Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864

 

El esbelto volumen es una obra maestra. Un ejemplo elegantemente escrito de reconstrucción histórica, Slavers in Paradise (Australian National University Press, Camberra, 1981) hace la crónica de un triste capítulo genocida en la historia de las Islas del Pacífico durante el cual 3.125 isleños  fueron secuestrados o reclutados para trabajar en el Perú durante el periodo 1862-3. El profesor Maude es el decano de los historiadores del Pacífico y su relato refleja su enorme pericia, la familiaridad de toda una vida con Oceanía y su compasivo entendimiento de los isleños y sus culturas.

Según su propia admisión, el libro fue resultado de un `intermitente trabajo de amor a lo largo de veinte años´. Comenzó con una virtual tabula rasa, se basó en una vasto variedad de documentación en archivos franceses, británicos, hawaianos, peruanos y españoles, y forjó `un cuadro compuesto a partir de una intratable colección de hechos discretos´. El resultado es un soberbio trabajo detectivesco; cuidadoso, enciclopédico y preciso. La historia que Maude cuenta es la del `más dramático conflicto regional ocurrido en el escenario romántico de los Mares del Sur, entre perplejos inocentes  y la codicia humana´.

La historia del periodo colonial en Oceanía fue y es una historia de hambre de fuerza laboral. Los poderes imperiales que dividieron las Islas del Pacífico en el último siglo (XIX), constantemente estaban buscando proveedores seguros de trabajo barato y tratable para laborar en sus intereses, intensivos en labor, agrícolas y mineros. Así, los franceses utilizaron prisioneros políticos vietnamitas en las minas de níquel de Nueva Caledonia, y reclutaron chinos para que sirvieran de artesanos en Tahití; los australianos reclutaron isleños de las Salomón para cortar caña en Queensland; y los británicos transportaron a Fiji trabajadores obligados por contrato para producir azúcar. El comercio esclavista peruano — pues aparte de las finezas legales ninguna otra palabra describe tan adecuadamente el proceso— fue, entonces, una (aunque una más trágica) en una serie de corrientes humanas de convección que vincularon las Islas del Pacífico con la cuenca del Pacífico.

La experiencia de este trabajo tuvo un efecto profundo no solo sobre los trabajadores mismos, sino sobre los territorios originales y de destino. En primer lugar, el proceso de reclutamiento fue homogeneizador, pues quebró las distinciones de clan, casta, tribu y lengua que existían entre los reclutados. En segundo lugar, los introdujo a culturas (generalmente occidentales), materiales y no materiales, ajenas, y aseguró, vía la repatriación, la difusión de esas culturas por toda la región del Pacífico. Hablando generalmente, la cultura repatriada socavó las estructuras políticas, económicas y sociales, al mismo tiempo que forjaba nuevos vínculos de dependencia, particularmente en el nivel material, entre el territorio de origen y el de destino.

Al mismo tiempo, los territorios de destino fueron transformados. La experiencia del trabajo dio origen a sociedades plurales, como en el caso de Fiji y Nueva Caledonia, o creó pequeños enclaves extranjeros, como en el caso de los chinos en Tahití y los isleños del Pacífico en Australia.

Afortunadamente, los pasados veinte años han sido testigos de un enorme crecimiento en el conocimiento de estas variadas tratas de fuerza de trabajo, como consecuencia de la investigación de estudiosos como Parnaby, Corris, Scarr, Gillion y McCall. Sin embargo, hasta la publicación de Slavers in Paradise, la historia del reclutamiento peruano de fuerza de trabajo en las Islas del Pacífico durante la década de 1860 era apenas entendido. H.E. Maude ha hecho un invalorable servicio al documentar este comercio en detalle y destruir los mitos asociados con él.

La decisión peruana de reclutar fuerza de trabajo en la región del Pacífico fue resultado de una combinación de factores: la supresión del reclutamiento en China, la emancipación de los negros en el Perú, la eliminación del tributo indígena, el desarrollo de la explotación guanera y la expansión de la agricultura peruana como resultado de la escasez producida por la Guerra Civil en los Estados Unidos. El 15 de enero de 1861, el Congreso peruano promulgó una legislación que permitía la introducción de los denominados colonos asiáticos, con la intención de que sirvieran como sirvientes domésticos o como peones en las propiedades de los poderosos hacendados.

El reclutamiento de polinesios, en realidad, ocurrió por accidente. Un aventurero irlandés llamado J. C. Byrne, recibió una licencia, el 1 de abril de 1862, para introducir colonos de las Islas del Pacífico, y partió del Callao rumbo a las Nuevas Hébridas en Melanesia. En su ruta sucedió que visitó Tongareva, en las Islas Cook del norte. Llegó en un momento altamente fortuito. Los franceses acababan de reclutar a los isleños de Tongareva para trabajar en Tahití, y quienes quedaron, enfrentados ante un periodo de escasez de alimentos, estaban ansiosos por dejar la isla. Byrne firmó contratos con 253 isleños y ahí comenzó la carrera por la fuerza de trabajo polinesia. Finalmente, 33 barcos fueron comprometidos en el reclutamiento (27 peruanos, 4 chilenos, un español y uno de Tasmania), y durante treinta y ocho viajes entre septiembre de 1862 y abril de 1863, visitaron todos los grupos habitados de la Polinesia, excepto Hawaii.

