Nan Madol, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco

Nan Madol

El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO que celebró su 40 reunión el pasado 10 de julio de 2016 en Estambul (Turquia), designó junto a otros enclaves del planeta,  Patrimonio Mundial a la ciudad y centro ceremonial de Nan Madol, al sureste de la isla de  Pohnpei en los Estados Federados de la Micronesia;  un centenar de islotes que albergan vestigios de palacios, templos, sepulturas y moradas construidas en piedra entre los siglos XIII y XVI.

Nan Madol forma un complejo arqueológico de unas cien islas artificiales construidas en piedra y coral y  unidas por una red de canales  que cubre más de 18 km². Su nombre significa `entre espacios´ y hace referencia a estos canales. Su arquitectura megalítica se extiende sobre una zona del arrecife de coral a lo largo del litoral suroeste de la isla Temwen,  en varios  islotes artificiales y en la misma   Ponape, abarcando un área de aproximadamente 1.5 km de largo por 0,5 km de ancho. Fue la capital de la dinastía Saudeleur, que ejerció su poder en  entre los años 500 y 1500, acogiendo el centro de Nan Madol  una residencia especial destinada a la nobleza;  al mismo tiempo que en esta se realizaban   actividades funerarias presididas por los sacerdotes. Su población no sobrepaso a las 1000 personas o incluso fue menos, sus residentes eran  en gran mayoría ciudadanos comunes aunque la población de jefes era considerable: Aunque los orígenes y  el porqué de la existencia de Nan Madol se mantienen relativamente enigmáticos, se cree que la ciudad actuó  como eje de la  organización y control de potenciales rivales por parte de la jefatura Saudeleur.

El navegante y explorador portugués Pedro Fernández de Quirós, al mando del  buque español San Geronimo, avistó la isla  de  Pohnpei el  23 de diciembre de 1595; su descripción de la misma es breve y no llegó a desembarcar en ella. En Ponape, como la llamaron los españoles,  se estableció la sede principal del gobierno de las Carolinas y allí establecieron la ciudad de Santiago de la Ascensión que sería conocida como Colonia o Kolonia debido a que en ella residieron funcionarios, misioneros, militares y trabajadores traídos desde las Filipinas.

Australia firma acuerdo con Nauru para recluir en la isla micronesia a demandantes de asilo

Un nuevo `memorándum de entendimiento´ se firmó  entre  el  primer ministro australiano y el presidente de la República de Nauru, Baron Waqa, según información emitida por Radio Australia. Este, es similar al controvertido y reciente acuerdo entre Australia y Papúa Nueva Guinea la  llamada `Papua Solution´.

Kevin Rudd anunció en el mes de julio  que su país `no ofrecerá ninguna oportunidad´ a los inmigrantes sin papeles que lleguen a territorio australiano por vía marítima y con vistas a alcanzar el estatus de refugiado político. `Desde ahora cualquiera que busque asilo y llegue a Australia por barco no tendrá oportunidad de quedarse en territorio australiano como refugiado´, declaró  en su momento  el líder del Partido Laborista  junto  a Peter O’Neill, primer ministro de Papúa Nueva Guinea . Ambos mandatarios sellaron en la ciudad australiana de Brisbane un pacto para que los inmigrantes sin papeles interceptados en el mar rumbo a Australia sean enviados al centro de detención ubicado en la isla de Manus y  en otros enclaves de  Papúa Nueva Guinea, donde se evaluará su petición de asilo, trámite que puede prolongarse por tiempo indefinido, incluso años como  ha ocurrido ya  en los  centros de retención de  Nauru en la Micronesia y en años pasados. Si la  solicitud es aceptada, los nuevos refugiados serán reubicados en Papúa Nueva Guinea, las personas cuyas peticiones sean rechazadas serán repatriadas a sus países de origen; la mayoría de los solicitantes de asilo son afganos de la etnia hazara, iraquíes, iraníes, aunque también se encuentran gentes originarias de China, Vietnam y Sri Lanka.

`…. Un país rico (Australia) que rechaza honrar sus obligaciones internacionales y que, en cambio, decide abandonar a los solicitantes de asilo en un país pobre (Papúa Nueva Guinea y Nauru) y sobornar a ese país pobre para que asuma las que deberían ser las obligaciones de Australia … ´

Father Mowe , Jesuit Refugee Service + Info  El País

El gobierno australiano, como parte del acuerdo, pagará el año próximo 30 millones de dólares al diminuto estado micronesio. Sin embargo Mathew Batsiua, líder de la oposición en Nauru, argumenta  que la isla no puede hacer frente a  nuevos demandantes de asilo. Comunicó al mismo tiempo, que el gobierno no informó adecuadamente al Parlamento de Nauru con respecto a la nueva política de asilo. Nuestro gobierno ha afirmado haber consultado con los líderes de la comunidad, ahora si nos fijamos en el grupo con quiénes se han reunido para   consultar, estamos hablando,  como máximo, de un grupo de quince personas. Consultar a quince personas, en una cuestión tan importante,  no se puede equiparar a una consulta nacional adecuada. Por otra parte la portavoz del Gobierno de Nauru, Joanna Bolsón, subrayó que la nueva política no incluirá  a hombres solteros, tan sólo familias y que los solicitantes de asilo no se asentarán de forma permanente en la isla u obtendrán la ciudadanía nauruana. Asimismo, añadió que   las autoridades decidirán cuántos solicitantes de asilo son enviados a la isla: `… por ejemplo, si el Gobierno dice que sólo serán aceptados 1000 entonces  el límite serán  mil.´ Mil refugiados supondrían un 10% de la población total del país.

