Oceanía, una teoría racista basada en el `color de la piel´

Polynésie / Mélanésie – L’Invention française des `races ´ et des régions de l’Océanie (XVIe-XXe siècles) de Serge Tcherkézoff (Au vent des îles, 2013).  A menudo se pasa por alto que la división de Oceanía es el resultado de una teoría racista basada en el `color de la piel´, surgida  en Francia a principios del  XIX y desarrollada durante siglos de interrogaciones  europeas sobre la presencia de los `Negros del Pacífico´. Es también el resultado de una mirada europea masculina que admiraba más a las polinesias que a las mujeres  de las `islas negras´ (Melanesia). El libro ofrece una historia general- y una reconstrucción-  de las visiones europeas, raciales y sexistas sobre la naturaleza física y moral de estos  pueblos entre los siglos XVI y XX.

Serge Tcherkézoff es director de estudios del Centre de Recherches et de Documentation sur l’Océanie – CREDO, sus trabajos están relacionados con la evolución contemporánea de la sociedad polinesia de las islas Samoa, la  etnohistoria de los primeros encuentros entre los polinesios y los europeos y sobre la historia de las teorías antropológicas.

Samoa, más allá del mito de los Mares del Sur

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En palabras del sociólogo Pei Tauilii’li Reupena, la pobreza, la depresión y las dificultades  económicas están matando a la gente en Samoa,  siendo obligación del gobierno  tomar la iniciativa para hacer frente a una delicada situación social.  El  Consejero en el Servicio Nacional de Salud en Moto’otua, en Apia, en la isla de ‘Upolu,  llamó  recientemente la atención a las autoridades del país   para trabajar junto a las aldeas, iglesias y  cabezas de familia para hacer frente a los problemas a los que hoy día se enfrentan muchos samoanos. Reupena planteo esta cuestión cuando le pidieron que expresara  su opinión acerca del aumento de suicidios en este  archipiélago polinesio. Durante los últimos cuatro meses no ha pasado una sola semana en que no  haya alguien que  se haya quitado la vida. Demasiadas  personas  hoy día en Samoa  están luchando por llegar a fin de mes, se estima que alrededor del 90%  de las ‘aiga o familias extendidas están  esforzándose en poner sobre las mesas de sus hogares un plato de comida.

`La pobreza, las experiencias  traumaticas, la depresión y la presión psicológica conduce al suicidio´, declaró  al  diario Samoa Observer. El costo dela vida y los bajos ingresos sitúan a muchos de  los habitantes de estas islas polinesias  a vivir en la pobreza. Es un  `desastre´ dice el sociólogo   con respecto a las tasas de suicidio. El  impacto está empezándose a mostrar  a través de lo que las personas consideran la manera más fácil de dar solución a sus problemas, quitarse la vida

 Lo que está sucediendo en este momento  es que  la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande. Tan sólo  entre seis y  siete familias  están disfrutando de la bonanza económica. Ministros, parlamentarios, directores ejecutivos y sus  empleados  no se ven afectados por una situación económica desfavorable aunque sí la mayoría de las personas que no trabajan, que cobran salarios bajos  o que   viven por debajo del umbral de la pobreza debido a la inflación. Es algo inusual en el archipiélago samoano, pero hay bebés que mueren de malnutrición.

Pei Tauilii’li Reupena dice que son muchos los que alaban a Samoa como un buen lugar para vivir   subrayando que él,  no está de acuerdo con tal afirmación:  ` Existe un  éxito económico,  pero  pocas personas están disfrutando de este  y diría que alrededor del 90%  de los habitantes  en Samoa,  está luchando social y económicamente. Son muy pobres…´

El estilo de vida samoano o fa’a Samoa  está en transformación: `Solíamos tener peces en la laguna y los alimentos en la plantación, y ahora  son difíciles de obtener porque las familias están compitiendo con tiendas y grandes empresas´.  La  pobreza no sólo afecta a las personas  económicamente posee al mismo tiempo un efecto psicológico que conduce al suicidio. Los principales factores que contribuye a su causa  son las relaciones y la disciplina. Algunas de  las primeras,  incluyendo las  relaciones del mismo sexo , no son aceptadas por los padres y en las aldeas. Existe al mismo tiempo una crisis cultural entre la juventud, uno de los principales problemas de esta nación polinesia. El concepto de  respeto en la cultura y en ocasiones, la falta de respeto a la cultura es muy alto  las islas, los jóvenes están tan confundidos que no logran comprender  adecuadamente la representación de otras culturas