Una variedad de estratagemas fue usada para obtener la fuerza laboral. Ocho barcos armaron una incursión armada en la Isla de Pascua en diciembre de 1862 y se llevaron a 349 de los habitantes; el capitán de la Empresa ofreció al gran jefe de Atiu, en las Islas Cook del sur, $3,000 en monedas de oro por doscientos hombres; y el doctor a bordo del mismo barco atontó a los isleños con una mezcla de brandy y opio.

Sin embargo, no todos los isleños fueron obtenidos por la violencia y el engaño. Como la gente de Tongareva, los habitantes de las islas Gilbert del sur estuvieron prontos a ser voluntarios, debido a que la comida era escasa. Los jóvenes de Niue, se informa, tenían la `manía´ de emigrar en búsqueda de aventuras, mientras otros setecientos isleños de las Cook, inocentes, crédulos y acostumbrados a confiar en los europeos, firmaron por voluntad propia.

Los reclutadores encontraron dos comunidades que ayudaron y obstaculizaron sus empeños: `vagabundos de playa´(beachcombers) y misioneros. Byrne, por ejemplo, utilizó los servicios de un vagabundo conocido como Beni para que lo ayudara a reclutar en Tongareva, mientras Paddy Cooney, `un súbdito británico de mal afamado carácter´, indujo a 85 pakapukanos a contratar con el Jorge Zahara. Algunos de los vagabundos y tripulantes de la nave, sin embargo, no estuvieron dispuestos a ser parte del fraude, y el sobrecargo de la Empresa fue abandonado a su muerte por insistir en que los isleños fueran reclutados voluntariamente.

Los misioneros, en líneas generales, hicieron lo que pudieron para impedir el reclutamiento, y Maude reconoce su deuda con los registros de los misioneros en su reconstrucción del comercio. Los misioneros católicos franceses en la Polinesia oriental, como el Padre Honoré Laval, quien bloqueó el reclutamiento de la Serpiente Marina en Mangareva, islas Gambiers, fueron particularmente efectivos pues fueron capaces de convocar a las autoridades navales y coloniales de Tahití.

Los isleños no siempre fueron víctimas inermes de las operaciones esclavistas. En cierto número de casos los jefes polinesios evitaron el secuestro o el reclutamiento colocando tapus (tabúes) en los navíos peruanos. En otros casos tomaron las cosas en sus propias manos capturando naves y tripulaciones: los ´del atolónde Rakahanga capturando la Empresa; los Rapa tomando el mando de la goleta Cora, que ellos dirigieron a Tahití; y los Tonganos de Ha’apai emboscando a los marineros de la Margarita.

Mientras la mayoría de los raptados o reclutados no fueron tratados brutalmente durante el viaje al Callao, `la puerta del infierno´, muchos de ellos cayeron víctimas de enfermedades. En tierra, el asunto se puso peor. Efectivamente, como Maude sugiere, un período de trabajo por deudas en el Perú `era equivalente a una sentencia de muerte´. Sesenta y cinco por ciento de quienes desembarcaron murieron de enfermedades pulmonares o intestinales, mientras un sexto pereció de viruela.

La verdadera naturaleza de esta trata pronto se hizo evidente y los peruanos, cediendo a la presión diplomática británica y francesa, acordaron repatriar a los isleños. Naves sobrecargadas y pestíferas regresaron su cargamento enfermo y moribundo a la Polinesia. El resultado fue una catastrófica despoblación de las islas y, en total, cerca de seis mil murieron directa o indirectamente como resultado de la trata esclava.

¿Cómo se adaptaron los isleños a este grande y externamente inducido desastre social? ¿Qué estratagemas emplearon ante la súbita desaparición  de entre el 24 y el 79 por ciento de la población de trece islas? El mayor problema que tuvieron que enfrentar fue la falta de varones adultos. Esto significó que las tareas tradicionales de conseguir los alimentos tuvieron que ser reasignadas y que las poblaciones isleñas tuvieron que ser repuestas suspendiendo las sanciones que prohibían el adulterio, alentando la inmigración masculina y terminando practicas tales como el aborto y el infanticidio.

Al mismo tiempo, el trauma de la experiencia peruana alentó la difusión del cristianismo, y socavó las estructuras tradicionales del poder. Así, cuando los misioneros llegaron a la Isla de Pascua en 1864, encontraron `solo las ruinas de una civilización´, tras haber colapsado hasta el caos el viejo sistema económico y político.

Aunque todos los interesados en la historia del Pacífico se beneficiarán de la investigación de Maude, su sombría letanía fue compilada principalmente para los descendientes de quienes sufrieron. `Solo mediante el conocimiento de su historia´, escribe él, `podrán los isleños de hoy hacerse completamente conscientes de su identidad regional, y cuidarse así de la aniquilación de a pocos que los amenaza en el presente siglo, como el cautiverio peruano lo hizo en el pasado´.

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864 (reseña de  James A. Boutilier, publicado originalmente en The International History Review, Vol. 5, No. 1 (Feb. 1983), pp. 155-158. Traducido por Alberto Loza Nehmad.

Las olas, fuente económicamente viable de energía renovable para las Islas del Pacífico

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Las olas son omnipresentes en los más de 20 estados insulares esparcidos por 165 millones de kilómetros cuadrados en el Océano Pacífico. Pero recién este año, tras un estudio pionero realizado por oceanógrafos, se empezó a considerarlas como una fuente económicamente viable de energía renovable en la región.

