La representación de Tahiti en la literatura Occidental (IV)

El presente texto despliega una breve historia de la representación de Tahití en la literatura occidental y las diversas consecuencias históricas, políticas y culturales, que se inició con el contacto de la Polynesia posterior al “descubrimiento” de América. Un repaso por la mirada de los navegantes europeos que desde el siglo el siglo XVI rondarían el Pacífico. Desde la  del capitán Cook, que sería considerado pionero de la etnología, al relato de Bougainville que influenciaría decisivamente en los intelectuales, que reivindicarían y repensarían una condición humana, que a su vez, terminaría en la revolución francesa y las revueltas religiosas en España. También las personalidades de diferentes campos que décadas tras décadas irían arribando al “Paraíso”, escritores como Melville, científicos como Darwin y artistas como Gauguin.

Matías Amengual es argentino, cursó estudios de Filosofía y es un apasionado por la literatura, el Pacífico y el Caribe. Este texto es parte de una serie de artículos del libro inédito “Orquideario”, que pretende conjugar lugares e ideas. No los lugares indómitos del etnólogo, sino el espacio producido, el lugar producto de la configuración de la civilización de consumo: el objeto turístico. Para  poner en relieve los mecanismos e ideas que están en la base de su desarrollo. De esa manera, preguntarnos qué es la resistencia política hoy y sus posibilidades, ante una lógica, tanto de derecha como de izquierda, que amenaza toda la diversidad humana y biológica, homologando y normalizando todo a su paso.  Sobre el Pacífico también versan los artículos “Tahití y diversidad sexual”, “Rapa Nui: el principio racionalizador” y “Pacífico: Fiji, Hawaii y Aotearoa”. El autor también ha publicado un volumen de elegías titulado “Último trabajo de Heracles” bajo el sello argentino Alción Editora, y en Perú por Lustra Editores.

Tahiti Nui

Al parecer el capitán Cook, que había estado en Tahití dos breves periodos un poco entre de la segunda llegada de los españoles, había tenido unas diferencias con el ari’i y protagonizado un grave incidente en el que hubo varios disparos. Los malos entendidos y problemas con los nativos del pacífico, eran frecuentes para Cook. En sus anotaciones siempre hay menciones negativas o relatos donde su falta de tolerancia o comprensión terminan en agitados episodios.[1] Ese carácter determinaría, en gran parte, su increíble muerte en Hawai’i en 1779, cuando al padecer el robo de un bote decide tomar de rehén al rey local, provocando un altercado en la playa con una multitud de nativos que terminaría dándole una violenta muerte para luego devorárselo.

Los tahitianos informaron sobre los ingleses a los españoles que concluyeron que Cook había estado sólo por motivos científicos[2] «conocimos que hizieron algunas observaciones astronómicas», y que durante la estadía habían ocurrido abusos «estando en este trabajo los Yngleses hazian algun daño a estos naturales, y el mayor era quitarles sus mujeres, y cooperar con ellas por fuerza.»

Durante el tiempo que la presencia española se mantuvo en la isla, se impuso un régimen sexual severo «privando del todo la amistad con las mujeres, so pena de cañón.» Además, un estricto régimen sobre los intercambios comerciales, en palabras de Pantoja quien “tratase de cosas deshonestas con dichos naturales, los maltratase, quitase alguna cosa, y le cambiase, no devolviendole lo suficiente en cambio, seria castigado con aquel rigor que según el delito mereciese.” Pantoja también menciona el castigo sufrido por un marinero “por haverlo acusado los yndios que cooperó con una mujer” y que “Esto se supo porque le dio a la Yndia un pañuelo y luego que acabó se lo quitó” causando que la nativa recurriera a los jefes locales y éstos al Capitán español .[3] El suceso causaría una sorpresiva reacción entre los reyes de la isla «Esto los vieron los Eris y les causó una novedad muy grande, dando a entender lo muy contrario que obraron los Yngleses», por lo que, según Pantoja, debieron explicarles las diferencias religiosas entre los católicos y los protestantes. Entonces precisa que el régimen sexual impuesto sería también adoptado por los nativos, colaborando en una eventual persecución « impuestos los Eris y Yndios de este paso asi que en tierra veían hablar a un hombre de los nuestros con una Yndia, decían venían a dar parte a la Fragata».

