Minería Submarina en las Islas del Pacífico, la codicia de las grandes potencias y compañías

El Proyecto Experimental de Minería Submarina en las Islas del Pacífico está liderado por la Secretaria de la Comunidad del Pacífico y la Unión Europea. Iniciado en 2011 y habiendo  recibido financiación de  la UE por un valor de 4.4 millones de euros, se presenta con la  supuesta intención de garantizar el buen gobierno en  los países de Oceanía y aportar  los conocimientos necesarios  para  la adecuada  gestión  experimental de sus recursos minerales en las profundidades marinas. Las  grandes potencias industriales,  que incluyen   grupos  que cuentan con el  apoyo gubernamental en China, Japón y Corea del Sur,  codician  los  sulfuros enclavados en las profundidades del Atlántico, Indico  y Océano Pacífico. Compañías privadas  han hecho cientos de evaluaciones y reclamado derechos de explotación  en  áreas  volcánicas situadas en aguas que rodean  a las islas  Fiji, Tonga, Vanuatu,  Aotearoa Nueva Zelanda,  Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea.

Nautilus Minerals  de Canadá   podría  convertirse  en la primera empresa minera a explotar  un depósito de sulfuros masivos -ricos en metales preciosos-  en aguas  de Papúa Nueva Guinea y  a 1.600 metros de profundidad. Según estudios llevados a cabo por la compañía,  esperan  obtener más de 120.000 toneladas de cobre y 8.000 kilos de oro de la explotación de las fuentes hidrotermales del yacimiento de Solwara 1, enclavado en  el Mar de Bismarck. Las Islas del Pacífico controlan los derechos minerales en sus aguas territoriales lo que les permite  pueden negociar acuerdos mineros  de una forma más fácil  que la  Autoridad Internacional de los Fondos Marinos,   que tiende a actuar por consenso internacional.

Aotearoa Nueva Zelanda, a través de su agencia para la protección del medio ambiente,  rechazó el pasado mes de febrero  dar su consentimiento para la explotación de nódulos de fósforo en la elevación submarina conocida como Chatham Rise, localizada al este del país y  constituye una de las zonas más productivas e importantes para la pesca comercial de  las islas. Justifican su decisión argumentando que la `minería causaría significativos y permanentes efectos adversos en la existencia de la comunidad bentónica´ y que `el valor económico evaluado para este proyecto es moderado´.  La minería en el fondo del mar  es una de las actividades más agresivas que se desarrollan en el océano, ya que destroza el lecho marino y destruye hábitats que pueden ser esenciales para las  especies más  vulnerables. Los efectos pueden ser irreversibles. Existe además el peligro de que los metales diseminados durante el proceso penetren en el tejido de la fauna marina.

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