El informe sobre el análisis de costos de la energía de las olas, publicado por la Comunidad del Pacífico (SPC) – la principal organización científica y técnica de la región – es importante porque por primera vez analiza los costos de la compra, instalación, operación y mantenimiento de dispositivos de este tipo de energía en la zona.

El estudio concluye que `los costos de generación de energía a partir de las olas están a la par con otras energías renovables, como la eólica y la solar´. Rafiuddin Ahmed, del Grupo de Energía Renovable de la Universidad del Pacífico Sur (USP), con sede en Suva (Fiji), coincide en que el océano es una alternativa energética importante dado que `el costo de la generación de electricidad en los países insulares del Pacífico es actualmente muy alto, teniendo en cuenta que la mayoría son dependientes de los combustibles fósiles importados´.

En las Islas Cook y Tonga, por ejemplo, el petróleo importado representa aproximadamente 90 por ciento y 75 por ciento del suministro nacional de energía, respectivamente, mientras que las importaciones de combustibles fósiles equivalen a 10 por ciento del producto interno bruto de la región. Sin embargo, hoy solo 20 por ciento de los más de 10 millones de personas de la zona tiene acceso a la electricidad. La falta de acceso a los servicios básicos es una constante en la mayoría de los 14 países del Foro de Islas del Pacífico, que no alcanzaron el Objetivo de Desarrollo del Milenio 1, que pretendía erradicar la pobreza para el año 2015.

Según los expertos, la fiabilidad de la energía extraída del océano – la mareomotriz, generada por las mareas, y la undimotriz, exclusivamente por el oleaje – hace que sea una buena opción para el desarrollo sostenible.`La energía de las olas está disponible 90 por ciento del tiempo en un sitio dado en comparación con las energías solar y eólica, que están disponibles entre 20 y 30 por ciento del tiempo. El flujo de energía de las olas es hasta cinco veces superior en comparación con el viento que generan las olas, lo que hace que la energía de estas sea más persistente que la eólica´, aseguró Ahmed.  Las olas se forman cuando el viento, a medida que atraviesa el océano, transfiere energía al agua. Sin embargo, las condiciones del mar varían a lo largo del Pacífico y los sitios óptimos para obtener la energía de las olas, según el informe, se encuentran al sur de los 20 grados de latitud sur. Específicamente, Tahiti Nui (Polinesia Francesa) , Tonga, Islas Cook y Kanaky  Nueva Caledonia se benefician de la exposición a las olas del océano austral.

El estudio de la SPC analizó los costos que implica el uso de un convertidor Pelami de la energía de las olas, que normalmente se instala entre dos y 10 kilómetros de la costa y puede satisfacer la demanda anual de electricidad de unas 500 viviendas. El costo de la generación de este tipo de energía se calcula entre 209 y 467 dólares por megavatio hora (MWh) en la isla de Eua, Tonga, y entre 282 y 629 dólares por MWh en el sur de Rarotonga, Islas Cook. En comparación, el costo de generación de la energía solar y diésel puede alcanzar hasta 700 dólares por MWh y 500 dólares por MWh en ambos lugares, respectivamente.

Dada la gran cantidad de isleños que viven a lo largo de las costas y la necesidad de generación de energía independiente en las comunidades rurales, donde el déficit energético es mayor, `la energía de las olas es sin duda uno de los candidatos fuertes para el abastecimiento de las islas remotas´, expresó Ahmed.

En  Kanaky Nueva Caledonia y Fiji solamente 45,5 por ciento de la población rural está electrificada, proporción que cae a 17,8 por ciento en Vanuatu y 12,6 por ciento en Islas Salomón. Sin embargo, el profesor adjunto Anirudh Singh, de la Facultad de Ingeniería y Física de la USP, que también participa del Proyecto Red de Transferencia de Conocimiento y Tecnología sobre Energía Renovable en las Pequeñas Islas en Desarrollo (DIREKT), recomienda tener cautela sobre las conclusiones del informe. `La densidad de la energía disponible en las olas es en general bastante baja en el Pacífico en comparación, por ejemplo, con los países del hemisferio norte y, en segundo lugar…, la tecnología aún no ha sido debidamente probada en el mercado´, opinó Singh.

Este tipo de energía será adecuada para las comunidades costeras rurales `una vez que la tecnología del dispositivo único de energía de las olas se haya perfeccionado, pero eso llevará algún tiempo´, advirtió.

El trabajo sobre la tecnología de la energía marina se inició en la década de 1970, pero la mayoría de los dispositivos aún no lograron su aplicación comercial, aunque los prototipos se están probando en todo el mundo. El Pelamis, que puede producir energía eléctrica conectada a la red, es uno de los dos dispositivos que están listos para su comercialización, según el informe.

El equipo de investigación de la energía del océano de la University of the South Pacific  también está desarrollando conceptos nuevos, lo que incluye una columna rectangular de agua oscilante (OWC), que canaliza el flujo bidireccional de las olas hacia las paletas de la turbina de viento Savonius. `Un dispositivo OWC se puede construir localmente con materiales de la zona, con excepción de la turbina. Sus costos de operación y mantenimiento también son bajos y tiene una vida muy larga. Sin duda podrá competir con otras fuentes de energía renovables en lugares de buen potencial´, afirmó Ahmed.

