Tapana, un pedazito de España en los Mares del Sur

Al norte de las islas Tonga, en el archipiélago de Vava’u, Tapana es un pedazito de España en los Mares del Sur, en el corazón de la Polinesia más pausada en donde las ballenas cantan y se deleitan en interminables zambullidos junto a sus criás, donde los chavales andan descalzos, el perfume de las flores es más intenso y donde los navegantes extranjeros, llegados de muy lejos, andan buscando más apacibles latitudes. A seis millas náuticas de Neiafu, pueblerina capital asomada al Puerto del Refugio, la isla esta ribeteada de esbeltas palmeras cocoteras , playas solitarias de arenas blancas y aguas de transparencias increíbles que se debaten en mil tonos de azul ,donde como no cabria esperar otra cosa, infinidad de criaturas marinas encuentran refugio y alimento. El paisaje de ensueño se conjuga con el paisaje humano de Pilar y Eduardo reflejado en esta pasión por la vida, expresada desde la humildad y generosidad que convierten a Tapana en visita obligada y si, en ocasiones suscita la envidia sana ante alguien que supo elegir, aquellos que tomaron la vida de su mano.

Antonio de Mourelle entreteniéndose en navegaciones y exploraciones en el océano más grande del planeta se encontró en 1781 en este laberinto coralino que según la percepción occidental recrea islas de ensueño. Las bautizo con el nombre de Martín Mayorga, virrey de Nueva España, y a su esplendida bahía Puerto del Refugio que a un hoy conserva el nombre.

Otros europeos intentaron sin éxito que la historia olvidase el descubrimiento del gallego, de unas islas que en si mismas ya habían sido halladas a través de los caminos que en el océano abrieron los polinesios. Fue entonces cuando el jovencito William Mariner se convirtió en protagonista de esta historia de logros europeos. Tripulante de un corsario ingles fue el único superviviente tras el asalto despiadado a este por parte de los tonganos en aguas de Lifuka, en el archipiélago de Ha’apai. Finau, poderoso jefe de entonces, le hizo su protegido y allí, en parajes del todo desconocidos y misteriosos tuvo que acostumbrase durante cuatro años a los extraños modos y usos de aquellas gentes que andaban medio desnudas viviendo en una sociedad extraordinariamente compleja y sofisticada.

La noticia y el viaje de descubrimiento de Mourelle abordo de la fragata Princesa fue publicada en 1809 en el tomo II de las Memorias de la Dirección de Hidrográfica. Francisco Antonio de Mourelle nació el 21 de junio de 1755 en San Adrian de Corme (Coruña) . Entro a servir en el cuerpo de pilotos en noviembre de 1708 y después viajes de haber llevado a cabo algunos a América, fue nombrado en 1775 primer piloto y segundo comandante de la goleta Sonora que mandaba el teniente de Fragata Juan de la Bodega y Cuadra. A su regreso de Filipinas se encontró con las islas e Tonga. Las corbetas Descubierta y Atrevida, mandadas por Alejandro Malaespina visitaron en 1793 el archipiélago. Tras haber navegado desde México a las Marianas (Micronesia) y Filipinas, se dirigieron a Nueva Holanda y continuaron derrota hacia Vava’u. Tras una penosa travesía el 20 de mayo lograron fondear en Puerto del Refugio. Finalizado un reconocimiento hidrográfico de las islas y atolones de Tonga, pusieron las corbetas rumbo a América del Sur.

Y es en esta tierras y no otras, es donde otros españoles con diferente sentido del descubrimiento se dejaron seducir, donde Pilar Mejía y Eduardo Etxebarria llevan ya media vida contagiados por el ritmo del trópico polinesio, donde los tonganos gordos y lirondos, de andares lentos y amplias sonrisas, entretienen el ir y venir de los días en singulares costumbres que aveces a los palagi se nos escapan a la compresión. Es la Faka Tonga, la forma de hacer las cosas al estilo tongano!

Veinticinco años hace ya que dejaron España, apenas ya recuerdan fechas… lo hicieron abordo de un velero de treinta y seis pies, bastante grande para aquellos tiempos. Aburrido de su trabajo e incitado por la conversación de una pareja que le comentaba en un bar a unos amigos que se marchaban a dar la vuelta al mundo, a Eduardo no le falta tiempo para vender su piso y comprarse un barquito.

