Pacífico Sur: Un clima en crisis

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El calentamiento de la tierra amenaza a la supervivencia física y cultural de varias sociedades del Océano Pacífico. Estas son víctimas inocentes de trescientos años de quema orgiástica de combustibles fósiles en nombre de la industrialización.

Las Islas del Pacífico Sur, 25 países y territorios que reúnen únicamente medio millón de kilómetros cuadrados de superficie terrestre sobre una área marítima de 31 kilómetros cuadrados no han contribuido prácticamente en nada , para crear esta bomba climática.La región nunca ha sido una gran consumidora de combustibles. Incluso hoy día la industria en las islas es escasa y muy dispersa, los automóviles son muy pocos, y mucha gente vive y trabaja sin aire acondicionado. Sin embargo el calentamiento global de la tierra se aventura devastador para los cinco millones de personas que hacen de los atolones e islas volcánicas y de coral su hogar.

A pesar de su reputación mundial como islas paradisiacas, los micro estados y territorios del Pacífico Sur se incluyen entre los lugares más poblados de la tierra. Nauru tienen 386 personas por kilómetro cuadrado (más que los Países Bajos). Tuvalu posee 292, Guam 195, las Islas Marshall 186. Para muchos países, la tierra representa menos de un millar del área que pueden reclamar como su zona marítima económica exclusiva.

Sus precarios recursos naturales están sustentados sobre una base muy precaria. Muchas Islas del Pacífico Sur no son más que atolones o islas coralinas elevadas, que se abastecen de agua potable a través de acuíferos subterráneos de aguas poco profundas. Solamente siete islas superan los 1000 kilómetros cuadrados. Las selvas y las playas de arenas blancas pueden ser muy hermosas para la contemplación, sin embargo muchas de las islas dependen de la pesca y el mar, para garantizar su supervivencia y el comercio, más que de los recursos de la tierra.

En los Estados de las Islas del Pacífico, todo el suelo disponible esta ya siendo utilizado desde hace décadas para la agricultura; muchas y diminutas islas son incapaces de crecer y alimentar, al mismo tiempo a sus poblaciones.

Las culturas tradicionales del Pacífico han reconocido siempre la fragilidad de esta riqueza aparente.Impusieron tabu temporales sobre la pesca y la caza. Las creencias locales protegieron lugares vulnerables. Las poblaciones permanecieron en un relativo estado de bienestar, siempre y cuando no sobre pasaron la capacidad física de las islas para mantenerlos.

En décadas pasadas el impacto del mundo industrial ha incrementado esta vulnerabilidad.Una isla ha sido abandonada porque sus suelos han sido agotados por la incontrolada actividad minera de explotación de sus yacimientos de fosfatos.

En otras los residuos han contaminado peligrosamente las reservas de agua. Las actividades humanas, desde la agricultura para alimentar a una población en constante crecimiento hasta el boom turístico experimentado fuera de la región, estan sometiendo a presión muchos de los recursos de que disponen las islas.

Un incremento de 2º en la temperatura media y una subida del nivel del mar de 4 metros supondría una sentencia para algunas comunidades insulares; produciría una avalancha de refugiados de otras islas, desestructuraría muchas sociedades, circunstancia provocada por la fractura de sus sistemas de producción de cultivo y la estructura social. A parte de que supondría un impacto catastrófico sobre el resto de las poblaciones no afectadas. Tokelau, Marshall, Tuvalu, Line y Kiribati podrían, simplemente, dejar de existir.

Muchos territorios perderían sus islas exteriores, lo que supondría una amenaza mayor a los ya de por sí escasos recursos naturales, Bajo la ley internacional que proporciona las Zonas Económicas Exclusivas, una isla de un kilómetro cuadrado sin vecinos garantiza los derechos sobre los recursos marinos en áreas de más de 125000 kilómetros cuadrados.

A pesar de que las Islas del Pacífico Sur tan sólo aportan una proporción muy pequeña a los cinco millones de personas que habitan el planeta, representan una parte irremplazable de la herencia cultural del mundo: Únicamente Melanesia posee un tercio de las lenguas conocidas del mundo. La desaparición de los micro estados supondría una perdida irrecuperable de la diversidad cultural humana del planeta.

Cuando los efectos del calentamiento de la tierra empiecen realmente a sentirse, los problemas regionales se convertirán en un asunto muy grave pues las poblaciones; estas se verán obligadas a desplazarse de las islas de coral y los atolones erosionados y desprovistos de reservas de agua dulce, a las islas altas más próximas, para más tarde hacerlo a otros lugares como Australia o Nueva Zelanda.

