Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (y XI)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea 

Día 11. Tambanum – Angoran – Wewak

Anoche fue una noche especialmente ruidosa donde los chillidos de los zorros voladores, las ratas, ladridos de perros y voces de las conversaciones de los locales hasta altas hora de la madrugada impidieron descansar. Los cantos de los kakaru man ( gallos) tomaron el relevo a eso de las cuatro de la mañana y a las seis y media ya estábamos en pié. Philip, que es el cocinero, ha preparados buñuelos para el desayuno. El momento más desagradable es él de tener que hacer las necesidades matutinas…. Alrededor de la choza todo esta enfangado y las letrinas son indescriptibles por lo que cada uno se las arregla como puede para evitarlas.

Después de diez días de viaje dejar ese lugar supone un alivio. A las siete y media  y una vez todo cargado en la piragua seguimos rio abajo sin detenernos hasta llegar a Angoram que es la cabeza del distrito que lleva su nombre.  Durante la época de presencia alemana Angoram fue un importante centro administrativo y lugar de donde partían las expediciones de reconocimiento del río Sepik.

La navegación no se ha hecho siguiendo el cauce principal del rio si no cogiendo atajos por canales o barat que acortan los meandros y así reducir el tiempo del trayecto que ha durado unas tres horas y media.

En el viaje hemos pasado entre por el poblado de Moin y la isla justo que tiene en frente pero sin detenernos debido a que Moin no presenta ningún atractivo que señalar. En esta parte baja del Sepik la corriente apenas se nota, discurre plácidamente llevando rio abajo pequeñas islas flotantes y numerosas plantas de jacintos de agua. Con las luces de los primeros rayos del sol el panorama es muy hermoso. Por fin llegamos a Angoram donde poco subsiste del asentamiento colonial. El pueblo es grande y su centro se localiza donde en otra época estaba el único campo de golf de la cuenca del Sepik, que hoy no es más que una explanada llena de desperdicios y basura.  Angoram se marchita poco a poco bajo el calor y la humedad y la displicencia de sus habitantes. El Haus Tambarán de esta localidad es grande y concentra mucha artesanía de todo tipo procedente de las diversas partes del Sepik para su venta.

Vamos al Hotel Angoram para reponer fuerzas, ducharnos y cambiarnos de ropa. Unos momentos después ya estamos a bordo de la furgoneta desvencijada de Alois Mateus camino de Wewak. Durante el camino vemos las plantaciones de árboles del caucho y cacao, como relicto de la época colonial alemana. Antes de llegar a Wewak, desde un alto, hay una bonita vista del lugar donde se asienta esta ciudad. En este mismo lugar hay un guesthouse establecido por un ex misionero alemán. En el trayecto también hemos visitado lo que se llama el “Lourdes to the East” una capilla formada por un montón de piedras que deja en su interior una pequeña gruta donde se localiza una imagen de la virgen de Lourdes. El religioso que hizo esta capilla trajo hasta aquí un frasco con agua de Lourdes con la que bendijo.

Tras dos horas y media de traqueteos y baches de esta carretera llegamos a Wewak, dirigiéndonos al hotel donde almorzamos en una mesa con mantel, bebidas frías y atendidos por un camarero, una lujo que no habíamos disfrutado desde hace algún tiempo.

A las cinco y media salió nuestro avión de vuelta a Port Moresby o POM, como se le conoce vulgarmente.

En el aeropuerto nos llama la atención la presencia de un buen número de aviones y helicópteros, cosa inusual para un pequeño aeropuerto como el de Wewak. Intrigados por aquel despliegue, preguntamos y nos informan que se trata de la ayuda humanitaria para las víctimas del terremoto de Aitapé, el mismo que habíamos sentido en el pueblo de Governas dos días atrás.

Mi diario de un viaje por el rio Sepik se cierra en el momento de embarcar en el Foquer 28 de la compañía Air Niugini que nos devuelve al futuro.