Este nuevo centro de retención sería el tercero en una isla que tan solo cuenta con  21 km² , la mitad de los cuales son terrenos estériles provocados por la extracción de fosfatos por parte de Australia  y Nueva Zelanda en décadas pasadas. Del mismo modo, se está cuestionando, la política de Nauru como consecuencia  de los recientes disturbios  que tuvieron lugar el mes pasado en los centros de detención existentes en el territorio insular, con 119 hombres involucrados en los incidentes y  60 millones de dólares en daños causados a infraestructuras. ​​

La firma del acuerdo entre Australia y  Nauru se produce tan solo una semana después de que el primer grupo de refugiados políticos, cuarenta personas, llegara a la isla de Manus, en  Papúa Nueva Guinea tras la aplicación de la nueva politica de inmigración de Camberra. Intentando alcanzar las costas australianas, los afganos e iraquís fueron trasladados al  centro de detención enclavado en la isla de Christmas, en el Océano Indico y de alli a la isla de Manus  en Papúa Nueva Guinea. + Info Pacific Solution, deportando a los solicitantes de asilo en Australia a remotas islas del Pacífico

Tradición Musical Chamorra

Las crónicas europeas de los primeros viajeros recogen en mayor o en menor medida las costumbres en bailes y danzas de los isleños de las Marianas, siendo como es de especial importancia este aspecto de su cultura previa al contacto y la conquista, al no tener su lengua original una manifestación escrita y por tanto ser una sociedad en la cual la tradición oral, manifestada en juegos, leyendas, bailes y canciones, tiene como valor añadido al entretenimiento una clara función didáctica.

En la Vida y Martyrio del Venerable Padre Luis de Sanvitores de 1683, el jesuita Francisco García deja constancia de un tipo de baile practicado exclusivamente [86] por chamorras en el cual una docena de ellas, adecuadamente vestidas para la ocasión con sus mejores galas y luciendo conchas de tortuga atadas a la cintura, desarrollan un baile circular cuyo ritmo es marcado por el sonido de las pequeñas conchas que llevan en las palmas de las manos (23).

También el Padre Charles Legobien hará una somera descripción de estos bailes (24), pero donde encontrarnos los testimonios más reveladores y descriptivos para nuestro estudio son en los relatos de los miembros de la expedición científica francesa al mando del capitán Freycinet, entre 1817 y 1820, ya que incluyen referencias concretas a su música y bailes, con comparaciones interesantes.

Guam Postcard

Jacques Arago, el conocido ilustrador de la expedición, describe en su correspondencia a un amigo (25) las actividades musicales que se impartían en el Colegio Real (San Juan de Letrán) en el que su encargado Ignacio Chargualaf, al parecer de escasos conocimientos teóricos pero gran entusiasmo, enseñaba a sus 40 pupilos «música religiosa, 2 o 3 canciones patrióticas y 4 ó 5 baladas españolas» que sólo servían para entretener al gobernador y sus invitados. El juicio de Rose de Freycinet, esposa del capitán de la expedición, es más benevolente para con estos estudiantes y sus esfuerzos. En su diario recoge (26) como se desarrollan unos bailes en honor suyo y de su marido frente al Palacio del Gobernador, y que no son sino danzas mexicanas en las que los estudiantes, vestidos con sedas de Nueva España llevadas por los padres jesuitas, desarrollan un baile que va reproduciendo la historia de Moctezuma, el último emperador azteca, papel que desempeña uno de los estudiantes vestido con un traje ceremonial, corona y pluma en ambas manos y sendos pajes a su espalda, alrededor de los cuales 12 bailarines adornados con diademas y tocando las castañuelas les acompañan en el baile. Es una representación bailada de cinco actos, siendo los dos últimos descripción de la guerra y caída final del Emperador.

Otro baile que presencia es el llamado El palo vestido y desnudo, un baile probablemente mexicano en el que sobre un mástil se atan varias cuerdas rojas, amarillas y azules, cogiendo cada participante una de ellas y empezando a bailar alrededor del palo formando así una trenza multicolor, y a la inversa. A continuación describe cómo los mismos alumnos del acto anterior bailan unas danzas «europeas», que su marido cree reconocer similares a las que se practicaban en la Provenza y eran conocidas como Leis Olivettos.

Entre los instrumentos musicales de la época previa al contacto y por lo que interesa a este trabajo, citaremos el belenban tuyan descrito por Georg [87] Fritz en 1904 (27), un alargado instrumento de bambú con una sola cuerda que se tocaba deslizando un arco por el mismo y que prácticamente es el berimbau portugués con alguna modificación. Tratándose éste de un instrumento similar a otros conocidos en otras zonas del sureste asiático consideramos que se trata de una importación cultural que ha llegado a las islas Marianas no de mano de portugueses o españoles, sino por parte de pobladores y viajeros de otras islas que sí pudieron recibirlo directamente de los portugueses (28).

En cualquier caso Fritz recoge los bailes típicos chamorros en la isla de Saipán (29) y habla ya de polkas, mazurcas y fandangos, estos últimos bailados tradicionalmente en la fiesta de la noche previa a la boda (hoy día fandango significa simplemente boda.) El fandango representa -digamos mejor representaba- un claro ejemplo de mestizaje musical, pues supone la incorporación de un rasgo cultural extraño en origen que se asume como propio dandole un uso, un valor y un significado completamente nuevo al «original». Este proceso de mestizaje, como cualquier otro, sólo debería entenderse como un factor de enriquecimiento.