En todos los países los sistemas agrícolas cambiarán. Se consumirá mucha más electricidad destinada, sobre todo, al aire acondicionado; se impondrá un crecimiento de los costes en la economía. El agua dulce será abundante en unos lugares y en otros a penas dispondrán de ella.

Las villas y aldeas quedarán desiertas cuando se agoten las reservas de agua potable.Nuevos asentamientos humanos aparecerán y se desarrollaran desordenadamente por todos lados, El impacto social será extremo y de proporciones gigantescas

Peter Hulm: A Climate of Crisis: Global Warming and the Island South Pacific –The Association of South Pacific Environmental Institutions , Port Moresby, Papua New Guinea, 1.989

Na veibuli, la investidura de los jefes en las islas Fiji

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Na veibuli, la investidura de los jefes es uno de los aspectos más importantes de la cultura material fijiana. Cada clan, tribu y confederación tienen su propio jefe. En cada una de estas comunidades los turanga de menor rango no pueden ser investidos individualmente sino que deben hacerlo al mismo tiempo que el jefe supremo. La fecha de investidura se decide entre todos los jefes de la tribu y la preparación de la ceremonia puede durar hasta un año, pues se cultivan tubérculos, se engorda a los cerdos y las mujeres confeccionan esteras o ibe  y masi o textiles naturales confeccionados con la corteza interior de la morera. Cada tribu o pueblo es responsable de la aportación de taro, tavioka, cerdos, esterillas, textiles naturales y colmillos de ballena. Todos estos bienes materiales se reúnen antes del ritual y, posteriormente, son distribuidos entre cada clan.

El turanga participa en la preparación de la na veibuli asegurando, al mismo tiempo, el bienestar de todos los participantes. Todas las riquezas personales del jefe son distribuidas entre sus subordinados. Desde la visión tradicional, un jefe siempre es pobre en el sentido material e inmensamente rico en el sentido espiritual; sus posesiones más apreciadas son su pueblo y su comunidad. Un fijiano, cuando se encuentra necesitado, siempre acude al turanga ni koro.

En la na veibuli tiene lugar la presentación del tabua (ai lakovi) en la que se demanda al individuo que acepte la condición de jefe supremo. Cuando el jefe aparece en la rara o área pública del poblado se produce un saludo solemne de bienvenida mediante el llamado tama. A continuación tiene lugar la ai qalovi (segunda presentación del colmillo de cachalote pulido) seguida de la yaqona ni sau o la preparación para el ritual de la yaqona (yaqona vakaturaga). El pueblo y el país (vanua) demuestra su convicción y confianza con respecto al jefe (lavutu). Tras la ceremonia de la kava, y habiendo sido ya reconocido como turaga, a este le son presentados un cerdo asado y cestos llenos de taro (ai wase ni yaqona). La presentación del tercer tabua (ai tataunaki), reconoce la responsabilidad absoluta del turaga como líder del pueblo o país. Magiti ni veibuli es el nombre con el cual se conoce la presentación de alimentos para ser consumidos en la magiti o fiesta tradicional: cerdos,, tortugas,taro,pescado, ñames…. Todos estos productos son presentados por la comunidad, a la comunidad y para la comunidad. Tras esta ceremonia, el ministro de la iglesia ofrece una oración (na masu), que inmediatamente da paso al banquete propiamente dicho o kana magiti. La investidura de un jefe llega a su término con un servicio religioso de acción de gracias (na lotu).