Habrá que superar numerosos obstáculos antes de que el potencial energético del océano se transforme en realidad, incluida la falta de experiencia técnica local en las energías renovables y conseguir la inversión del sector privado para la comercialización de la tecnología. La generación de confianza de los inversores, según el Banco Mundial, también exige claridad por parte de los gobiernos de la región sobre las opciones de inversión, los planes de incentivos y los marcos políticas, legales y reglamentarios asociados. Fuente original: IPS

Tatuaje en las Islas Cook

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Therese Mangos and John Utanga trazan en este libro la historia y la práctica del tātatau o el arte del tatuaje en las Islas Cook  a través de las antiguas tradiciones orales, informes   de navegantes, exploradores y misioneros  extranjeros  además de  un valioso  material de archivo.  Más que una investigación de un tiempo  ya pasado , Patters of the Past: Tattoo Revival in the Cook Islands (Huia Publishers, Aotearoa Nueva Zelanda, 2011) , representa una mirada que recae sobre  el renacimiento de este arte ancestral  a través de los ojos de los artistas contemporáneos de  este archipiélago polinesio. Acompañado de más de 250  fotografías de Kirsty Griffin e imágenes históricas que reflejan el  diseño y la herencia cultural  de las Cook,  representa  una  bella e intensa exposición  de la primera y más completa obra del tatuaje local y su impacto en una nueva generación a la búsqueda de su identidad cultural. Therese Mangos , nacida en Aotearoa Nueva Zelanda, es originaria de las Cook ,  miembro del  Pacific Arts Committee (Creative NZ) y autora de Fashion Theory: The Journal of Dress, Body and Culture. John Utanga , periodísta de las islas Cook  ha trabajado para la televisión  en el programa  Tagata Pasifika.  Kirsty Griffin ha realizado su labor fotográfica en películas como  Apron Strings (2008) de la samoana Sima Urale , River Queen (2005) de Vincent Ward y  Whale Rider (2002) de Niki Caro.

Vuelta al mundo con Air New Zealand haciendo escala en las Islas del Pacífico

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Air New Zealand lanzó el pasado 3 de febrero de 2016 un billete de 1.402 euros (tasas incluidas), con salidas desde varias ciudades europeas con destino a  Aotearoa Nueva Zelanda, con la posibilidad de volar por Asia y regresar por América, o viceversa, y con el atractivo añadido de poder hacer escala en Hong Kong, Shanghai, Tokio, Singapur) y América del Norte (Los Ángeles, San Francisco, Honolulu, Vancouver), y cinco paradas en las Islas del Pacífico (Islas Cook, Samoa, Tonga, Fiji o Tahiti).Estas paradas deben ser de más de 24 horas en cada destino elegido, mientras que algunos de los vuelos para estos ciudades son operados por sus socios Cathay Pacific, Singapore Airlines, Air France, All Nippon Airways, Virgin Atlantic, United Airlines, Fiji Airways, Air Tahiti Nui y el resto de compañías miembros de Star Alliance.

Los habitantes de las Islas Cook se niegan a que cerqueros españoles saqueen y vacíen reservas de pesca

Cuatro buques cerqueros españoles podrán pescar en aguas de las Islas Cook durante los próximos cuatro años, en virtud de un acuerdo de asociación de pesca sostenible (SFPA) firmado por la Unión Europea (UE) y las Islas Cook.   Este acuerdo ampliará la zona de operaciones de la flota comunitaria en el Océano Pacífico Occidental y Central, el caladero de atún más importante del mundo, que proporciona más de la mitad de las capturas mundiales de atún.

A cambio de tener acceso a la captura de 7.000 toneladas de atún, la Unión Europea  pagará a las Islas Cook una contribución financiera  2,8 millones de euros, monto del que que  350.000 euros  se destinarán al apoyo de su sector pesquero.

La semana pasada el diario Cook Islands News  informó que Henry Tuakeu Puna, Primer Ministro de las Islas Cook,  ha subido el nivel de supervisión del acuerdo, encargando a un comité central de ministerios y agencias gubernamentales  evaluarlo a fondo sin embargo la flota española, conocida  por sus prácticas de pesca insostenibles  y por  el uso de  `dispositivos de agregación de peces´, ha generado un rechazo generalizado y protestas por parte de los habitantes de este archipiélago polinesio enclavado en el Pacífico Sur. La gran mayoría de  los māori de las Islas Cook quieren la prohibición de la pesca de cerco en razón del impacto que esta tendrá sobre las poblaciones de atún en sus  aguas  territoriales.

El pasado mes de junio de 2015 en Rarotonga, donde se enclava la capital Avarua, alrededor de la mitad de la población con derecho a voto en  las  Islas Cook hizo  una evidente  declaración de rechazo a través de  una petición ante el Parlamento  Nacional,   para dejar claro que la pesca con redes de cerco es algo que no desean que se lleve a cabo en  sus islas.  Más de 3000 personas firmaron a  favor de impedir la presencia de los pesqueros españoles en una iniciativa llevada a  cabo por la organización no gubernamental Taporoporo Ipukarea Society . Las firmas  fueron recibidas por el Secretario del Parlamento,  John Tangi quién  dijo que tanto él mismo como el Parlamento de las Islas Cook  comprobarían la credibilidad de la petición antes de ser entregada al Presidente de la Cámara Niki Rattle.

