Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (VII)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea

Dia 7. Ambunti – Korogo – Palambai

El recorrido en piragua motorizada desde Ambunti a Palambai es de unas tres hora. El panorama que ofrece el rio es menos espectacular que el curso del alto Sepik, entre otras cosas debido a que el rio es mucho más ancho y la planicie por donde discurre el rio está a perdida de vista. El cansancio se hace notar y se manifiesta también en nuestros guías.

La primera parada la hacemos en Korogo. Nuestra llegada y desembarco no llama la atención a los locales, muy diferente a los poblados vistos hasta ahora en donde los habitantes se concentraban para ver el white men, por lo  que interpreto que el cauce del medio Sepik está mucho más frecuentado por turistas que el sector del alto Sepik que hemos recorrido durante los días anteriores. Este último punto me es confirmado por varias fuentes, incluida las guías de viaje. El principal atractivo de Korogo, por no decir el único, es sin duda alguna su impresionante Haus Tambarán de dos pisos que está situado a orilla del rio. Este Tambarán es una de los más bonitos del cauce medio del Sepik, con una fachada que en su parte superior  hay una gran cara y debajo unas pequeñas aperturas en las que se divisa los rostros de otros espíritus. El tejado esta rematado por dos aves talladas en madera que parecen tomar el vuelo. Sus columnas y vigas están ricamente decorados con varios motivos policromados donde no falta el cocodrilo, me llama la atención la representación en las columnas del pez sierra, así como la gran cantidad de telas de arañas que cuelgan de cada rincón del Tambarán. En su interior  hay una gran cantidad de figuras, dispuestas para la venta, lo que me hace pensar más en un supermercado del carving que en una casa los espíritus.

Al poco de iniciar la travesía hacia Palambai, divisamos una gran bandada de gaviotas reidoras y una colonia de cormoranes y un poco más lejos se distingue en el horizonte una columna de humo inmensa que se eleva en el cielo provocada por un descomunal bush fire o fuego de bosque, el mismo que esa misma noche iluminaria el horizonte y el cielo de color rojizo.

En esta zona, antes de llegar a Palambai, la superficie del rio está llena de  una ephémeras de un par de centímetros o algo mas, sin contar los largos apéndices posteriores, que se desplazan a gran velocidad a ras del agua, moviendo vertiginosamente sus alas verdoso amarillentas y describiendo trayectorias erráticas sobre la superficie del rio. Estos insectos que solo viven un día en su fase adulta dedicado al apareamiento y reproducción ofrecen un espectáculo que nunca había visto.

Para llegar a Palambai hay que andar unos veinte minutos desde el lugar de desembarco. En el poblado se observa las marcas que ha dejado en los arboles la última crecida del rio, lo que indica que el cauce del Sepik se ha extendido unos dos  o tres kilómetros tierra adentro. Del primitivo Haus Tambarán tan solo quedan postes tallados que sostenían el conjunto y que fue destruido por los japoneses durante la segunda guerra mundial en represalia por el hecho que la población local habían ayudado a los americanos. El poblado está situado en un gran palmeral y muestra con orgullo sus dos nuevos Haus Tambarán.  El primero de ellos está  menos decorado y su extremo anterior y posterior del techo se eleva como una prolongación hacia el cielo, con tres grandes ventanales en cada uno de sus flancos. Cada Haus Tambarán tiene, al menos, un gran Garamut o tambor hecho con un tronco de grandes dimensiones decorado y vaciado y colocado horizontalmente que se golpea rítmicamente con unos palos por dos o más hombres. Cada Haus Tambarán contiene dos grandes piedras que, según nos dicen, proceden de Chambri Lake. Me pregunto cómo han podido acarrear las piedras hasta aquí. Las mujeres aprovechan nuestra presencia para exponer a la venta unos bilums o sacos de red y cestos hechos por ellas.

Sin mucho que hacer, la tarde se dedica al baño  y paseo por el borde del rio. Los mosquitos obligan a acortar la caminata que a la caída de la tarde podía haber sido agradable. El “fenergan” y el frasco de repelente anti mosquitos están muy solicitados. La cena se compone de sopa, pollo con patatas fritas y plátanos. La noche se pasa en la cabaña sobre pilotes de Jerry, un personaje local que la ofrece por un módico precio. Uno de los grandes problemas de este tipo de viajes son las letrinas, nada recomendados para escrupulosos…que hay que pensárselo más de dos veces antes de acceder a  ellas y solo los utilizamos en caso de extrema necesidad.

*

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

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