Tatuaje en las Islas Cook

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Therese Mangos and John Utanga trazan en este libro la historia y la práctica del tātatau o el arte del tatuaje en las Islas Cook  a través de las antiguas tradiciones orales, informes   de navegantes, exploradores y misioneros  extranjeros  además de  un valioso  material de archivo.  Más que una investigación de un tiempo  ya pasado , Patters of the Past: Tattoo Revival in the Cook Islands (Huia Publishers, Aotearoa Nueva Zelanda, 2011) , representa una mirada que recae sobre  el renacimiento de este arte ancestral  a través de los ojos de los artistas contemporáneos de  este archipiélago polinesio. Acompañado de más de 250  fotografías de Kirsty Griffin e imágenes históricas que reflejan el  diseño y la herencia cultural  de las Cook,  representa  una  bella e intensa exposición  de la primera y más completa obra del tatuaje local y su impacto en una nueva generación a la búsqueda de su identidad cultural. Therese Mangos , nacida en Aotearoa Nueva Zelanda, es originaria de las Cook ,  miembro del  Pacific Arts Committee (Creative NZ) y autora de Fashion Theory: The Journal of Dress, Body and Culture. John Utanga , periodísta de las islas Cook  ha trabajado para la televisión  en el programa  Tagata Pasifika.  Kirsty Griffin ha realizado su labor fotográfica en películas como  Apron Strings (2008) de la samoana Sima Urale , River Queen (2005) de Vincent Ward y  Whale Rider (2002) de Niki Caro.

Danzas y tambores de las Islas Cook

 

Al carecer de lengua escrita la historia y la herencia de los pueblos polinesios fueron transmitidas de generación en generación a través de la tradición oral,  en la forma de cantos y los movimientos tradicionales de la danza. La herencia cultural en las Islas Cook  se conservó y trasmitió por medio de los ta’unga, expertos o maestros especializados en una actividad o arte particular.

La música,  como ocurre   en otros enclaves  polinesios  aparece en  las islas del archipiélago de las Cook  como un factor esencial tanto en la vida secular como en la religiosa. Como otros polinesios aquí,  se suelen  aprender las técnicas de baile desde muy   temprana    edad  y practicando estas  durante toda la vida. Se dice que en las islas de Polinesia prácticamente todo el mundo sabe cantar y bailar;  tocar la guitarra y el ‘ukelele.  Ciertamente, los cantos y danzas  en fiestas improvisadas o  en ceremonias tradicionales guardan una belleza sensual y envolvente.  Are karioi significa literalmente `la casa de la diversión´ y este es  el lugar donde los jóvenes aprenden a bailar las danzas tradicionales,  a cantar y tocar los tambores, para más tarde poner en práctica  las enseñanzas recibidas en las grandes fiestas y celebraciones tradicionales.

Las formas musicales tradicionales de las Islas Cook se encuentran reflejadas en sus danzas: karakia (oración), pe’e (canto), amu (canto melódico), rutu pa’u (percusión),  imene reo metua (canción tradicional), imene kaparima (canción de acción), peu tupuna (leyendas en forma de danza), parapore (proverbios), piri (acertijos), akatutu (coreografía) y las   nuku o escenificaciones históricas. Cada isla de este  archipiélago polinesio  posee sus variaciones propias y únicas. Las danzas pueden ser interpretadas de forma individual,  en la mayoría de ocasiones es llevada a cabo en grupos formados exclusivamente por hombres o mujeres, aunque también en grupos  masculinos, mixtos.

La  Ura  es quizás  en las Islas Cook,  la danza más conocida de todas; en esta las expresiones faciales, las  manos, los movimientos de caderas y de piernas, siguen el ritmo de varios tambores que son tocados de forma individual  o al unísono. El tokere o pate tambores ahuecados de madera, dirigen los movimientos de las manos, de los  pies y de la  cara mientras que los  pau o  tambores con membrana de piel de tiburón,   marcan las pautas de la cadera y las rodillas. Los movimientos de la danza describen la historia. Las Ura pau relatan aspectos de la vida diaria en las islas;  jornadas de pesca, construcción de ‘are o casas tradicionales , preparación de la comida.Antes de la llegada y contacto con los europeos  estas danzas  eran bailadas en aquellas  ceremonias que poseían una significación especial para la aldea y comunidad  o como parte de festivales de relevancia. Los  participantes danzaban al ritmo del ka’ ara   y en ciertas ocasiones cantos de guerra se sumaban a la danza permitiendo incorporar armas a la coreografía.