Takatāpui, diversidad sexual en Aotearoa Nueva Zelanda

El termino māori takatāpui definía en el pasado a aquellas personas que compartían el amor y el sexo con su mismo género, fue recuperado en la década de los ochenta para definir a una persona māori no heterosexual. Takatāpui es una palabra definida en el  Diccionario de la Lengua  Māori compilado por el misionero William Williams (1844) como “un compañero íntimo del mismo sexo“. Actualmente identifica a la comunidad LGTB māori y posee variaciones distintas como takatāpui kaharua o bisexual, takatāpui wahine o lesbiana, takatāpui wahine ki tāne y takatāpui tāne ki wahine para los transexuales masculino y femenino respectivamente. La herencia puritana impuesta por las reglas y códigos religiosos de los colonizadores occidentales borro deliberadamente todo rastro de los takatāpui, la iglesia institucional se encargo de predicar a sus fieles la creencia de la inexistencia de la homosexualidad en  aquellas  sociedad polinesia y la práctica de esta como grave ofensa a su Dios. Hoy día algunas comunidades e iglesias conservadoras nativas que reducen la sexualidad humana a la reproducción dentro del matrimonio patriarcal, no aceptan la existencia de la homosexualidad en la tradición māori,  particularmente entre sus miembros masculinos a los que se les ha dotado desde siempre un carácter guerrero. A diferencia de los fa’afafine samoanos, por citar un ejemplo en Polinesia, los takatāpui  no ocupan una posición social definida dentro de la familia, comunidad y sociedad, sin embargo para comprender el significado real de lo que es ser fa’afafine o takatāpui hay que situarse en el plano cultural mucho más que en el sexual, sino todo esfuerzo es en vano.

La historia de Hinemoa y Tutanekai ,  es  una historia de amor glorificado por los colonos victorianos con todos los ingredientes de un  romance. Según la tradición māori  Hinemoa  nadó hasta Mokoia, en en lago Rotorua,  para estar con su verdadero amor. Antes de que se casarse Tutanekai tenía un compañero, Tiki. En un manuscrito del siglo XIX , del erudito Te Rangikāheke, Tutanekai dice a su padre:

Ka mate ahau i te aroha ki toku hoa, ki a Tiki.

Tūtānekai  amó a  Tiki,  y dijo a  Whakaue:

Estoy enfermo de amor por mi amigo, por Tiki.

Más tarde Tutanekai  se refiere a Tiki como `taku hoa takatāpui´ ‘.

Fotografía de  Knowing – New Zealand ( 1994)  realizada por  Albert Sword: La imagen muestra a dos jóvenes māori  mostrándose orgullosos de estar juntos. La kakahu o capa de plumas que envuelve sus cuerpos como si fueran una sola persona, simboliza al mismo tiempo su afinidad tribal y sugiere un futuro prometedor. Este cartel  fue diseñado para transmitir un mensaje educativo a  la población māori y homosexual de Aotearoa Nueva Zelanda.

La representación de Tahiti en la literatura Occidental (IV)

El presente texto despliega una breve historia de la representación de Tahití en la literatura occidental y las diversas consecuencias históricas, políticas y culturales, que se inició con el contacto de la Polynesia posterior al “descubrimiento” de América. Un repaso por la mirada de los navegantes europeos que desde el siglo el siglo XVI rondarían el Pacífico. Desde la  del capitán Cook, que sería considerado pionero de la etnología, al relato de Bougainville que influenciaría decisivamente en los intelectuales, que reivindicarían y repensarían una condición humana, que a su vez, terminaría en la revolución francesa y las revueltas religiosas en España. También las personalidades de diferentes campos que décadas tras décadas irían arribando al “Paraíso”, escritores como Melville, científicos como Darwin y artistas como Gauguin.

Matías Amengual es argentino, cursó estudios de Filosofía y es un apasionado por la literatura, el Pacífico y el Caribe. Este texto es parte de una serie de artículos del libro inédito “Orquideario”, que pretende conjugar lugares e ideas. No los lugares indómitos del etnólogo, sino el espacio producido, el lugar producto de la configuración de la civilización de consumo: el objeto turístico. Para  poner en relieve los mecanismos e ideas que están en la base de su desarrollo. De esa manera, preguntarnos qué es la resistencia política hoy y sus posibilidades, ante una lógica, tanto de derecha como de izquierda, que amenaza toda la diversidad humana y biológica, homologando y normalizando todo a su paso.  Sobre el Pacífico también versan los artículos “Tahití y diversidad sexual”, “Rapa Nui: el principio racionalizador” y “Pacífico: Fiji, Hawaii y Aotearoa”. El autor también ha publicado un volumen de elegías titulado “Último trabajo de Heracles” bajo el sello argentino Alción Editora, y en Perú por Lustra Editores.