*

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (X)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea 

Día 10. Governas y su lago – Black Waters – Mendibit – Tambanum

El día de hoy está destinado a recorrer los alrededores de Governas y su lago, regresando a este poblado horas más tarde. Cuando nos disponemos a iniciar la excursión, no salgo de mi asombro al ver que catorce locales, mujeres, niños, jóvenes y viejos se ha subido a la piragua sin mediar palabra alguna. Preguntando si estas personas quieren aprovechar el viaje para ir a algún lugar en concreto dado que el transporte es un problema en esta zona, se me responde que tan solo quieren ir de paseo con los “blancos”. Ante esté abuso de confianza de los espontáneos pasajeros, me niego y tan solo quedan a bordo cinco jóvenes que por cierto nos serán muy útiles algo más tarde. El panorama durante esta excursión es espectacular. Sin el más mínimo soplo de viento la superficie del agua es como un espejo ligeramente cubierta y con brumas que discurren por las colinas circundantes y dan un aspecto misterioso al paisaje.

Después de unos veinte minutos de recorrido, nos topamos con una isla flotante que tapona el cauce del rio. Con la ayuda de los cinco jóvenes que nos acompañan, a duras penas, podemos pasar por un estrecho canal que los machetes han tallado entre la isla flotante y el margen del rio. La densidad de la vegetación que forma la isla es tal que se puede andar sin dificultad sobre su la superficie. Unos minutos más tarde nos encontramos con una mujer que desde su piragua nos dice que otras islas flotantes impiden el paso en la parte alta del rio. Por lo que, una vez más, decidimos regresar y abandonar la intención de nuestra viaje.

La presencia de islas flotantes, de muy diversos tamaños, en la época seca es algo muy habitual y constituyen obstáculos difícil o imposibles de franquear y que dificultan las travesías en muchas de las vías de navegación que acceden a los lagos. Algo a tener en cuenta cuando se navega en época seca.

En un recodo de un pequeño baret o canal están los restos de una lancha militar japonesa de la segunda guerra mundial. De los resto metálicos del barco solo queda la proa, parte de las cuadernas del fondo y parte de la popa. Debió ser una barca ligera de unos 8 metros de eslora con motor intraborda. Nos comentan que el motor fue desmontado y la hélice desapareció.

Seguimos el viaje de vuelta por el mismo lugar por donde llegamos, aunque con un desvío para adéntranos de nuevo en las agua de Blackwater. El nivel de las aguas del lago están bastante bajo y los pit-pit se extienden ampliamente por todas las márgenes del lago, a perdida de vista. Después de explorar la zona hacemos un corto alto en el poblado de Mendibit que a nuestros ojos no tiene mayor interés, ni siquiera su Haus Tambarán,  por lo que la visita es muy corta.

Es curioso observar el fenómeno que se produce con conjunción de las aguas procedentes de Blackwater, muy tintadas de color té muy oscuro, con las del Sepik que son de color marrón. Ambas discurren unos cientos de metros corriente abajo pero sin mezclarse. El fenómeno recuerda a las imágenes del encuentro de las aguas del Amazonas con las del rio Negro. Al poco de nuestra travesía ganamos el cauce principal del rio Sepik deteniéndose en Tambanum, que hace de frontera entre el medio y el bajo Sepik. Tambanum es el mayor poblado del medio Sepik embutido en un palmeral, está bien organizado y muestra bonitas casas decoradas con boca, ojos y nariz en sus fachadas. Si bien las casa son atractivas desde el exterior por dentro son un desastres a los ojos de los occidentales. Todo el poblado se dedica a la talla de artesanía en madera o carving. Cada poblado a lo largo del Sepik tiene una artesanía propia, que representan los espíritus de la mitología local.

Con esta visita de Tambanum, damos por terminado nuestro viaje, pues mañana  iremos a Angoram para ir a Wewak y tomar el avión de regreso a Port Moresby. Hoy ha sido un día de “relleno” sin mayor interés.

 *

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (IX)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea 

Día 9. Kaminibit – Black water – Kaningara  – Governas  

El día amanece lloviendo y parece que la lluvia ha apagado el fuego que iluminaba la noche pasada. No es cuestión de continuar el viaje en piragua descubierta con lo que está cayendo, así que esperamos a que la lluvia cese en casa de Jerry, un artesano local. Compramos algunas de sus tallas en madera y otros objetos, como collares y bilums, éstos últimos hechas por la mujer de Jerry. También compro un par de hachas de piedra ceremoniales.  Cuando ya casi ha cesado la lluvia decidimos continuar viaje y por suerte el viento producido por el avance de la canoa y el tímido sol nos va secando poco a poco a pesar alta humedad del ambiente.

