Nan Madol, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco

Nan Madol

El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO que celebró su 40 reunión el pasado 10 de julio de 2016 en Estambul (Turquia), designó junto a otros enclaves del planeta,  Patrimonio Mundial a la ciudad y centro ceremonial de Nan Madol, al sureste de la isla de  Pohnpei en los Estados Federados de la Micronesia;  un centenar de islotes que albergan vestigios de palacios, templos, sepulturas y moradas construidas en piedra entre los siglos XIII y XVI.

Nan Madol forma un complejo arqueológico de unas cien islas artificiales construidas en piedra y coral y  unidas por una red de canales  que cubre más de 18 km². Su nombre significa `entre espacios´ y hace referencia a estos canales. Su arquitectura megalítica se extiende sobre una zona del arrecife de coral a lo largo del litoral suroeste de la isla Temwen,  en varios  islotes artificiales y en la misma   Ponape, abarcando un área de aproximadamente 1.5 km de largo por 0,5 km de ancho. Fue la capital de la dinastía Saudeleur, que ejerció su poder en  entre los años 500 y 1500, acogiendo el centro de Nan Madol  una residencia especial destinada a la nobleza;  al mismo tiempo que en esta se realizaban   actividades funerarias presididas por los sacerdotes. Su población no sobrepaso a las 1000 personas o incluso fue menos, sus residentes eran  en gran mayoría ciudadanos comunes aunque la población de jefes era considerable: Aunque los orígenes y  el porqué de la existencia de Nan Madol se mantienen relativamente enigmáticos, se cree que la ciudad actuó  como eje de la  organización y control de potenciales rivales por parte de la jefatura Saudeleur.

El navegante y explorador portugués Pedro Fernández de Quirós, al mando del  buque español San Geronimo, avistó la isla  de  Pohnpei el  23 de diciembre de 1595; su descripción de la misma es breve y no llegó a desembarcar en ella. En Ponape, como la llamaron los españoles,  se estableció la sede principal del gobierno de las Carolinas y allí establecieron la ciudad de Santiago de la Ascensión que sería conocida como Colonia o Kolonia debido a que en ella residieron funcionarios, misioneros, militares y trabajadores traídos desde las Filipinas.

Nauru abre nueva ruta aérea a los Estados Federados de Micronesia

Nauru Airlines ha anunciado el inicio, a partir del 12 de junio de 2015,  de nuevos enlaces aéreos semanales que conectarán Nauru,  Brisbane (Australia), Nadi (Fiji) , Tarawa (Kiribati)  y Majuro (Républica de las Islas Marshall), Kosrae y Pohnpei (Estados Federados de Micronesia). Los vuelos facilitarán  y fomentarán los desplazamientos y el comercio entre el norte, centro y sur del Pacífico. Estas nuevas rutas de la compañía aérea nacional micronesia supondrán el incremento de la actividad comercial y  visitantes a los Estados Federados de la Micronesia , operando con destino a Kosrae y Pohnpei los viernes y regreso a Nauru los domingos.

El ciclón Maysak amenaza con fuerza destructiva a los Estados Federados de Micronesia

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Tras el paso por Vanuatu  del destructivo ciclón Pam a principios de mes;  un nuevo ciclón amenaza a las islas de la Micronesia, en el Pacífico Norte.  Maysak inquieta a las autoridades locales de los Estados Federados de la Micronesia. Clasificado categoría 5, según las previsiones posee el potencial de convertirse en una peligrosa tormenta tropical de las mismas características  destructivas que Pam, ciclón que arrasó las islas del centro y sur del archipiélago melanesio de Vanuatu. En las próximas 24 horas Maysak podría alcanzar en su centro,  vientos de una fuerza constate de más de 270 kilómetros por hora y ráfagas de 340 kilómetros hora

Ayer lunes por la noche Maysak se econtraba no muy  lejos de las islas  Farauleb (Yap)  amenazando al mismo tiempo y de forma directa a las islas Fai y Ulithi  (Yap)  donde se concentran poblaciones de 300 y 800 habitantes respectivamente. El pasado domingo el estado micronesio de  Chuuk  fue ya severamente golpeado por el ciclón en el área más poblada del archipiélago,devastando los cultivos y destruyendo numerosas viviendas y edificios. Según declaraciones de Andrew Yatilman, director de la Oficina Nacional de Gestión de Urgencias,  cuatro o cinco personas podrían  haber fallecido;  existiendo al mismo tiempo la necesidad de suministro de agua y alimentos para las poblaciones afectadas. Desde la isla de Pohnpei  y  vía marítima,  se proporciona una primera asistencia humanitaria; habiendo señalado Manny Miri, presidente micronesio , la necesidad de ayuda internacional. Se espera que el ciclón, desplazándose a 10 kilómetros por hora en dirección noroeste rumbo a las Filipinas,  pueda provocar la destrucción en Yap,  situado también en los Estados Federados de Micronesia. En este archipiélago, las autoridades han puesto en alerta máxima a la población, advirtiéndola del auto suministro de agua  potable y aprovisionamiento de alimentos.