Tahiti Nui

Al parecer el capitán Cook, que había estado en Tahití dos breves periodos un poco entre de la segunda llegada de los españoles, había tenido unas diferencias con el ari’i y protagonizado un grave incidente en el que hubo varios disparos. Los malos entendidos y problemas con los nativos del pacífico, eran frecuentes para Cook. En sus anotaciones siempre hay menciones negativas o relatos donde su falta de tolerancia o comprensión terminan en agitados episodios.[1] Ese carácter determinaría, en gran parte, su increíble muerte en Hawai’i en 1779, cuando al padecer el robo de un bote decide tomar de rehén al rey local, provocando un altercado en la playa con una multitud de nativos que terminaría dándole una violenta muerte para luego devorárselo.

Los tahitianos informaron sobre los ingleses a los españoles que concluyeron que Cook había estado sólo por motivos científicos[2] «conocimos que hizieron algunas observaciones astronómicas», y que durante la estadía habían ocurrido abusos «estando en este trabajo los Yngleses hazian algun daño a estos naturales, y el mayor era quitarles sus mujeres, y cooperar con ellas por fuerza.»

Durante el tiempo que la presencia española se mantuvo en la isla, se impuso un régimen sexual severo «privando del todo la amistad con las mujeres, so pena de cañón.» Además, un estricto régimen sobre los intercambios comerciales, en palabras de Pantoja quien “tratase de cosas deshonestas con dichos naturales, los maltratase, quitase alguna cosa, y le cambiase, no devolviendole lo suficiente en cambio, seria castigado con aquel rigor que según el delito mereciese.” Pantoja también menciona el castigo sufrido por un marinero “por haverlo acusado los yndios que cooperó con una mujer” y que “Esto se supo porque le dio a la Yndia un pañuelo y luego que acabó se lo quitó” causando que la nativa recurriera a los jefes locales y éstos al Capitán español .[3] El suceso causaría una sorpresiva reacción entre los reyes de la isla «Esto los vieron los Eris y les causó una novedad muy grande, dando a entender lo muy contrario que obraron los Yngleses», por lo que, según Pantoja, debieron explicarles las diferencias religiosas entre los católicos y los protestantes. Entonces precisa que el régimen sexual impuesto sería también adoptado por los nativos, colaborando en una eventual persecución « impuestos los Eris y Yndios de este paso asi que en tierra veían hablar a un hombre de los nuestros con una Yndia, decían venían a dar parte a la Fragata».

Pantoja también anota que a pesar de lo licenciosas que podían ser las jóvenes, los tahitianos practican la monogamia. Describe una sociedad muy afectuosa, mansos, que se saludan tomándose de los hombros, que sufren mucho la ausencia y que a la persona que estiman la llaman taio mai tai.[4] Observa que los reyes administran las tierras, y que se le deben tributos que son pagados con comida y ropa para él y su familia; que en la jerarquía del sistema político le siguen los jefes o toofa; que las vestimentas entre reyes y los súbditos son similares. Comercian entre islas, que son muy buenos navegantes y que construyen embarcaciones muy sólidas que pueden albergar muchas personas. Estima que tienen facilidad para los vicios, realizar robos hasta el punto que duermen con sus cerdos por miedo a perderlos y que los reyes pueden comer los ojos de sus enemigos. Adoran un dios mayor Atua, que el recinto religioso es el marae y su sacerdote el tahu’a; que creen en los sueños, en el alma. Una suerte de demonio o alma de los muertos los atormenta, el tupapa’u, que inspiró una de las mejores obras del ciclo polinesio de Gauguin, Manao tupapao, logrando captar una fuerza movilizadora y primitiva proveniente de un mundo mítico ya perdido para el occidental, y que fue exactamente lo que Gauguin fue a buscar en la Polinesia para revitalizar el arte.

Pantoja registra también la diversidad sexual de los tahitianos al mencionar ciertas prácticas observadas en el propio rey Vehiatua.[5]El historiador Francisco Mellén Blanco siguiera que ésta mención es la primera de los europeos sobre la diversa vida sexual de los polinesios, y agrega «Años mas tarde, se repite la historia en Pomare II. La sociedad misionera de Londres recoge en los papeles de sus archivos la vida licenciosa y homosexual del ari’i». Cook y su tripulación, son igualmente testigos de esa diversidad en las islas hawaiianas de Maui y Kaua’i, y sobre todo de las abiertas prácticas del gran rey Kamehameha. Las crónicas de la tripulación de Cook destacan la normalidad con la que los nativos cometen sus actos antinaturales, completamente ignorantes de tal condición; y por su parte Cook sentencia: «Hay una escala en lo disoluto en la que estas personas han ascendido, y que ninguna imaginación podría posiblemente concebir.” Posteriormente los misioneros protestantes y católicos, iniciarán una encarnizada persecución de las tradicionales prácticas y formas de vínculos tanto en Tahití como en Hawai’i para intentar erradicarlas por completo.