En la década de 1800 la ura pa’ata fue un baile  muy popular acompañado  de tambores e interpretada por hombres y mujeres sobre enormes plataformas de piedra que hacía las veces de escenario. La vestimenta tradicional de hojas y  otros textiles naturales confeccionados a partir de la corteza de la morera del papel (Broussonetia papyrifera) habían sido ya  sustituidos por la influencia misionera,  por largos vestidos para las mujeres y camisa blanca y pantalón negro para los hombres. Con el paso del tiempo y la flexibilización de las reglas impuestas por la London Missionary Society,  las antiguas danzas de tambor y  la vestimenta tradicional asociada a ellos fue reintroducida en la sociedad polinesia.

La  Kaparima   fue en el pasado acompañada por cantos y  la vivo o la flauta nasal. A   partir de la introducción del ‘ukelele y la guitarra esta forma de danza ha venido  incorporado una variedad de movimientos  que hoy día reflejan situaciones y actividades de la vida diaria.

La Ura tatiaae es una  danza  que posee tres movimientos diferenciados que buscan la broma que provoca el enfado;  la intención de su baile  pretende la diversión de todos los presentes. La coreografía  no está sujeta a la uniformidad y  puede reflejar tanto a un individuo y su aldea o isla de la que es objeto de burla. Esta danza suele bailarse en todo momento tanto con,  cómo sin acompañamiento musical.

La  Ura tamataora  es una danza improvisada que puede ser interpretada tanto de forma individual como  en grupo y la acompañan todo tipo de instrumentos improvisados.  La Ura Tamataku fue muy bailada durante la época de contacto con los navegantes y exploradores europeos. Se hacía  de forma individual y  era acompañada por cantos. transmitiendo un mensaje disciplinario de acción o parte de una historia dramática donde los movimientos imitan a aquellos de  los insectos, peces, animales y fantasmas.

La Ura Kanga , muy similar  a la  ura tamataku, es  fácilmente reconocida por ser un tipo de baile  sin mucho sentido estructural y destinado únicamente a provocar la risa de los que la contemplan y de los que la bailan. Generalmente se baila en encuentros deportivos y sin   acompañamiento musical.

Las  Nuku  combinan  todo tipo de actividades de entretenimiento y están  basadas en periodos o momentos históricos del grupo que la representa. En ellas participan u número importante de personas y pueden extenderse durante muchas horas. La Uri piani es una danza muy popular que se produce de forma esporádica  y en la mayoría de ocasiones  es acompañada por  el ritmo frenético de los tambores. En ella participan un hombre y una mujer que se mueven de forma  sensual y provocativa durante toda la      danza. Un espectáculo soberbio.

La  Ura peu tupuna es una forma tradicional de baile  todavía muy popular en las Islas Cook. La leyendas son expresadas  mediante una combinación de danza, cantos, oratoria y artes escénicas. Muy poca gente en las islas  es capaz de bailar la Ura kopu, pues es una danza  requiere una habilidad extraordinaria en  donde la ondulación continua  de los músculos del estómago es la mayor  de sus caracteristicas.  Las  Ura penu   son  danzas de grupo donde destaca el uso  de algún objeto doméstico, herramienta o arma tradicional. En estas  participan tanto hombres como mujeres. El término  ura penu fue creado por Kauraka Kauraka,  poeta originario del atolón de Manihiki, a partir de la palabra original del atolón de Pukapuka   penupenu , que literalmente significa `objeto´.

La   Ura pia  es una danza que requiere mucha habilidad y dotes de  equilibrio y está  estrechamente relacionada con la isla de A’itutaki.  Es acompañada por el ritmo de los tambores. Aqui  los hombres jóvenes son sus protagonistas,  que situandose sobre un contenedor de latón realizan ejercicios que demuestran sus habilidades y condición física.

La  Ura rore  es también originaria  de  A’itutaki. Es acompañada por tambores y al igual que la  ura pia, los hombres jóvenes demuestran sus habilidades y condiciones físicas bailando subidos a zancos.   El   Ura tairiiri   es un baile que  utiliza abanicos que simbolizando  la paz, son interpretados por las mujeres. Son acompañados por los tambores y  cantos.