Antes de iniciar un viaje en piragua hay que deshacerse de los mosquitos que se ha escondido en las partes más sombrías del interior de la piragua, debajo de los asientos y de la carga. Mientras la piragua está en movimiento no hay presencia de mosquitos, pero al acercarnos a las orillas a baja velocidad el asalto de una nube de agresivos mosquitos está asegurado.

Después de unos cuarenta minutos de navegación llegamos al rio Korosamery por el que se accede a la región de los lagos Blackwater (agua negra). El rio Korosamery está en el lado opuesto del poblado de Mindibit.  Entramos en el rio y el monótono paisaje del Sepik que habíamos llevado hasta ahora cambia radicalmente, aquí el rio es más estrecho y la avifauna empieza a aumentar de forma asombrosa. Algo después, los márgenes de este afluente se van convirtiendo en grandes extensiones de pit-pit (carrizo) y sus agua toman un color oscuro, como un té negruzco debido a la fuerte concentración de tanino que contiene sus aguas. Grandes cantidades de lilas de agua con sus vistosas flores azules descienden empujadas por la corriente o se agolpan en las márgenes. Hay multitud de canales que salen a derecha y a izquierda del cauce principal, un laberinto acuático donde perderse no presenta la menor dificultad. Pasamos sin parar por el poblado de Mameri, famoso por sus carving, hasta llegar a Kaningara, poblado situado en una colina con preciosos arboles de gran tamaño. En este poblado hay una misión católica (actualmente si cura). Seguimos viaje hasta Governas, lugar donde pasaremos la noche.

En Governas nos alojamos en casa de Hubert, quien nos guía hasta un curso de agua entre rocas que tiene unas pozas donde nos bañamos. El agua que  desciende directamente de las Murder Montains está fría y el baño se agradece.

La noche es estrellada, negra, mágica, sin rastros de la Luna. Cuando aún no eran las siete de la noche sentimos una gran temblor de tierra, un terremoto que hizo temblar en dos ocasiones las casas y el suelo durante un largo espacio  de tiempo. Más tarde, ya de vuelta en Wewak, sabremos que este terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter barrió del mapa el poblado costero de Aitapé (situado a unos 120 kilómetros en línea recta de donde me encuentro), en la costa norte de Papúa. El maremoto provocado por este temblor causó la muerte de más de dos mil personas, unos quinientos desaparecidos y más de diez mil heridos.

Una vez pasado el susto, la vida continuó como si nada. En esta zona los temblores sísmicos están a la orden del día y la población está habituada.  El tema recurrente de conversación después de cenar son las historias de espíritus. En la cuenca del Sepik todas las actividades de la vida cotidiana están regidas por los espíritus, los hay caprichosos y burlones, los hay buenos y colaboradores y otros malos que son la causa de todas las desgracias, desde que un huerto no prospere hasta una enfermedad.

Anoto en mi cuaderno de viaje la siguiente, la de un espíritu maligno llamado Mawel que se manifiesta en forma de cuscus (un pequeño marsupial arborícola) que lleva una llama en el extremo de su cola produciendo una luz muy potente mientras vuela de un árbol a otro, siempre de noche. Suele aparecer cuando alguien es asesinado y el espíritu del muerto sale del cuerpo. Tres locales del poblado, al igual que nuestro guía, afirman fehacientemente haberlo visto.

 *

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (VIII)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (VIII)

Día 8. Palambai – Kanganaman – Chambri Lake – Aibon – Kaminabit

Después del desayuno compuesto por café con tostadas con miel y margarina,  toca recoger el equipaje y cargarlo en la piragua, como cada día. Algunas personas del poblado se entretienen (pues no tienen nada más que hacer y somos la novedad del día) en ayudarnos a cargar la piragua. La salida está prevista a las siete de la mañana y la primera parada se hace en Kanganaman donde se encuentra el Haus Tambarán más antiguo de la cuenca del Sepik y declarado monumento nacional, si bien el techo ha sido reconstruido con ayuda del Museo Nacional de Port Moresby. La población pertenece al grupo lingüístico Iatmul. El Haus Tambarán que tenemos delante es el cuarto Wolimbit y en cada reconstrucción se aprovechan materiales de las casas sagradas anteriores. Su interior contiene objetos y tallas en madera que se consideran con poderes para ayudar a tomar decisiones que afectan a la comunidad. Como es habitual las mujeres ponen sus puestecitos de artesanía a la llegada de un esperado turista.