El día 7 de Enero de 1775, dos días después de la firma del tratado de cooperación, y luego de haber dejado instalado el personal dispuesto para colonizar, el resto de los españoles prosigue en exploración hacia el oeste por las islas cercanas a Tahití, por el archipiélago islas de la Sociedad.

El 8 de Enero por la mañana, los españoles avistan el atolón de Tetiaroa, con certeza, entre las principales islas más increíbles del planeta. Isla de extrema y sorprendente belleza, santuario de aves y antiguo centro religioso, que perteneció desde tiempos inmemorables a la familia real de Tahití, y que fue cede de voluptuosidad y placeres para la joven nobleza. En 1907 uno de los miembros del linaje real Pomare regaló la isla de sus antepasados. En 1965 fue comprada por Marlon Brando que había quedado deslumbrado por su playa tras grabar unas escenas en Tetiaroa para su película sobre el motín del Bounty. En la actualidad sus descendientes han construido un exclusivo resort que postulan como el primer hotel completamente ecológico, con el curioso lema responsible luxury.

Luego, la expedición española llega a Moorea, muy montuosa y arbolada según Pantoja, y dramáticamente bella como alguna vez la calificaron. Hoy es la segunda isla más visitada y tiene la gracia de ser una especie de resumen de algunas de las otras islas del archipiélago de la sociedad –y con algo de Las Marquesas–, por sus playas de arena negra y blanca, arrecifes, lagoons prístinos y montañas encumbradas.

El 9 de Enero se aproximan a la isla de  Huahine, la salvaje, como reza su mote turístico publicitario. Hoy Huahine es el centro cultural del país y del movimiento independentista tahitiano; por todas partes se puede ver la bandera con cinco estrellas que simboliza los cinco archipiélagos.  Y Junto con la isla Raiatea son las principales sedes del movimiento cultural Ma’hoi que busca recobrar y reivindicar las tradiciones tahitianas, como promover sus estudios.  La isla de Huahine es de geografía intrincada y también montuosa pero con varias  llanuras fértiles. Sus Maraes en ruina han sido restaurados, recobrando para la isla una presencia especial y un espíritu que no tienen todas las islas.

Las cimas de Huahine como las del resto de islas, causan vistas verdaderamente maravillosas; y como ninguna otra isla, sus caminos en altura se encuentran habitados por orquídeas salvajes del cosmopolita género spathoglotis, cuyos pétalos asemejan a lujuriosas lenguas.

Después de Huahine los españoles se topan con la vecina Raiatea y Taha’a. Taha’a es reconocida por producir la mejor vainilla del mundo, motivo porque el cual la denominan isla vainilla. La orquídea de la vainilla fue introducida por los franceses que la importaron desde Filipinas, el Caribe y Mesoamérica, produciendo la variedad tahitensis, que gracias a las excelentes condiciones de la isla resultó la más valiosa, y conjuntamente con la explotación de la perla negra y el turismo, representan las mayores industrias del país.

El 11 de Enero llegan a Bora Bora, el paraíso ansiado. Isla dominada en su centro por el monte Otemanu, rodeado de una inmensa laguna celeste a su vez delimitada por islotes llamados motus, de suaves playas blancas repletas de palmeras. Como círculos dentro de círculos que se van ciñendo, mar, barrera de coral y playa, laguna y en el centro el monte con su abundante verde.  Bora Bora es uno de los mayores símbolos de la representación de lo exótico en la industria del turismo, y al igual que en el tiempo de los navegantes, sigue siendo un lugar de excepción para el amor. En tiempos de la segunda guerra mundial esta maravilla natural fue profanada por el ejercito de la emergente potencia Estados Unidos, que la convirtió en su bastión clave y depósito en el Pacífico Sur; y como remanente de esa ocupación quedaron los caminos que abrieron y la pista de aterrizaje, que sirvieron de base para la posterior explotación turística que la consagró como el paraíso terrenal por excelencia.

Finalmente la expedición retornaría a Perú y al cabo de un año todos los planes españoles terminarían por fracasar. Entre otros motivos, por la resistencia de los nativos a ser evangelizados y la traición de los que fueron educados en Lima y que debían mediar; sumado a numerosas situaciones confusas propiciadas por las diferencias culturales y por varios robos contra la delegación española. Serie de contratiempos que alentaron la inconmovible negativa de los franciscanos a permanecer en la isla. Pero también debido a las reformas que el rey Carlos III comenzaba a emprender enfrentándose con los jesuitas, causando revueltas religiosas.[6] Con la partida de la presencia española en Tahití hacia 1775, se inauguran tiempos de disputa por la influencia entre ingleses y franceses, entre católicos y protestantes –incluso de ambos bandos–, hasta que por fin logran convertir a los tahitianos al cristianismo en 1815.