La  Ura topi    es una danza que ha  desaparecido casi por completo, aunque existen  un esfuerzo por incorporarla de nuevo a la tradición musical y de baile  de las Islas Cook. Todos los hombres de las aldeas  la bailan  durante celebraciones colectivas, adornados con sombreros cónicos elaborados a partir de la corteza del árbol de la morera del papel (Broussonetia Papyrifera)  u otras fibras vegetales.  La  Ura korare   es bailada por un grupo masculino,  que al ritmo de cantos tradicionales imita los movimientos guerreros del pasado.

La  Haka   es acompañada por el ritmo del tambor ka’ara y  de  cantos. Ocupa un lugar de honor  en la tradición de danzas y cantos de las islas, demostrando el  orgullo e identidad culturaly  el  espíritu guerrero y de superación , tan característico de las sociedades polinesias.. Es   una muestra evidente de las conexiones históricas de las Islas Cook  con los māori de Aotearoa Nueva Zelanda .Dos elementos caracteristicos conforman la haka y le otorgan su especial ferocidad;  la dilatación ocular o pukana que exagera el tamaño del blanco de los ojos y hace casi invisibles las pupilas, y el whetero, sacar todo lo posible la lengua, algo que solo hacen los hombres. En la haka todo el cuerpo debe hablar `kia korero te katoa o te tinana´  (Los términos aquí utilizados son en Te Reo Māori, la lengua de los Tangata Whenua de Aotearoa Nueva Zelanda ).

El fuego aparece muy a menudo en los cantos y leyendas tradicionales,   la Ura e’i o danza del fuego refleja los lazos históricos de las Islas Cook  con otras culturas polinesias como las de Samoa, Tahiti y Tonga. Consiste en hacer girar continuamente  antorchas encendidas por ambos lados y al ritmo sin pausa de los tambores.

La  Ura rama en  tiempos pasados fue bailada en las ceremonias de carácter más solemne y  haciendo uso de  cáscaras de coco a las que se les prendía fuego a modo de antorcha; hoy se utilizan cañas de bambú o medias cáscaras de coco con velas   en su interior. Las llamas marcan el movimiento de la danza y a esta la acompañan los tambores y cánticos.  Las Ura akamori – Ura akapaapaa    son danzas acompañadas por canciones  en donde las expresiones faciales y los movimientos de las manos dominan la escena. Participan un hombre y una mujer, pero a diferencia de la  uri piani, aquí a penas  los cuerpos se juntan . En el pasado esta danza era el medio más común de adoración a los dioses, hoy la ura akamori es bailada en honor a la iglesia.

Los habitantes māori de las Islas Cook se refieran a cualquier orquestación de tambores de madera como rutu te pa’u o`tocar los tambores ´.   El  tokere o to’ere es un gongo de madera resistente de 18 pulgadas y 5 de diámetro. Su  tala es complicada pues consiste en la creación de corte longitudinales los cuales determinarán  el tono- Por norma general aquel tronco recto y sin apenas ramas será el perfecto para construir un  tambor.  El  tokere es tocado con dos bastoncillos  de madera.   El pate, es similar al  tokere.  El kahara o ka’ara dobla en tamaño al pate  y es tallado siguiendo las mismas pautas que los anteriores. El corte triangular distintivo, trabajado por el to’unga  o maestro experto produce tres tonos diferentes.  El  ka’ara está tallado de una forma minuciosa  y decorado con diseños de color negro. Los bastones empleados para hacerlo sonar son de una madera más ligera,  generalmente extraída del pequeño tronco de la hoja de la palmera cocotera. Con ellos el sonido es más suave y meloso.   El  koriro es un  tambor ahuecado de doble corte  utilizado comúnmente  en el atolón Manihiki.  Apenas es utilizado, pero en años recientes existe un  interés por volver a introducir este instrumento de percusión en el mundo musical insular.  Este tambor  posee el mismo tamaño que el tokere y  es bellamente decorado con madreperla, hecho  que supone un valor  personal añadido a su propietario. Se toca con varillas muy similares a las que se emplean en el pate y el tokere.   Los tambores de membrana confeccionados con piel de tiburón se crean a partir del ahuecamiento de troncos que se cubren con la piel de estas criaturas marinas. El tipo de piel empleado definirá dos tipos básicos  de estos membráfonos: el pahu o pa’u y el  pa’u mango.   Los tambores son una parte importante de la vida  en estas islas de Polinesia y definen la identidad cultural de las Cook; el dominio de la percusión es un causa de admiración y los jóvenes se entregan a su práctica con auténtica pasión. En una representación musical típica se tocan a la vez el tokere, el pate, y el ka’ara, combinádolos con el pa’u mango y el pa’u. este último mantiene un ritmo tonal de uno a uno, el cual es interrumpido por el tono más elevado del pa’u mango; el pate es el que lleva el ritmo principal, interrumpido en ocasiones por el sonido del tokere. El ka’ara refuerza toda la percusión en su conjunto. A parte de los tambores existen otros instrumentos que actúan como creadores de ritmo como  son las calabazas, las  conchas marinas,  las cáscaras del fruto del cocotero, el  bambú, los maderos, esterillas y piedras . El cuerpo humano es también utilizado para la producción de sonidos mediante las palmas de la mano golpeando en partes diferentes de la anatomía com pecho, muslos y piernas.

