) o de tamanu (Calophyllum inophylum), destinadas a la construcción de ‘are o casas tradicionales, vaka o canoas de doble casco y canoas de pesca (paiere). También proporcionó materiales para la fabricación de utensilios de uso diario o ceremonial, e incluso alimentos, como el kopeka, un pajarillo silbador que habita en las innumerables cuevas que hay en la región.

Las zonas de pesca, como las terrestres, se distribuyeron entre familias, que las delimitaban mediante accidentes geográficos y naturales. Aún hoy se recuerdan y mantienen sus nombres. La pesca, de una manera u otra, sigue siendo una actividad importante que protagonizan los hombres. Las mujeres y los niños se dedican a la recolección de crustáceos, mariscos y pececillos en la laguna y el arrecife. Los rauakai o pescadores y sus ayudantes, generalmente sus hijos, observan las fases de la luna. Su ángulo les indica la situación de las mareas y con éstas, el momento más adecuado para las capturas. La pesca en Atiu no sólo es un medio de supervivencia, sino también expresión de un arte que exige rituales para su éxito.

Las Kuki Airani (Islas Cook) son tan diminutas que parece un milagro que los europeos llegaran a descubrirlas. Una anciana, Uia, predijo la llegada de los misioneros con cuarenta años de anticipación:” No pasará mucho tiempo hasta que una gran canoa sin balancín llegue hasta la isla. Sus hombres, cubiertos de pies a cabeza, traerán consigo el mensaje de un Dios que habita en las alturas. Gentes de Atiu, manteneos alerta, pues nuestras propias deidades no permanecerán eternamente con nosotros…” Siguiendo la estela dejada por James Cook, quién desembarcó en la playa de Oravaru durante 1777, apareció el enérgico e inevitable John Williams, predicador protestante de la Sociedad Misionera de Londres.

Durante el siglo XIX los pastores ingleses hicieron de este archipiélago un reino misionero. La influencia de la iglesia es hoy, como antaño, abrumadora, y sigue en muchos casos el modelo establecido hace siglo y medio. La huella profunda de aquellos evangelizadores de la Inglaterra puritana se patentiza cada domingo. Las reglas exigen la paralización total de las actividades: nadie pesca en la laguna, cuida su huerto ni atiende su tiendecita de comestibles, nadie juega al fútbol, salta a la comba, baila o toca la guitarra. Nadie cocina, teje esterillas o confecciona tivaevae [3] Nadie hace nada más que asistir al servicio religioso y, más tarde, abandonarse al descanso más completo.

Aquí todo el mundo asiste a la liturgia con sus mejores galas, demostrando que éste no es un día como los demás. Las mujeres visten de blanco inmaculado y realzan su belleza con hermosos sombreros de ala ancha, trenzados con sus propias manos. Ellos, corbata oscura y camisa blanca bajo trajes grises o negros, bien planchados. Sus zapatos están limpios y relucientes, y los niños y jóvenes, como si asistieran a su primera comunión. Elegantes y distinguidos, todos se sumergen en los larguísimos pero poéticos sermones del párroco. Cantan con una armonía y un volumen portentosos, que ponen la piel de gallina. Cantan himene, himnos religiosos versionados la estilo polinesio, sin ningún acompañamiento musical, consagrándose y alabando a Iesukerito (Jesucristo), Nuestro Señor!

Los antiguos polinesios desarrollaron y mantuvieron sociedades complejas y bien organizadas, basadas en complicados mundos espirituales, sofisticados órdenes sociales, refinadas tradiciones artísticas y un lenguaje propio y único. Tras la llegada de los misioneros, los habitantes de Atiu fueron persuadidos a abandonar sus centros originales de población, donde abundaban los suelos fértiles y el agua, para agruparse en la altiplanicie central de la isla, lejos de la costa.

El control y la conversión de los individuos produjeron muchos cambios profundos y permanentes. Sin embargo, nunca dejaron de sentirse íntimamente ligados a la tierra. Nunca podrían vivir sin ella. Ese carácter sagrado y espiritual se mantiene todavía a través del mana o poder sobre natural de los ‘ariki o jefes tradicionales; un mana emanado de la propia tierra, que asegura su supervivencia y anima la esencia del ser maori. Las genealogías conectan el presente con el pasado. Las familias, vinculadas entre sí por lazos comunes de descendencia y entroncadas a su vez con cada uno de los tres ‘ariki actuales, mantienen firmes los derechos de afiliación a la tierra.

La vida de Juergen y Andrea Eimke es ciertamente hermosa: pasaron de las interminables y desproporcionadas tierras africanas a las diminutas y remotas islas polinesias. Un día llegaron a Atiu, este confín perdido e idílico y, como yo, se enamoraron de él. No han podido abandonarlo. Sin embargo, el inicio de una nueva vida no resultó sencillo. Juergen, fuertote y con una barba espesa, trabaja en la industria cafetera, introducida a principios del siglo XIX por comerciantes y misioneros. Andrea se ocupa del Atiu Fibre Arts Studio y se ha propuesto concienciar a las mujeres que trenzan fibras y realizan otras actividades artesanales desde muy niñas, de que estos productos de uso ceremonial, doméstico o de adorno, son también obras de arte que agradan a los extranjeros. Pretende estimular el interés de los más jóvenes por las técnicas ancestrales y revitalizar la maltrecha economía local.

Sus tradiciones, creencias y concepción de la vida obligan a los polinesios a ser hospitalarios con quienes llegan a sus comunidades y aldeas. Les proporcionan todo lo necesario para que se sientan cómodos y felices, pero si deciden instalarse entre ellos su actitud puede cambiar de una manera sorprendente. No es fácil ganarse la confianza de esta gente. Los hombres blancos los han engañado demasiadas veces antes.

Es cierto que muchos desearían acabar sus días en un lugar como Atiu, pero son muchísimos más los que ignoran que quedarse significa aprender la tolerancia, la humildad y la paciencia hacia alguien que ya no tiene por qué mostrarlas. Ésta es su tierra, su hogar, y nosotros, los intrusos. Escarmentados como están, pueden transformar el paraíso en un infierno indeseado. Cuando se dan cuenta de que un forastero trabaja el doble que ellos y se plantea la posibilidad de que los supere, no sólo no le ayudarán, sino que le crearán las máximas dificultades posibles. Nadie desea la repetición de la historia. Por eso las islas no están hechas para el mundo occidental; ni éste para ellas. Un paso así requiere mucho más que una playita de postal, a la que el paso de los días, meses y años puede convertir en imagen angustiosa, claustrofóbica. Para vivir aquí hace falta, sobre todo, amar a este pueblo profundamente.

[1] Aceite producido a partir de la tiare maori en aceite de coco. Se utiliza cotidianamente para la protección de la piel, el cabello y de las uñas contra los efectos del mar y del sol. [2] Colocasia sculenta. Es un tubérculo característico en la dieta de la las islas de Polinesia y otras Islas del Pacífico [3] Colchas elaboradas con la técnica del patchwork, que las esposas de los misioneros enseñaron a confeccionar a las mujeres polinesias. Con la llegada del comercio y de los vestidos occidentales, sustituyó a los tejidos naturales aunque con una función similar a estos.

Texto: Tangata O Te Moana Nui
Fotos: Andrea Eimke &Tangata O Te Moana Nui
© Copyrigth by Tangata Pasifika. Todos Los Derechos Reservados
Publicado: Revista de Viajes Altaïr (Cómo se vive en los Mares del Sur)

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