En la bahía de Fagatele, Amerika Samoa

Fagatele Bay es uno de los secretos mejor guardados del Pacífico, un pequeño paraíso oceánico refugio de doscientas  especies de coral, criaturas marinas y lugar de visita de ballenas jorobadas. En 1986 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la creación del Fagatele Bay National Marine Sanctuary para garantizar la protección  de su entorno, trabajando conjuntamente con agencias federales, territoriales y los propietarios tradicionales de la tierra y el océano. Le Tausagi o “ Los Pájaros Cantores del Alba´,  es un grupo de profesionales y voluntarios que promueven la conservación de la naturaleza a través de programas educativos en las escuelas, representaciones teatrales, y visitas para los más jóvenes a Fagatele. Fagatele Bay National Marine Sanctuary. Tutuila  es sin lugar a dudas, uno de los lugares más hermosas de la Polinesia, no tan sólo por la Bahía de Pago Pago  que casi  biseccionada  la isla  y le otorga  uno de los puertos naturales más majestuosos e impresionantes del mundo; también por sus innumerables paisajes de ensueño, a penas transitados y envueltos por la  exhuberante selva paleo tropical.  El interior está deshabitado y así como el norte insular, donde se suceden playas paradisíacas, solitarias y salvajes. Como contra punto  las áreas urbanas,    una mezcla  exótica e interesante del `American way of life ´y el fa’a Samoa o la forma de hacer las cosas al estilo de Samoa;   todo ello envuelto en un sensual y bucólico   ambiente hawaiiano años sesenta. Tutuila, acogiendo Pago Pago como centro administrativo de este territorio no incorporado de los Estados Unidos,  cuenta con aproximadamente 30 kilómetros de longitud y entre 3 y 9 kilómetros de anchura entre sus costas norte y sur. Una cadena montañosa recorre la isla casi en su totalidad, creando numerosos valles profundos y fértiles que se deslizan hasta llegar a  la costa. Las principales aldeas están situadas en las llanuras  que bordean el mar  en sus vertientes  oeste y sur y en las laderas meridionales. Los asentamientos y comunidades del área  septentrional de Tutuila,  son muy escasas y pequeñas debido a la accidentada geografía de  esta región inuslrar  y la escasez de caminos y carreteras  que permitan adecuada comunicación.

 

El dengue resurge en las islas del Pacífico Sur

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó este pasado  jueves que  en su serotipo 3,  el dengue ha resurgido recientemente en varios países y territorios del Pacífico Sur  después de casi 20 años sin aparecer;  señaló que el número de casos podría aumentar en los próximos meses en muchos lugares de la  región, como  Kiribati, Fiji y Tahiti y sus Islas.  En el archipiélago fijiano,  entre octubre del pasado año y  enero del presente,  un total de 904 casos han dado positivo  en el serotipo 3  aunque no se han producido casos severos o fallecimientos. La División Central  de Fiji es la que presenta el número  más elevado de casos de dengue, 766, la División Occidental con 101 y la División Norte con 37 casos.

© Tangata O Te Moana Nui

La organización subrayó que los ministerios de Sanidad de las zonas afectadas están concienciando activamente a las poblaciones sobre la forma de prevenir el dengue y están actualizando los conocimientos del personal médico para reconocer y tratar los síntomas de esta enfermedad infecciosa. La OMS explicó que hay cuatro serotipos o cepas del virus que causa el dengue y que la protección contra una de ellas no sirve para las otras tres, con lo que no es raro que resurjan serotipos de esta enfermedad en el Pacífico Sur  después de entre 15 y 20 años sin  estar presente, “probablemente debido que la proporción de la población susceptible ha aumentado por encima de un cierto umbral”.

El dengue es una enfermedad transmitida por vectores (entre animales vertebrados pequeños e insectos al ser humano, y viceversa) debido a la picadura de un mosquito infectado de la familia de Aedes, aunque no se contagia directamente de una persona a otra. Esta enfermedad provoca síntomas similares a la gripe que duran entre dos y siete días, incluyendo fiebre alta ( aprox. 40 grados), dolores de cabeza, náuseas, vómitos, inflamación de las glándulas, articulaciones, huesos o músculos, y sarpullidos. La OMS apunta  que no existe una vacuna o un medicamento específico para tratar el dengue, pero cualquier persona con síntomas de esta enfermedad debe buscar atención médica. Las tasas de mortalidad son inferiores al 1% con la detención temprana y un adecuado cuidado médico. Los brotes de dengue suelen ser de larga duración, por lo que la Organización Mundial de la salud recalcó que será necesario aumentar la vigilancia, el control de vectores y la atención clínica en los próximos meses en las islas y archipiélagos del Pacífico Sur. 