Tahití y sus islas fueron la representación más cabal del Paraíso para algunos navegantes, paraíso en tanto lugar de placer y de licencia. Y esa misma tensión sexual, en buena parte también alentó en la intelectualidad europea procesos de redefiniciones de la naturaleza humana como su contrapunto, como en Diderot, con las consecuencias de cuestionar los fundamentos de algunas formas legales y sociales; también los fundamentos del poder mismo que se derivaría del Iluminismo.

Si el contacto con América y Oceanía propició procesos en la máquina genealógica en la esfera del pensamiento, en el exotismo en las artes, Tahití fue finalmente equivalida con la representación que ya se tenía de Oriente: lugar ambiguo y de licencia sexual.

 Notas

[1] Cook relata lo sucedido con un ari’i al que descubre robando «Su conducta me había exasperado a tal punto,  que cuando lo tuve a una cierta distancia, le disparé dos tiros de fúsil por encima de su cabeza.»

[2] En efecto, Cook sólo había desembarcado en Tahití con el propósito de medir el paso de Venus.

[3] «se quexó a los Yndios y ellos al dicho Capitán”. Pantoja admite que de igual manera hay prostitución en su país: “estas son como algunas de nuestro reino, que a escondidas de sus maridos suelen hazer sus cambios».

[4] Amigo muy amado.

[5] «En quanto a la lujuria y lascivia, pues tienen el de mamar la natura de los hombres, como se vió abordo con uno de los principales llamado Vejiatua».

[6] Despotismo ilustrado de Carlos III.

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La representación de Tahiti en la literatura Occidental (III)

El presente texto despliega una breve historia de la representación de Tahití en la literatura occidental y las diversas consecuencias históricas, políticas y culturales, que se inició con el contacto de la Polynesia posterior al “descubrimiento” de América. Un repaso por la mirada de los navegantes europeos que desde el siglo el siglo XVI rondarían el Pacífico. Desde la  del capitán Cook, que sería considerado pionero de la etnología, al relato de Bougainville que influenciaría decisivamente en los intelectuales, que reivindicarían y repensarían una condición humana, que a su vez, terminaría en la revolución francesa y las revueltas religiosas en España. También las personalidades de diferentes campos que décadas tras décadas irían arribando al “Paraíso”, escritores como Melville, científicos como Darwin y artistas como Gauguin.

Matías Amengual es argentino, cursó estudios de Filosofía y es un apasionado por la literatura, el Pacífico y el Caribe. Este texto es parte de una serie de artículos del libro inédito “Orquideario”, que pretende conjugar lugares e ideas. No los lugares indómitos del etnólogo, sino el espacio producido, el lugar producto de la configuración de la civilización de consumo: el objeto turístico. Para  poner en relieve los mecanismos e ideas que están en la base de su desarrollo. De esa manera, preguntarnos qué es la resistencia política hoy y sus posibilidades, ante una lógica, tanto de derecha como de izquierda, que amenaza toda la diversidad humana y biológica, homologando y normalizando todo a su paso.  Sobre el Pacífico también versan los artículos “Tahití y diversidad sexual”, “Rapa Nui: el principio racionalizador” y “Pacífico: Fiji, Hawaii y Aotearoa”. El autor también ha publicado un volumen de elegías titulado “Último trabajo de Heracles” bajo el sello argentino Alción Editora, y en Perú por Lustra Editores.

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Tahiti Nui

Fueron los españoles los primeros en establecer una misión colonizadora en Tahití. La misión fue breve y fallida, apenas de un tortuoso año. Sin embargo, a esa truncada iniciativa, debemos los mejores textos sobre los tahitianos del siglo XVIII antes de la colonia.

En 1772 el virrey del Perú[1] alertado por los viajes del capitán Cook, que sugerían posibles planes de colonización inglesa, advierte la necesidad estratégica de establecer nueva presencia en la Polinesia para salvaguardar las colonias americanas, por lo que instruye dos misiones hacia Tahití, una ese mismo año y otra dos años después, en 1774.

La primera expedición partió en septiembre de 1772 desde las costas peruanas bajo la orden de reunir información sobre el terreno y su potencial para futuros emprendimientos, junto con recolectar datos sobre los nativos y sus costumbres, además de establecer óptimas  relaciones con ellos.