Pantoja también anota que a pesar de lo licenciosas que podían ser las jóvenes, los tahitianos practican la monogamia. Describe una sociedad muy afectuosa, mansos, que se saludan tomándose de los hombros, que sufren mucho la ausencia y que a la persona que estiman la llaman taio mai tai.[4] Observa que los reyes administran las tierras, y que se le deben tributos que son pagados con comida y ropa para él y su familia; que en la jerarquía del sistema político le siguen los jefes o toofa; que las vestimentas entre reyes y los súbditos son similares. Comercian entre islas, que son muy buenos navegantes y que construyen embarcaciones muy sólidas que pueden albergar muchas personas. Estima que tienen facilidad para los vicios, realizar robos hasta el punto que duermen con sus cerdos por miedo a perderlos y que los reyes pueden comer los ojos de sus enemigos. Adoran un dios mayor Atua, que el recinto religioso es el marae y su sacerdote el tahu’a; que creen en los sueños, en el alma. Una suerte de demonio o alma de los muertos los atormenta, el tupapa’u, que inspiró una de las mejores obras del ciclo polinesio de Gauguin, Manao tupapao, logrando captar una fuerza movilizadora y primitiva proveniente de un mundo mítico ya perdido para el occidental, y que fue exactamente lo que Gauguin fue a buscar en la Polinesia para revitalizar el arte.

Pantoja registra también la diversidad sexual de los tahitianos al mencionar ciertas prácticas observadas en el propio rey Vehiatua.[5]El historiador Francisco Mellén Blanco siguiera que ésta mención es la primera de los europeos sobre la diversa vida sexual de los polinesios, y agrega «Años mas tarde, se repite la historia en Pomare II. La sociedad misionera de Londres recoge en los papeles de sus archivos la vida licenciosa y homosexual del ari’i». Cook y su tripulación, son igualmente testigos de esa diversidad en las islas hawaiianas de Maui y Kaua’i, y sobre todo de las abiertas prácticas del gran rey Kamehameha. Las crónicas de la tripulación de Cook destacan la normalidad con la que los nativos cometen sus actos antinaturales, completamente ignorantes de tal condición; y por su parte Cook sentencia: «Hay una escala en lo disoluto en la que estas personas han ascendido, y que ninguna imaginación podría posiblemente concebir.” Posteriormente los misioneros protestantes y católicos, iniciarán una encarnizada persecución de las tradicionales prácticas y formas de vínculos tanto en Tahití como en Hawai’i para intentar erradicarlas por completo.

El día 7 de Enero de 1775, dos días después de la firma del tratado de cooperación, y luego de haber dejado instalado el personal dispuesto para colonizar, el resto de los españoles prosigue en exploración hacia el oeste por las islas cercanas a Tahití, por el archipiélago islas de la Sociedad.

El 8 de Enero por la mañana, los españoles avistan el atolón de Tetiaroa, con certeza, entre las principales islas más increíbles del planeta. Isla de extrema y sorprendente belleza, santuario de aves y antiguo centro religioso, que perteneció desde tiempos inmemorables a la familia real de Tahití, y que fue cede de voluptuosidad y placeres para la joven nobleza. En 1907 uno de los miembros del linaje real Pomare regaló la isla de sus antepasados. En 1965 fue comprada por Marlon Brando que había quedado deslumbrado por su playa tras grabar unas escenas en Tetiaroa para su película sobre el motín del Bounty. En la actualidad sus descendientes han construido un exclusivo resort que postulan como el primer hotel completamente ecológico, con el curioso lema responsible luxury.

Luego, la expedición española llega a Moorea, muy montuosa y arbolada según Pantoja, y dramáticamente bella como alguna vez la calificaron. Hoy es la segunda isla más visitada y tiene la gracia de ser una especie de resumen de algunas de las otras islas del archipiélago de la sociedad –y con algo de Las Marquesas–, por sus playas de arena negra y blanca, arrecifes, lagoons prístinos y montañas encumbradas.

El 9 de Enero se aproximan a la isla de  Huahine, la salvaje, como reza su mote turístico publicitario. Hoy Huahine es el centro cultural del país y del movimiento independentista tahitiano; por todas partes se puede ver la bandera con cinco estrellas que simboliza los cinco archipiélagos.  Y Junto con la isla Raiatea son las principales sedes del movimiento cultural Ma’hoi que busca recobrar y reivindicar las tradiciones tahitianas, como promover sus estudios.  La isla de Huahine es de geografía intrincada y también montuosa pero con varias  llanuras fértiles. Sus Maraes en ruina han sido restaurados, recobrando para la isla una presencia especial y un espíritu que no tienen todas las islas.