Desde la remota isla de Manus una canoa tradicional surcará las aguas de Melanesia y Micronesia en un recorrido de 10.000 kilómetros

Una canoa tradicional de batanga de la provincia de Manus, en  Papua Nueva Guinea largó amarras esta semana para emprender una singladura de dos meses navegando por aguas del Océano Pacífico. El viaje bajo el epígrafe de Bridging gaps between the Pacific-Connecting Countries, surge de la iniciativa de los Titan, un clan  compuesto aproximadamente por  10.000 personas repartidas en diez aldeas de la remota isla de Manus. Inspirados por The Nature Conservancy (TNC) de Papúa Nueva Guinea y financiados por el programa Ausaid del gobierno australiano, el objetivo de los hombres que componen la tripulación,  entre los que se encuentran navegantes, bailarines y músicos, no es otro que el de concienciar sobre el cambio climático  implicando a las comunidades insulares en la adaptación, acción y  en la conservación y protección de los recursos marinos. Al mismo tiempo desean promover el orgullo cultural y la importancia de preservar el conocimiento indígena, en unos tiempos en que la vida contemporánea esta erosionando gradualmente la herencia cultural en las Islas del Pacífico, además de  promocionar el uso de los medios de transporte tradicional que causan menos daño al medio ambiente.

La  canoa, de  cedro rojo y provista de doble vela,  esta basada en el diseño tradicional de la comunidad de Pere y fue construida en Lorengau  por el capitán Manuai Matawai, empleándose dos años para ponerla apunto para la expedición. Los Titan son un pueblo del mar que ya en siglos pasados surcó las aguas de Melanesia y Micronesia y aún hoy mantienen una estrecha relación con el océano y los espíritus que en el habitan. La tripulación consta de diez personas que navegaran por Melanesia y Micronesia cubriendo más de 10.000 kilómetros a través de la provincia papú de Nueva Irlanda y la isla de Bougainville;  el archipiélago de las Salomón, Nauru, Kiribati, Marshall, Kosrae, Ponape (isla a la que llegaron desde Manus  y se asentaron algunos de  los antepasados de los Titan)  Truk, Puluwat, Sorol, Yap, Palau, Aua Wuvulu, Ningo y las islas Hermit.

El impacto del cambio climático esta sintiéndose ya en algunas naciones y territotios del Oceáno Pacífico, por lo que este viaje es una llamada de atención a la comunidad internacional ante el interrogante de si los Titan y otros pueblos de Oceania se verán obligados ha convertirse en refugiados climáticos; y la resistencia a permanecer inactivos  antes los cambios que ya esta ocasionando el calentamiento global; alzar una voz colectiva, la de los Pueblos de las Islas del Pacífico,  para  concienciar  a las naciones desarrolladas  que su incesante uso de fueles fósiles, la tala de bosques y la mineria  compromenten la supervivencia de sus hogares,  de su estilo de vida ancestral y  de la naturaleza.

El legado arquitectónico de origen español en Micronesia

Voy a esbozar, con la brevedad y quizás esquematismo, que entiendo requiere un artículo como éste, una panorámica del legado arquitectónico –lato sensu– que la presencia española dejó en los archipiélagos de Micronesia, intentando dilucidar si efectivamente -como ocurre con otras manifestaciones culturales, no tangibles- se puede hablar de una influencia española o hispana, y si esa influencia pervive, de alguna forma, en la actualidad (1).

En los archipiélagos de Carolinas, Marianas y Palaos, la presencia española produjo una serie de estructuras físicas de diversa índole. La mayor parte de ellas ha sucumbido ante la feroz agresividad de la acción de la naturaleza, y sobre todo de la acción humana. Las que han perdurado cobran un valor testimonial enorme, ayudándonos a completar el conocimiento de un legado secular y universal, el legado de la Hispanidad. Es en la isla de Guam donde podemos encontrar el mayor número de vestigios de origen español, y de mayor entidad, dada la importancia que tenía esta isla, como escala del galeón de Acapulco, y lo dilatado de su vinculación a España, desde el siglo XVI.