Marae Moana, primeros pasos para crear en Islas Cook, una de las reservas marinas más grandes del planeta

El gobierno de las Islas Cook, en Polinesia, ha anunciado  sus planes  para  la puesta en marcha de  un grupo de trabajo que  empiece  a perfilar  los detalles relativos a la  enorme reserva marítima que  pretende  crear  al sur del archipiélago  desarrollando políticas adecuadas para su desarrollo y gestión, legislación prevista para que entre en vigor el próximo mes de junio de 2015. Durante la cumbre de líderes del Forum de las Islas del Pacífico celebrado en Avarua en 2012 y junto a líderes tradicionales,  las autoridades de las Islas Cook,  anunciaron por vez primera  los planes para su creación. Marae Moana  será una de las reservas marinas  más grandes del planeta, con 1,1 millones de  kilómetros. Kevin Iro, portavoz de esta iniciativa ha señalado que  una de las ideas presentadas es la ampliación  del llamado  ra’ui, método tradicional de conservación marina  y por la  que ya  algunas islas han expresado interés. El ra’ui   podría extenderse hasta los 80 kilómetros en contraposición a los 19 kilómetros actuales sobre el perímetros de  aguas que rodean las islas.

Menos del 1% del territorio de las Islas Cook está comprendido por superficie terrestre (240 kilómetros cuadrados de tierras emergidas).  La Zona Económica Exclusiva de este archipiélago enclavado en el Pacífico Sur alcanza 1,8 millones de kilómetros cuadrados, un área inmensa rica en biodiversidad marina; incluyendo especies singulares de aves marinas, zifios o ballenatos de Cuvier, rayas manta y algunas especies amenazadas  de tiburones.   El país  ya declaró casi dos millones de kilómetros cuadrados  de sus aguas  como santuario de tiburones adoptando este modo, las normas de conservación de  más estrictas hasta la fecha, prohibiendo por completo la pesca, el comercio y el transporte de tiburones a bordo de cualquier buque comercial. Marae Moana contribuirá a promover el desarrollo sostenible de esta región del Pacífico Sur , garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico   promovido por el turismo, la pesca y la minería, y la conservación de la biodiversidad del océano.

Las 15 islas que comprenden el archipiélago están habitadas por unas 15.000 personas y se encuentran divididas en dos grupos, en base a su lejania, formación geológica, flora, fauna, recursos naturales y población. El grupo septentrional es de formación coralina y sus suelos, muy pobres, limitan la agricultura. Algunos atolones, como Puka Puka, se encuentran más cercanos a Samoa que al resto del país. El grupo meridional acoge al núcleo mayor de población y posee  suelos volcánicos muy fértiles con gran diversidad de árboles y plantas. La isla mayor es Rarotonga, donde se enclava la capital Avarua. La composición de Atiu, Mauke, Mitiaro y Mangaia se caracteriza por espectaculares formaciones  de coral fosilizado enclavadas en su centro insular.

Air New Zealand presenta nuevo vídeo de seguridad en vuelo, rodado en las Islas Cook

Las Islas Cook han servido de plató natural para la grabación del nuevo vídeo de seguridad de Air New Zealand, que se presenta bajo el título de Safety in Paradise  (`Seguridad en el Paraíso´), y en el que bellas modelos mostrarán las normas de seguridad en vuelo además de las costumbres y tradiciones de las Kuki Airani …!