En cuestiones musicales, la impronta criolla queda de manifiesto en la supervivencia no sólo de canciones enteramente españolas adaptadas al chamorro, algo que poco tiene de particular, sino en que los criterios mismos de composición y la plataforma armónica sobre la que se basan son enteramente sureuropeos. El profesor y compositor Bruno Dalla Pozza, del Northern Marianas College de Saipán, ha dedicado buena parte de su trabajo a lo largo de sus 22 años de residencia en la isla a la música chamorra en general y a las chamorritas en particular, en cuyos juegos dobles de cuatro intervalos reconoce la herencia de un mestizaje inconfundible.

Ejemplo de chamorrita, transcrito por E. Pellicani, en Archeology of the Marianas Islands,de MAUD THOMSON, Nueva York, 1971. [88] Las chamorritas representan la esencia más clásica de la tradición musical chamorra, unas composiciones musicales breves que se solían cantar espontáneamente durante las fiestas o actividades comunales (al ir de pesca, hacer la colada…) y en cuyas letras, formadas por cuatro versos improvisados sobre la marcha, se hacen referencias irónicas y jocosas a algún miembro del grupo, a un amor imposible o a cualquier otra cosa, a los que contestaba otro participante improvisando otra chamorrita a modo de respuesta.

Se cantaban también en solitario, para infundir valor al paseante nocturno, o a modo de saludo entre dos carros que se cruzaran. Hoy casi olvidadas, las chamorritas son sólo recordadas a duras penas por mujeres de avanzada edad en su mayoría, y de nuevo vuelve a ser Rota la depositarla de las tradiciones culturales ancestrales. Allí pudo recopilar y grabar multitud de chamorritas Mr. William Peck, oficial retirado del Departamento de Salud norteamericano y escritor gracias a cuyo interés y sensibilidad, como a la de las ancianas chamorras de Rota, se han preservado algunas de estas composiciones (30). En cuanto a los temas, transcribimos a continuación algunas chamorritas recopiladas por Gertrude Hornbostel (31),en primer lugar una chamorrita de contenido sentimental, en segundo lugar una canción de cuna y por último una chamorrita que se solía cantar a la novia como broma tras la noche de bodas:

To’ la noche dso ti maigo. Toda la noche no pude dormir hinasosoko ni hago,por estar pensando en ti,an esta pa’u mañana,cuando llegó la mañananai komakanta yi gadso.empezó a cantar el gallo. An numa piniti hau tautau,Cuando causas pena a alguiennanga mana pinitimu;prepárate para que otra pena te llegue;masca apmaman na tiempo,por mucho tiempo que pase,un apase sa dibimu.como deuda que es lo pagarás. Señora nobia un kahulu,Señora novia, levantese,dsa un famaulig magagumu;y póngase el vestidodsa i sapatos gi patasmuy los zapatos en los piesdsa i paineta gi ilumu.y la peineta en la cabeza. Señora nobia un kahuluSeñora novia, levántesedsa un fa gasi i matamu;y lávese la cara.sa dsan matu i nobiumuporque cuando vuelva su maridoti un guinaidsa i tsuramuno le va a agradar su aspecto. [89]

Una de más tempranas grabaciones de música tradicional chamorra y carolina -acaso la primera- se realizó en torno a 1950 en Saipán, a cargo del doctor Joseph Brennan, médico militar que sirvió en las isla durante la guerra de Corea. Esta valiosa grabación, recogida en un disco de vinilo y que probablemente constituye un ejemplar único, ha llegado a nuestros días en perfecto estado de conservación (actualmente se encuentra en el Museum of History and Culture de Saipán) pudiendo escucharse al completo las 18 canciones que la conforman, de las cuales 7 son piezas tradicionales chamorras, muchas de las cuales guardan, al oído español, un lejano eco de familiaridad. Alguna ha sido tomada directamente del español, sirviendo como ejemplo ésta de singular belleza, la canción Hago I (Tú eres), cuya letra y traducción transcribimos a continuación:

Hago I inan I langit,Tu eres la luz del cielo, o pulan klaro yan gatbo.luna clara y hermosa.Ai na silensio na puenge,en la noche silenciosa,un alibia, un alibia I pinitiho.tú alivias tú alivias mi pena. Yangin triste hao gi puegne,Cuando estés triste en la nocheatan hulo ya unlie.mira arriba y la verás.Hago siempre unkonsigoSiempre seguirá,I minagof, I alibia para siempre.y gustosamente para siempre te aliviará.Ai na minegai pution,Hay tantas estrellas,man maag yan ti-tufungontan brillantes e incontables,lao megaina ti liiontan numerosas que sonmas ke sien mit, mas ke sien mit,más que cien mil, más que cien mil,na miyon.un millón. Aparentemente irreconocible, esta misma canción ha sido cantada en nuestro país de forma cotidiana hasta hace poco, y aún es recordada por ciertas personas nacidas en la década de los treinta, con la siguiente letra:

Luz que brillas en el cielo, oh, luna clara y hermosa,y en la noche silenciosa,tu mitigas, tu mitigas mi dolor… Así pues, no sólo la música, sino también la letra resulta ser una traducción directa e intencionada del original. ¿Será ésta una de las «4 ó 5 baladas españolas» que Arago, de la Expedición Freycinet, escuchó en el Colegio San Juan de Letrán?

A nuestro modo de ver este ejemplo es altamente significativo, pues frente a otro tipo de canciones de las que implícitamente se conoce su origen español, como los villancicos (de hecho se cantan en castellano) Hago I es una [90] canción que ha pasado inconscientemente al bagaje cultural propio, fue incorporado en su momento y hoy es perfectamente asumido como tal, como de hecho lo es.