En las Carolinas y Palaos la presencia real española se redujo a los años finales del XIX, por lo que sus huellas revisten otra consideración. La influencia de lo español en Micronesia se prolonga durante el siglo XX, gracias [10] a la actividad de religiosos y religiosas españoles, más allá del 98, que continuaron su labor, dejando signos visibles de la misma (2).

Debido a la modestia de recursos materiales y humanos, las obras de gran envergadura fueron escasas; en la mayor parte de los casos su finalidad era meramente utilitaria, para satisfacer necesidades primarias, y de forma muchas veces provisional. El empleo de materiales perdurables, como la piedra o el ladrillo, se reduce a casos muy concretos, allá donde las necesidades funcionales y los recursos lo permitían.

Este legado, de intrínseca humildad artística, pero de gran relevancia histórica y cultural, ha tenido que sufrir los estragos de la atmósfera tropical, los producidos por tifones y terremotos. Además estas islas y sus mares han sido escenario de las batallas más formidables entre japoneses y americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Por si todo ello fuera poco, el olvido del que ha sido objeto, durante una larga etapa del pasado reciente, ha actuado como un agente destructivo más.

Sería erróneo acercarse al estudio de este legado con una óptica de historiador del arte tradicional, buscando estilos, escuelas, autores, ete. No son los arquitectos o los ingenieros los artífices de estas estructuras, sino militares y religiosos cuya misión principal era colonizar y evangelizar; levantan sus edificios con medios muy escasos, siendo sus conocimientos de las artes edificatorias necesariamente limitados. Se trata por tanto de unas arquitecturas que estarían más cerca de lo que hoy consideramos como arquitectura popular. La excelencia arquitectónica de los edificios dependía sobre todo de las capacidades constructivas del misionero de turno. Es al respecto significativa la figura de Bernabé de Caseda, autor de la iglesia de Inarajan, en Guam, uno de los pocos ejemplos que podrían ser considerados como de «arquitectura culta». Gran actividad constructiva fue también la desarrollada por el hermano Gregorio Oroquieta, en los distintos destinos de su carrera misionera en Oceanía (3). [11]

Sólo en la segunda mitad del siglo XIX -a partir de la creación del Ministerio de Ultramar, en 1863- va a ser sistemática la realización de proyectos arquitectónicos, tal como los entendemos hoy, para la construcción de edificios públicos en la Oceanía Española. Si bien podemos encontrar en los archivos un sinfín de ejemplos referidos a Filipinas, en los casos de Marianas y Carolinas el número de expedientes es muy limitado: el Proyecto de una enfermería militar en la plaza de Agaña; el Proyecto de casa de gobierno para la isla de Panapé (sic) en las Carolinas; el Plano de una caseta para almacén de la luz del puerto de Tomil en Yap (Carolinas) y vivienda del torrero encargado de la misma; el de un Faro en la isla de Yap. Este último viene firmado por el ingeniero Enrique Trompeta, en 1886, lo que no quiere decir que hubiera ingenieros destinados en Carolinas, ya que estos proyectos se realizaban en Filipinas (4).

Al igual que ocurriera en el archipiélago filipino el modelo español llega al Pacífico a través de la Nueva España, y como en otras manifestaciones de la cultura, el ingrediente americano -mexicano- debe tenerse presente para comprender sus manifestaciones. No hay que olvidar tampoco la fuerte vinculación con Filipinas, que cristaliza en Marianas en lo que a arquitectura se refiere, sobre todo en manifestaciones tardías de arquitectura doméstica, lo que se ha venido en denominar arquitectura hispano-filipina, con ejemplos -construidos ya en el siglo XX- que aún podemos encontrar en la isla de Guam, como la Casa Luján o la Casa Shumitzu, en el Agaña Historic District, o las del pueblo de Inarajan, que se identifican también por los nombres sumamente indicativos de sus dueños: Manuel San Nicolás, Jesús Flores, Paulino de la Rosa, José Dueñas Cruz, Mariano León Guerrero, etc.

 ARQUITECTURA RELIGIOSA

Como es sabido, la presencia hispana en Marianas, y hasta este mismo nombre, se hace efectiva y continua desde 1668, gracias a la persistente voluntad evangelizadora del jesuita burgalés Diego Luis de Sanvitores. En Carolinas y Palaos esa presencia, de doce años, tiene también un importante componente religioso.

Es por tanto lógico que entre las construcciones levantadas por los españoles, las de carácter religioso tengan un papel primordial. Erigidas en primera instancia con materiales de inmediata obtención, como maderas y nipa, [12] no muy diferentes de las construcciones autóctonas, muy modestas casi siempre, dada la penuria de medios, acababan tarde o temprano siendo abatidas por incendios y tifones. Al edificarse ya en piedra -mampostería- y con más medios y vocación de perdurar, iglesias como la de San Dionisio en Umatac, o la del Dulce Nombre de María en Agaña, mejoraban su resistencia frente a estos agentes destructores, pero la empeoraban notablemente frente a los terremotos, que acababan asolándolas.