Mage’au Melanesian Marks , revitalizando el arte del tatuaje melanesio

Fotografía: Mage’au: Melanesian Marks

Mage’au: Melanesian Marks-Hand Poke Melanesian Tatu, colectivo femenino de tatuaje melanesio integrado por Julia Mage’au Gray, Aisa Pokarop y  Toria Maladina, ha sido invitado a participar en el Traditional Tattoo & World Culture Festival que se celebrará en la localidad mallorquina de Santa Ponsa (Mallorca, España) a partir del 17 de mayo  y hasta el 24 de mayo de 2017. Es importante para el grupo la asistencia al evento, ya que representa una oportunidad para promover, difundir y revivir  el tatuaje melanesio. Dice Julia Mage’au Gray,  `… desde 2012 hemos estado creando conciencia para poder recuperar el tatuaje tanto masculino como femenino y el festival ha recogido el testigo´. Como originaria de Papua Niugini, Gray señala que la práctica del tatuaje mantiene para ella una significación histórica: `Los hombres en nuestras comunidades contemplan  a las mujeres por su valor, y en el pasado  hacíamos uso de nuestras marcas como declaración y recordatorio para los hombres   nos traten con respeto´. Para Ema Tavola quién lleva tatuajes elaborados por Mage’au, `Es un privilegio llevar estos patrones tradicionales. Cuando marcamos nuestros cuerpos, estamos creando una interfaz entre cómo el mundo nos percibe y cómo queremos que este nos vea´.  `Para mí – prosigue-  el tatuaje,  es una manera de recordarme cada día de dónde vengo y lo que me hace diferente.´ La comisaria de arte fijiana,  dice que Magea’u y su equipo son `defensoras y protectoras de la integridad de estas marcas en la piel , asegurándose de que las personas que  hacen uso de ellas, lo hacen  por una justificada razón.

La kava podría ayudar a tratar o prevenir el cáncer

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Una nueva investigación ha encontrado que la kava (Piper Methysticum) elaborada a la manera tradicional de las Islas del Pacífico, podría ayudar a tratar o prevenir el cáncer. Para su estudio los científicos hicieron uso de las raíces pulverizadas  de este arbusto, combinándolas con otros elementos que  incluían la savia de diversas muestras encontradas en  la Micronesia. Preparada de esta manera, en vez de filtrada, la kava se mostró más activa en la inhibición de las células de cáncer de mama y colon. Uno de los principales científicos detrás del estudio, Linda Saxe Einbond del New York Botanical Garden y la City University of New York declaró que los resultados obtenidos son alentadores. La doctora Einbond explicó  que el estudio surgió porque los datos epidemiológicos mostraron que la incidencia de cáncer estaba inversamente asociada con la kava en países como Fiji, Samoa y Vanuatu.Los extractos empleados procedían de Fiji y Hawaii siendo los del primer archipiélago más activos contra las células cancerígenas. La investigadora declaró que valdría la pena desarrollar y evaluar aún más la kava tradicional (yaqona en Fiji)  para prevenir y tratar el cáncer de colon y otros tipos.

Nauru, una prisión al aire libre

Amnistía Internacional (AI) denunció esta semana que el trato que Australia da a los solicitantes de asilo y refugiados internados en el centro de tramitación en Nauru, en el Pacífico Sur, linda con la tortura.

En un nuevo informe Island of Despair basado en más de cien entrevistas y meses de investigación, AI asegura que la política de tramitación de las solicitudes de asilo en Nauru es un reflejo de “`n régimen sistemático y deliberado de negligencia y crueldad´.

Australia tiene convenios con Nauru y Papúa Nueva Guinea para establecer centros en estos dos países del Océano Pacífico  donde internar a los inmigrantes que intentan llegar a sus costas por la vía marítima y tramitar ahí su solicitud de asilo.

El programa australiano establece además que cuando estas personas logran el reconocimiento de su condición de refugiado, estos no son acogidos en Australia sino reubicados en terceros países.

La ONU y varias organismos han denunciado los problemas mentales graves, abusos físicos y sexuales a los que están expuestos estos internos, incluidos mujeres y niños, y que han llevado a algunos de ellos al suicidio, intentarlo o a autolesionarse.

`La combinación de la angustia mental severa de los refugiados, la naturaleza del sistema intencionadamente dañina, el hecho de que el objetivo de la tramitación en alta mar intenta intimidar o forzar a otros a alcanzar un resultado específico, supone que el régimen de tramitación se ajusta a la definición de tortura bajo el derecho internacional´, señaló AI en un comunicado.

La directora de investigación de AI, Anna Neistat, calificó el centro de Nauru como una prisión `al aire libre´ diseñada para `causar tanto sufrimiento como sea necesario para evitar que la gente más vulnerable del mundo intente buscar seguridad en Australia´.

La organización también criticó al primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, por poner como modelo su política de inmigración ante la Cumbre de la ONU para los refugiados celebrada el mes pasado.

Australia gasta anualmente alrededor de 434.511 dólares (396.129 euros) por la tramitación de las solicitudes de asilo en Nauru y Papúa Nueva Guinea, según datos de la Oficina Nacional Australiana de Auditoría citados por AI.

