Rapa Nui, de la alegría al horror

“… Se nos dice, siempre sin decirnos, que esta gente en su holgazanería no sabe trabajar y mucho menos producir. Es lo que argumentan los dueños de las propiedades recuperadas desde hace semanas por los diversos clanes. Denuncian que sus “bienes” y “tierras” han quedado al arbitrio de sujetos “sin lógica de inversión”. Mucho menos con nociones de “mercados de futuro”, un verdadero desastre para una isla con “ventajas comparativas únicas”, señalan indignados. En definitiva, no son “homos económicus”, sino sucios hippies, vividores del día y meros contempladores de una riqueza que poco y nada les interesaría explotar. ¡Horror! …”   Artículo completo Rapa Nui, de la alegría al horror por  Wladimir Painemal  en The Clinic

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One thought on “Rapa Nui, de la alegría al horror

  1. recordando al lector estas palabras del capitán mr.jean b. onezine dutrou-bornier: la isla de pascua tiene, a mi parecer, un gran porvenir. en cuanto que sus habitantes se pongan al trabajo, el terreno, que es fértil, producirá todos los cereales de nuestros climas templados. se trata, pues, solamente de llegar a regenerar a una población embrutecida por los sufrimientos y diezmada por la querra, el frio y el hambre. quien iba a imaginar que precisamente el hombre que había pronunciado estas palabras pudiera convertirse en poco tiempo en el peor de los destructores de estos pueblos subdesarrollados. ese mismo hombre pasó por alto, no sólo la incipiente labor de los misioneros, sino que cortó de raiz lo poco de la población que quedaba auténtica y sin mezcla en la hermosa isla. al año siguiente volvió el capitán con otra expedición, cuyo cometido en nada se parecía al de su primer viaje. había en tihiti una gran sociedad de ezplotición de terrenos de la isla, la stewart, que necesitaba brazos para el cultivo, y claro está que cuanto más baratos fuesen, mejor recibidos serian. el capitán dutrou-bornier pensó en reproducir en favor de tihiti las escenas de pirateria, que tiempo antes habian protagonizado los peruanos, y al efecto armó al tampico, y se fue por las islas a la caza de hombres, empleando todos los medios: halagos, promesas, engaños y violencias. los rapanui, más avisados que la primera vez, desconfiaron de las promesas, y se pusieron en guardia contra la violencia y el engaño, de forma que la misión del capitán fracasó completamente. pero dutrou-bornier, decidido, sin duda, a aprovecharse de la fertilidad y del risueño porvenir de la isla, compró en ella un terreno considerable. no le aprovecharon mucho los frutos de sus rapiñas, pues al año siguiente lo vemos volver a rapa nui con una vieja y mala goleta, la aorai, que no había conservado del tampico más que el armamento de pirata. el juego o la mala fortuna, que frecuentemente acompaña a los negocios sucios y desaprensivos, le habían hecho perder el barco y la confianza de la casa stewart, y le habian puesto en comunicación con otro rico comerciante inglés, john brander, que también tenia grandes plantaciones en tahiti. venía, pues, esta vez, como socio o representante del señor brander, con el doble objetivo de explotar los terrenos de la isla de pascua y de llevar obreros rapanui para las plantaciones de tihiti. dos semanas escasas llevaba en rapanui el señor dutrou-bornier, cuando una fuerte marejada arrojó la goleta contra los arrecifes de la costa y la hizo pedazos. viéronlo los huérfanos de la pupuruga, y corrieron a salvar cuanto pudieron del naufragio. los marineros de la aorai, que conocian los instintos del pirata y los fines que les había traído a la isla, aconsejaban a los niños que no se mostrasen tan solícitos en el salvamento, especialmente de las armas, pues venian destinadas a esclavizarlos. pero su inocencia y buen corazón, dando fuerza a sus manos, lograron poner a salvo espadas, fusiles, etcétera. para los planes ambiciosos del capitán era necesario adquirir grandes extensiones de cultivo y a ello se entregó sin muchos reparos de conciencia, comprando unas veces a sus dueños verdaderos y otras, muchas más, a dueños improvisados, por un pedazo de tela o alguna otra chucheria. en su demencia llegó a tener la pretensión de que los mismos misioneros legalizasen con su firma algunos de estos contratos más que leoninos, y ante su oposición rotunda y categórica, tras una escena muy violenta por parte del comerciante, concibió éste el designio de socavar y destruir la autoridad de los misioneros, que le parecía, y era en realidad, el mayor obstáculo para la consecución de sus fines criminales. el mejor camino para lograrlo era lograr la división entre los isleños, renovando las antiguas rencillas y contiendas, pero, ¿ como entrar en la bahía de hangaroa, adonde se habían recogido todos para vivir con más intensidad la vida cristiana, es decir, la vida de fe y caridad bajo la inmediata dirección de los misioneros?. empezó por establecerse su cuartel general y el lugar de su residencia en mataveri, de tan triste recuerdo para la historia de rapa nui, pero también de poderosos atractivos para los instintos aún no del todo dominados de los indígenas. construyó allí una aldea de unas treinta chozas, que formaban un cuadrado, cerrando una plaza de regulares dimensiones, y ofreció en ella albergue seguro a los indígenas y extrangeros más descontentos y revoltosos. proxima a mataveri había una pequeña ensenada, hangapiko, de acceso muy dificil por un estrecho canal, y con ella hizo un puerto seguro para la goleta que pudo fabricar con los restos de la aorai. atento a aprovechar la menor ocasión que se le presentase, vio con fruición el