Los españoles desembarcaron en el poblado de Tautira, en la costa de Tahití –Otajiti para los nativos–, y fueron recibidos cordialmente, como de costumbre[2]. La misión resultó positiva y comprobaron satisfactoriamente que no había presencia inglesa; y para completar el material reunido para presentar al Virrey, llevaron consigo de regreso a Perú cuatro tahitianos, de los que sobrevivirán sólo tres, que serían  bautizados en una gran ceremonia, educados como españoles y alojados en aposentos palaciegos.[3]  

La segunda misión en 1774, zarpó con dos consignas: primero depositar un grupo de colonos en la isla para establecerse permanentemente, y luego de construirles un recinto y de dejarles provisiones, proseguir en navegación exploratoria por las islas cercanas a Tahití y retornar a Perú.

Entre la tripulación viajaba el grupo asignado compuesto por dos franciscanos que evangelizarían, un ayudante general, los aborígenes educados en Lima –que debían cumplir ahora el papel de agentes imperiales–, y un novel interprete peruano llamado Máximo Rodríguez, que en Rapa Nui había adquirido el manejo del maorí.

Fruto de esa experiencia de un año, Máximo Rodríguez escribirá en un diario el mayor y más antiguo testimonio disponible sobre las costumbres y ritos de los tahitianos[4]. Los frailes por su parte anotarán cosas más referentes al paganismo y sobre todo a las complicaciones sufridas durante la estadía, como reiterados robos y peleas. También sumarán valiosos datos los relatos de los navegantes de mayor rango en sus respectivos diarios; y una detallada crónica de un alférez llamado Juan Pantoja, con observaciones a veces distantes, sin descripciones paradisíacas pero con conclusiones y juicios muy directos sobre los nativos, en sentido similar al que ya se había expresado mucho tiempo antes Montaigne, Pantoja sentencia: «Creo que no se les debe llamar bárbaros, en todo, sino solo el que no amen nuestra religión».[5]

Las órdenes eran rigurosas: evangelizar, anexar la isla, someter gradualmente, mantener las relaciones cordiales, respetar las pertenencias y sobretodo no tener sexo, lo que causaría gran sorpresa entre las nativas que habían causado estragos entre los franceses e ingleses, y algunas violaciones por parte de éstos.

Pantoja refiere que las tahitianas deliberadamente seducían a la tripulación[6] y que al no recibir respuesta por parte de los españoles –bajo amenaza de castigo–, relata que éstas «se quitaban las mantas y en cueros comenzaban a bailar» tomando la iniciativa ante la indiferencia, y concluye que «por esta libertad de conciencia, tanto hombres como mujeres, padecen muchas enfermedades» y observa un implacable régimen sobre quien se sabe padece alguna enfermedad «le quitan el pelo, les rapan las cejas y luego la hechan al monte», ignorando que padecían las enfermedades introducidas por los propios europeos en  sus sucesivas expediciones.

Uno de los principales ari’i (rey) de la isla, llamado Vehiatua, aceptó albergar la misión luego de deliberar algunas horas con sus jefes locales. Conforme a su dedición, se elaboró un texto traducido al tahitiano por Máximo Rodríguez, donde se acuerda la cooperación mutua y la protección española, y se celebra el correspondiente tratado entre las autoridades españolas y locales[7]. Pantoja refiere que la conformidad por parte de los tahitianos se debe al deliberado buen trato con el que se manejaron las dos misiones: «respondieron que si, respecto a que haviamos estado en el año 72 y que no se les havia echo daño y que queríamos ser sus amigos», y destaca esa determinación en concordancia con la habitual cordialidad de los tahitianos «Todo esto que ellos disen es verdad, porque nuestro Comandante se esmera en eso que no de les haga daño».

Pero otras razones también favorecieron esa alianza estratégica de cooperación y protección, no sólo porque los tahitianos periódicamente mantenían guerras con la isla vecina de Moorea, sino que también eran temerosos de los ingleses.

Notas

[1] Con la consolidación de las colonias americanas, serán éstas las protagonistas de las expediciones en nombre del Imperio español, y por los tanto el frente estratégico ante el avance y disputa colonial de las demás naciones europeas.

[2] A Tautira llegaría también, más de un siglo después en 1888, Robert L. Stevenson, que después de una corta estadía escribiría que los tahitianos son «el pueblo más amable del mundo». Y antes, en 1835, Darwin había definido a los tahitianos como la población indígena mas hermosa y sana.

[3] La tradición de embarcar nativos y podían ser expuestos en exhibición o incluso podían volverse verdaderas celebridades entre los círculos más destacados, y hasta gozar un poco de sus privilegios.