Muchos de los inmigrantes retenidos en Nauru y Papúa Nueva Guinea han huido de conflictos como los de Afganistán, Darfur, Pakistán, Somalia y Siria, y otros que han escapado de la discriminación o de la condición de apátridas como las minorías rohinyá de Birmania (Myanmar), o Bidún, de la región del Golfo

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864

 

El esbelto volumen es una obra maestra. Un ejemplo elegantemente escrito de reconstrucción histórica, Slavers in Paradise (Australian National University Press, Camberra, 1981) hace la crónica de un triste capítulo genocida en la historia de las Islas del Pacífico durante el cual 3.125 isleños  fueron secuestrados o reclutados para trabajar en el Perú durante el periodo 1862-3. El profesor Maude es el decano de los historiadores del Pacífico y su relato refleja su enorme pericia, la familiaridad de toda una vida con Oceanía y su compasivo entendimiento de los isleños y sus culturas.

Según su propia admisión, el libro fue resultado de un `intermitente trabajo de amor a lo largo de veinte años´. Comenzó con una virtual tabula rasa, se basó en una vasto variedad de documentación en archivos franceses, británicos, hawaianos, peruanos y españoles, y forjó `un cuadro compuesto a partir de una intratable colección de hechos discretos´. El resultado es un soberbio trabajo detectivesco; cuidadoso, enciclopédico y preciso. La historia que Maude cuenta es la del `más dramático conflicto regional ocurrido en el escenario romántico de los Mares del Sur, entre perplejos inocentes  y la codicia humana´.

La historia del periodo colonial en Oceanía fue y es una historia de hambre de fuerza laboral. Los poderes imperiales que dividieron las Islas del Pacífico en el último siglo (XIX), constantemente estaban buscando proveedores seguros de trabajo barato y tratable para laborar en sus intereses, intensivos en labor, agrícolas y mineros. Así, los franceses utilizaron prisioneros políticos vietnamitas en las minas de níquel de Nueva Caledonia, y reclutaron chinos para que sirvieran de artesanos en Tahití; los australianos reclutaron isleños de las Salomón para cortar caña en Queensland; y los británicos transportaron a Fiji trabajadores obligados por contrato para producir azúcar. El comercio esclavista peruano — pues aparte de las finezas legales ninguna otra palabra describe tan adecuadamente el proceso— fue, entonces, una (aunque una más trágica) en una serie de corrientes humanas de convección que vincularon las Islas del Pacífico con la cuenca del Pacífico.

La experiencia de este trabajo tuvo un efecto profundo no solo sobre los trabajadores mismos, sino sobre los territorios originales y de destino. En primer lugar, el proceso de reclutamiento fue homogeneizador, pues quebró las distinciones de clan, casta, tribu y lengua que existían entre los reclutados. En segundo lugar, los introdujo a culturas (generalmente occidentales), materiales y no materiales, ajenas, y aseguró, vía la repatriación, la difusión de esas culturas por toda la región del Pacífico. Hablando generalmente, la cultura repatriada socavó las estructuras políticas, económicas y sociales, al mismo tiempo que forjaba nuevos vínculos de dependencia, particularmente en el nivel material, entre el territorio de origen y el de destino.

Al mismo tiempo, los territorios de destino fueron transformados. La experiencia del trabajo dio origen a sociedades plurales, como en el caso de Fiji y Nueva Caledonia, o creó pequeños enclaves extranjeros, como en el caso de los chinos en Tahití y los isleños del Pacífico en Australia.

Afortunadamente, los pasados veinte años han sido testigos de un enorme crecimiento en el conocimiento de estas variadas tratas de fuerza de trabajo, como consecuencia de la investigación de estudiosos como Parnaby, Corris, Scarr, Gillion y McCall. Sin embargo, hasta la publicación de Slavers in Paradise, la historia del reclutamiento peruano de fuerza de trabajo en las Islas del Pacífico durante la década de 1860 era apenas entendido. H.E. Maude ha hecho un invalorable servicio al documentar este comercio en detalle y destruir los mitos asociados con él.

La decisión peruana de reclutar fuerza de trabajo en la región del Pacífico fue resultado de una combinación de factores: la supresión del reclutamiento en China, la emancipación de los negros en el Perú, la eliminación del tributo indígena, el desarrollo de la explotación guanera y la expansión de la agricultura peruana como resultado de la escasez producida por la Guerra Civil en los Estados Unidos. El 15 de enero de 1861, el Congreso peruano promulgó una legislación que permitía la introducción de los denominados colonos asiáticos, con la intención de que sirvieran como sirvientes domésticos o como peones en las propiedades de los poderosos hacendados.

