Atiu: Hacia el Azul (IV)

UN SUEÑO PARA ATIU

Una vez acabada la escuela los jóvenes se marchan al extranjero. La población de Atiu se ha reducido de unos 1200 habitantes en el siglo pasado, a 600 en el en el XXI. La del propio país, y en su totalidad, lo ha hecho de 16.000 a 10.000 y continua descendiendo. El futuro parece no mostrarse muy halagador para nuestra comunidad. A pesar de que la isla cuenta con dos hotelitos y una casa de huéspedes, el turismo desciende como consecuencia de los acontecimientos mundiales recientes y ello será la causa por la que todavía sean más los que se vayan en un futuro. Dejaran Atiu y las otras islas para desperdiciar sus vidas, talentos y aptitudes, trabajando en fábricas de producción en serie. Para perder sus sonrisas alegres y su innata amabilidad a causa de las duras condiciones de vida que les ofrecerán los suburbios pobres de las capitales australianas y de Nueva Zelanda.

¿ Por que ?, siempre me hago la misma pregunta. Los casi veinte años que Juergen y yo hemos pasado en esta islita, la cual es todavía para nosotros el lugar ideal para vivir, nos ha permitido analizar estas cuestiones desde un punto de vista más profundo y objetivo; llegando a la conclusión de que para que los jóvenes tengan consciencia del valor de las cosas, ideas y costumbres tan sólo será posible si las pueden comparar con otras y para ello, lógicamente, es necesario conocer las dos caras de la moneda.

Los occidentales ansían el mito de los Mares del Sur: Vivir en un entorno paradisiaco rodeados de gentes amables que no necesitan a penas esforzarse para sobrevivir. Por otro lado las gentes sencillas y curiosas de países remotos suspiran, extendiendo sus manos hacia las brillantes estrellas artificiales de las grandes urbes y del capitalismo occidental. Una gran mayoría no tarda mucho en darse cuenta que para acceder a este mundo de tentaciones, ventajas y comodidades sólo resulta posible a través de la educación y el sacrificio diario. A pesar de ello la inversión de tanto tiempo y energía no se les deja de ser considerados como extranjeros, ciudadanos de tercera clase.

Es la generación venidera, de la que muchos ya han nacido en Australia o Nueva Zelanda, la que adquiere consciencia de su identidad cultural y la que añora unas señas que le permitan recuperar todo aquello que sus progenitores sacrificaron en concesión a la vida moderna en las grandes ciudades. Un número significativo de jóvenes está regresando a las Islas Cook impulsados por este reencuentro con los valores de la tradición; sin embargo algunos se tropiezan con actitudes de rechazo provocadas por la envidia de aquellos que se quedaron. Al mismo tiempo, no conocen la lengua maori y se sienten extranjeros en su propio lugar de origen, tan pequeño y tan remoto, obligándoles a volver a sus países adoptivos y continuar siendo repudiados por las sociedades que allí se mueven.

Unos pocos sin embargo, tienen la fuerza y capacidad suficiente para integrarse gradualmente en las comunidades insulares y por su condición educativa, consiguiendo empleos e influencia en las esferas administrativas o estableciendo negocios prósperos. Esta nueva generación hace uso de los métodos occidentales adquiridos durante su estancia en el extranjero pero a un mismo tiempo, su búsqueda de identidad cultural les fuerza a tener en cuenta los valores, costumbres y sabiduría de sus antepasados. Los más ancianos se siente orgullosos y surge un nuevo respeto de los mayores hacia la juventud. De esta manera se está estableciendo una nueva visión cultural que no se aparta del conocimiento de que su nación, de proporciones tan diminutas y a apartada del resto del mundo, debe esforzarse muchísimo para salir adelante con dignidad y que por tal motivo es necesario abrirse al mundo sin perder su valiosa herencia histórica, humana y cultural.

¿Como se puede ayudar a estos jóvenes que tienen el valor de regresar a las islas o de quedarse en ellas a pesar de todas las seducciones de las metrópolis ? Sin lugar a dudas pienso que la respuesta no es otra que el ecoturismo o turismo responsable. Un ecoturismo bien entendido y comprometido seriamente con la naturaleza, los valores polinesios y el diálogo intercultural. Visitando las islas y alojándose en pequeñas pensiones u hotelitos, comprando en las tiendecitas de los pueblos y en las cooperativas de artesanía de las mujeres o en talleres locales. Aprendiendo de las gentes del lugar en vez de aleccionarlos en cómo deben o no deben hacer las cosas en su propia casa …

Explorando, descubriendo rincones, personas y sumergiéndose en la vida diária … esta concepción del viaje alentaría con más fuerza, aún si cabe, la conservación de la naturaleza, el desarrollo y el mantenimiento de las ciencias y las artes tradicionales y ayudaría a encontrar el balance adecuado entre sus sistema social tradicional y el de nuestro propio mundo occidental; manteniendo un sentido de orgullo y valor propios. De esta forma el beneficio sería mutuo, las Islas Cook se desarrollarían como un país miembro de la era moderna, de una forma suave y constructiva y el visitante regresaría a casa con recuerdos vivos, nuevas ideas, visión del mundo y habiendo conocido y tenido relación con los lugareños y, quizás, regresando en un futuro… por que las Cook, en el otro lado del planeta tienen un encanto muy, muy especial que atrae muchísimo, mi marido y yo lo sabemos perfectamente …

Texto: Andrea Eimke
Transcripción: Tangata O Te Moana Nui
© Copyright by Tangata Pasifika 2008

Articulo  de interés: Atiu: Cómo se vive en los Mares del Sur

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