Atiu: Cómo se vive en los Mares del Sur

Mi cuerpo huele a tiare maori (Gardenia tahitiensis) y sudor. Camino por la playa junto a la orilla, mientras el agua, en azul y espuma, juega con los dedos de mis pies. Cuando me encamino a despedir el día, llevo conmigo una sensación de felicidad tras las zambullidas en la laguna tibia y cristalina.

A lo lejos truena la mar eterna, esa mar que muere violentamente en el arrecife y rompe el en el silencio perfumado del atardecer. Es Te Moana Pasifika (el Océano Pacífico en el idioma maori de las islas Cook), el que trajo sobre sus olas a los antepasados de los hombres y mujeres que habitan hoy esta isla. Llegaron desde ‘Avaiki Nui, la primera tierra creada por los dioses y la patria espiritual y de origen de los polinesios, a la que regresaran a descansar para siempre después de sostener la a menudo difícil batalla con la vida.

Polinesia baila, baila a todas horas y no se cansa. Es fácil sacar a bailar a estas graciosas vahine (muchachas jóvenes) de largos cabellos negros y brillantes. Sé que ellas esperan que sea yo el que las lleve y me gusta complácelas. Las atraen las melodías dulzonas, pero también las apasiona el tamure y la kaina porinetia que, con sus movimientos frenéticos y provocativos, forman parte indisoluble de su existencia. En el local social de la Cook Island Christian Church, donde estamos reunidos, ninguna banda toca música contemporánea. El ritmo del tokere o tambor tradicional, del ‘ukerere y de la kita o guitarra es más pausado; como las danzas y los cantos que las acompañan. La monotonía de los sonidos y la parsimonia de los pasos y los gestos son extraordinariamente seductoras. Me encuentro atrapado, envuelto, y siento que ya no podré respirar sin ellos.

No ha salido el sol esta mañana de sábado. El cielo muestra un gris plomizo de fin de mundo. Pájaros negros con largas alas planean muy alto sobre los cocoteros. Presagian la proximidad de la temporada de huracanes. Llueve, llueve y llueve sobre la isla y el mar. Es una lluvia fina y persistente, que no me impide visitar a las mamas o ancianas en su taller de confección. Cuando notan mi presencia todo son risas y gritos. Están contentas por verme una vez más. Yo también disfruto compartiendo mi vida con ellas. Les parece gracioso que pase mis horas interesándome por todo lo que hacen o dejan de hacer.

Grandotas, envueltas en vistosos vestidos de colores salpicadas mil flores blancas y pequeñas unas, rojas y grandes otras… Están sentadas en el suelo, trabajan y se divierten. Trabajan al son de la música polinesia, una música como la miel: dulce y espesa, nacida de la selva. La misma en la que bailan los hermosos y coloridos pareu que cuelgan sobre nuestras cabezas. Sus manos son muy gruesas, pero tejen las ‘ara tai u hojas de pandano con una habilidad sorprende. Mientras observo su laboriosa tarea, una de ellas, la más alborotadora, me cuenta que ha estado en Tahiti y Rarotonga visitando a parientes y amigos, pero que, sin duda, donde mejor está es en su amada isla.

Los hombres ya deben estar en sus pequeños huertos, o de pesca en la laguna o en mar abierto. En las tierras bajas que hay en el borde exterior del makatea (antiguo arrecife de coral) que rodea la isla, se cultiva el taro mediante un sistema de irrigación. Las áreas donde crece este tubérculo estaban divididas tradicionalmente en función de las ngati o clanes, que han alejado las parcelas y hacen ineficaz su explotación. En esta zona con pantanos la tierra fértil abunda y alimenta plantaciones de cafeto, naranjos, piña, vainilla y copra, destinadas al consumo local y a la exportación.

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Entre el estrecho arrecife de coral y el suelo volcánico aparece un relieve muy accidentado, con extrañas y complicadas formaciones de coral fosilizado. Los maori la consideran la primera tierra creada por Dios. Y así debe ser, pues para los primeros pobladores de la isla el makatea se evidenció una fuente inagotable de recursos, que satisfacía sus necesidades más inmediatas. De él obtuvieron maderas preciosas como la del toa (Casuarina equisetifolia), la del ano (Guettarde speciosa) o de tamanu (Calophyllum inophylum), destinadas a la construcción de ‘are o casas tradicionales, vaka o canoas de doble casco y canoas de pesca (paiere). También proporcionó materiales para la fabricación de utensilios de uso diario o ceremonial, e incluso alimentos, como el kopeka, un pajarillo silbador que habita en las innumerables cuevas que hay en la región.

