La sociedad de los Arioi

Los arioi fueron  los mediadores entre los dioses y los hombres.  Eran artistas nómadas, guerreros que en tiempos de paz se abandonaban a la diversión y al disfrute compartido de la vida. Su presencia era requerida por todos y  especialmente por lo ari’i o jefes del más alto rango. Una vez en destino, venerados por las poblaciones enteras. Se desplazaban de un lugar al otro a bordo de canoas de doble casco cuidadosamente engalanadas y en muchas ocasiones, formando flotillas que podían superar fácilmente un número de ciento cincuenta. El llamado ari’i maro’ura dirigía las expediciones embarcado en una gran piragua de balancín adornada con la imagen de ‘Oro. Allí donde apareciesen, eran recibidos en olor  de multitudes;  colmados de presente,  favores y alojándose en las mejores estancias.

Los arioi ofrecían representaciones de escenas históricas y mitológicas como la creación del universo, expediciones marítimas e intrépidos navegantes, combates y victorias de jefes y guerreros, leyendas de héroes y dioses; también, luchas, cantos, danzas y fiestas en donde la ceremonia e indumentaria destacaba por su grandiosidad. La sociedad  estaba dividida en clases diferenciadas entre sí por sus vestimentas y más concretamente por sus perfectos, complejos y bellos tatuajes o tatau;   complementados por la explosión de color y sensualidad de las plumas, flores y plantas.

 

El  audiovisual E Arioi Vahine  escrito y dirigido por Virginie Tetoofa (Australia, 2008) consituye el sexto cortometraje de la joven cineasta tahitiana. En él se recoge la historia de Poeiti que a los diecisiete años de edad pasa a formar parte de la sociedad de los areoi. Estamos en Tahiti en el año 1668 y la muchacha de diecisiete años de edad,  quedándose embarazada por vez primera se enfrentará  a la dura decisión de elegir entre permanecer junto a los arioi o  dar luz a su hijo.

Existía una orden para hombres y una orden para mujeres a las cuales tenían acceso todas las personas; sin embargo, pertenecer a un rango superior y tener el favor directo de los dioses otorgaba privilegios muy especiales:  Los arioi fao nanoa tenían como única obligación bañarse en el río antes de la puesta de sol, adornarse con las perfumadas flores cortadas por sus sirvientes y abrir la boca para que estos mismos les diesen de comer. Los areoi no podían acceder al matrimonio y tener descendencia, al mismo tiempo, se sometían a una especie de noviciado que exigía una demostración de fidelidad total a las leyes establecida

Si alguno de sus miembros tenía un hijo lo mataban así como venía al mundo, pues de lo contrario eran expulsados o asesinados. Tan sólo le dejaban vivir una hora. Se cree que la causa principal de su rechazo a tener criaturas obedecía al ideal de disfrutar de absoluta libertad  y una vida desprovista de preocupaciones. Tras la muerte, les esperaba un lugar especial para ellos en el cielo, donde sus privilegios terrenales se multiplicaban y aumentaban en número.  Los areoi no estaban sujetos a relaciones sexuales reproductoras, sin embargo no por esta razón eran  estigmatizados, tampoco  la sexualidad era contemplada desde un plano reproductivo u  observado como una bendición a los hombres & mujeres.

Fue ‘Oro quién fundó esta privilegiada y respetada sociedad donde hombres y mujeres dedicaban su existencia a las fiestas y los placeres de la vida. El dios,  después de abandonar a su esposa por causa de su  mal genio, había visitado la tierra para hacer el amor con la bellísima Vairaumati, con la que tuvo un hijo. Sintiéndose ultrajados por esta conducta tan impía, los hermanos de ‘Oro descendieron por el arco iris para espiarles  pero, impresionados por la belleza de Vairaumati, decidieron presentarse ante la pareja con el regalo de un cerdo y un haz de plumas rojas. ‘Oro declaró entonces que aquéllos serían los símbolos de una nueva sociedad, que llevaría el nombre de areoi y cuyos miembros no tendrían descendencia y pasarían los días bailando, cantando y adorándole, su  primer líder sería el jefe Tomata de la isla sagrada de Ra’iatea. Fue desde  aquí donde partieron muchas de las expediciones marítimas a lo largo y ancho de Polinesia, estableciéndose relaciones económicas, sociales y culturales, especialmente a través de alianzas religiosas en donde los areoi constituyeron un factor de paz muy importante a la hora de establecer vínculos con otros distritos, islas e arhipiélagos. La relación entre Ra’iatea (Tahiti & sus Islas), isla desde las que partieron muchas expediciones marítimas, y los restantes archipiélagos de Polinesia, se mantuvo a través de  peregrinaciones religiosas; sin embargo los areoi constituyeron un factor de paz muy importante al establecer vínculos con diferentes distritos e islas

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