Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (IX)

Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea 

Día 9. Kaminibit – Black water – Kaningara  – Governas  

El día amanece lloviendo y parece que la lluvia ha apagado el fuego que iluminaba la noche pasada. No es cuestión de continuar el viaje en piragua descubierta con lo que está cayendo, así que esperamos a que la lluvia cese en casa de Jerry, un artesano local. Compramos algunas de sus tallas en madera y otros objetos, como collares y bilums, éstos últimos hechas por la mujer de Jerry. También compro un par de hachas de piedra ceremoniales.  Cuando ya casi ha cesado la lluvia decidimos continuar viaje y por suerte el viento producido por el avance de la canoa y el tímido sol nos va secando poco a poco a pesar alta humedad del ambiente.

Antes de iniciar un viaje en piragua hay que deshacerse de los mosquitos que se ha escondido en las partes más sombrías del interior de la piragua, debajo de los asientos y de la carga. Mientras la piragua está en movimiento no hay presencia de mosquitos, pero al acercarnos a las orillas a baja velocidad el asalto de una nube de agresivos mosquitos está asegurado.

Después de unos cuarenta minutos de navegación llegamos al rio Korosamery por el que se accede a la región de los lagos Blackwater (agua negra). El rio Korosamery está en el lado opuesto del poblado de Mindibit.  Entramos en el rio y el monótono paisaje del Sepik que habíamos llevado hasta ahora cambia radicalmente, aquí el rio es más estrecho y la avifauna empieza a aumentar de forma asombrosa. Algo después, los márgenes de este afluente se van convirtiendo en grandes extensiones de pit-pit (carrizo) y sus agua toman un color oscuro, como un té negruzco debido a la fuerte concentración de tanino que contiene sus aguas. Grandes cantidades de lilas de agua con sus vistosas flores azules descienden empujadas por la corriente o se agolpan en las márgenes. Hay multitud de canales que salen a derecha y a izquierda del cauce principal, un laberinto acuático donde perderse no presenta la menor dificultad. Pasamos sin parar por el poblado de Mameri, famoso por sus carving, hasta llegar a Kaningara, poblado situado en una colina con preciosos arboles de gran tamaño. En este poblado hay una misión católica (actualmente si cura). Seguimos viaje hasta Governas, lugar donde pasaremos la noche.

En Governas nos alojamos en casa de Hubert, quien nos guía hasta un curso de agua entre rocas que tiene unas pozas donde nos bañamos. El agua que  desciende directamente de las Murder Montains está fría y el baño se agradece.

La noche es estrellada, negra, mágica, sin rastros de la Luna. Cuando aún no eran las siete de la noche sentimos una gran temblor de tierra, un terremoto que hizo temblar en dos ocasiones las casas y el suelo durante un largo espacio  de tiempo. Más tarde, ya de vuelta en Wewak, sabremos que este terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter barrió del mapa el poblado costero de Aitapé (situado a unos 120 kilómetros en línea recta de donde me encuentro), en la costa norte de Papúa. El maremoto provocado por este temblor causó la muerte de más de dos mil personas, unos quinientos desaparecidos y más de diez mil heridos.

Una vez pasado el susto, la vida continuó como si nada. En esta zona los temblores sísmicos están a la orden del día y la población está habituada.  El tema recurrente de conversación después de cenar son las historias de espíritus. En la cuenca del Sepik todas las actividades de la vida cotidiana están regidas por los espíritus, los hay caprichosos y burlones, los hay buenos y colaboradores y otros malos que son la causa de todas las desgracias, desde que un huerto no prospere hasta una enfermedad.

Anoto en mi cuaderno de viaje la siguiente, la de un espíritu maligno llamado Mawel que se manifiesta en forma de cuscus (un pequeño marsupial arborícola) que lleva una llama en el extremo de su cola produciendo una luz muy potente mientras vuela de un árbol a otro, siempre de noche. Suele aparecer cuando alguien es asesinado y el espíritu del muerto sale del cuerpo. Tres locales del poblado, al igual que nuestro guía, afirman fehacientemente haberlo visto.

 *

Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

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