Los ecologistas han solicitado al Ministerio de Recursos Marinos de las Islas Cook  prohibir los `dispositivos de agregación de peces´ (FAD, en sus siglas en inglés, Fish Aggregation Devices) asociados a la pesca con redes de cerco.  El nivel de la  captura incidental del  patudo es inaceptable dicen los científicos ,  los  recursos pesqueros ya se encuentran al 16% de su totalidad.   Los `dispositivos de agregación de peces´, además del atún,   atraen  al mismo tiempo   a toda clase   de vida marina:  tiburones, rayas,  tortugas, mamíferos marinos, incluyendo también al atún juvenil los cuales que quedan atrapados en las gigantes redes después de alimentarse y refugiarse en los dispositivos y antes de ser arrojados por la borda muertos o moribundos.  Cuando las redes se establecen en éstos, la captura accidental de atunes juveniles y otras especies marinas es alta.   Los niveles de captura del  atún patudo deberían reducirse a un 50% de los niveles actuales y sin embargo las Islas Cook sigue vendiendo derechos de pesca a  las flotas extranjeras que realizan pesca con redes de  cerco haciendo uso de `dispositivos de agregación´; con un promedio de captura de 4 a 5 toneladas de atún patudo juvenil por cada buque cerquero y cada conjunto de redes entorno a un dispositivo.

La española es  una de las flotas  que dispone de  los  buques de mayor tamaño, faenando siempre  con `dispositivos de  agregación de peces´. Es la que peor reputación tiene y los habitantes de las Islas Cook  se niegan a ceder  ante su presencia, a  permitir  los `dispositivos de agregación´  e  incluso mostrarse dispuestos  a plantear  la prohibición total de  la pesca con cerco en  el archipiélago.

El área principal de pesca con cerco en  las Islas Cook   es inmediatamente adyacente a los límites de Marae Moana,  parque marino de un millón de kilómetros cuadrados propuesto por el  gobierno insular; por lo que continuar manteniendo  este  tipo de pesca insostenible, no es coherente con los objetivos conservacionistas que se proponen las autoridades de locales.

En la pesca con redes de cerco, los peces son rodeados por un gran muro de redes, que luego se unen para mantener a los peces mediante el uso de una línea en la parte inferior que permite a la red que se cierre como una bolsa, cercando las capturas. Estas redes tienen una forma rectangular. En la parte superior de la red se dispone de un número adecuado de flotadores que la mantienen en posición vertical cuando se utiliza. En la parte inferior lleva una serie de plomos que ayudan a mantenerla vertical, contando además con un conjunto de anillos por los que pasa un cabo resistente, que se encarga de cerrar la red, formando un cerco.

Albatun Tres es el mayor buque de pesca con redes de cerco de todo el mundo, faena durante todo el año,  capturando más de 3000 toneladas de pescado al día,sus  redes gigantes pueden rodear más de un kilómetro del océano;  esto supone  casi el doble de la captura anual de algunos países insulares del Pacífico y 15 veces más  pescado que todas las capturas combinadas anuales  de todos los pescadores artesanales de las Islas Cook.

De bandera española y  propiedad de Albacora, una de las empresas pesqueras más grandes de Europa, ha sido  bautizado por Greenpeace como `el destructor de atún ´. Las autoridades de las  Islas  Cook quieren permitir la  presencia en su Zona Económica Exclusiva de al menos cuatro buques españoles, podrían ser siete,  que hacen uso de las redes de cerco.

Junto a las empresas pesqueras españolas aparecen otras de China, Taiwan y los Estados Unidos.  Las comunidades de las llamadas  Pa Enua o  las islas periféricas  del archipiélago de las Cook acusan al gobierno de Puna de hacer oídos sordos ante la  negativa de la comunidad; este  trata de convencer a sus compatriotas de que la presencia de los pesqueros españoles les convertirán en unos de los ciudadanos más ricos del mundo.

Apii Piho, líder comunitario del atolón de Manihiki ha declarado que permitir  la presencia de los cerqueros españoles es `permitir que se robe a las islas´ , especialmente las que componen el grupo norte,  compuesto por atolones de coral; de poner en riesgo su principal fuente de alimentos, el pescado. Piho ha dicho que no  alcanza comprender  como mientras en el resto de las Islas del Pacífico  se están retirando los acuerdos de pesca con redes de cerco con la Unión Europea, que en las Islas Cook se esté haciendo lo contrario.

A la presencia del  Albatún  de 115 metros en aguas de las Islas Cook, podría seguírle el Albacora Uno de 195 metros y  otro supercerquero capaz de capturar 2000 toneladas en tan solo un viaje de pesca. En 2010 el Albacora Uno fue sorprendido pescando ilegalmente durante un período de dos años con 67 `dispositivos de concentración de peces´ en la zona Económica Exclusiva de Estados Unidos. Albacora S.A., la empresa propietaria del buque y Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA) acordaron una resolución de 5 millones de dólares. En julio de 2012, el Albacora Uno fue también  uno de los tres buques capturados por las autoridades marinas de las Islas Marshall Recursos (MIMRA) con pieles de tiburón, aletas y los cuerpos a bordo. Fue multado con 55.000 dólares por la MIMRA. Se le confiscaron 18 cuerpos de tiburón. En octubre de 2013, el Albacora Uno recibió una multa de 1.000.000 de euros por seis incidentes de pesca ilegal en la Zona Económica Exclusiva de Nauru en la Micronesia.   Los otros dos buques destinados a faenar en  estas islas de Polinesia son el Rosita C de 84 metros y el Aurora B  también de 84 metros,  la tripulación de este último no respeto el santuario de tiburones de la República de las Islas Marshall en Micronesia. En 2009 el Albatun Tres  faenaba en  la Zona Económica Exclusiva de la República de Kiribati,  ya en su momento  Greenpeace declaró  que no debería permitirse que  buques del tamaño del Albatun Tres saqueen y vacíen las reservas de pesca actuales en las Islas del Pacífico: “Tienen que ser retirados de los océanos  y desechados,  de inmediato con el fin de hacer frente a la sobrepesca que estas flotas pesqueras ejercen  sobre las  poblaciones de atún restantes´. Los  4.9 millones  de euros  de subsidio de la Unión Europea que ayudaron a construir este buque es igual al 14% de los ingresos totales del gobierno de Kiribati; el dilema de esta república micronesia es que los 33 millones de dólares australianos generados por las licencias de pesca que los buques extranjeros pagan por faenar en aguas del país conforman el 40% del presupuesto nacional. Las Islas del Pacífico pueden detener  a los buques pesqueros extranjeros e impedir que arruinen su futuro, ¿La fórmula? posicionarse ante estos con fuerza para impedir que arruinen su futuro.

