Traspasando las fronteras culturales : Sanguma, brujeria en Papúa Nueva Guinea

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En Papúa Nueva Guinea  según indican las estadísticas, dos terceras partes de las mujeres  se encuentran expuestas constantemente a la violencia doméstica y el 50% se convierten en víctimas de agresiones sexuales. Los hombres no respetan a las mujeres, golpeándolas continuamente y haciendo uso de machetes y hachas.En regiones como Simbu y las provincias enclavadas en las tierras altas occidentales, esta actitud se podría  atribuir en su totalidad a  la cultura tribal  y a la  creencia en la brujería o sanguma sin embargo, los recientes acontecimientos  ocurridos en los últimos meses en  algunos enclaves del  país,  desvelan que  actitudes  etiquetadas como  tradicionales;  además del tránsito hacia  el desarrollo económico, insinúan una  problemática social que parecer tener mucho más que ver con la codicia y la apropiación de tierras  que con los usos melanesios ancestrales.

Jo Chandler en una artículo titulado And they’re burning witches(‘ y queman a las brujas´)  publicado este año,   desvela que  los informes indican `que las prácticas tradicionales en algunos lugares, se han transformado en algo más maligno, sádico y voyeurista ´ –  Para los más pesimistas el  panorama social en Papúa Nueva Guinea se insinúa brutal y desolador.  Un escenario donde la juventud se muestra  enfadada, desorientada y desesperada, donde   el  consumo de alcohol y drogas traspasa los límites aceptables; donde el  desarrollo  económico acelerado provoca el trastorno social y la  nueva economía de mercado,  el dinero en efectivo provoca celos y envidias en unas sociedades  tradicionales ya de por sí competitivas donde los hombres  deben encontrar su lugar  y las frustraciones  se descargan  con demasiada frecuencia en la violencia hacia las mujeres.

Muchas mujeres que sufren violencia de género, especialmente las más  ancianas son acusadas de brujería cuando un hombre o un niño muere por causas desconocida, sin motivo aparente,   o por  enfermedades tales como el  sida que alcanza, por otra parte, niveles alarmantes entre la población.  No obstante existen otras razones por las que estas mujeres son asesinadas de forma despiadada. En un país  rico en recursos y en pleno desarrollo económico, deshacerse de ellas puede significar la posibilidad de adueñarse de sus tierras.   Según declaró la política papú Dame Carol Kidu a la cadena de televisión internacional Australia Network,  ‘en la actualidad existen otros motivos como la codicia, la adquisición de tierras y propiedades ajenas´. Los ingresos que genera la explotación de los recursos naturales no llega a toda la población, la corrupción alcanza niveles desorbitados por lo que deshacerse del más frágil y desvalido se convierte en la vía más rápida para hacerse con los bienes ajenos.

Naciones Unidas considera que las acusaciones de brujería podrían ser utilizadas de diversas maneras y con la sola intención de  acabar con la vida de las mujeres. La agencia internacional de derechos humanos subraya, al mismo tiempo, que este tipo de asesinatos ha aumentado junto a los casos de violación y tortura.

Los últimos asesinatos relacionados con la brujería o sanguma  han puesto a esta nación del Océano Pacífico  en el centro mediático internacional acrecentando ya de por si la imagen  que el mundo desarrollado pueda tener de Papúa Nueva Guinea y sus habitantes melanesios: Una población anclada en un primitivismo cruel  incapaz de adaptarse al mundo contemporáneo. En julio del año pasado fueron detenidos veintinueve miembros de un supuesto ´culto caníbal´ acusado de asesinar a siete brujos en el interior de la selva. Se habían comido los cerebros de sus víctimas crudos y cocinado una sopa con sus miembros genitales.  Ninguno de ellos era consciente de que habían actuado mal y  es más, admitieron que lo habían hecho sin esconderse de nadie, según declaró  a los medios de comunicación Anthony Wagambie,  comandante en jefe de la policía de Madang. Los  miembros del culto  dijeron que  actuaron por venganza ya que las víctimas eran brujos diabólicos que  extorsionaban con dinero a los aldeanos pobres  y les exigían practicar sexo a cambio de sus servicios. Comiéndose sus  genitales creían firmemente que se beneficiaban personalmente, absorbiendo los poderes sobrenaturales de sus enemigos  y  volverse inmunes a las balas. Se cree que  este tipo de cultos en Papúa Nueva Guinea  podría contar entre setecientos y mil miembros, repartidos a lo largo y ancho del país y  pudiendo muchos de ellos haber consumido carne humana. Sin embargo  estas prácticas van mucho más allá de las tradiciones locales, ya que  los `cazadores de brujos´  son personas especialmente  elegidas y entrenadas para ejercer esta práctica y que nunca matarían, mutilarían y comerían carne, órganos o prepararían sopa con los penes de sus víctimas a plena luz del día…!