Las cimas de Huahine como las del resto de islas, causan vistas verdaderamente maravillosas; y como ninguna otra isla, sus caminos en altura se encuentran habitados por orquídeas salvajes del cosmopolita género spathoglotis, cuyos pétalos asemejan a lujuriosas lenguas.

Después de Huahine los españoles se topan con la vecina Raiatea y Taha’a. Taha’a es reconocida por producir la mejor vainilla del mundo, motivo porque el cual la denominan isla vainilla. La orquídea de la vainilla fue introducida por los franceses que la importaron desde Filipinas, el Caribe y Mesoamérica, produciendo la variedad tahitensis, que gracias a las excelentes condiciones de la isla resultó la más valiosa, y conjuntamente con la explotación de la perla negra y el turismo, representan las mayores industrias del país.

El 11 de Enero llegan a Bora Bora, el paraíso ansiado. Isla dominada en su centro por el monte Otemanu, rodeado de una inmensa laguna celeste a su vez delimitada por islotes llamados motus, de suaves playas blancas repletas de palmeras. Como círculos dentro de círculos que se van ciñendo, mar, barrera de coral y playa, laguna y en el centro el monte con su abundante verde.  Bora Bora es uno de los mayores símbolos de la representación de lo exótico en la industria del turismo, y al igual que en el tiempo de los navegantes, sigue siendo un lugar de excepción para el amor. En tiempos de la segunda guerra mundial esta maravilla natural fue profanada por el ejercito de la emergente potencia Estados Unidos, que la convirtió en su bastión clave y depósito en el Pacífico Sur; y como remanente de esa ocupación quedaron los caminos que abrieron y la pista de aterrizaje, que sirvieron de base para la posterior explotación turística que la consagró como el paraíso terrenal por excelencia.

Finalmente la expedición retornaría a Perú y al cabo de un año todos los planes españoles terminarían por fracasar. Entre otros motivos, por la resistencia de los nativos a ser evangelizados y la traición de los que fueron educados en Lima y que debían mediar; sumado a numerosas situaciones confusas propiciadas por las diferencias culturales y por varios robos contra la delegación española. Serie de contratiempos que alentaron la inconmovible negativa de los franciscanos a permanecer en la isla. Pero también debido a las reformas que el rey Carlos III comenzaba a emprender enfrentándose con los jesuitas, causando revueltas religiosas.[6] Con la partida de la presencia española en Tahití hacia 1775, se inauguran tiempos de disputa por la influencia entre ingleses y franceses, entre católicos y protestantes –incluso de ambos bandos–, hasta que por fin logran convertir a los tahitianos al cristianismo en 1815.

Tahití y sus islas fueron la representación más cabal del Paraíso para algunos navegantes, paraíso en tanto lugar de placer y de licencia. Y esa misma tensión sexual, en buena parte también alentó en la intelectualidad europea procesos de redefiniciones de la naturaleza humana como su contrapunto, como en Diderot, con las consecuencias de cuestionar los fundamentos de algunas formas legales y sociales; también los fundamentos del poder mismo que se derivaría del Iluminismo.

Si el contacto con América y Oceanía propició procesos en la máquina genealógica en la esfera del pensamiento, en el exotismo en las artes, Tahití fue finalmente equivalida con la representación que ya se tenía de Oriente: lugar ambiguo y de licencia sexual.

 Notas

[1] Cook relata lo sucedido con un ari’i al que descubre robando «Su conducta me había exasperado a tal punto,  que cuando lo tuve a una cierta distancia, le disparé dos tiros de fúsil por encima de su cabeza.»

[2] En efecto, Cook sólo había desembarcado en Tahití con el propósito de medir el paso de Venus.

[3] «se quexó a los Yndios y ellos al dicho Capitán”. Pantoja admite que de igual manera hay prostitución en su país: “estas son como algunas de nuestro reino, que a escondidas de sus maridos suelen hazer sus cambios».

[4] Amigo muy amado.

[5] «En quanto a la lujuria y lascivia, pues tienen el de mamar la natura de los hombres, como se vió abordo con uno de los principales llamado Vejiatua».

[6] Despotismo ilustrado de Carlos III.

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