Navegaron por el Mediterráneo hasta que a finales de los setenta se plantean el reto, largando amarras en Málaga para cruzar el Atlántico. No tenían experiencia alguna pero quizás el deseo de largarse a descubrir nuevos y exóticos puertos y huir de la monotonía de cada día, pesaba más que los enredos técnicos de la navegación.

Y así es que el sueño de una nueva existencia en algún país remoto se hizo realidad … y tan remotas las Tonga en aquellos años… teniendo en cuenta que  ni tan siquiera hoy son muchos  capaces de  situarlas  en el mapa o contar algo de ellas sin caer en el mito.

María valenciana, el de San Sebastian unieron sus vidas y en singladura marítima rumbo al oeste, sin medios económicos y acompañados en flotilla por el Siete de Marzo por Pepe, hermano de Eduardo y el hijo de este Papu, de tan solo 10 anos, se convirtieron en navegantes de los mares del mundo. Eduardo, treinta y tres años, se traslado de su ciudad natal a Madrid para estudiar y fue integrante de Los Flaps y el grupo musical los Brincos ademas de formar parte de la banda de Patxi Andion. En la capital española conoció a Pilar que tenia entonces 18 anitos y era secretaria, entrañable, divertida, arremangada… , con genio y a la vez extraordinaria. Y así sigue a cargo de La Paella.

Durante el viaje, casi veinte años que no son nada, se emplearon en pintorescas labores para llenar los bolsillos con lo necesario y seguir adelante con sus singladuras marítimas. Cuando llegaron a las Barbados, tan solo disponían de 10 dolares. Transportaron cerdos por aguas caribeñas, viajeros en Los Roques venezolanos y ya en el Pacifico Sur copra, el albumen seco del coco. Tras viajar durante dos años por el Caribe, cruzaron finalmente el Canal de Panamá y , navegando otros tanto en América del Sur y Central pusieron rumbo Tahiti.

Allí, en la Polinesia Francesa residieron doce meses en una isla desierta cuajada de cocoteros y bañada por las aguas luminosas de la albufera. Mas tarde, con la llegada de Iñigo hermano de Eduardo y Gabi, hermano de Pilar abandonaron aquel solitario, aunque placentero universo de coral para pasear entre los atolones de las Tuamotu, otro conglomerado de filigranas madreporicas esparcidas en las aguas de los Mares del Sur. Finalmente el Rock and Blues llego hasta Vava’u y Tapana apareció en el horizonte, para convertirse en paisaje de toda una vida.

A Eduardo y Pilar el único residente de la isla y ya fallecido, el pescador Pascale, les permito quedarse y construir una pequeña cabaña. La hospitalidad polinesia es así, sin mas complicaciones. Con el paso del tiempo y para subsistir abrieron La Paella, un rudimentario restaurante, que desborda encanto y personalidad, que con el paso del tiempo y gracias a Radio Cocotero se convertiría en un enclave legendario, cita obligada para los navegantes en su periplo por las islas Tonga y el Pacifico Sur. Y desde entonces por Tapana han desfilados algún que otro personaje conocido y eso si, muchos tipos encantadores y estrafalarios .Los que buscan una cálida conversación y compartir las pequeñas cosas que ofrece la vida.

Eduardo y Pilar, contagiados por el sentido de la hospitalidad que siempre ha caracterizado a los polinesios hacia sus visitantes, abren los brazos a todo aquel que llega a esta nimiedad tropical que imita el paraíso, especialmente si se trata de compatriotas. Se habla español, se traen noticias de lejos. Se comparte amistad y vida, anécdotas de toda una existencia. Y entre iconogarfias flamencas y taurinas, luego esta la paella. Y que decir … uno siente un poco de nostalgia de su patria , cuando degusta el magnifico plato, pero eso, si dura poco la añoranza, uno ya acostumbrando a estos lares, se deshace de ella sin dejar sentirse orgulloso de su país. También el gazpacho, las croquetas y la tortilla de patatas, como no podía ser de otra manera, aparecen en la mesa.