Danzas y tambores de las Islas Cook

 

Al carecer de lengua escrita la historia y la herencia de los pueblos polinesios fueron transmitidas de generación en generación a través de la tradición oral,  en la forma de cantos y los movimientos tradicionales de la danza. La herencia cultural en las Islas Cook  se conservó y trasmitió por medio de los ta’unga, expertos o maestros especializados en una actividad o arte particular.

La música,  como ocurre   en otros enclaves  polinesios  aparece en  las islas del archipiélago de las Cook  como un factor esencial tanto en la vida secular como en la religiosa. Como otros polinesios aquí,  se suelen  aprender las técnicas de baile desde muy   temprana    edad  y practicando estas  durante toda la vida. Se dice que en las islas de Polinesia prácticamente todo el mundo sabe cantar y bailar;  tocar la guitarra y el ‘ukelele.  Ciertamente, los cantos y danzas  en fiestas improvisadas o  en ceremonias tradicionales guardan una belleza sensual y envolvente.  Are karioi significa literalmente `la casa de la diversión´ y este es  el lugar donde los jóvenes aprenden a bailar las danzas tradicionales,  a cantar y tocar los tambores, para más tarde poner en práctica  las enseñanzas recibidas en las grandes fiestas y celebraciones tradicionales.

Las formas musicales tradicionales de las Islas Cook se encuentran reflejadas en sus danzas: karakia (oración), pe’e (canto), amu (canto melódico), rutu pa’u (percusión),  imene reo metua (canción tradicional), imene kaparima (canción de acción), peu tupuna (leyendas en forma de danza), parapore (proverbios), piri (acertijos), akatutu (coreografía) y las   nuku o escenificaciones históricas. Cada isla de este  archipiélago polinesio  posee sus variaciones propias y únicas. Las danzas pueden ser interpretadas de forma individual,  en la mayoría de ocasiones es llevada a cabo en grupos formados exclusivamente por hombres o mujeres, aunque también en grupos  masculinos, mixtos.

La  Ura  es quizás  en las Islas Cook,  la danza más conocida de todas; en esta las expresiones faciales, las  manos, los movimientos de caderas y de piernas, siguen el ritmo de varios tambores que son tocados de forma individual  o al unísono. El tokere o pate tambores ahuecados de madera, dirigen los movimientos de las manos, de los  pies y de la  cara mientras que los  pau o  tambores con membrana de piel de tiburón,   marcan las pautas de la cadera y las rodillas. Los movimientos de la danza describen la historia. Las Ura pau relatan aspectos de la vida diaria en las islas;  jornadas de pesca, construcción de ‘are o casas tradicionales , preparación de la comida.Antes de la llegada y contacto con los europeos  estas danzas  eran bailadas en aquellas  ceremonias que poseían una significación especial para la aldea y comunidad  o como parte de festivales de relevancia. Los  participantes danzaban al ritmo del ka’ ara   y en ciertas ocasiones cantos de guerra se sumaban a la danza permitiendo incorporar armas a la coreografía.

En la década de 1800 la ura pa’ata fue un baile  muy popular acompañado  de tambores e interpretada por hombres y mujeres sobre enormes plataformas de piedra que hacía las veces de escenario. La vestimenta tradicional de hojas y  otros textiles naturales confeccionados a partir de la corteza de la morera del papel (Broussonetia papyrifera) habían sido ya  sustituidos por la influencia misionera,  por largos vestidos para las mujeres y camisa blanca y pantalón negro para los hombres. Con el paso del tiempo y la flexibilización de las reglas impuestas por la London Missionary Society,  las antiguas danzas de tambor y  la vestimenta tradicional asociada a ellos fue reintroducida en la sociedad polinesia.

La  Kaparima   fue en el pasado acompañada por cantos y  la vivo o la flauta nasal. A   partir de la introducción del ‘ukelele y la guitarra esta forma de danza ha venido  incorporado una variedad de movimientos  que hoy día reflejan situaciones y actividades de la vida diaria.

La Ura tatiaae es una  danza  que posee tres movimientos diferenciados que buscan la broma que provoca el enfado;  la intención de su baile  pretende la diversión de todos los presentes. La coreografía  no está sujeta a la uniformidad y  puede reflejar tanto a un individuo y su aldea o isla de la que es objeto de burla. Esta danza suele bailarse en todo momento tanto con,  cómo sin acompañamiento musical.