El reclutamiento de polinesios, en realidad, ocurrió por accidente. Un aventurero irlandés llamado J. C. Byrne, recibió una licencia, el 1 de abril de 1862, para introducir colonos de las Islas del Pacífico, y partió del Callao rumbo a las Nuevas Hébridas en Melanesia. En su ruta sucedió que visitó Tongareva, en las Islas Cook del norte. Llegó en un momento altamente fortuito. Los franceses acababan de reclutar a los isleños de Tongareva para trabajar en Tahití, y quienes quedaron, enfrentados ante un periodo de escasez de alimentos, estaban ansiosos por dejar la isla. Byrne firmó contratos con 253 isleños y ahí comenzó la carrera por la fuerza de trabajo polinesia. Finalmente, 33 barcos fueron comprometidos en el reclutamiento (27 peruanos, 4 chilenos, un español y uno de Tasmania), y durante treinta y ocho viajes entre septiembre de 1862 y abril de 1863, visitaron todos los grupos habitados de la Polinesia, excepto Hawaii.

Una variedad de estratagemas fue usada para obtener la fuerza laboral. Ocho barcos armaron una incursión armada en la Isla de Pascua en diciembre de 1862 y se llevaron a 349 de los habitantes; el capitán de la Empresa ofreció al gran jefe de Atiu, en las Islas Cook del sur, $3,000 en monedas de oro por doscientos hombres; y el doctor a bordo del mismo barco atontó a los isleños con una mezcla de brandy y opio.

Sin embargo, no todos los isleños fueron obtenidos por la violencia y el engaño. Como la gente de Tongareva, los habitantes de las islas Gilbert del sur estuvieron prontos a ser voluntarios, debido a que la comida era escasa. Los jóvenes de Niue, se informa, tenían la `manía´ de emigrar en búsqueda de aventuras, mientras otros setecientos isleños de las Cook, inocentes, crédulos y acostumbrados a confiar en los europeos, firmaron por voluntad propia.

Los reclutadores encontraron dos comunidades que ayudaron y obstaculizaron sus empeños: `vagabundos de playa´(beachcombers) y misioneros. Byrne, por ejemplo, utilizó los servicios de un vagabundo conocido como Beni para que lo ayudara a reclutar en Tongareva, mientras Paddy Cooney, `un súbdito británico de mal afamado carácter´, indujo a 85 pakapukanos a contratar con el Jorge Zahara. Algunos de los vagabundos y tripulantes de la nave, sin embargo, no estuvieron dispuestos a ser parte del fraude, y el sobrecargo de la Empresa fue abandonado a su muerte por insistir en que los isleños fueran reclutados voluntariamente.

Los misioneros, en líneas generales, hicieron lo que pudieron para impedir el reclutamiento, y Maude reconoce su deuda con los registros de los misioneros en su reconstrucción del comercio. Los misioneros católicos franceses en la Polinesia oriental, como el Padre Honoré Laval, quien bloqueó el reclutamiento de la Serpiente Marina en Mangareva, islas Gambiers, fueron particularmente efectivos pues fueron capaces de convocar a las autoridades navales y coloniales de Tahití.

Los isleños no siempre fueron víctimas inermes de las operaciones esclavistas. En cierto número de casos los jefes polinesios evitaron el secuestro o el reclutamiento colocando tapus (tabúes) en los navíos peruanos. En otros casos tomaron las cosas en sus propias manos capturando naves y tripulaciones: los ´del atolónde Rakahanga capturando la Empresa; los Rapa tomando el mando de la goleta Cora, que ellos dirigieron a Tahití; y los Tonganos de Ha’apai emboscando a los marineros de la Margarita.

Mientras la mayoría de los raptados o reclutados no fueron tratados brutalmente durante el viaje al Callao, `la puerta del infierno´, muchos de ellos cayeron víctimas de enfermedades. En tierra, el asunto se puso peor. Efectivamente, como Maude sugiere, un período de trabajo por deudas en el Perú `era equivalente a una sentencia de muerte´. Sesenta y cinco por ciento de quienes desembarcaron murieron de enfermedades pulmonares o intestinales, mientras un sexto pereció de viruela.

