Paul Gauguin, el pintor de Tahiti

El padre de la pintura simbolista huyo de Francia en 1891 buscando el paraíso. En Tahiti encontró una nueva fuente de inspiración y realizo sus obras mas importantes, pero la muerte lo asalto en la soledad de las islas Marquesas.

Pocos casos existen en la historia, a excepción quizás de Napoleón y la isla de Santa Helena, en que un personaje quede asociado indisolublemente a una isla. Aunque L.A. De Bougainville, Philippe Commerson, Pierre Loti, R.L. Stevenson, Henri Matisse y tantos otros artistas, probablemente mucho mas celebres, quedaron fascinados por las islas, es con Paul Gauguin con quien Tahiti permanece unida para siempre.

La vida de Gauguin fue una huida continua hacia el pasado y hacia la verdad. Se trataba a todas luces de un sueño imposible. Tanto D.H. Lawrence como Thor Heyerdhal coincidieron en afirmar “ que el hombre moderno no tiene sitio donde regresar…” pero es precisamente ese sueño hacia lo imposible, el ansia en definitiva de una vida mejor, lo que sustentaba a Gauguin en el frió invierno europeo.

Curiosamente fue el azar el que llevo a Gauguin a los Mares del Sur. Tan solo un año antes el pintor proyectaba abandonar Europa con algunos amigos artistas para fundar en Madagascar su anhelado Atelier des Tropiques (Taller de los Trópicos). Su permanente ansiedad por escaparse a un mundo mejor y mas natural ya le habia conducido hasta Panamá y la Martinica sin demasiado éxito.

Estamos en 1891. El sueño de un paraíso exótico es un fantasma repetido desde la lectura del libro Le Marriage de Pierre Loti, un libro publicado un año antes con gran éxito, del que se imprimieron 40 ediciones sucesivas. Tahiti es sinónimo de una vida fácil y poco onerosa, donde basta alargar la mano para tomar frutos,hacer un signo a una muchacha para que esta se entregue. Gauguin, al igual que gran numero de sus contemporáneos, sueña con los ingredientes de esas tierras generosas, en las que la sexualidad es libre, y donde no existe el peligro de insectos dañinos ni reptiles. Todo ello unido a la posibilidad de viajar de forma gratuita, hace que Gauguin se decida finalmente por Tahiti. A pesar de su insistencia para que le acompañen en esa huida, todos sus amigos le dejan finalmente solo.

Durante la escala en Nueva Zelanda el pintor visita el museo maori de Auckland. Gauguin sale abrumado ante tanta belleza para el desconocida. Sin embargo, cuando desembarca en Papeete, después de una larga travesía por el Pacifico, queda consternado. El salvaje simbolista que huye del gendarme y la civilización se topa de nuevo con ellos bajo sus aspectos mas nocivos. ¿Para eso ha viajado tan lejos? La decepción de Gauguin es enorme. La mediocre realidad del Tahiti colonial se hace evidente. Las mujeres ya no llevan pareo sino unos vestidos llamados misioneros porque no dejan ver nada. La religión ha llegado antes que el arte, iniciando su perniciosa obra.

 

Al principio, no obstante, Gauguin intenta integrarse en la sociedad popaa (blanca). No tarda en darse cuenta de que se le consideraba poco menos que un intruso, un fracasado. ¿Quien en su sano juicio abandonaría París por una isla perdida, para pintar unos cuantos retratos? Pero aunque lo intenta, la relación de Gauguin con los tahitianos tampoco se presenta fácil. No habla su lengua y los indígenas apenas balbucean algunas palabras de francés. El mundo tahitiano permanece cerrado, opaco y Gauguin no consigue traspasar la barrera. El pintor decide crear entonces su propia realidad, como habia hecho anteriormente en la Bretaña francesa. Por eso cuando observamos el Tahiti de Gauguin no es la Polinesia lo que vemos,sino el sueño del artista sobre esas islas.

Se inspira de nuevo en el pasado y en el presente, pero esta vez utiliza motivos como el tiki que ha copiado del museo de Auckland. En el centro de una tela pinta un templo griego que ha visto en una foto. En otro lienzo muestra varios budas que ha contemplado en la Exposición Universal de París. En otro retrata a las bailarinas del templo de Borobudur, en Java, a partir de una imagen fotográfica. El cuadro Les Deux Tahitiennes, realizado en 1899, muestra frutas que en Tahiti se desconocen y una de las muchachas que aparece lleva el pareo atado como una toga romana y no a la manera tradicional. El farmacéutico que encarga a Gauguin en las islas Marquesas la obra Le Chaval Blanc protesta con un despectivo: “Pero los caballos no son verdes…!” a lo que el pintor replica sin inmutares: Es el reflejo de los arboles. Mi ojo lo verde y por eso lo he pintado verde

Ascetismo e imagineria se imponen a partes iguales. Todo ello unido a un carácter imposible y a su gran fascinación por el sexo contrario. Pero Gauguin deseaba convertirse en mito y lo consiguió, aunque para ello pago un precio atroz. Sus telas son enigmáticas y silenciosas, casi metafísicas. “ Lo esencial no hay que verlo, solo intuirlo” escribe el artista. Su pintura simbolista y primitiva deja hablar al subconsciente. Sus angustias y esperanzas se reflejan en el lienzo D’Où Venons Nous, Que Sommes Nous, Où Allons nous ( ¿De dónde venimos?, ¿Qué somos? ,¿Adónde vamos?) Cruel destino el de ese hombre que muere en la indiferencia y el fracaso, el 8 de mayo de 1903. Una soledad que como tantos otros artistas, se habia construido el mismo. El obispo de Hiva Oa para vengarse de sus continuas boutades (provocaciones)hace quemar las “obscenidades” que alberga en su casa, la luego celebre Casa del Placer. En total unas 20 obras presumiblemente maestras , que se pierden para siempre pasto de las llamas. No contento con ello, el obispo hace enterrar al pagano en el cementerio católico de Atuona, donde reposa para siempre.

Treinta anos después de su muerte el reverendo Henri de Laborde aun exclamaba despectivo: “ Me gustaría que el silencio se hiciera sobre este triste individuo” Todo lo contrario ha sucedido. Quizás porque la obra de ese hombre que en vida fue menospreciado e ignorado se desprende una luz esplendorosa, de una fuerza inconmensurable. Una luz que reconforta e ilumina las almas.

Texto: Alexis de Vilar © Copyright 2005. Todos los Derechos Reservados.

Artículos de interés: 

La vahine Diosa del Amor 

Paul Gauguin: Escritos de un salvaje


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s