La  Ura tamataora  es una danza improvisada que puede ser interpretada tanto de forma individual como  en grupo y la acompañan todo tipo de instrumentos improvisados.  La Ura Tamataku fue muy bailada durante la época de contacto con los navegantes y exploradores europeos. Se hacía  de forma individual y  era acompañada por cantos. transmitiendo un mensaje disciplinario de acción o parte de una historia dramática donde los movimientos imitan a aquellos de  los insectos, peces, animales y fantasmas.

La Ura Kanga , muy similar  a la  ura tamataku, es  fácilmente reconocida por ser un tipo de baile  sin mucho sentido estructural y destinado únicamente a provocar la risa de los que la contemplan y de los que la bailan. Generalmente se baila en encuentros deportivos y sin   acompañamiento musical.

Las  Nuku  combinan  todo tipo de actividades de entretenimiento y están  basadas en periodos o momentos históricos del grupo que la representa. En ellas participan u número importante de personas y pueden extenderse durante muchas horas. La Uri piani es una danza muy popular que se produce de forma esporádica  y en la mayoría de ocasiones  es acompañada por  el ritmo frenético de los tambores. En ella participan un hombre y una mujer que se mueven de forma  sensual y provocativa durante toda la      danza. Un espectáculo soberbio.

La  Ura peu tupuna es una forma tradicional de baile  todavía muy popular en las Islas Cook. La leyendas son expresadas  mediante una combinación de danza, cantos, oratoria y artes escénicas. Muy poca gente en las islas  es capaz de bailar la Ura kopu, pues es una danza  requiere una habilidad extraordinaria en  donde la ondulación continua  de los músculos del estómago es la mayor  de sus caracteristicas.  Las  Ura penu   son  danzas de grupo donde destaca el uso  de algún objeto doméstico, herramienta o arma tradicional. En estas  participan tanto hombres como mujeres. El término  ura penu fue creado por Kauraka Kauraka,  poeta originario del atolón de Manihiki, a partir de la palabra original del atolón de Pukapuka   penupenu , que literalmente significa `objeto´.

La   Ura pia  es una danza que requiere mucha habilidad y dotes de  equilibrio y está  estrechamente relacionada con la isla de A’itutaki.  Es acompañada por el ritmo de los tambores. Aqui  los hombres jóvenes son sus protagonistas,  que situandose sobre un contenedor de latón realizan ejercicios que demuestran sus habilidades y condición física.

La  Ura rore  es también originaria  de  A’itutaki. Es acompañada por tambores y al igual que la  ura pia, los hombres jóvenes demuestran sus habilidades y condiciones físicas bailando subidos a zancos.   El   Ura tairiiri   es un baile que  utiliza abanicos que simbolizando  la paz, son interpretados por las mujeres. Son acompañados por los tambores y  cantos.

La  Ura topi    es una danza que ha  desaparecido casi por completo, aunque existen  un esfuerzo por incorporarla de nuevo a la tradición musical y de baile  de las Islas Cook. Todos los hombres de las aldeas  la bailan  durante celebraciones colectivas, adornados con sombreros cónicos elaborados a partir de la corteza del árbol de la morera del papel (Broussonetia Papyrifera)  u otras fibras vegetales.  La  Ura korare   es bailada por un grupo masculino,  que al ritmo de cantos tradicionales imita los movimientos guerreros del pasado.

La  Haka   es acompañada por el ritmo del tambor ka’ara y  de  cantos. Ocupa un lugar de honor  en la tradición de danzas y cantos de las islas, demostrando el  orgullo e identidad culturaly  el  espíritu guerrero y de superación , tan característico de las sociedades polinesias.. Es   una muestra evidente de las conexiones históricas de las Islas Cook  con los māori de Aotearoa Nueva Zelanda .Dos elementos caracteristicos conforman la haka y le otorgan su especial ferocidad;  la dilatación ocular o pukana que exagera el tamaño del blanco de los ojos y hace casi invisibles las pupilas, y el whetero, sacar todo lo posible la lengua, algo que solo hacen los hombres. En la haka todo el cuerpo debe hablar `kia korero te katoa o te tinana´  (Los términos aquí utilizados son en Te Reo Māori, la lengua de los Tangata Whenua de Aotearoa Nueva Zelanda ).

El fuego aparece muy a menudo en los cantos y leyendas tradicionales,   la Ura e’i o danza del fuego refleja los lazos históricos de las Islas Cook  con otras culturas polinesias como las de Samoa, Tahiti y Tonga. Consiste en hacer girar continuamente  antorchas encendidas por ambos lados y al ritmo sin pausa de los tambores.

La  Ura rama en  tiempos pasados fue bailada en las ceremonias de carácter más solemne y  haciendo uso de  cáscaras de coco a las que se les prendía fuego a modo de antorcha; hoy se utilizan cañas de bambú o medias cáscaras de coco con velas   en su interior. Las llamas marcan el movimiento de la danza y a esta la acompañan los tambores y cánticos.  Las Ura akamori – Ura akapaapaa    son danzas acompañadas por canciones  en donde las expresiones faciales y los movimientos de las manos dominan la escena. Participan un hombre y una mujer, pero a diferencia de la  uri piani, aquí a penas  los cuerpos se juntan . En el pasado esta danza era el medio más común de adoración a los dioses, hoy la ura akamori es bailada en honor a la iglesia.