En 1773, un nativo llamado Omai fue llevado por Cook a Londres donde se integró a la corte del rey Jorge III, hasta que fue devuelto a su isla tres años después, luego de haber conocido los salones de baile, la opera, estimulado la imaginación de los círculos artísticos y hasta haber inspirado una obra de teatro.

Por su parte Bougainville había llevado consigo a París a otro tahitiano de nombre Aotourou, que moriría de regreso a su isla, al igual que muchos de los nativos embarcados debido a enfermedades a los que nunca antes habían estado expuestos.

Mucho tiempo antes a las expediciones del silgo XVIII, en el siglo XVI, Montaigne ya había gozado de la presencia directa de tres aborígenes tupinambá del Brasil, encuentro que le permitió documentarse para sus ensayos.

[4] Se destaca también la obra  Ancient Tahiti de Teuria Henry, que fue consagrada como la de mayor relevancia y que recopila mucha  información recolectada por su abuelo y su padre, pertenecientes a la Sociedad Misionera de Londres.

[5] Montaigne había propuesto sobre el contraste entre los europeos y los aborígenes  «no hay nada bárbaro o salvaje en aquella nación, según lo que me han contado, sino que cada cual considera bárbaro lo que no pertenece a sus costumbres». Tiempo después de Pantoja, Darwin escribiría destacando la inteligencia de los tahitianos, que  «no es posible imaginas que sean salvajes».

[6] «no tienen dificultad de dar su cuerpo a qualquiera que llega y con tanto extremo que ellas vienen a solicitar a los nuestros, como sucedió infinitas vezes, y para esto vienen en vandos».

[7] En su arribo a Nuku Hiva, Melville es testigo de la ocupación francesa de las Marquesas. En Typee relata la entrevista entre el almirante francés Du Petit Thouars y un ari’i local «El almirante se acercó con la cabeza descubierta y la mano extendida, mientras el viejo rey lo saludó con un impresionante movimiento de su lanza. Al instante después se pararon uno al lado del otro, estos dos extremos de la escala social: el educado y esplendido francés y el pobre salvaje tatuado. Ambos eran altos y nobles».

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La representación de Tahiti en la literatura Occidental (II)

El presente texto despliega una breve historia de la representación de Tahití en la literatura occidental y las diversas consecuencias históricas, políticas y culturales, que se inició con el contacto de la Polynesia posterior al “descubrimiento” de América. Un repaso por la mirada de los navegantes europeos que desde el siglo el siglo XVI rondarían el Pacífico. Desde la  del capitán Cook, que sería considerado pionero de la etnología, al relato de Bougainville que influenciaría decisivamente en los intelectuales, que reivindicarían y repensarían una condición humana, que a su vez, terminaría en la revolución francesa y las revueltas religiosas en España. También las personalidades de diferentes campos que décadas tras décadas irían arribando al “Paraíso”, escritores como Melville, científicos como Darwin y artistas como Gauguin.

Matías Amengual es argentino, cursó estudios de Filosofía y es un apasionado por la literatura, el Pacífico y el Caribe. Este texto es parte de una serie de artículos del libro inédito “Orquideario”, que pretende conjugar lugares e ideas. No los lugares indómitos del etnólogo, sino el espacio producido, el lugar producto de la configuración de la civilización de consumo: el objeto turístico. Para  poner en relieve los mecanismos e ideas que están en la base de su desarrollo. De esa manera, preguntarnos qué es la resistencia política hoy y sus posibilidades, ante una lógica, tanto de derecha como de izquierda, que amenaza toda la diversidad humana y biológica, homologando y normalizando todo a su paso.  Sobre el Pacífico también versan los artículos “Tahití y diversidad sexual”, “Rapa Nui: el principio racionalizador” y “Pacífico: Fiji, Hawaii y Aotearoa”. El autor también ha publicado un volumen de elegías titulado “Último trabajo de Heracles” bajo el sello argentino Alción Editora, y en Perú por Lustra Editores.

Tahiti Nui

Agamben denomina maquina genealógica al proceso que sucesivamente define y redefine la concepción de naturaleza humana, y en esa reconfiguración, también el lugar que ocupa la razón y el derecho; reconfiguraciones en esta etapa del humanismo en tránsito entre los términos salvaje malo/ civilizado bueno, salvaje bueno/ civilizado malo.

El relato de Bougainville acabaría por causar una replica por parte de Diderot, titulada Suplemento al viaje de Bougainville, donde a través de diálogos reformula la idea del buen salvaje, y considera que los «vicios y virtudes están contenidos por igual en la naturaleza» pero manteniendo la idea que los tahitianos persistían más consustanciados con la bondad o una mejor legislación por su cercanía al orden  natural.