Por otro lado multitud de canciones populares chamorras son la adopción de piezas españolas, particularmente en lo que se refiere a melodías religiosas. Para la Eucaristía se han adaptado canciones como Amante Jesús Mío (Asaina Jesús Kristo en la versión chamorra) Cantemos al Amor de los Amores (Biba Kristo Jesús) así como Con Flores a María, Salve Madre Misericordia, Reina Gloriosa… y un largo etcétera. Incluso la mismísima Marcha de San Ignacio, de origen vasco e himno de los Jesuitas es cantado en las islas, tanto a San José como a San Isidro. Prácticamente el 99% de las canciones religiosas tradicionales cantadas en las Marianas tienen un origen español, por razones más que evidentes: la presencia de religiosos y religiosas españolas a lo largo del siglo XX, destacando en Guam en tomo a 1950 el padre Capuchino Román María de Vera, y en todas las islas las Monjas Mercedarias de Bérriz, hasta hoy día.

Otra vía de adopción de canciones estrictamente españolas fue el de la escuela, aunque también en relación directa con el ámbito religioso teniendo en cuenta que la enseñanza estuvo durante todo el periodo colonial español a cargo de las autoridades eclesiásticas. Canciones infantiles como Tan Gué y O Petlas o Pacifiko son aún cantadas en las escuelas de enseñanza primaria, adaptadas al chamorro a partir de canciones españolas. Incluso en Saipán en los años 20, durante la restrictiva época japonesa, niños y niñas aprendían a sumar con canciones como ésta: Una y una dos, dos y una tres.Cantando, cantandosalen veintitrés (32).

Apuntes sobre la influencia española en la cultura chamorra a finales del siglo XX ~ Carlos Madrid Álvarez-Piñer.Fuente Original: Cervantes Virtual  & Hispanismos.org

Las partituras (excepto la de menor tamaño) contienen canciones religiosas en lengua  española pertenecientes al Cantoral de la provincia Eclesiástica de Agaña que agrupa las islas de  Guam, Marianas y Carolinas. Sus títulos son “Mil Albricias”, “Santa Maria de la Merced”, “Alabado sea” y “Pan de Vida”. Todavía se cantan en algunas parroquias católicas de esta región de la  Micronesia. Se están realizando esfuerzos por parte de algunos párrocos chamorros para preservar estos textos que vinculan a la antigua Micronesia Española con el mundo hispanohablante. Particturas cortesia de Manuel Rodriguez.

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Articulo de Interés: El legado arquitectónico de origen español en Micronesia

Paul Jacoulet en Micronesia

Paul Jacoulet nace en París en 1902, viviendo en Japón durante la mayor parte de su vida. Durante la Segunda Guerra Mundial marchará a Karuizawa (Prefectura de Nagano, isla de Honshu) donde vivirá del campo cultivando hortalizas y criando aves de corral. En el tiempo de la ocupación, a petición del general Douglas MacArthur es reclutado por el comandante Charles McDowell para trabajar en la Universidad Militar de Tokio. MacArthur junto a Greta Garbo, el Papa Pío XII y la reina Isabel II , se convertirá en destacado coleccionista de la obra de Jacoulet. El artista francés es considerado uno de los pocos artistas que dominarán el arte de la impresión en madera, siendo reconocido en Japón.Experto en Kabuki, con dominio en los instrumentos musicales tradicionales nipones; buen calígrafo, versado en varias lenguas, y un reconocido coleccionista de mariposas.El padre de Paul era embajador y apoyó durante toda su vida la labor artística de su hijo, enviándolo durante muchos inviernos a las islas de Micronesia, Indonesia y las Filipinas. Su trabajo artístico se desarrolló también en China, Corea y Mongolia.

El legado arquitectónico de origen español en Micronesia

Voy a esbozar, con la brevedad y quizás esquematismo, que entiendo requiere un artículo como éste, una panorámica del legado arquitectónico –lato sensu– que la presencia española dejó en los archipiélagos de Micronesia, intentando dilucidar si efectivamente -como ocurre con otras manifestaciones culturales, no tangibles- se puede hablar de una influencia española o hispana, y si esa influencia pervive, de alguna forma, en la actualidad (1).

En los archipiélagos de Carolinas, Marianas y Palaos, la presencia española produjo una serie de estructuras físicas de diversa índole. La mayor parte de ellas ha sucumbido ante la feroz agresividad de la acción de la naturaleza, y sobre todo de la acción humana. Las que han perdurado cobran un valor testimonial enorme, ayudándonos a completar el conocimiento de un legado secular y universal, el legado de la Hispanidad. Es en la isla de Guam donde podemos encontrar el mayor número de vestigios de origen español, y de mayor entidad, dada la importancia que tenía esta isla, como escala del galeón de Acapulco, y lo dilatado de su vinculación a España, desde el siglo XVI.

En las Carolinas y Palaos la presencia real española se redujo a los años finales del XIX, por lo que sus huellas revisten otra consideración. La influencia de lo español en Micronesia se prolonga durante el siglo XX, gracias [10] a la actividad de religiosos y religiosas españoles, más allá del 98, que continuaron su labor, dejando signos visibles de la misma (2).

Debido a la modestia de recursos materiales y humanos, las obras de gran envergadura fueron escasas; en la mayor parte de los casos su finalidad era meramente utilitaria, para satisfacer necesidades primarias, y de forma muchas veces provisional. El empleo de materiales perdurables, como la piedra o el ladrillo, se reduce a casos muy concretos, allá donde las necesidades funcionales y los recursos lo permitían.

