Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (IV)

DIARIO DE UN VIAJE AL RÍO SEPIK  Papúa Nueva Guinea

Día 4. Bitara  – Maio  –  Mino

Los gallos, o Kakaru men, (literalmente : gallina hombre o macho) nos despiertan antes de llegar el alba. Aprovechamos el fresco de la mañana para subir a lo alto del poblado de Bitara desde donde se aprecia la selva circundante y a lo lejos, dirigiendo la mirada hacia el norte, las montañas de Torrecelli.

Descendemos el curso del rio April para desembocar de nuevo en el gran Sepik. En este transcurso se produce lo que denominé “la pesca milagrosa” pues los peces asustados por la presencia de la canoa saltaba fuera del agua y cinco de ellos cayeron dentro de la borda. La cena estaba asegurada. Otros peces fueron capturados con arco y flecha por nuestros papúes. El pescado y el sago constituyen el alimento de base de las poblaciones del Sepik, si bien actualmente otros alimentos en conserva, latas de pescado de dudosa calidad y corn beef barato made in Australia, se añaden a la dieta tradicional.

Llegamos al poblado de Maio donde desembarcamos y seguidamente nos dirigimos a pié hasta el poblado de Mino, un bonito paseo de menos de una hora entre huertos de casava y yam hasta llega a un meandro abandonado por el rio donde se sitúa el poblado de Mino. En el trayecto un artesano local me presenta su producción de carvings o tallas en madera, de la que destaco una proa de canoa en forma de cabeza de cocodrilo. Cuando una canoa pierde su condición de poder navegar, la proa se corta para vendérsela a algún turista que caiga por aquí. La gran mayoría de las canoas tienen sus proas talladas con una cabeza de cocodrilo, unas tallas son mejor que otras y que hace honor a la veneración y respeto que tiene el puk puk (cocodrilo) en las culturas y tradiciones locales, lo cual no es óbice para que las poblaciones locales que lo veneran también  se los coman.

Philips y Aiven pertenecen al clan Gala y son oriundos del poblado de Mino, al que otorgamos el titulo de paraíso del mosquito, pues en todo el viaje no encontramos un lugar con tantos y tan agresivos mosquitos como aquí que se cebaron, sobre todo, en los tobillos. Somos invitados a la casa de Philips, donde nos presenta a su mujer y a sus ocho hijos. También está presente Abraham el padre de Aiven, un anciano muy activo y lucido, que nos deleita con historias y recitos de la mitología de esta parte del alto Sepik mientras no para de masticar beetle nut o nuez de areca.

En la mitología local el cocodrilo ocupa una plaza preponderante pues nada más ni nada menos, representa al ancestro. Abraham nos habla sobre la creación de la cuenca del rio Sepik la explican de la siguiente manera: Al inicio toda la cuenca del Sepik era una gran extensión de agua habitada por un gran cocodrilo y sus excrementos fueron, poco a poco, creando las tierras de la cuenca y así se creó la Tierra. El cocodrilo concibió y dio a luz a un hombre que el cocodrilo llevaba siempre consigo, ya sea a en su lomo o en sus fauces. El hombre deseoso de obtener su libertad, mató al cocodrilo golpeándolo con una piedra en la cabeza. El hombre, dándose cuenta de su fechoría, comenzó a llorar torrentes de lagrimas que dieron nacimiento al río Sepik.

Después pasa a contarnos el origen de la Luna que según la creencia local es la siguiente: Los miembros de una familia del poblado situado en la cuenca del río Sepik tenían un secreto para obtener todo los alimentos que deseaban.  Salían por la noche y volvían con un cerdo, o bien con ñames u otros alimentos. Los otros habitantes del poblado espiaron a su convecinos y observaron que utilizaban una potente luz que les permitía ver de noche y dejar paralizados y deslumbrados a los animales, a los que se podía capturar fácilmente. Los vecinos quisieron apoderarse de esa potente luz y entraron clandestinamente en la casa de los primeros, tratando de robarles el secreto. En un lugar descubrieron tres recipientes bien tapados, uno contenía vegetales, otro contenía cerdo y el tercero la potente luz. Al descubrir el recipiente que contenía la potente luz, esta era tan luminosa que les molestaba y no podían mirarla, por lo que decidieron ponerla en el techo de la choza pero aun irradiaba mucha luz por lo que la colocaron en el tejado y posteriormente en lo alto de un árbol, pero aún así seguía siendo muy potente por lo que optaron por lanzarla con todas sus fuerza hacia el cielo para que se alejase y tan fuerte la lanzaron que desde entonces está en el cielo, esa luz es la Luna. Empieza a llover a mares, nadie se inmuta, excepto nosotros.

                         Diario de un viaje al río Sepik, Papúa Nueva Guinea (V)

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Juan Carlos Rey,  autor de este articulo,  fue embajador de la Unión Europea en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón,   residió  en  Melanesia por más de cuatro años, hecho que le permitió  viajar extensamente por las Islas del Pacífico, de forma particular por la Melanesia. Es autor de `Arte y Cultura de Melanesia, objetos de una colección´  , libro, en  edición trilingüe (español, francés e inglés),  que  presenta una muestra de 87 fotografías inéditas con la descripción y la catalogación de otros tantos objetos pertenecientes a la colección del autor y procedentes de Vanuatu, Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.

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