Diderot hace en el Supplément una zoología del hombre rescatando aquello que lo emparienta en comportamiento con los animales, con el fin de postular los beneficios de  una moral con fundamentos naturales.[1] En su texto, Diderot pone a afirmar a uno de sus personajes –el tahitiano Orou– que la condición de lo bueno verdadero está en tanto se apega al orden natural «de las cosas y las acciones», en la que los tahitianos afortunadamente permanecían mientras los europeos se complicaban en su artificialidad [2], por lo tanto la barbarie de los tahitianos era «menos viciosa» que la europea pero no menos exenta de algunos males.

Desde Montaigne, que había sido testigo de la salvaje matanza entre católicos y protestantes en la Francia del siglo XVI, se abre esa nueva perspectiva donde a través del otro salvaje se aborda al mismo civilizado para poder medirlos y hasta denunciar la barbarie propia. Pero es también la concepción de la Naturaleza, un trasfondo crucial que atraviesa todo el proceso; porque la identidad de lo natural es lo que sostiene las posibles concepciones de la identidad humana. De manera que así se verifica también la legitimidad o ilegitimidad de lo considerado; por ejemplo con Diderot el fenómeno del matrimonio, en tanto está excluido de la esfera de lo natural o no.

Aparte de la colonia como forma política de dominación, otra de las consecuencias de la expansión  económica de Europa, es que ese viaje mismo propiciaría un relativismo cultural que terminará por socavar los fundamentos del poder de las propias monarquías que promovieron esa expansión, con su posterior caída ante las masas civiles emergentes.

Finalmente, quien terminará de consagrar a Tahití en el lugar de Paraíso, es la novela autobiográfica de Pierre Loti Le Mariage de Loti o Rarahu, publicada en 1880 –casi un siglo después de acontecida la revolución francesa–, y que fue un éxito contundente de decisiva influencia en la esfera del arte.

Loti había confesado que la ambición de su infancia era llegar a Tahití, promovido por grandes relatos: lo que en su imaginario y en el de algunos círculos de su época estaba en el aire, parece poder encarnarse, hacer coincidir la experiencia con el sueño; o en su eventual imposibilidad, como en buena parte de poetas simbolista, como en Una temporada en el infierno de Rimbaud.

Las bodas de Loti narra el romance de un oficial inglés con una hermosa nativa llamada Rarahu, con el trasfondo donde los tahitianos son vistos como infantes en contraste a una Europa adulta[3]; los personajes, las escenas y diálogos, fueron basados en experiencias reales de Loti que había apuntado en su diario de viaje, por lo que la critica destacó su realismo. Sin embargo Rarahu nunca existió como tal, pero según el autor, esa singular joven nativa era un resumen de todas las tahitianas con las que había mantenido relaciones durante su breve estadía.

El viaje crítico que se había iniciado con Montaigne se diluía con Loti en un regocijo por el encanto imperial a medida que ya no iría quedando rincón en el planeta por someter. Los siguientes títulos de Loti, serán todos ambientados con ese exotismo peculiar, en diversos y distantes rincones como Islandia, Japón, Turquía, etc. En 1889, nueve años después de la publicación de Le Mariage de Loti, Francia oficializaría su régimen político sobre todo el conjunto de archipiélagos tras algunos años de ocupación colonial.

Notas

[1] «¡Qué breve sería el código de las naciones si se conformara rigurosamente al de la naturaleza!». De esta manera Diderot expresa la pretensión de un código moral deducido del código natural.

[2] Montaigne mucho tiempo antes ya se había expresado en Des cannibales sobre la dimensión artificial europea «Tan salvajes son como los frutos a los que e llamamos salvajes por haberlos producido la naturaleza por sí misma, y en su normal evolución: cuando en verdad, mejor haríamos en llamar salvajes a los que hemos alterado con nuestras artes, desviándolos del orden común».

[3] «Los años trascurren para los tahitianos en una desidia absoluta y un sueño perpetuo, y estos grandes niños no sospechan que en nuestra bella Europa tantas pobres gentes se agotan para ganar el pan del día».

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René Primevère Lesson en Tahiti

P. Mackenzie, 1955.

En medio del vasto mar del sur se levanta,  como reina del Océano Pacífico, la deliciosa Tahiti; una vegetación siempre fresca corona sus picos volcánicos; sus costas y sus arrecifes desaparecen bajo los bosques de cocoteros,que, semejantes a verdes e inmensos parasoles, son agitados sin cesar por los suaves vientos alisios. Allá, bajo un cielo de tibia temperatura, viven unos felices isleños. Sus días se suceden sin sobresaltos, y su ocupaciones de mañana son semejantes a las de ayer.

René Primevère Lesson