Este legado, de intrínseca humildad artística, pero de gran relevancia histórica y cultural, ha tenido que sufrir los estragos de la atmósfera tropical, los producidos por tifones y terremotos. Además estas islas y sus mares han sido escenario de las batallas más formidables entre japoneses y americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Por si todo ello fuera poco, el olvido del que ha sido objeto, durante una larga etapa del pasado reciente, ha actuado como un agente destructivo más.

Sería erróneo acercarse al estudio de este legado con una óptica de historiador del arte tradicional, buscando estilos, escuelas, autores, ete. No son los arquitectos o los ingenieros los artífices de estas estructuras, sino militares y religiosos cuya misión principal era colonizar y evangelizar; levantan sus edificios con medios muy escasos, siendo sus conocimientos de las artes edificatorias necesariamente limitados. Se trata por tanto de unas arquitecturas que estarían más cerca de lo que hoy consideramos como arquitectura popular. La excelencia arquitectónica de los edificios dependía sobre todo de las capacidades constructivas del misionero de turno. Es al respecto significativa la figura de Bernabé de Caseda, autor de la iglesia de Inarajan, en Guam, uno de los pocos ejemplos que podrían ser considerados como de «arquitectura culta». Gran actividad constructiva fue también la desarrollada por el hermano Gregorio Oroquieta, en los distintos destinos de su carrera misionera en Oceanía (3). [11]

Sólo en la segunda mitad del siglo XIX -a partir de la creación del Ministerio de Ultramar, en 1863- va a ser sistemática la realización de proyectos arquitectónicos, tal como los entendemos hoy, para la construcción de edificios públicos en la Oceanía Española. Si bien podemos encontrar en los archivos un sinfín de ejemplos referidos a Filipinas, en los casos de Marianas y Carolinas el número de expedientes es muy limitado: el Proyecto de una enfermería militar en la plaza de Agaña; el Proyecto de casa de gobierno para la isla de Panapé (sic) en las Carolinas; el Plano de una caseta para almacén de la luz del puerto de Tomil en Yap (Carolinas) y vivienda del torrero encargado de la misma; el de un Faro en la isla de Yap. Este último viene firmado por el ingeniero Enrique Trompeta, en 1886, lo que no quiere decir que hubiera ingenieros destinados en Carolinas, ya que estos proyectos se realizaban en Filipinas (4).

Al igual que ocurriera en el archipiélago filipino el modelo español llega al Pacífico a través de la Nueva España, y como en otras manifestaciones de la cultura, el ingrediente americano -mexicano- debe tenerse presente para comprender sus manifestaciones. No hay que olvidar tampoco la fuerte vinculación con Filipinas, que cristaliza en Marianas en lo que a arquitectura se refiere, sobre todo en manifestaciones tardías de arquitectura doméstica, lo que se ha venido en denominar arquitectura hispano-filipina, con ejemplos -construidos ya en el siglo XX- que aún podemos encontrar en la isla de Guam, como la Casa Luján o la Casa Shumitzu, en el Agaña Historic District, o las del pueblo de Inarajan, que se identifican también por los nombres sumamente indicativos de sus dueños: Manuel San Nicolás, Jesús Flores, Paulino de la Rosa, José Dueñas Cruz, Mariano León Guerrero, etc.

 ARQUITECTURA RELIGIOSA

Como es sabido, la presencia hispana en Marianas, y hasta este mismo nombre, se hace efectiva y continua desde 1668, gracias a la persistente voluntad evangelizadora del jesuita burgalés Diego Luis de Sanvitores. En Carolinas y Palaos esa presencia, de doce años, tiene también un importante componente religioso.

Es por tanto lógico que entre las construcciones levantadas por los españoles, las de carácter religioso tengan un papel primordial. Erigidas en primera instancia con materiales de inmediata obtención, como maderas y nipa, [12] no muy diferentes de las construcciones autóctonas, muy modestas casi siempre, dada la penuria de medios, acababan tarde o temprano siendo abatidas por incendios y tifones. Al edificarse ya en piedra -mampostería- y con más medios y vocación de perdurar, iglesias como la de San Dionisio en Umatac, o la del Dulce Nombre de María en Agaña, mejoraban su resistencia frente a estos agentes destructores, pero la empeoraban notablemente frente a los terremotos, que acababan asolándolas.

Elemento característico de la arquitectura española en Micronesia era el convento. Tanto aquí como en Filipinas el término convento, no hace referencia a lo que se entiende como tal en España y América, sino a una rural casa parroquial o «casa del cura». Los de Merizo, en Guam, y Song-song, en la isla de Rota (5), son los últimos testimonios, ya casi arruinados, de este tipo edificatorio. Sus paredes de mampostería recubiertas de cal -construidas a cal y canto- son en definitiva similares a la de muchas zonas rurales españolas.

Los templos, construidos o promovidos por españoles, que han llegado a nuestros días, datan del siglo XX. De los tres que quedan en Guam (Yoña, Umatac e Inarajan) fueron artífices los capuchinos; mientras que los del resto de las islas fueron obra de jesuitas. Hay que destacar, como arquitectos de hecho, entre los primeros, a Cristóbal de Canals y a Bernabé de Caseda; y entre los segundos a Gregorio Oroquieta. No hay que olvidar a las comunidades locales respectivas, artífices en definitiva de estas arquitecturas.

Estilísticamente, la torre de Garapán y la Catedral del Monte Carmelo en Chalan Kanoa, ambas en Saipan, así como el templo de San José en Inarajan, Guam, son neogóticos, ya que éste era el estilo religioso por excelencia, según los gustos del eclecticismo todavía reinante en gran parte del mundo, en las primeras décadas del siglo XX. Son sin embargo estos casos algo excepcionales, pues como ya se ha insinuado, en la mayoría de los casos, era difícil perseguir fines que no fueran otros que los de la mera utilidad, por lo no resulta patente el empleo de un lenguaje arquitectónico determinado.