Elemento característico de la arquitectura española en Micronesia era el convento. Tanto aquí como en Filipinas el término convento, no hace referencia a lo que se entiende como tal en España y América, sino a una rural casa parroquial o «casa del cura». Los de Merizo, en Guam, y Song-song, en la isla de Rota (5), son los últimos testimonios, ya casi arruinados, de este tipo edificatorio. Sus paredes de mampostería recubiertas de cal -construidas a cal y canto- son en definitiva similares a la de muchas zonas rurales españolas.

Los templos, construidos o promovidos por españoles, que han llegado a nuestros días, datan del siglo XX. De los tres que quedan en Guam (Yoña, Umatac e Inarajan) fueron artífices los capuchinos; mientras que los del resto de las islas fueron obra de jesuitas. Hay que destacar, como arquitectos de hecho, entre los primeros, a Cristóbal de Canals y a Bernabé de Caseda; y entre los segundos a Gregorio Oroquieta. No hay que olvidar a las comunidades locales respectivas, artífices en definitiva de estas arquitecturas.

Estilísticamente, la torre de Garapán y la Catedral del Monte Carmelo en Chalan Kanoa, ambas en Saipan, así como el templo de San José en Inarajan, Guam, son neogóticos, ya que éste era el estilo religioso por excelencia, según los gustos del eclecticismo todavía reinante en gran parte del mundo, en las primeras décadas del siglo XX. Son sin embargo estos casos algo excepcionales, pues como ya se ha insinuado, en la mayoría de los casos, era difícil perseguir fines que no fueran otros que los de la mera utilidad, por lo no resulta patente el empleo de un lenguaje arquitectónico determinado.

En la actual catedral del Dulce Nombre de María (6), en Guam, levantada por los norteamericanos en los años 50, que en su nombre español conservado [13] revela su vínculo con el mundo hispano, se ha querido rendir homenaje a los misioneros españoles mediante una torre-campanario, elemento de profunda carga simbólica. Donde el campanario no es posible, aparece la espadaña, elemento de clara raigambre hispana, frecuente en iglesias de España, Hispanoamérica y Filipinas, y que podemos encontrar en localizaciones tan remotas como la de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario en la isla de Angaur, en las Palaos, así como en la antigua iglesia de San Francisco de Asís, en la población de Yoña, en Guam.

SÍMBOLOS RELIGIOSOS

El profundo arraigo de la fe cristiana, primero en Marianas y luego en Carolinas, dio lugar a la necesidad de importar imágenes, necesarias para alimentar y expresar esa fe. La aparición de algunas, como la Virgen del Camarín, es cuestión casi milagrosa; probablemente de origen filipino, procedente del naufragio de un galeón, se ha convertido en la advocación mariana por excelencia de Guam: algo así como la Virgen de Guadalupe para los mexicanos. Otras imágenes, al igual que muchos micronesios, salvaron su vida durante la guerra de forma milagrosa, ocultas en cuevas, como la Virgen de los Remedios que se conserva en la iglesia de Tanapag, en Saipan.

De las imágenes conservadas, las más antiguas proceden de Filipinas, y alguna tal vez de México; su aspecto difiere mucho del original. Quizás no fueran muy diferentes de las que, de la misma procedencia, se conservan en museos españoles. Algunas de las imágenes más modernas vieron la luz en los talleres imagineros de la localidad catalana de Olot, en España.

La memoria del beato Diego Luis de Sanvitores, se hace presente en no pocos lugares de la isla de Guam. A pesar de que Magallanes descubriera las Marianas en 1521, de que Legazpi las incorporara a la corona española en 1565, y de que los galeones que anualmente cubrían la ruta Acapulco-Manila hicieran escala en ellas, hasta 1668 no comenzaría su evangelización, gracias al empeño de Sanvitores y al apoyo personal de la regente Mariana de Austria, viuda de Felipe IV y madre de Carlos II. El jesuita burgalés encontraría [14] la muerte en 1672 en Tumon, dos años después que su compañero Luis de Medina la encontrara en Saipan.

Desaparecidos los templos tras tifones, terremotos y guerras, adquieren especial valor testimonial determinados objetos salvados de los desastres, como la campana de la catedral de Guam, recogida de entre sus escombros, de bronces fundidos en el barrio de San Nicolás, en Manila; o como la que se conserva en Colonia, procedente de la misión capuchina de Santa Cristina de Yap, nombre que entonces tenía la capital de este estado micronesio, en honor de la Reina Regente, María Cristina, viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII (7).

