Nuestro Mar de Islas

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Hay una gran diferencia entre mirar al Pacífico como una serie de “islas en un mar lejano” y verlo como “un mar de islas”. La primera perspectiva enfatiza la idea de superficies terrestres sobre un océano vasto y lejano de los centros de poder mundial. Tal visión subraya la condición pequeña y remota de las islas.

En contraste, la segunda constituye una perspectiva más holística, que permite observar las cosas a partir de la totalidad de sus relaciones. El nombre de Oceanía nos remite a un mar de islas con habitantes propios. El mundo de nuestros ancestros era un enorme mar, pleno de lugares para explorar, para construir nuestras casas, para procrear generaciones de marineros. La gente que creció en este medio hizo del mar su hogar.
Jugaban en el agua en cuanto eran capaces de ponerse de pie, trabajaban en el mar y también luchaban en él.

Desarrollaron los conocimientos para navegar sus aguas y el valor necesario para atravesar los grandes espacios que separaban sus archipiélagos. El suyo era un mundo enorme, dentro del cual se movían y entrecruzaban diferentes sociedades y culturas, libres de las fronteras que posteriormente erigieron las potencias imperiales. Navegaban de una isla a otra para comerciar y casarse, extendiendo de ese modo las redes sociales sustentadas en el flujo de bienes y personas.

‘Epeli Hau’ofa
Our Sea of Islands

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