Las zonas de pesca, como las terrestres, se distribuyeron entre familias, que las delimitaban mediante accidentes geográficos y naturales. Aún hoy se recuerdan y mantienen sus nombres. La pesca, de una manera u otra, sigue siendo una actividad importante que protagonizan los hombres. Las mujeres y los niños se dedican a la recolección de crustáceos, mariscos y pececillos en la laguna y el arrecife. Los rauakai o pescadores y sus ayudantes, generalmente sus hijos, observan las fases de la luna. Su ángulo les indica la situación de las mareas y con éstas, el momento más adecuado para las capturas. La pesca en Atiu no sólo es un medio de supervivencia, sino también expresión de un arte que exige rituales para su éxito.

Las Kuki Airani (Islas Cook) son tan diminutas que parece un milagro que los europeos llegaran a descubrirlas. Una anciana, Uia, predijo la llegada de los misioneros con cuarenta años de anticipación:” No pasará mucho tiempo hasta que una gran canoa sin balancín llegue hasta la isla. Sus hombres, cubiertos de pies a cabeza, traerán consigo el mensaje de un Dios que habita en las alturas. Gentes de Atiu, manteneos alerta, pues nuestras propias deidades no permanecerán eternamente con nosotros…” Siguiendo la estela dejada por James Cook, quién desembarcó en la playa de Oravaru durante 1777, apareció el enérgico e inevitable John Williams, predicador protestante de la Sociedad Misionera de Londres.

Durante el siglo XIX los pastores ingleses hicieron de este archipiélago un reino misionero. La influencia de la iglesia es hoy, como antaño, abrumadora, y sigue en muchos casos el modelo establecido hace siglo y medio. La huella profunda de aquellos evangelizadores de la Inglaterra puritana se patentiza cada domingo. Las reglas exigen la paralización total de las actividades: nadie pesca en la laguna, cuida su huerto ni atiende su tiendecita de comestibles, nadie juega al fútbol, salta a la comba, baila o toca la guitarra. Nadie cocina, teje esterillas o confecciona tivaevae [3] Nadie hace nada más que asistir al servicio religioso y, más tarde, abandonarse al descanso más completo.

Aquí todo el mundo asiste a la liturgia con sus mejores galas, demostrando que éste no es un día como los demás. Las mujeres visten de blanco inmaculado y realzan su belleza con hermosos sombreros de ala ancha, trenzados con sus propias manos. Ellos, corbata oscura y camisa blanca bajo trajes grises o negros, bien planchados. Sus zapatos están limpios y relucientes, y los niños y jóvenes, como si asistieran a su primera comunión. Elegantes y distinguidos, todos se sumergen en los larguísimos pero poéticos sermones del párroco. Cantan con una armonía y un volumen portentosos, que ponen la piel de gallina. Cantan himene, himnos religiosos versionados la estilo polinesio, sin ningún acompañamiento musical, consagrándose y alabando a Iesukerito (Jesucristo), Nuestro Señor!

Los antiguos polinesios desarrollaron y mantuvieron sociedades complejas y bien organizadas, basadas en complicados mundos espirituales, sofisticados órdenes sociales, refinadas tradiciones artísticas y un lenguaje propio y único. Tras la llegada de los misioneros, los habitantes de Atiu fueron persuadidos a abandonar sus centros originales de población, donde abundaban los suelos fértiles y el agua, para agruparse en la altiplanicie central de la isla, lejos de la costa.

El control y la conversión de los individuos produjeron muchos cambios profundos y permanentes. Sin embargo, nunca dejaron de sentirse íntimamente ligados a la tierra. Nunca podrían vivir sin ella. Ese carácter sagrado y espiritual se mantiene todavía a través del mana o poder sobre natural de los ‘ariki o jefes tradicionales; un mana emanado de la propia tierra, que asegura su supervivencia y anima la esencia del ser maori. Las genealogías conectan el presente con el pasado. Las familias, vinculadas entre sí por lazos comunes de descendencia y entroncadas a su vez con cada uno de los tres ‘ariki actuales, mantienen firmes los derechos de afiliación a la tierra.