ARQUITECTURA FUNERARIA

Es tal vez en las formas expresivas del ritual cristiano de la muerte donde la influencia hispana penetró más profundamente en la sensibilidad de los pueblos micronesios, especialmente en Marianas. Son los blancos cementerios de época española en estas islas -tan similares a los de muchos lugares hispanos- con su barroquismo y sentido monumental, propio de las culturas latinas- un exponente muy claro del legado español. El cementerio de Chalán Kanoa en la isla de Saipan, o el así llamado de los españoles en Umatac, o los de Pago e Inarajan, en la isla de Guam, son buen ejemplo de ello.

CULTURA MATERIAL

Al margen de su actividad evangelizadora stricto sensu y de defender los derechos de los indígenas de los excesos del poder temporal, los jesuitas impulsaron el desarrollo de la agricultura, mediante la introducción de especies, técnicas y utensilios, desconocidos en las islas hasta su llegada. De hecho, la marcha de los jesuitas de Marianas en 1769, tras su expulsión de los territorios de la corona española, decretada por Carlos III, supuso un revés para la agricultura y ganadería de las islas. [15]

Vestigios de esas innovaciones tecnológicas, son los hornos de ladrillo que todavía pueden contemplarse en algunos lugares de Marianas, que se utilizaban para la cocción del fruto del árbol del pan, y de objetos cerámicos. De estos hornos cupuliformes, hechos con ladrillo recubierto de cal, el mejor conservado es el que se encuentra en Jinapsan, en una propiedad privada al norte de la isla de Guam, convertido en atracción turística. En la bahía de Sella, al sur de la isla, existía, hasta no hace muchos años otro magnífico horno, reducido en la actualidad a un montón de escombros cerámicos. Ejemplares más modernos y quizás utilizados hasta no hace mucho pueden encontrarse en Ordot (Guam), y en Tanapag (Saipan). Este tipo de horno existe todavía en muchas zonas rurales españolas. El gran pintor valenciano Joaquín Sorolla realizó para la Hispanic Society de Nueva York unos deliciosos cuadros de pequeño formato, del Palmeral de Elche, en los que pueden apreciarse hornos como los descritos.

Los gobernadores Mariano Tobías (1771-74) y Francisco Ramón de Villalobos (1831-37) tuvieron una especial preocupación por mejorar las condiciones de vida en las islas, impulsando el desarrollo de su economía. Muestra de esa voluntad son los ahora llamados Spanish Dikes, interesante obra de ingeniería cuyo objetivo era convertir el pantano de Agaña en un campo cultivable. Vestigios de estos diques permanecen escondidos entre la vegetación de la zona, hoy todavía pantanosa.

En la construcción, los españoles introdujeron, entre otros, el uso del ladrillo, la teja, el mortero de cal y la fábrica de piedra. Ésta ya había sido utilizada por las culturas micronesias en obras megalíticas (Nan Madol y Leluh Island) o bien para elementos puntuales (latte stones), pero no de manera sistemática en forma de muros, de cal y canto, como lo harían los españoles, en sus fortificaciones, puentes, iglesias, escuelas, incluso edificios domésticos. Las obras en piedra eran normalmente de mampostería, es decir hechas con mampuestos o piedras sin labrar, que se pueden colocar en obra con la mano, sin sujeción a determinado orden de hiladas o tamaños. El término mampostería ha perdurado en el tiempo y se sigue utilizando tal cual -a pesar de lo complicado de su pronunciación para los no hispano hablantes- siendo consustancial con la arquitectura de origen español en Micronesia.

En contra de una creencia que ha llegado a generalizarse la obra de mampostería no quedaba nunca expuesta, sino que se recubría siempre, para su protección, con mortero de cal. En los análisis realizados en algunas estructuras han aparecido inequívocos restos de este material. La restauración realizada a principios de los años noventa en la batería de la Soledad, en Umatac (Guam), por el arquitecto mexicano Jorge Lóyzaga, ha tenido una fuerte contestación social, al recuperar la blanca apariencia original de sus paramentos, perdiendo así la romántica imagen de ruina -piedra vista- [16] que tenía con anterioridad. Con independencia de que fuera estrictamente necesaria una intervención sobre tan emblemático elemento, para evitar su colapso, hay que constatar que desde el punto de vista de la autenticidad histórica la actuación es irreprochable. Otro ejemplo significativo lo encontramos en la Spanish Wall de Ponapé, que ha perdido con los años la blanca apariencia que una vez tuvo. En efecto el viajero inglés Christian, en los años noventa del siglo XIX, se refería a Santiago de la Ascensión, como la pequeña colonia española de blancas murallas (8).