Nuestro viaje se dirige ahora hacia los lagos de Chambri Lake, tomando un río por él cual el lago vierte sus aguas al Sepik. Aquí el agua es más oscura debido a su alto contenido en tanino, pero es un buen lugar para practicar la pesca con arpón. La primera parada se hace en poblado de Aibom, conocido por su cerámica y uno de los lugares alfareros más reputados de Papúa. Solamente las mujeres pueden ejercer el oficio de alfareras. Sus jarras con caras humanas, que representan espíritus, sirven para  guardar la harina de sago. Los recibientes o fogones de forma abierta para hacer el fuego y cocinar son también muy característicos de este lugar. Toda la alfarería se hace sin torno y es cocida en contacto directo con el fuego.

Sin pensarlo dos veces un hombre se nos acerca para contarnos el origen de la cerámica de Aibom. los espíritus, hechizos y  maleficios son parte central de la mitología local. En las montañas del sur en la cuenca del Sepik, una mujer llamada Kalimenga le dijo a su marido: “tu no me vas a volver a ver más, voy a desaparecer y en el lugar en él que estaré haré un gran fuego y por él sabrás donde estaré”. Una noche desaparece y desciende en piragua el río Karowari, pasa la noche en el camino y después vaga por las montanas del adyacentes al río Sepik, llegando a poblado de Kambalyo y por último a Aibom donde varó su piragua, recogió madera e hizo un gran fuego. Su marido, al ver la columna de humo que ascendía en el cielo, frustrado en su soledad se suicidó. Entre tanto esta mujer que conocía las artes de la cerámica instruyó a las mujeres del pueblo en el arte de hacer cerámica, pero el jefe del poblado de Aibom que era brujo y al ver que Kalimenga había instalado en sus tierras sin su permiso le hizo un embrujo y convirtió su piragua y sus remos en piedras, que son más que hoy se encuentran en las ladera del poblado de Tangulimb.  Sin piragua Kalimenga no pudo continuar su viaje y se instaló en Aibom enseñando a las mujeres del poblado el arte de la cerámica. Así la facultad de hacer cerámica solo recae en las mujeres que fueron las que aprendieron, mientras que los hombres solo podían ayudar en las labores de recogida de la arcilla. Si una mujer de Aibon se casa con un foráneo y por lo tanto debe abandonar el poblado pierde esta facultad de hacer la cerámica.

Mientras oímos esta historia nos avisan que nuestra piragua cargada con todas las pertenencias se ha desatado y se ha ido corriente abajo. Rápidamente se organiza una búsqueda y al poco rato vemos venir la piragua intacta.

Después de la visita a Aibom seguimos el rio corriente arriba para adentrarnos en el Chambri Lake, pero una isla flotante de espesa vegetación nos impide el paso. Esta isla tiene una longitud de unos  doscientos metros de longitud por unos cien de ancho, a ojo de buen cubero. Al llegar encontramos que otros locales tienen el mismo problema y machete en mano están cortando la isla en trozos más pequeños que empujan para que la corriente los arrastren río abajo. Después de dos horas de cortar la isla en trocitos, la situación es la misma, el paso sigue bloqueado. Nos acercamos a la orilla y desde lo alto de un árbol se aprecia que otra isla flotante de mayores dimensiones que la que nos ocupa dificulta la navegación y ante el riesgo de quedar aprisionados entre las dos islas decidimos regresar por el mismo camino que hemos venido, así que nuestra visita a Chambri Lake queda abortada. Los locales llaman al Chambri Lake como lago Wambri, que acoge a tres poblados Indigai,  Wombun y Kilimbit, situados en los márgenes del lago que son inundables en la época de crecidas.

A las cuatro y media de la tarde ya estamos Kaminabit, poblado situado en la confluencia de los ríos Karawari y Korosomeri, donde se pasa la noche. La principal actividad de las gentes de Kaminabit es la talla en madera. Como hemos llegado muy pronto decidimos ir a pescar con arpón o lanza. Un buen numero de peces que los locales llaman erróneamente barramundi nos sirven de cena.

