La representación de Tahiti en la literatura Occidental (II)

El presente texto despliega una breve historia de la representación de Tahití en la literatura occidental y las diversas consecuencias históricas, políticas y culturales, que se inició con el contacto de la Polynesia posterior al “descubrimiento” de América. Un repaso por la mirada de los navegantes europeos que desde el siglo el siglo XVI rondarían el Pacífico. Desde la  del capitán Cook, que sería considerado pionero de la etnología, al relato de Bougainville que influenciaría decisivamente en los intelectuales, que reivindicarían y repensarían una condición humana, que a su vez, terminaría en la revolución francesa y las revueltas religiosas en España. También las personalidades de diferentes campos que décadas tras décadas irían arribando al “Paraíso”, escritores como Melville, científicos como Darwin y artistas como Gauguin.

Matías Amengual es argentino, cursó estudios de Filosofía y es un apasionado por la literatura, el Pacífico y el Caribe. Este texto es parte de una serie de artículos del libro inédito “Orquideario”, que pretende conjugar lugares e ideas. No los lugares indómitos del etnólogo, sino el espacio producido, el lugar producto de la configuración de la civilización de consumo: el objeto turístico. Para  poner en relieve los mecanismos e ideas que están en la base de su desarrollo. De esa manera, preguntarnos qué es la resistencia política hoy y sus posibilidades, ante una lógica, tanto de derecha como de izquierda, que amenaza toda la diversidad humana y biológica, homologando y normalizando todo a su paso.  Sobre el Pacífico también versan los artículos “Tahití y diversidad sexual”, “Rapa Nui: el principio racionalizador” y “Pacífico: Fiji, Hawaii y Aotearoa”. El autor también ha publicado un volumen de elegías titulado “Último trabajo de Heracles” bajo el sello argentino Alción Editora, y en Perú por Lustra Editores.

Tahiti Nui

Agamben denomina maquina genealógica al proceso que sucesivamente define y redefine la concepción de naturaleza humana, y en esa reconfiguración, también el lugar que ocupa la razón y el derecho; reconfiguraciones en esta etapa del humanismo en tránsito entre los términos salvaje malo/ civilizado bueno, salvaje bueno/ civilizado malo.

El relato de Bougainville acabaría por causar una replica por parte de Diderot, titulada Suplemento al viaje de Bougainville, donde a través de diálogos reformula la idea del buen salvaje, y considera que los «vicios y virtudes están contenidos por igual en la naturaleza» pero manteniendo la idea que los tahitianos persistían más consustanciados con la bondad o una mejor legislación por su cercanía al orden  natural.

Diderot hace en el Supplément una zoología del hombre rescatando aquello que lo emparienta en comportamiento con los animales, con el fin de postular los beneficios de  una moral con fundamentos naturales.[1] En su texto, Diderot pone a afirmar a uno de sus personajes –el tahitiano Orou– que la condición de lo bueno verdadero está en tanto se apega al orden natural «de las cosas y las acciones», en la que los tahitianos afortunadamente permanecían mientras los europeos se complicaban en su artificialidad [2], por lo tanto la barbarie de los tahitianos era «menos viciosa» que la europea pero no menos exenta de algunos males.

Desde Montaigne, que había sido testigo de la salvaje matanza entre católicos y protestantes en la Francia del siglo XVI, se abre esa nueva perspectiva donde a través del otro salvaje se aborda al mismo civilizado para poder medirlos y hasta denunciar la barbarie propia. Pero es también la concepción de la Naturaleza, un trasfondo crucial que atraviesa todo el proceso; porque la identidad de lo natural es lo que sostiene las posibles concepciones de la identidad humana. De manera que así se verifica también la legitimidad o ilegitimidad de lo considerado; por ejemplo con Diderot el fenómeno del matrimonio, en tanto está excluido de la esfera de lo natural o no.

Aparte de la colonia como forma política de dominación, otra de las consecuencias de la expansión  económica de Europa, es que ese viaje mismo propiciaría un relativismo cultural que terminará por socavar los fundamentos del poder de las propias monarquías que promovieron esa expansión, con su posterior caída ante las masas civiles emergentes.

Finalmente, quien terminará de consagrar a Tahití en el lugar de Paraíso, es la novela autobiográfica de Pierre Loti Le Mariage de Loti o Rarahu, publicada en 1880 –casi un siglo después de acontecida la revolución francesa–, y que fue un éxito contundente de decisiva influencia en la esfera del arte.

Loti había confesado que la ambición de su infancia era llegar a Tahití, promovido por grandes relatos: lo que en su imaginario y en el de algunos círculos de su época estaba en el aire, parece poder encarnarse, hacer coincidir la experiencia con el sueño; o en su eventual imposibilidad, como en buena parte de poetas simbolista, como en Una temporada en el infierno de Rimbaud.

Las bodas de Loti narra el romance de un oficial inglés con una hermosa nativa llamada Rarahu, con el trasfondo donde los tahitianos son vistos como infantes en contraste a una Europa adulta[3]; los personajes, las escenas y diálogos, fueron basados en experiencias reales de Loti que había apuntado en su diario de viaje, por lo que la critica destacó su realismo. Sin embargo Rarahu nunca existió como tal, pero según el autor, esa singular joven nativa era un resumen de todas las tahitianas con las que había mantenido relaciones durante su breve estadía.

El viaje crítico que se había iniciado con Montaigne se diluía con Loti en un regocijo por el encanto imperial a medida que ya no iría quedando rincón en el planeta por someter. Los siguientes títulos de Loti, serán todos ambientados con ese exotismo peculiar, en diversos y distantes rincones como Islandia, Japón, Turquía, etc. En 1889, nueve años después de la publicación de Le Mariage de Loti, Francia oficializaría su régimen político sobre todo el conjunto de archipiélagos tras algunos años de ocupación colonial.

Notas

[1] «¡Qué breve sería el código de las naciones si se conformara rigurosamente al de la naturaleza!». De esta manera Diderot expresa la pretensión de un código moral deducido del código natural.

[2] Montaigne mucho tiempo antes ya se había expresado en Des cannibales sobre la dimensión artificial europea «Tan salvajes son como los frutos a los que e llamamos salvajes por haberlos producido la naturaleza por sí misma, y en su normal evolución: cuando en verdad, mejor haríamos en llamar salvajes a los que hemos alterado con nuestras artes, desviándolos del orden común».

[3] «Los años trascurren para los tahitianos en una desidia absoluta y un sueño perpetuo, y estos grandes niños no sospechan que en nuestra bella Europa tantas pobres gentes se agotan para ganar el pan del día».

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