La verdadera naturaleza de esta trata pronto se hizo evidente y los peruanos, cediendo a la presión diplomática británica y francesa, acordaron repatriar a los isleños. Naves sobrecargadas y pestíferas regresaron su cargamento enfermo y moribundo a la Polinesia. El resultado fue una catastrófica despoblación de las islas y, en total, cerca de seis mil murieron directa o indirectamente como resultado de la trata esclava.

¿Cómo se adaptaron los isleños a este grande y externamente inducido desastre social? ¿Qué estratagemas emplearon ante la súbita desaparición  de entre el 24 y el 79 por ciento de la población de trece islas? El mayor problema que tuvieron que enfrentar fue la falta de varones adultos. Esto significó que las tareas tradicionales de conseguir los alimentos tuvieron que ser reasignadas y que las poblaciones isleñas tuvieron que ser repuestas suspendiendo las sanciones que prohibían el adulterio, alentando la inmigración masculina y terminando practicas tales como el aborto y el infanticidio.

Al mismo tiempo, el trauma de la experiencia peruana alentó la difusión del cristianismo, y socavó las estructuras tradicionales del poder. Así, cuando los misioneros llegaron a la Isla de Pascua en 1864, encontraron `solo las ruinas de una civilización´, tras haber colapsado hasta el caos el viejo sistema económico y político.

Aunque todos los interesados en la historia del Pacífico se beneficiarán de la investigación de Maude, su sombría letanía fue compilada principalmente para los descendientes de quienes sufrieron. `Solo mediante el conocimiento de su historia´, escribe él, `podrán los isleños de hoy hacerse completamente conscientes de su identidad regional, y cuidarse así de la aniquilación de a pocos que los amenaza en el presente siglo, como el cautiverio peruano lo hizo en el pasado´.

Esclavistas peruanos en el Paraíso: Polinesia, 1862-1864 (reseña de  James A. Boutilier, publicado originalmente en The International History Review, Vol. 5, No. 1 (Feb. 1983), pp. 155-158. Traducido por Alberto Loza Nehmad.

Alerta de riesgo de hambre y sed generalizada en las Islas del Pacífico

La menor posibilidad de obtener agua potable y alimentos en las Islas del Pacífico supone una amenaza para las comunidades indígenas y rurales, especialmente mujeres y niños, ha alertado recientemente un informe divulgado  por Cáritas  Nueva Zelanda. Este,   el cual informa sobre el  estado del medioambiente en  las Islas del Pacífico,  señala que los fenómenos meteorológicos extremos combinados con los continuos efectos del cambio climático favorecen la pérdida severa de alimentos y agua potable en la región. La directora de la filial de la organización en Aotearoa Nueva Zelanda, Julianne Hickey, señaló que en Fiji muchos niños comen raíces de mandioca ablandadas con paracetamol y que en Papúa Nueva Guinea muchos tuvieron que caminar durante días para obtener comida y agua debido al fenómeno de El Niño. Este evento climatológico provocó sequías en toda esta región y en su momento álgido hizo que unos 4,7 millones de personas se quedara sin comida ni agua, según el informe. El Niño exacerbó la situación de escasez de agua que padece Papua Niugini, donde el 60% de la población no tiene acceso a fuentes de agua segura, una tasa considerada como la más alta en el mundo. La organización alertó de que en países como Fiji, Vanuatu o Tonga, la falta de alimentos adecuados y de agua debido a una climatología extrema tendrá un impacto negativo a largo plazo en la salud de la población o el acceso de los niños a la educación. `Hemos oído hablar del hambre, de la gente que muere a causa de ello, del hambre y la sequía, y por ello nuestra valoración sobre el agua y la comida ha subido de alta a severa´, comentó Hickey a los micrófonos  de  Radio New Zealand. Si bien Oceanía no figura en las estadísticas mundiales sobre inseguridad alimentaria, el informe subraya la vulnerabilidad de las fuentes de agua y alimentos en la región cuando ocurren eventos extremos como El Niño o ciclones de categoría 5. Cáritas recordó que la erosión de las costas, las inundaciones, la salinización de los pozos de agua siguen amenazando a los pueblos del Pacífico, que se están desplazando a consecuencia del aumento del nivel del mar. La organización criticó la actual política de ayudas al desarrollo de Aotearoa  Nueva Zelanda y Australia en  las Islas del Pacífico y llamó a centrar esfuerzos para hacer frente de forma específica al impacto del cambio climático.