*

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (VII)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea

Dia 7. Ambunti – Korogo – Palambai

El recorrido en piragua motorizada desde Ambunti a Palambai es de unas tres hora. El panorama que ofrece el rio es menos espectacular que el curso del alto Sepik, entre otras cosas debido a que el rio es mucho más ancho y la planicie por donde discurre el rio está a perdida de vista. El cansancio se hace notar y se manifiesta también en nuestros guías.

La primera parada la hacemos en Korogo. Nuestra llegada y desembarco no llama la atención a los locales, muy diferente a los poblados vistos hasta ahora en donde los habitantes se concentraban para ver el white men, por lo  que interpreto que el cauce del medio Sepik está mucho más frecuentado por turistas que el sector del alto Sepik que hemos recorrido durante los días anteriores. Este último punto me es confirmado por varias fuentes, incluida las guías de viaje. El principal atractivo de Korogo, por no decir el único, es sin duda alguna su impresionante Haus Tambarán de dos pisos que está situado a orilla del rio. Este Tambarán es una de los más bonitos del cauce medio del Sepik, con una fachada que en su parte superior  hay una gran cara y debajo unas pequeñas aperturas en las que se divisa los rostros de otros espíritus. El tejado esta rematado por dos aves talladas en madera que parecen tomar el vuelo. Sus columnas y vigas están ricamente decorados con varios motivos policromados donde no falta el cocodrilo, me llama la atención la representación en las columnas del pez sierra, así como la gran cantidad de telas de arañas que cuelgan de cada rincón del Tambarán. En su interior  hay una gran cantidad de figuras, dispuestas para la venta, lo que me hace pensar más en un supermercado del carving que en una casa los espíritus.

Al poco de iniciar la travesía hacia Palambai, divisamos una gran bandada de gaviotas reidoras y una colonia de cormoranes y un poco más lejos se distingue en el horizonte una columna de humo inmensa que se eleva en el cielo provocada por un descomunal bush fire o fuego de bosque, el mismo que esa misma noche iluminaria el horizonte y el cielo de color rojizo.

En esta zona, antes de llegar a Palambai, la superficie del rio está llena de  una ephémeras de un par de centímetros o algo mas, sin contar los largos apéndices posteriores, que se desplazan a gran velocidad a ras del agua, moviendo vertiginosamente sus alas verdoso amarillentas y describiendo trayectorias erráticas sobre la superficie del rio. Estos insectos que solo viven un día en su fase adulta dedicado al apareamiento y reproducción ofrecen un espectáculo que nunca había visto.

Para llegar a Palambai hay que andar unos veinte minutos desde el lugar de desembarco. En el poblado se observa las marcas que ha dejado en los arboles la última crecida del rio, lo que indica que el cauce del Sepik se ha extendido unos dos  o tres kilómetros tierra adentro. Del primitivo Haus Tambarán tan solo quedan postes tallados que sostenían el conjunto y que fue destruido por los japoneses durante la segunda guerra mundial en represalia por el hecho que la población local habían ayudado a los americanos. El poblado está situado en un gran palmeral y muestra con orgullo sus dos nuevos Haus Tambarán.  El primero de ellos está  menos decorado y su extremo anterior y posterior del techo se eleva como una prolongación hacia el cielo, con tres grandes ventanales en cada uno de sus flancos. Cada Haus Tambarán tiene, al menos, un gran Garamut o tambor hecho con un tronco de grandes dimensiones decorado y vaciado y colocado horizontalmente que se golpea rítmicamente con unos palos por dos o más hombres. Cada Haus Tambarán contiene dos grandes piedras que, según nos dicen, proceden de Chambri Lake. Me pregunto cómo han podido acarrear las piedras hasta aquí. Las mujeres aprovechan nuestra presencia para exponer a la venta unos bilums o sacos de red y cestos hechos por ellas.

Sin mucho que hacer, la tarde se dedica al baño  y paseo por el borde del rio. Los mosquitos obligan a acortar la caminata que a la caída de la tarde podía haber sido agradable. El “fenergan” y el frasco de repelente anti mosquitos están muy solicitados. La cena se compone de sopa, pollo con patatas fritas y plátanos. La noche se pasa en la cabaña sobre pilotes de Jerry, un personaje local que la ofrece por un módico precio. Uno de los grandes problemas de este tipo de viajes son las letrinas, nada recomendados para escrupulosos…que hay que pensárselo más de dos veces antes de acceder a  ellas y solo los utilizamos en caso de extrema necesidad.