En la actual catedral del Dulce Nombre de María (6), en Guam, levantada por los norteamericanos en los años 50, que en su nombre español conservado [13] revela su vínculo con el mundo hispano, se ha querido rendir homenaje a los misioneros españoles mediante una torre-campanario, elemento de profunda carga simbólica. Donde el campanario no es posible, aparece la espadaña, elemento de clara raigambre hispana, frecuente en iglesias de España, Hispanoamérica y Filipinas, y que podemos encontrar en localizaciones tan remotas como la de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario en la isla de Angaur, en las Palaos, así como en la antigua iglesia de San Francisco de Asís, en la población de Yoña, en Guam.

SÍMBOLOS RELIGIOSOS

El profundo arraigo de la fe cristiana, primero en Marianas y luego en Carolinas, dio lugar a la necesidad de importar imágenes, necesarias para alimentar y expresar esa fe. La aparición de algunas, como la Virgen del Camarín, es cuestión casi milagrosa; probablemente de origen filipino, procedente del naufragio de un galeón, se ha convertido en la advocación mariana por excelencia de Guam: algo así como la Virgen de Guadalupe para los mexicanos. Otras imágenes, al igual que muchos micronesios, salvaron su vida durante la guerra de forma milagrosa, ocultas en cuevas, como la Virgen de los Remedios que se conserva en la iglesia de Tanapag, en Saipan.

De las imágenes conservadas, las más antiguas proceden de Filipinas, y alguna tal vez de México; su aspecto difiere mucho del original. Quizás no fueran muy diferentes de las que, de la misma procedencia, se conservan en museos españoles. Algunas de las imágenes más modernas vieron la luz en los talleres imagineros de la localidad catalana de Olot, en España.

La memoria del beato Diego Luis de Sanvitores, se hace presente en no pocos lugares de la isla de Guam. A pesar de que Magallanes descubriera las Marianas en 1521, de que Legazpi las incorporara a la corona española en 1565, y de que los galeones que anualmente cubrían la ruta Acapulco-Manila hicieran escala en ellas, hasta 1668 no comenzaría su evangelización, gracias al empeño de Sanvitores y al apoyo personal de la regente Mariana de Austria, viuda de Felipe IV y madre de Carlos II. El jesuita burgalés encontraría [14] la muerte en 1672 en Tumon, dos años después que su compañero Luis de Medina la encontrara en Saipan.

Desaparecidos los templos tras tifones, terremotos y guerras, adquieren especial valor testimonial determinados objetos salvados de los desastres, como la campana de la catedral de Guam, recogida de entre sus escombros, de bronces fundidos en el barrio de San Nicolás, en Manila; o como la que se conserva en Colonia, procedente de la misión capuchina de Santa Cristina de Yap, nombre que entonces tenía la capital de este estado micronesio, en honor de la Reina Regente, María Cristina, viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII (7).

ARQUITECTURA FUNERARIA

Es tal vez en las formas expresivas del ritual cristiano de la muerte donde la influencia hispana penetró más profundamente en la sensibilidad de los pueblos micronesios, especialmente en Marianas. Son los blancos cementerios de época española en estas islas -tan similares a los de muchos lugares hispanos- con su barroquismo y sentido monumental, propio de las culturas latinas- un exponente muy claro del legado español. El cementerio de Chalán Kanoa en la isla de Saipan, o el así llamado de los españoles en Umatac, o los de Pago e Inarajan, en la isla de Guam, son buen ejemplo de ello.

CULTURA MATERIAL

Al margen de su actividad evangelizadora stricto sensu y de defender los derechos de los indígenas de los excesos del poder temporal, los jesuitas impulsaron el desarrollo de la agricultura, mediante la introducción de especies, técnicas y utensilios, desconocidos en las islas hasta su llegada. De hecho, la marcha de los jesuitas de Marianas en 1769, tras su expulsión de los territorios de la corona española, decretada por Carlos III, supuso un revés para la agricultura y ganadería de las islas. [15]

Vestigios de esas innovaciones tecnológicas, son los hornos de ladrillo que todavía pueden contemplarse en algunos lugares de Marianas, que se utilizaban para la cocción del fruto del árbol del pan, y de objetos cerámicos. De estos hornos cupuliformes, hechos con ladrillo recubierto de cal, el mejor conservado es el que se encuentra en Jinapsan, en una propiedad privada al norte de la isla de Guam, convertido en atracción turística. En la bahía de Sella, al sur de la isla, existía, hasta no hace muchos años otro magnífico horno, reducido en la actualidad a un montón de escombros cerámicos. Ejemplares más modernos y quizás utilizados hasta no hace mucho pueden encontrarse en Ordot (Guam), y en Tanapag (Saipan). Este tipo de horno existe todavía en muchas zonas rurales españolas. El gran pintor valenciano Joaquín Sorolla realizó para la Hispanic Society de Nueva York unos deliciosos cuadros de pequeño formato, del Palmeral de Elche, en los que pueden apreciarse hornos como los descritos.

Los gobernadores Mariano Tobías (1771-74) y Francisco Ramón de Villalobos (1831-37) tuvieron una especial preocupación por mejorar las condiciones de vida en las islas, impulsando el desarrollo de su economía. Muestra de esa voluntad son los ahora llamados Spanish Dikes, interesante obra de ingeniería cuyo objetivo era convertir el pantano de Agaña en un campo cultivable. Vestigios de estos diques permanecen escondidos entre la vegetación de la zona, hoy todavía pantanosa.