La vida de Juergen y Andrea Eimke es ciertamente hermosa: pasaron de las interminables y desproporcionadas tierras africanas a las diminutas y remotas islas polinesias. Un día llegaron a Atiu, este confín perdido e idílico y, como yo, se enamoraron de él. No han podido abandonarlo. Sin embargo, el inicio de una nueva vida no resultó sencillo. Juergen, fuertote y con una barba espesa, trabaja en la industria cafetera, introducida a principios del siglo XIX por comerciantes y misioneros. Andrea se ocupa del Atiu Fibre Arts Studio y se ha propuesto concienciar a las mujeres que trenzan fibras y realizan otras actividades artesanales desde muy niñas, de que estos productos de uso ceremonial, doméstico o de adorno, son también obras de arte que agradan a los extranjeros. Pretende estimular el interés de los más jóvenes por las técnicas ancestrales y revitalizar la maltrecha economía local.

Sus tradiciones, creencias y concepción de la vida obligan a los polinesios a ser hospitalarios con quienes llegan a sus comunidades y aldeas. Les proporcionan todo lo necesario para que se sientan cómodos y felices, pero si deciden instalarse entre ellos su actitud puede cambiar de una manera sorprendente. No es fácil ganarse la confianza de esta gente. Los hombres blancos los han engañado demasiadas veces antes.

Es cierto que muchos desearían acabar sus días en un lugar como Atiu, pero son muchísimos más los que ignoran que quedarse significa aprender la tolerancia, la humildad y la paciencia hacia alguien que ya no tiene por qué mostrarlas. Ésta es su tierra, su hogar, y nosotros, los intrusos. Escarmentados como están, pueden transformar el paraíso en un infierno indeseado. Cuando se dan cuenta de que un forastero trabaja el doble que ellos y se plantea la posibilidad de que los supere, no sólo no le ayudarán, sino que le crearán las máximas dificultades posibles. Nadie desea la repetición de la historia. Por eso las islas no están hechas para el mundo occidental; ni éste para ellas. Un paso así requiere mucho más que una playita de postal, a la que el paso de los días, meses y años puede convertir en imagen angustiosa, claustrofóbica. Para vivir aquí hace falta, sobre todo, amar a este pueblo profundamente.

[1] Aceite producido a partir de la tiare maori en aceite de coco. Se utiliza cotidianamente para la protección de la piel, el cabello y de las uñas contra los efectos del mar y del sol. [2] Colocasia sculenta. Es un tubérculo característico en la dieta de la las islas de Polinesia y otras Islas del Pacífico [3] Colchas elaboradas con la técnica del patchwork, que las esposas de los misioneros enseñaron a confeccionar a las mujeres polinesias. Con la llegada del comercio y de los vestidos occidentales, sustituyó a los tejidos naturales aunque con una función similar a estos.

Texto: Tangata O Te Moana Nui
Fotos: Andrea Eimke &Tangata O Te Moana Nui
© Copyrigth by Tangata Pasifika. Todos Los Derechos Reservados
Publicado: Revista de Viajes Altaïr (Cómo se vive en los Mares del Sur)

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UN SUEÑO PARA ATIU

Una vez acabada la escuela los jóvenes se marchan al extranjero. La población de Atiu se ha reducido de unos 1200 habitantes en el siglo pasado, a 600 en el en el XXI. La del propio país, y en su totalidad, lo ha hecho de 16.000 a 10.000 y continua descendiendo. El futuro parece no mostrarse muy halagador para nuestra comunidad. A pesar de que la isla cuenta con dos hotelitos y una casa de huéspedes, el turismo desciende como consecuencia de los acontecimientos mundiales recientes y ello será la causa por la que todavía sean más los que se vayan en un futuro. Dejaran Atiu y las otras islas para desperdiciar sus vidas, talentos y aptitudes, trabajando en fábricas de producción en serie. Para perder sus sonrisas alegres y su innata amabilidad a causa de las duras condiciones de vida que les ofrecerán los suburbios pobres de las capitales australianas y de Nueva Zelanda.