*

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (VI)

DIARIO DE UN VIAJE AL RÍO SEPIK  Papúa Nueva Guinea

Dia 6. Maliwai – Wagu – Ambunti

Cuando se pretende observas aves de paraíso en su entorno natural hay que hacerlo al alba, razón por la que alas 5,30 de la mañana ya estábamos saliendo de Maliwai hacia la orilla izquierda del lago acompañados de un guía local. Las aves del paraíso dejan su dormidero antes del repunte del sol, razón por la que el madrugón fue una condición necesaria para observar los pájaros más bellos del universo. La canoa que nos lleva queda parada, literalmente atrapada en un mar de vegetación. La piragua se desplazaba a duras penas sobre el carrizo, dudo que tocara el agua, de la tal densidad de la vegetación sobre la que se deslizaba. Después de considerables esfuerzos llegamos a la orilla del lago para desembarcar y dirigirnos a pié por un pantanal, con las botas encharcadas, y unos minutos más tarde oímos los chillidos y cánticos de esa joyas vivientes. Las aves del paraíso de la especie Paradisea se concentraban en las ramas altas. Su precioso plumaje blanco amarillento de distinguía entre el follaje, mientras saltaban de una rama a otra de manera incesante emitiendo cantos grotescos que no se corresponden con la belleza de su plumaje, al poco tiempo después desaparecieron, quedando el bosque en silencio. Fue una experiencia inolvidable.

De regreso a la piragua, con la sensación que resulta de haber visto en su hábitat natural a la más bella de la aves, no topamos con un limonero salvaje repleto de limones tan grandes como pomelos medianos, cargando la piragua de estos frutos. El guía nos dice que en esa zona no se comen fruta….Digo yo que alguna vitamina les aportará  …. y les mostramos como hacer “limonada” que llamamos irónicamente “agua de limón salvaje del lago Wasui”.

Ya de regreso a Wagu, y después del desayuno, nos disponemos a recorrer el poblado. En este aldea  hubo una misión católica durante 25 años, consiguiendo logros en términos de bienestar social y educación. El último misionero salió de Wagu hace tan solo 10 años y nos dicen, a la vez que lo comprobamos nosotros durante nuestro recorrido, que nada subsiste de los logros de la misión, ni en términos materiales, ni espirituales, ni educativos , tan solo se consiguió la erradicación de la casa de los espíritus como un logro menor de los esfuerzos por erradicar las creencias espiritistas locales. Wagu no tiene Haus Tambarán (casa sagrada de los espíritus). Pienso en el daño que la acción misionera, tanto católica como anglicana  han hecho en la conservación del patrimonio artístico de los pueblos del Pacifico, tratando de destruir toda manifestación artística que no estuviera ligada al cristianismo. Mucha de la iconografía del Pacifico se ha perdido para siempre debido a la acción misionera. Hoy numerosas iglesias recién desembarcadas en Papúa tratan de ganar terreno en este país compitiendo con la católica o protestante.

El poblado está alineado con una “calle” central, en la que destaca la casa de Petrus, un artesano local al que compramos una máscara y unas flechas. Empieza a diluviar y se levanta un fuerte viento que arrastra la isla flotante hacia el desembarcadero. Tenemos que darnos prisa en embarcar pues la isla flotante amenaza con bloquear la salida de nuestra piragua, aprisionándola contra la orilla. El camino de regreso a Ambunti es incomodo pues se hace con lluvia.

Esta noche se pasa en Ambunti, en el Lodge que a pesar de su simplicidad ofrece una cama, una ducha y posibilidad de lavar algo de ropa. Después de la cena hacemos el repaso del itinerario del Sepik medio que nos ocupara en los siguientes días. De nuevo se aprovecha la parada para repostar (260 litros de gasolina) y cargar nuevas provisiones.