Los habitantes māori de las Islas Cook se refieran a cualquier orquestación de tambores de madera como rutu te pa’u o`tocar los tambores ´.   El  tokere o to’ere es un gongo de madera resistente de 18 pulgadas y 5 de diámetro. Su  tala es complicada pues consiste en la creación de corte longitudinales los cuales determinarán  el tono- Por norma general aquel tronco recto y sin apenas ramas será el perfecto para construir un  tambor.  El  tokere es tocado con dos bastoncillos  de madera.   El pate, es similar al  tokere.  El kahara o ka’ara dobla en tamaño al pate  y es tallado siguiendo las mismas pautas que los anteriores. El corte triangular distintivo, trabajado por el to’unga  o maestro experto produce tres tonos diferentes.  El  ka’ara está tallado de una forma minuciosa  y decorado con diseños de color negro. Los bastones empleados para hacerlo sonar son de una madera más ligera,  generalmente extraída del pequeño tronco de la hoja de la palmera cocotera. Con ellos el sonido es más suave y meloso.   El  koriro es un  tambor ahuecado de doble corte  utilizado comúnmente  en el atolón Manihiki.  Apenas es utilizado, pero en años recientes existe un  interés por volver a introducir este instrumento de percusión en el mundo musical insular.  Este tambor  posee el mismo tamaño que el tokere y  es bellamente decorado con madreperla, hecho  que supone un valor  personal añadido a su propietario. Se toca con varillas muy similares a las que se emplean en el pate y el tokere.   Los tambores de membrana confeccionados con piel de tiburón se crean a partir del ahuecamiento de troncos que se cubren con la piel de estas criaturas marinas. El tipo de piel empleado definirá dos tipos básicos  de estos membráfonos: el pahu o pa’u y el  pa’u mango.   Los tambores son una parte importante de la vida  en estas islas de Polinesia y definen la identidad cultural de las Cook; el dominio de la percusión es un causa de admiración y los jóvenes se entregan a su práctica con auténtica pasión. En una representación musical típica se tocan a la vez el tokere, el pate, y el ka’ara, combinádolos con el pa’u mango y el pa’u. este último mantiene un ritmo tonal de uno a uno, el cual es interrumpido por el tono más elevado del pa’u mango; el pate es el que lleva el ritmo principal, interrumpido en ocasiones por el sonido del tokere. El ka’ara refuerza toda la percusión en su conjunto. A parte de los tambores existen otros instrumentos que actúan como creadores de ritmo como  son las calabazas, las  conchas marinas,  las cáscaras del fruto del cocotero, el  bambú, los maderos, esterillas y piedras . El cuerpo humano es también utilizado para la producción de sonidos mediante las palmas de la mano golpeando en partes diferentes de la anatomía com pecho, muslos y piernas.

Marae Moana, primeros pasos para crear en Islas Cook, una de las reservas marinas más grandes del planeta

El gobierno de las Islas Cook, en Polinesia, ha anunciado  sus planes  para  la puesta en marcha de  un grupo de trabajo que  empiece  a perfilar  los detalles relativos a la  enorme reserva marítima que  pretende  crear  al sur del archipiélago  desarrollando políticas adecuadas para su desarrollo y gestión, legislación prevista para que entre en vigor el próximo mes de junio de 2015. Durante la cumbre de líderes del Forum de las Islas del Pacífico celebrado en Avarua en 2012 y junto a líderes tradicionales,  las autoridades de las Islas Cook,  anunciaron por vez primera  los planes para su creación. Marae Moana  será una de las reservas marinas  más grandes del planeta, con 1,1 millones de  kilómetros. Kevin Iro, portavoz de esta iniciativa ha señalado que  una de las ideas presentadas es la ampliación  del llamado  ra’ui, método tradicional de conservación marina  y por la  que ya  algunas islas han expresado interés. El ra’ui   podría extenderse hasta los 80 kilómetros en contraposición a los 19 kilómetros actuales sobre el perímetros de  aguas que rodean las islas.

Menos del 1% del territorio de las Islas Cook está comprendido por superficie terrestre (240 kilómetros cuadrados de tierras emergidas).  La Zona Económica Exclusiva de este archipiélago enclavado en el Pacífico Sur alcanza 1,8 millones de kilómetros cuadrados, un área inmensa rica en biodiversidad marina; incluyendo especies singulares de aves marinas, zifios o ballenatos de Cuvier, rayas manta y algunas especies amenazadas  de tiburones.   El país  ya declaró casi dos millones de kilómetros cuadrados  de sus aguas  como santuario de tiburones adoptando este modo, las normas de conservación de  más estrictas hasta la fecha, prohibiendo por completo la pesca, el comercio y el transporte de tiburones a bordo de cualquier buque comercial. Marae Moana contribuirá a promover el desarrollo sostenible de esta región del Pacífico Sur , garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico   promovido por el turismo, la pesca y la minería, y la conservación de la biodiversidad del océano.

Las 15 islas que comprenden el archipiélago están habitadas por unas 15.000 personas y se encuentran divididas en dos grupos, en base a su lejania, formación geológica, flora, fauna, recursos naturales y población. El grupo septentrional es de formación coralina y sus suelos, muy pobres, limitan la agricultura. Algunos atolones, como Puka Puka, se encuentran más cercanos a Samoa que al resto del país. El grupo meridional acoge al núcleo mayor de población y posee  suelos volcánicos muy fértiles con gran diversidad de árboles y plantas. La isla mayor es Rarotonga, donde se enclava la capital Avarua. La composición de Atiu, Mauke, Mitiaro y Mangaia se caracteriza por espectaculares formaciones  de coral fosilizado enclavadas en su centro insular.