En la construcción, los españoles introdujeron, entre otros, el uso del ladrillo, la teja, el mortero de cal y la fábrica de piedra. Ésta ya había sido utilizada por las culturas micronesias en obras megalíticas (Nan Madol y Leluh Island) o bien para elementos puntuales (latte stones), pero no de manera sistemática en forma de muros, de cal y canto, como lo harían los españoles, en sus fortificaciones, puentes, iglesias, escuelas, incluso edificios domésticos. Las obras en piedra eran normalmente de mampostería, es decir hechas con mampuestos o piedras sin labrar, que se pueden colocar en obra con la mano, sin sujeción a determinado orden de hiladas o tamaños. El término mampostería ha perdurado en el tiempo y se sigue utilizando tal cual -a pesar de lo complicado de su pronunciación para los no hispano hablantes- siendo consustancial con la arquitectura de origen español en Micronesia.

En contra de una creencia que ha llegado a generalizarse la obra de mampostería no quedaba nunca expuesta, sino que se recubría siempre, para su protección, con mortero de cal. En los análisis realizados en algunas estructuras han aparecido inequívocos restos de este material. La restauración realizada a principios de los años noventa en la batería de la Soledad, en Umatac (Guam), por el arquitecto mexicano Jorge Lóyzaga, ha tenido una fuerte contestación social, al recuperar la blanca apariencia original de sus paramentos, perdiendo así la romántica imagen de ruina -piedra vista- [16] que tenía con anterioridad. Con independencia de que fuera estrictamente necesaria una intervención sobre tan emblemático elemento, para evitar su colapso, hay que constatar que desde el punto de vista de la autenticidad histórica la actuación es irreprochable. Otro ejemplo significativo lo encontramos en la Spanish Wall de Ponapé, que ha perdido con los años la blanca apariencia que una vez tuvo. En efecto el viajero inglés Christian, en los años noventa del siglo XIX, se refería a Santiago de la Ascensión, como la pequeña colonia española de blancas murallas (8).

ARQUITECTURA MILITAR

Cómo en América y en Filipinas, ante la amenaza de ataques de otras potencias navales europeas, y en especial de la piratería inglesa, se hizo necesaria la construcción de una serie de fuertes, o mejor baterías, en lugares estratégicos de la isla de Guam. Este tipo de obras tuvo un impulso considerable durante el mandato del gobernador Manuel Muro (1794-1802). Conocemos cómo eran estas baterías gracias a los planos, que de la mayor parte de ellas levantara en 1830 el entonces Capitán de Artillería Francisco Ramón de Villalobos, enviado desde Manila a Guam, para hacer un estudio sobre el estado de las fortificaciones de la isla (9).

Aunque no lleguen a alcanzar las proporciones de sus hermanas hispanoamericanas o filipinas, estas fortificaciones responden a una misma necesidad, la de mantener la integridad de un imperio excesivamente extenso para el poderío naval y los medios económicos de una potencia como España, en progresiva decadencia desde la muerte de Felipe II (1598). De dudosa eficacia en algunos casos y prematuramente obsoletas en otros, estas fortificaciones de las islas micronesias forman parte de una familia tipológica, en la que no pocos miembros han devenido con los siglos en magníficos conjuntos monumentales, de enorme atractivo turístico. Baste citar sólo unos pocos ejemplos, los de San Juan de Puerto Rico, Cartagena de Indias, Veracruz, Portobelo, La Guaira, Valparaíso, Manila…

Los elementos quizás más emblemáticos de este tipo de arquitectura, por su propia autonomía y expresividad formal y por su capacidad simbólica [17] sean «las garitas», cuyas siluetas cupuliformes podemos admirar desde Acapulco hasta Isla Margarita, desde Cádiz a Manila, desde La Habana hasta Guam.

En Ponapé, los restos del fuerte Alfonso XIII, construido en 1887, y de la muralla, en 1890, son testigos de la resistencia que mostraron los ponapeños ante el nuevo orden que les intentaban imponer, igual que hicieron los chamorros dos siglos antes, obligando a los españoles a construir las primeras fortificaciones de Micronesia: primero una estacada de madera, en 1671, y más tarde el fuerte Santa María de Guadalupe (10), en 1683, ya desaparecidos. La muralla de Ponapé, hoy conocida como Spanish Wall fue parcialmente destruida por los alemanes, en señal de buena voluntad, cuando compraron la isla a España; sin embargo casi de inmediato, al estallar la rebelión de Sokehs, la reconstruyeron, siguiendo el trazado original.El llamado Spanish Fort, que los españoles levantaron, de piedra y ladrillo, en Santa Cristina de Yap, hoy Colonia, es la estructura militar española de mayores dimensiones conservada en Micronesia; la puesta en valor de su carácter monumental sería de enorme interés.

ARQUITECTURA CIVIL

Aunque debido al escaso número de colonizadores civiles en Marianas y sobre todo en Palaos y Carolinas, y a la propia magnitud de las islas, la obra civil tuvo un alcance limitado, la civilización introducida por los españoles supuso una nueva manera de entender la relación de la sociedad con el medio físico.

Los gobernadores españoles tuvieron empeño en la construcción de caminos que permitieran establecer relaciones territoriales inexistentes hasta su llegada. En Ponapé, la construcción del camino que bordeando la costa conectaba los diferentes «estados» de la isla, fue objeto de fuerte oposición por parte de los ponapeños, reacios en todo momento a someterse al control de los europeos.