ARQUITECTURA MILITAR

Cómo en América y en Filipinas, ante la amenaza de ataques de otras potencias navales europeas, y en especial de la piratería inglesa, se hizo necesaria la construcción de una serie de fuertes, o mejor baterías, en lugares estratégicos de la isla de Guam. Este tipo de obras tuvo un impulso considerable durante el mandato del gobernador Manuel Muro (1794-1802). Conocemos cómo eran estas baterías gracias a los planos, que de la mayor parte de ellas levantara en 1830 el entonces Capitán de Artillería Francisco Ramón de Villalobos, enviado desde Manila a Guam, para hacer un estudio sobre el estado de las fortificaciones de la isla (9).

Aunque no lleguen a alcanzar las proporciones de sus hermanas hispanoamericanas o filipinas, estas fortificaciones responden a una misma necesidad, la de mantener la integridad de un imperio excesivamente extenso para el poderío naval y los medios económicos de una potencia como España, en progresiva decadencia desde la muerte de Felipe II (1598). De dudosa eficacia en algunos casos y prematuramente obsoletas en otros, estas fortificaciones de las islas micronesias forman parte de una familia tipológica, en la que no pocos miembros han devenido con los siglos en magníficos conjuntos monumentales, de enorme atractivo turístico. Baste citar sólo unos pocos ejemplos, los de San Juan de Puerto Rico, Cartagena de Indias, Veracruz, Portobelo, La Guaira, Valparaíso, Manila…

Los elementos quizás más emblemáticos de este tipo de arquitectura, por su propia autonomía y expresividad formal y por su capacidad simbólica [17] sean «las garitas», cuyas siluetas cupuliformes podemos admirar desde Acapulco hasta Isla Margarita, desde Cádiz a Manila, desde La Habana hasta Guam.

En Ponapé, los restos del fuerte Alfonso XIII, construido en 1887, y de la muralla, en 1890, son testigos de la resistencia que mostraron los ponapeños ante el nuevo orden que les intentaban imponer, igual que hicieron los chamorros dos siglos antes, obligando a los españoles a construir las primeras fortificaciones de Micronesia: primero una estacada de madera, en 1671, y más tarde el fuerte Santa María de Guadalupe (10), en 1683, ya desaparecidos. La muralla de Ponapé, hoy conocida como Spanish Wall fue parcialmente destruida por los alemanes, en señal de buena voluntad, cuando compraron la isla a España; sin embargo casi de inmediato, al estallar la rebelión de Sokehs, la reconstruyeron, siguiendo el trazado original.El llamado Spanish Fort, que los españoles levantaron, de piedra y ladrillo, en Santa Cristina de Yap, hoy Colonia, es la estructura militar española de mayores dimensiones conservada en Micronesia; la puesta en valor de su carácter monumental sería de enorme interés.

ARQUITECTURA CIVIL

Aunque debido al escaso número de colonizadores civiles en Marianas y sobre todo en Palaos y Carolinas, y a la propia magnitud de las islas, la obra civil tuvo un alcance limitado, la civilización introducida por los españoles supuso una nueva manera de entender la relación de la sociedad con el medio físico.

Los gobernadores españoles tuvieron empeño en la construcción de caminos que permitieran establecer relaciones territoriales inexistentes hasta su llegada. En Ponapé, la construcción del camino que bordeando la costa conectaba los diferentes «estados» de la isla, fue objeto de fuerte oposición por parte de los ponapeños, reacios en todo momento a someterse al control de los europeos.

El Camino Real, abierto en Guam durante el siglo XVIII, tenía por objeto unir Agaña -capital de la isla- con el puerto de Umatac, en cuya bahía fondeaba el galeón de Acapulco en su escala anual rumbo a Manila. Para lograr unir ambos puntos, distantes unos treinta kilómetros, fue preciso construir un buen número de puentes, cuatro de los cuales siguen en pie, estando [18] incluso en servicio uno de ellos: el denominado de El Castillo, en Umatac. Tras la independencia de México, en 1815, cesaron los viajes del galeón, y el Camino Real perdió su importancia.

Las Casas Reales eran pequeños edificios gubernamentales, que se levantaban en algunas poblaciones para alojamiento de alcaldes o gobernadorcillos (11), y para dar aposento al Gobernador cuando visitaba el lugar. A veces también se denomina así a su residencia permanente o Casa del Gobernador, conocida así mismo como Palacio, a pesar de la relativa modestia de su construcción, en mampostería. Al igual que ocurría en Filipinas existían casas reales en las poblaciones de mayor importancia. El único testimonio de este tipo de edificios son las ruinas pétreas de la Casa Real de Rota.