descontento que produjo entre los indígenas de la bahía de anakena la noticia de que se iba a construir una capilla en vahiu, para descongestionar un poco hangaroa. valiéndose de todos los medios, fomentó el disgusto entre los descontentos, y el 11 de octubre de 1869, armado con un fusil y una pistola, y acompañado de sus marineros y de algunos adeptos, se presentó en hangaroa con bandera francesa enarbolada y se llevó a su bahía de origen a los rapanui anakena, de grado a unos, y por fuerza a los más. para el 13 de octubre convocó a los misioneros a una reunión que debía celebrase en vahiu, en la que todos los indígenas que tuviesen que hacer alguna reclamación contra los terrenos por él adquiridos lo hiciesen libremente, y quedase así legitimado de derecho la adquisición, con la firma que estamparían los misioneros. la reunión no llegó a celebrarse, porque en el camino, viendo dutrou-bornier que la presencia de los padres traía a vahiu más descontentos de los que les convenían, entabló con dos de ellos una violenta discución y mandó a murat, uno de sus secuaces, que le trajese las armas, y profiriendo terribles amenazas, se retiró a mataveri, sin siquiera haberse presentado en vahiu. poco a poco, iba poblándose la aldea de mataveri con la gente más perdida de la isla. el 29 de septiembre era un adúltero el que se refugiaba allí, y los hombres de dutrou-bornier le traían por la fuerza la choza que estaba en hangaroa. otro día era un ladrón que iba buscando la impunidad de su crimen, y otros varios jóvenes que buscaban la libertad del paganismo.el mes de junio de 1870 arreció la persecución contra la comunidad cristiana de hangaroa-relataba un misionero- en tal forma que casi no pasaba día en que no viese talados sus campos y quemada alguna de sus casas. bornier ya no se recataba como al principio. la marcha de uno de los misioneros le había envalentonado… se le veía capitanear esas excursiones, prender él mismo el fuego de las chozas rapanui y tirar sin titubear contra los que se resistían: por un momento se pudo esperar que iba a tener un término tantas desventuras con el viaje a rapa nui del señor brander. sabía por remake, lo que ocurría en la isla. el obispo le había rogado con el mayor encarecimiento que arreglase las cosas en rapa nui. dos días antes de su llegada había sido incendiado vahiu, y aún estaban calientes las cenizas que podían dar testimonio fehaciente de los crímenes de su socio. el padre roussel le dio un caballo para que las visitase, pero ganado por el capitán, que le hizo creer que ya era suya toda la isla, no sólo no puso remedio alguno, antes bien, pareció aprobar la conducta de bornier, y embarcó con él 28 indígenas, para trabajar en sus plantaciones de tahiti, dejando el encargo de que días después embarcasen en el hahina otros treinta y nueve con el mismo rumbo. ya no podía esperarse ningún remedio humano, bornier era el dueño absoluto de la isla. doscientos treinta y un rapa nuis habían sido transportados a tihiti, contratados por bornier para el señor brander, para tres o cinco años, como quisiera escribirlo, decia el contrato. sólo quedaban en rapa nui cuatrocientos veinticinco indígenas. el 4 de abril de 1873 el vicario apostólico dio orden al padre hipólito roussel de que saliese de la isla con dirección a gambier, llevándose consigo a todos los rapanui que quisieran seguirle. cuando se supo la noticia, la población entera estalló en gritos de dolor. hasta los mismos que se habían refugiado en mataveri sentían la marcha del misionero, tanto más cuanto que ya empezaban a cansarse de su despótico dueño, y con el padre perdían la única esperanza que les quedaba de poder volver al redil de la iglesia católica. llegó, por fin, el día de la marcha, y ni aun entonces se le ocurrió al malvado capitán poner un puente de plata al enemigo que se alejaga. querían todos los isleños acompañar al padre a su nueva residencia de gambier, pero faltaba aún por mandar los últimos pedidos a tahiti. en esta dificultad, bornier declaró que nadie embarcaría con el misionero hasta que estuviese cubierto el número destinado a las plantaciones de tahiti, y una vez más hubo que condescender, a la fuerza, con tan despótica disposición. los restantes, dichosos de poder, al fin, embarcarse con el padre, se dirigieron al muelle, pero allí les esperaba al padre y a los hijos la última contrariedad, en cierto modo mayor de todas, pues les declararon que el barco sólo podría transportar a 150 rapanuis. no valieron gritos, ni lágrimas para ablandar los corazones. 175 rapanui, con el corazón desgarrado por el dolor, vieron alejarse el barco, que se llevaba lejos, muy lejos, a su padre y a sus hermanos, que ya no volverían a ver en este mundo. tres años le duró a bornier la pasesión de la isla después de la marcha de la los misioneros, pues murió asesinado con toda provabilidad en manos de algún rapanui. tras la toma de posesión de la isla, con el beneplácito de todos los países, por el gobierno chileno, la suerte de los indígenas no varió. el gobierno de chile entregó a una compañia comercial, para su explotación, toda la isla, durante un periodo de veinte años. pronto no les quedó a los rapanui ni un trozo de tierra para cultivar sus patatas, principal alimento tradicional de la isla de pascua. el padre jorge eich, llegado a rapa nui en 1897, encontró a los nativos integrados en la vida occidental, aunque a nivel de ¨parias¨, es decir, en el último escalón social, ya que habían perdido todas sus propiedades.
    relato extraido del libro: el enigma de la isla de pascua 1985, escrito por angela ter mongat.

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