El Camino Real, abierto en Guam durante el siglo XVIII, tenía por objeto unir Agaña -capital de la isla- con el puerto de Umatac, en cuya bahía fondeaba el galeón de Acapulco en su escala anual rumbo a Manila. Para lograr unir ambos puntos, distantes unos treinta kilómetros, fue preciso construir un buen número de puentes, cuatro de los cuales siguen en pie, estando [18] incluso en servicio uno de ellos: el denominado de El Castillo, en Umatac. Tras la independencia de México, en 1815, cesaron los viajes del galeón, y el Camino Real perdió su importancia.

Las Casas Reales eran pequeños edificios gubernamentales, que se levantaban en algunas poblaciones para alojamiento de alcaldes o gobernadorcillos (11), y para dar aposento al Gobernador cuando visitaba el lugar. A veces también se denomina así a su residencia permanente o Casa del Gobernador, conocida así mismo como Palacio, a pesar de la relativa modestia de su construcción, en mampostería. Al igual que ocurría en Filipinas existían casas reales en las poblaciones de mayor importancia. El único testimonio de este tipo de edificios son las ruinas pétreas de la Casa Real de Rota.

No llegó a cuajar en Micronesia el característico patrón hispano de creación de ciudades en cuadrícula, tan enormemente difundido en América, donde el módulo es la manzana cuadrada cerrada, formada por yuxtaposiciones de edificios que mantienen siempre un frente continuo a la calle y un sistema de patios al interior.

Los pueblos de Marianas mantenían el carácter rural del poblado chamorro, con edificaciones aisladas, de techos de nipa, pero alineadas dentro de una incipiente trama urbana de manzanas definidas por caminos, en la que se van injertando casitas de muros encalados con escuetas aberturas y cubiertas de teja, como sacadas de cualquier pueblo blanco de la Península Ibérica. San Ignacio de Agaña representa el único caso de ciudad, la primera creada, y por mucho tiempo la única de Oceanía (12). Era quizás la Agaña destruida en la guerra americano-japonesa el máximo exponente de esa civilización, fruto de la fusión y el mestizaje. Su Plaza de España (13), con su nombre español y los restos de edificaciones que aún podemos contemplar (14), nos transportan a un pasado común que nos ayuda a conocer nuestra identidad actual.

Como ocurre en el Nuevo Mundo la ciudad gravita en torno a un espacio en el que se concentran el poder temporal y el espiritual: el Palacio y la Iglesia. [19] Y este espacio permanece como referencia urbana permanente y símbolo de la identidad de la ciudad(15).

CONCLUSIONES

Siendo la colonización hispana eminentemente civilizadora -podríamos incluso considerar el paralelismo entre hispanización y romanización- resulta lógica la existencia de huellas físicas de la presencia española en Oceanía, aun cuando en un siglo de ausencia muchas de estas huellas hayan sido borradas. El establecimiento de un nuevo modelo social llevaba implícito la creación de unas estructuras físicas y unos tipos edificatorios similares a los de otros lugares en los que había tenido o estaba teniendo lugar el mismo proceso. Las influencias españolas en las arquitecturas de estas islas se manifiestan bien directamente o a través de su paso por América y Filipinas. Dicho de otro modo estas estructuras, con sus peculiaridades y características propias forman parte indudablemente de esa universalidad que constituye lo hispano.

Lo cierto es que el ingrediente español, o si se prefiere hispano, forma parte de la identidad cultural de estos pueblos, de sus señas de identidad. Podemos incluso afirmar que hay una cierta fascinación por lo español, que se hace patente por ejemplo en las actuaciones arquitectónicas en estilo español. Este interés hacia lo español, al menos en Arquitectura, y con independencia de factores sentimentales habría que situarlo en el contexto de las corrientes vernacularistas que surgen como reacción a los excesos universalizadores del Movimiento Moderno. Ese vernacularismo, ligado en muchas ocasiones a un cierto nacionalismo tiene en Marianas al elemento español como factor diferenciador más característico.

Aunque una buena parte de la arquitectura neoespañola que se ha hecho en Guam, ha tomado ese españolismo de forma un tanto superficial -y que dicho sea de paso guarda no demasiada relación con la arquitectura de la Agaña anterior a la SGM- quizás a través de la arquitectura neoespañola de California y otros estados del sur norteamericano, no cabe duda de que esa arquitectura está tratando de dar respuesta a una demanda social. Los ejemplos más representativos son la Government House, residencia oficial del Gobernador de Guam, en Agaña, y las oficinas gubernamentales de Adelup Point. Especial consideración merece el complejo comercial Chamorro Village[20], en el que se han manejado con acierto factores hispanos, sin caer en el tópico, y al servicio de una arquitectura actual.

La tradición constructiva llevada por los españoles y asumida por los pueblos de las islas siguió desarrollándose en las décadas siguientes a su marcha.

Es sobre todo tras la SGM y la efectiva americanización que vino después, cuando -como en otros ámbitos de la cultura- se interrumpe esa tradición de origen hispano. La ruptura se debe no sólo a factores ideológicos, o de implantación de nuevos modelos coloniales, sino también a cambios estructurales a nivel global -la aceleración de la historia- que se producen desde entonces, y que dan lugar en muy diferentes latitudes y circunstancias a rupturas similares, con la introducción sistemática de nuevos materiales y sistemas constructivos.

El interés creciente que toda sociedad actual muestra por el propio patrimonio edificado(16), tras décadas de agresiones y olvido, permite ser moderadamente optimistas en relación con el futuro del legado arquitectónico de origen español en Oceanía, su conservación y puesta en valor.

El legado arquitectónico de origen español en Micronesia
Juan Galván Guijo (Arquitecto)

Fuente Original :  Cervantes Virtual  & Hispanismos.org