¿ Por que ?, siempre me hago la misma pregunta. Los casi veinte años que Juergen y yo hemos pasado en esta islita, la cual es todavía para nosotros el lugar ideal para vivir, nos ha permitido analizar estas cuestiones desde un punto de vista más profundo y objetivo; llegando a la conclusión de que para que los jóvenes tengan consciencia del valor de las cosas, ideas y costumbres tan sólo será posible si las pueden comparar con otras y para ello, lógicamente, es necesario conocer las dos caras de la moneda.

Los occidentales ansían el mito de los Mares del Sur: Vivir en un entorno paradisiaco rodeados de gentes amables que no necesitan a penas esforzarse para sobrevivir. Por otro lado las gentes sencillas y curiosas de países remotos suspiran, extendiendo sus manos hacia las brillantes estrellas artificiales de las grandes urbes y del capitalismo occidental. Una gran mayoría no tarda mucho en darse cuenta que para acceder a este mundo de tentaciones, ventajas y comodidades sólo resulta posible a través de la educación y el sacrificio diario. A pesar de ello la inversión de tanto tiempo y energía no se les deja de ser considerados como extranjeros, ciudadanos de tercera clase.

Es la generación venidera, de la que muchos ya han nacido en Australia o Nueva Zelanda, la que adquiere consciencia de su identidad cultural y la que añora unas señas que le permitan recuperar todo aquello que sus progenitores sacrificaron en concesión a la vida moderna en las grandes ciudades. Un número significativo de jóvenes está regresando a las Islas Cook impulsados por este reencuentro con los valores de la tradición; sin embargo algunos se tropiezan con actitudes de rechazo provocadas por la envidia de aquellos que se quedaron. Al mismo tiempo, no conocen la lengua maori y se sienten extranjeros en su propio lugar de origen, tan pequeño y tan remoto, obligándoles a volver a sus países adoptivos y continuar siendo repudiados por las sociedades que allí se mueven.

Unos pocos sin embargo, tienen la fuerza y capacidad suficiente para integrarse gradualmente en las comunidades insulares y por su condición educativa, consiguiendo empleos e influencia en las esferas administrativas o estableciendo negocios prósperos. Esta nueva generación hace uso de los métodos occidentales adquiridos durante su estancia en el extranjero pero a un mismo tiempo, su búsqueda de identidad cultural les fuerza a tener en cuenta los valores, costumbres y sabiduría de sus antepasados. Los más ancianos se siente orgullosos y surge un nuevo respeto de los mayores hacia la juventud. De esta manera se está estableciendo una nueva visión cultural que no se aparta del conocimiento de que su nación, de proporciones tan diminutas y a apartada del resto del mundo, debe esforzarse muchísimo para salir adelante con dignidad y que por tal motivo es necesario abrirse al mundo sin perder su valiosa herencia histórica, humana y cultural.

¿Como se puede ayudar a estos jóvenes que tienen el valor de regresar a las islas o de quedarse en ellas a pesar de todas las seducciones de las metrópolis ? Sin lugar a dudas pienso que la respuesta no es otra que el ecoturismo o turismo responsable. Un ecoturismo bien entendido y comprometido seriamente con la naturaleza, los valores polinesios y el diálogo intercultural. Visitando las islas y alojándose en pequeñas pensiones u hotelitos, comprando en las tiendecitas de los pueblos y en las cooperativas de artesanía de las mujeres o en talleres locales. Aprendiendo de las gentes del lugar en vez de aleccionarlos en cómo deben o no deben hacer las cosas en su propia casa …

Explorando, descubriendo rincones, personas y sumergiéndose en la vida diária … esta concepción del viaje alentaría con más fuerza, aún si cabe, la conservación de la naturaleza, el desarrollo y el mantenimiento de las ciencias y las artes tradicionales y ayudaría a encontrar el balance adecuado entre sus sistema social tradicional y el de nuestro propio mundo occidental; manteniendo un sentido de orgullo y valor propios. De esta forma el beneficio sería mutuo, las Islas Cook se desarrollarían como un país miembro de la era moderna, de una forma suave y constructiva y el visitante regresaría a casa con recuerdos vivos, nuevas ideas, visión del mundo y habiendo conocido y tenido relación con los lugareños y, quizás, regresando en un futuro… por que las Cook, en el otro lado del planeta tienen un encanto muy, muy especial que atrae muchísimo, mi marido y yo lo sabemos perfectamente …

Texto: Andrea Eimke
Transcripción: Tangata O Te Moana Nui
© Copyright by Tangata Pasifika 2008

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