Los últimos sucesos, de una  violencia extrema difícil de soportar y acontecida ante los  ojos de cientos de personas incapaces de actuar, no expresa que muchos ciudadanos de esta nación melanesia, aunque crean en la brujería ,  den conformidad a estos linchamientos multitudinarios.

El pasado mes de febrero  y en Mount Hagen, la población más importante de las tierras altas occidentales,  fueron asesinadas  Kepari  Leniata de 20 años y su madre, acusadas de embrujar a un niño de seis años de edad que falleció en un hospital local. Leniata fue desnudada, torturada con una barra de hierro al rojo vivo, rociada con gasolina y quemada en una pila de basura y llantas de coche. La joven fue quemada ante un sorprendente número de impasibles espectadores entre los que encontraba la propia policía que no pudo hacer nada por ella. Lo mismo pasó en el mes de marzo en la isla de Bougainville, dando por respuesta las fuerzas de seguridad de que no disponen de los recursos ni del personal necesario para combatir  la  violencia desatada por una turba armada y descontrolada.  Helen Rumbali su hermana Nikono y las dos hijas de esta última fueron secuestradas por una    agresiva multitud  y trasladadas a la aldea de Lopele, en el distrito de Bana en Bougainville. Fueron acusadas de matar a un antiguo profesor haciendo uso de la sanguma.  Días antes, había fallecido en circunstancias misteriosas´.

Después de torturarlas durante tres  días y tres noches, asesinaron a Helen Rumbali cortándole la cabeza ante la presencia de las fuerzas de seguridad.  El Subjefe de Policía en funciones para el sur de  la isla, Paul Kamuai, comentó  que las fuerzas locales  no se vieron capacitadas para contener la violencia.  Tras negociaciones con los líderes locales los atacantes permitieron que  Nikono y sus hijas se marchasen, trasladándose  a una clínica local  aunque no dejaron de bloquear la carretera para impedir que abandonasen el lugar. Tras intentar decapitarla, Nikono Rumbali se encuentra en estado crítico. Kamuai informó que no existe ninguna intención para detener a los asesinos o rescatar a  otras tres mujeres que aún permanecen cautivas;  tal  la actitud  se justifica  en que los violentos  les superan en número y armas. ‘Fueron amenazados de forma muy agresiva, la gente disponía de armamento pesado, cuchillos, machetes y hachas. Antes de la ejecución prendieron fuego a dos viviendas y se produjeron numerosos actos de saqueo en la aldea.

La policía en la isla de Bougainville no va armada, `incluso si estuviésemos armados,  ellos disponen de mucho más armamento ´ La isla está  llena de armas  y la razón  que la cruenta guerra civil que tuvo lugar  en Bougainville durante la década de los noventa, y por otra parte, ignorada por la comunidad internacional. El conflicto llegó a su fin en 2001 con la firma de un tratado de paz, pero los esfuerzos destinados a desarmar a la población se encuentran en punto muerto. Muchos ex combatientes disponen de armas convencionales y de producción casera. Los habitantes de Bougaiville insisten en que esta es la primera muerte relacionada con la brujería aunque Helen Hakena, presidente del Bougainville Human Rights Committee,  los motivos reales del asesinato de Rumbali esconden razones de otra índole; una  conocida familia  y con posición en el gobierno. `Ella, es una mujer líder y tienen buenas casas´. Hakena al mismo tiempo apunta que las mujeres se muestran horrorizadas con lo ocurrido, y desean que la policía actúe como es preciso -`si una mujer no es respetada, más tarde o más temprano, todas tendremos que enfrentarnos a las mismas consecuencias´- añadió.

Amnistía Internacional por su parte ha expresado al gobierno de Papúa Nueva Guinea a poner fin a estos crímenes derivados por la sospecha de prácticas de magia negra que producen doscientas victimas anuales en el país. Una de las medidas más urgentes que deberían  adoptarse sería la derogación de la Ley de Brujería. La  llamada Sorcery Act fue aceptada en 1971 y aunque no afirma con rotundidad la existencia de individuos que practiquen la magia negra, cualquier persona que se considere víctima de esta práctica,  puede utilizar este argumento como circunstancia atenuante en el caso de ser acusado de un delito de gravedad; además de convertir  en criminales a los sospechosos de su práctica.

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Un comentario sobre “Traspasando las fronteras culturales : Sanguma, brujeria en Papúa Nueva Guinea

  1. No es solamente lamentable, sino condenable, esta aparentemente _absurda_ persecución, con claros fines económicos tras la caza de “brujas”. Capital a toda costa, se sobre paso. Similar a Dubai y al resto del mundo (no sólo ‘islámico’ o ‘cristiano’).

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