No llegó a cuajar en Micronesia el característico patrón hispano de creación de ciudades en cuadrícula, tan enormemente difundido en América, donde el módulo es la manzana cuadrada cerrada, formada por yuxtaposiciones de edificios que mantienen siempre un frente continuo a la calle y un sistema de patios al interior.

Los pueblos de Marianas mantenían el carácter rural del poblado chamorro, con edificaciones aisladas, de techos de nipa, pero alineadas dentro de una incipiente trama urbana de manzanas definidas por caminos, en la que se van injertando casitas de muros encalados con escuetas aberturas y cubiertas de teja, como sacadas de cualquier pueblo blanco de la Península Ibérica. San Ignacio de Agaña representa el único caso de ciudad, la primera creada, y por mucho tiempo la única de Oceanía (12). Era quizás la Agaña destruida en la guerra americano-japonesa el máximo exponente de esa civilización, fruto de la fusión y el mestizaje. Su Plaza de España (13), con su nombre español y los restos de edificaciones que aún podemos contemplar (14), nos transportan a un pasado común que nos ayuda a conocer nuestra identidad actual.

Como ocurre en el Nuevo Mundo la ciudad gravita en torno a un espacio en el que se concentran el poder temporal y el espiritual: el Palacio y la Iglesia. [19] Y este espacio permanece como referencia urbana permanente y símbolo de la identidad de la ciudad(15).

CONCLUSIONES

Siendo la colonización hispana eminentemente civilizadora -podríamos incluso considerar el paralelismo entre hispanización y romanización- resulta lógica la existencia de huellas físicas de la presencia española en Oceanía, aun cuando en un siglo de ausencia muchas de estas huellas hayan sido borradas. El establecimiento de un nuevo modelo social llevaba implícito la creación de unas estructuras físicas y unos tipos edificatorios similares a los de otros lugares en los que había tenido o estaba teniendo lugar el mismo proceso. Las influencias españolas en las arquitecturas de estas islas se manifiestan bien directamente o a través de su paso por América y Filipinas. Dicho de otro modo estas estructuras, con sus peculiaridades y características propias forman parte indudablemente de esa universalidad que constituye lo hispano.

Lo cierto es que el ingrediente español, o si se prefiere hispano, forma parte de la identidad cultural de estos pueblos, de sus señas de identidad. Podemos incluso afirmar que hay una cierta fascinación por lo español, que se hace patente por ejemplo en las actuaciones arquitectónicas en estilo español. Este interés hacia lo español, al menos en Arquitectura, y con independencia de factores sentimentales habría que situarlo en el contexto de las corrientes vernacularistas que surgen como reacción a los excesos universalizadores del Movimiento Moderno. Ese vernacularismo, ligado en muchas ocasiones a un cierto nacionalismo tiene en Marianas al elemento español como factor diferenciador más característico.

Aunque una buena parte de la arquitectura neoespañola que se ha hecho en Guam, ha tomado ese españolismo de forma un tanto superficial -y que dicho sea de paso guarda no demasiada relación con la arquitectura de la Agaña anterior a la SGM- quizás a través de la arquitectura neoespañola de California y otros estados del sur norteamericano, no cabe duda de que esa arquitectura está tratando de dar respuesta a una demanda social. Los ejemplos más representativos son la Government House, residencia oficial del Gobernador de Guam, en Agaña, y las oficinas gubernamentales de Adelup Point. Especial consideración merece el complejo comercial Chamorro Village[20], en el que se han manejado con acierto factores hispanos, sin caer en el tópico, y al servicio de una arquitectura actual.

La tradición constructiva llevada por los españoles y asumida por los pueblos de las islas siguió desarrollándose en las décadas siguientes a su marcha.

Es sobre todo tras la SGM y la efectiva americanización que vino después, cuando -como en otros ámbitos de la cultura- se interrumpe esa tradición de origen hispano. La ruptura se debe no sólo a factores ideológicos, o de implantación de nuevos modelos coloniales, sino también a cambios estructurales a nivel global -la aceleración de la historia- que se producen desde entonces, y que dan lugar en muy diferentes latitudes y circunstancias a rupturas similares, con la introducción sistemática de nuevos materiales y sistemas constructivos.

El interés creciente que toda sociedad actual muestra por el propio patrimonio edificado(16), tras décadas de agresiones y olvido, permite ser moderadamente optimistas en relación con el futuro del legado arquitectónico de origen español en Oceanía, su conservación y puesta en valor.

El legado arquitectónico de origen español en Micronesia
Juan Galván Guijo (Arquitecto)

Fuente Original :  Cervantes Virtual  & Hispanismos.org