*

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (V)

w

DIARIO DE UN VIAJE AL RÍO SEPIK  Papúa Nueva Guinea

Día 5. Mino – Maio – Maliwai – Ambunti – Wagu

Salimos en canoa desde Mino por un canal estrecho que nos conduce hasta Maio en donde visitamos su Haus Tambarán o casa sagrada, que está en construcción. Aquí encontramos a John, un artista que sentado en el suelo terroso está decorando las cortezas de palmera que decoran las paredes y techo interno del Tambarán. John nos explica que es la cuarta casa sagrada que construye, las otras tres ya no existen. También nos muestra los colores que emplea, que son cinco: rojo que obtiene de una pequeñas bayas que machacadas dan un color rojo intenso, el gris y el ocre lo obtiene de tierras y arcillas, mientras que el negro sale de la madera carbonizada, además del blanco que se obtiene de la cal. Las pinturas las produce él mismo a medida que las necesita en unos cuencos que son medias cascaras de coco.

Seguimos viaje hasta Ambunti, donde hacemos un alto de tres horas para reponer provisiones y gasolina; Aprovechamos esta parada para tomar una ducha reparadora, siempre con agua fría, que se agradece.

Volvemos a salir de Ambunti y a corta distancia, navegando en contracorriente, entramos en canal en el margen izquierdo del rio que nos conduce, en una hora de trayecto, hasta el lago Wasui donde se encuentra el poblado de Wagu. Nos cruzamos con otras piraguas que nos saludan diciendo “apu”, que se puede traducir por nuestro “hola”. Otros locales se dedican a pescar con un tridente que llevan en la misma mano con la que sujetan el remo y al tiempo que reman, siempre dispuestos a arponear los peces que asoman el lomo en la superficie del agua. Esta operación de pesca requiere mucha destreza y puntería unida a un sentido agudo del equilibrio para no caer al agua en el momento de arrojar la lanza contra el pez. El canal, con aguas como un espejo, está bordeado de inmensas extensiones de carrizo y cañaveral de algo más de un metro de altura donde abundan anátidas, garzas de varias especies, fochas, y martín pescadores de plumas irisadas, un autentico paraíso para el ornitólogo. Después de una hora de navegación el brazo de río se hace tan estrecho que una piragua de una manga mayor hubiera podido pasar. El canal o barat tiene escasamente un metro de ancho y debe ser transitado regularmente para que la vegetación no lo colmate e impida todo transito. Hay que levantar frecuentemente el motor fueraborda para desenredar las hojas y restos vegetales que se enrollan irremediablemente en la hélice y paran bruscamente el motor. Antes de llegar al lago dejamos a nuestra izquierda el minúsculo poblado de Kasao, compuesto por una media docena de cabañas en la falda de un pequeño montículo. Aquí los mosquitos son particularmente agresivos y el repelente parece no afectarles. Para llegar hasta el poblado de Maliwai tenemos que bordear una isla flotante de grandes dimensiones, quizás unos dos cientos o trescientos metros de longitud por unos cien metros de anchura, en cuya superficie han crecido arboles de gran porte. Las isla, que esta cautiva en el lago, se desplaza de un lugar a otro a merced del viento, si bien los locales tienen la creencia que la razón del desplazamiento lento pero implacable de la isla es un cocodrilo de gran tamaño que habita bajo la isla y que nunca despreciaría comerse a un hombre si se aproxima a sus fauces, razón por la que nunca se bañan en las proximidades de la isla.

El recibimiento en Maliwai fue frío, los jóvenes del poblado de aspecto de “rascals” eran más que sospechoso, por no decir intimidatorio. Se nos indica que tengamos un “low profile” y estemos atento a cualquier intimidación o robo. El ambiente es tenso. Como el guesthouse está ocupado, nos ofrecen quedarnos en la casa de los jóvenes. Los adolescentes nos espían por las rendijas de las paredes de la choza y no paran de cuchichear en voz baja mientras no nos quitan ojo. Para dar más seguridad a nuestro sueño bloqueamos la puerta del habitáculo con una silla. La noche no es confortable pues las almohadas están mojadas  y hay que improvisar otras con la ropa. Una noche ruidosa con chillidos de los zorros voladores, perros ladrando, gente hablando sin parar y sin olvidar las incursiones de los pertinaces mosquitos.

La puesta de sol reflejada en el lago, con las sombras de las canoas y las siluetas de los locales en la orilla del lago,  compensó el frío recibimiento.

                      Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (VI)

*

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.