Eduardo toca la guitarra y la armónica. Samba., Bossa Nova… y canta boleros con aire nostálgico, que uno desearía detenerse en el tiempo y hacer de estos momentos eternos. Y es que a uno le entran ganas de llorar ante tanta belleza simple y pura. Es el hecho de sentirse un poco mas vivo. Te tocar este mundo con los pies, escuchando a Eduardo, delgado, barbudo con el pelo ensortijado, guitarra en mano ensimismado.

Y baila Pilar, baila con su traje de faralaes y la percusión a cargo de Williami, hijo adoptivo de los de Tapana, que ya es mas grande que ellos, siguiendo la tradición de que comer supone el máximo placer de todo polinesio. Aquí, el ideal de belleza femenina resulta en estar muy bien entrada en kilos! Y como quien no quiere la cosa por allí anda Torito, la cabrita envuelta en todo este jolgorio español impregnado de aires polinesios.

Y es pues que el vasco y la valenciana son muy queridos en las islas, embajadores de excepción de una España lejana, muy lejana pero a pesar de todo muy sentida. Pepe , hermano de Eduardo vive actualmente en Nueva Zelanda, mientras que el “pequeño navegante español” fue acogido por una familia tongana que lo adopto y crió. Hoy en día Papu, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), donde ha sido profesor titular hasta el momento en que decidió volver a sus arrecifes, a su isla en Tonga, donde buceaba cuando era un chaval. Ahora cuidando de sus cinco hijos, procurando que crezcan con los mismos valores en los que el el mismo fue educado. España todavía espera su regreso.

Vava’u es uno de los enclaves preferidos por los navegantes que recorren el Pacifico Sur. Aquí se encuentra fondeos ideales a los que acuden navegantes de Nueva Zelanda, y de los mas insospechados rincones del planeta, entre abril y noviembre escapando del frió invierno y convirtiendo a estas islas en lugar de encuentro de marinos. Cada años cientos de veleros se mecen en aguas de Vava’u. No existe un lugar comparable a este, en donde la vida diaria de sus habitantes corre junto al trajín bohemio de los navegantes. Comercios, restaurantes, cafés y hotelitos se esparcen aquí y allá, atendiendo las necesidades de los visitantes, aparecen y desaparecen por que hay algunos que buscando el paraíso, y habiendo instalado su pequeño negocio aquí, al fin y al cabo no llegan a acostumbrase a el y vuelve de nuevo a hacer las maletas.

No tan solo los trotamundos que surcan los Mares del Sur andan a la búsqueda de Vava’u. Hasta aquí nadan las ballenas jorobadas, lo hacen cada año, durante el invierno austral, de julio a octubre visitando Tahiti, Fiji, Tonga, Islas Cook y Samoa para alumbrar a sus criaturas y cuidar de ellas en las cálidas aguas polinesias. Viajeros privilegiados llegan hasta aquí desde Nuku’alofa, en Tongatapu, capital del reino, con el solo propósito de contemplar las acrobacias de estos cetáceos y deleitarse en natación con ellos. La experiencia es sin duda sobrecogedora.

Texto: Tangata O Te Moana Nui

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2 pensamientos en “Tapana, un pedazito de España en los Mares del Sur

  1. ¡¡¡Qué bonito!!! Admiro a la gente que es capaz de liarse la manta a la cabeza y dejarlo todo por cumplir sus sueños.
    Desde pequeño sueño con los mares del sur, sueños alimentados por libros de exploradores, aventureros, piratas… libros de Vázquez Montalbán o Robert Loius Stevenson. He viajado por todas y cada una de esas islas mágicas, eso si, sin salir de mi habitación. Algo brota y se excita dentro de mí cuando leo, veo o escucho algo relacionado con los mares del sur.
    Quizá algún día yo tenga el mismo valor y me atreva a hacer lo mismo. Mientras tanto, un fuerte abrazo desde Galicia, tierra también de grandes mares (del norte).

    Alberto Recondo.

  2. … todos los sueños se cumplen Alberto… quizás el día menos pensado estás allí … un abrazo, Javier

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