Atiu: Hacia el Azul (III)

UNA SUTILEZA DEL DESTINO

Mientras Juergen limpiaba las plantaciones retirando las malas hierbas, yo hacia nuevas amistades entre las vecinas dándome cuenta de que casi todas las mujeres de Atiu, pertenecían a grupos que se empleaban en coser y bordar tivaevae, hermosas colchas elaboradas con las técnicas del patchwork y que las esposas de los misioneros les habían enseñado a confeccionar con la llegada del comercio y los vestidos occidentales sustituyendo a los tejidos naturales, aunque manteniendo su función ceremonial.

Contraria a la idea de la mujer polinesia delgada y sumisa, su carácter es fuerte y una vez casadas engordan muchísimo; el peso de algunas costureras impresiona del mismo modo que lo hacen los tivaevae y un arte textil de motivos florales y vivos colores, bordado a mano en mil y un puntos. Personalmente me conmovió pensar cuanta fue la sutileza del destino despertando aquella vocación artística tan ansiada, a través de los textiles, y hacerlo precisamente en un lugar como aquel que hoy es mi hogar.

Las mujeres de las Islas Cook trabajan, al mismo tiempo, con otros materiales más cercanos a la naturaleza que las rodea como son las cortezas de árbol, fibras de hojas de pandano y cocotero…, creando objetos artesanales de uso cotidiano y que confeccionan cuando les viene a gusto o lo requieren las costumbres y ceremonias ancestrales. Muchas veces no se pueden comprar, pues lo hacen para regalárselo a otros, ya sean familiares que llegan de otras islas o países; amigos a los que se les devuelve un favor, en la más pura tradición polinesia de la reciprocidad; o a algún visitante a quién el pueblo de las islas ha sabido y sabe tratar con tanta hospitalidad.

Una de las profesoras de costura del colegio local una vez me pidió ayudarle en la enseñanza de las técnicas textiles a sus alumnas del penúltimo curso del ciclo escolar, que cada año participan en una competición nacional. Con ello tuve la ocasión de comprobar el talento innato de aquellas muchachas, aunque también pude darme cuenta que transcurrida su educación secundaria se limitaban a quedarse en casa, convirtiendose muy pronto en madres solteras y deseando emigrar cuanto antes a Nueva Zelanda o Australia con el sólo propósito de obtener subsidios sociales de dichos estados.

En Nueva Zelanda tuve la oportunidad de visitar una comunidad de gente de Atiu y sentí una profunda lástima al ser testigo de sus precarias condiciones de vida; pero también sirvió para para plantearme la posibilidad de poner en funcionamiento una empresa que dedicara sus esfuerzos a la producción, desarrollo y perpetuación del arte y artesanía insular de las Islas Cook.

En Atiu charlando con mis nuevas amistades, mujeres que me doblaban la edad, poco a poco fui dándome cuenta de su gran sabiduría y posición como guardianas de las técnicas ancestrales de la artesanía protegidas celosamente durante toda una vida. Ellas sabían todos los secretos del pasado, pero también los descubrimientos más recientes.

Resulta sorprendente comprobar cómo los antepasados de los polinesios a falta de metales, supieron aprovechar al máximo las ventajas del entorno natural que les rodeaba. Hicieron uso de maderas, cortezas, hojas de pandano, palmera cocotera e hibiscos para crear los utensilios y objetos más variados, resistentes, prácticos y bellos. Poco ha quedado de todo aquello, de aquel mundo, y a pesar de que aún hoy en día se siguen elaborando y utilizando, las mujeres más ancianas sienten una cierta frustración ante el escaso interés que muestran sus hijas y nietas en la artesanía local.

La vida moderna, se quiera o no, va instalándose en las islas de forma gradual y es ésta misma la que no concede importancia a aquellos aspectos culturales de tiempos pasados. Como ocurre en todas partes del mundo aquí, en el archipiélago de las Islas Cook, los jóvenes no tienen paciencia suficiente. Necesitan descubrir la vida, abrirse al mundo y explorarlo; hacer cosas nuevas y diferentes para una vez alcanzada la edad adulta, acordarse de los valores heredados de aquellos que les precedieron. Los viejos mientras tanto, se van muriendo y llevándose consigo la sabiduría y herencia del ayer. Compartiendo y escuchando siempre con vivo interés a todas mis amigas las abuelitas, tomé la determinación de estudiar y recordar apropiadamente las técnicas tradicionales que enmarcan el mundo artístico de Atiu.

De este modo mi taller, el Atiu Fibre Arts Studio se hizo realidad. Con su instalación no tarde en ser consciente de la indiferencia de las jovencitas en todo lo referente a lo que allí hacíamos. Después de meses y meses de haber visto a las chicas ir y venir de sus casas a nuestro pequeño local, las mujeres ancianas y yo nos quedamos solas en nuestro trabajo. Ellas, aprovecharon con celo la oportunidad de abrirse a nuevas ideas yo, como única aprendiz, dedicándome a estudiar en profundidad la preparación, elaboración y producción de materiales naturales a los que convertir en hermosos y útiles objetos. Desde un primer momento los tivaevae se convirtieron en mi auténtica pasión.

Los diseños tradicionales de estas colchas nunca se repiten, únicamente los motivos florales como la rosa, el crisantemo o la gardenia. En cada aldea de Atiu suelen encontrarse una o dos taunga o expertas tradicionales, gentes que poseen el talento de combinar los motivos mencionados mediante un diseño armónico teniendo el conocimiento del pliegue adecuado de la tela y su complicado corte. Lo que a mí me admiraba extraordinariamente era aquel uso extraordinariamente hábil de simetrías tan diferentes, y la posibilidad que me brindaba para crear mis propios diseños; y de esta forma evitar copiar la propiedad intelectual ajena. Poco a poco fui dándome cuenta de que a los escasos visitantes extranjeros que llegaban entonces a nuestra isla les gustaban tanto los diseños, como la calidad de las costuras de los tivaevae que tenía expuestos en nuestra tiendecita del estudio.

Finalmente encontré una muchacha que aunque no estaba muy interesada en el aprendizaje de las técnicas tradicionales de la artesanía y confección de tivaevae, le interesaba aprender a coser estos últimos; sobre todo con una máquina de coser eléctrica, todo un símbolo de prosperidad en las islas. De esta forma puede decirse que se inició el Atiu Fibre Arts Studio, una empresa que lleva más de quince años de, podemos decir, prosperidad.
La calidad en el diseño y confección de nuestras obras textiles nos han hecho ganar una merecida reputación tanto a nivel nacional como internacional. Los tivaevae y otras creaciones textiles embellecen hoteles y edificios públicos y privados, forman parte de colecciones oficiales y particulares y todo ello ocurre en muchos y distintos lugares del mundo.

En 1998 fundé la Cook Islands Tivaevae Association dedicada aestudio, conservación, perpetuación y promoción del arte dedicado a la confección de tivaevae. Antropólogos, museos, coleccionistas, artesanos y artistas del mundo entero se ponen en contacto con nosotros para estudiar, exponer, adquirir o aprender las técnicas de costura. Nuestra intención es mostrar a cuantos más sea posible este tesoro cultural exclusivo de las Islas Cook y el Pacífico Sur. Decididamente pienso que esta es la única manera de que los habitantes de este lejano país polinesio se den cuenta de la herencia cultural tan valiosa de la que son poseedores, dedicándose a aunar sus esfuerzos para su adecuada conservación.

En estos momentos tenemos dos empleadas en el Atiu Fibre Arts Studio, Tini Tivini y Teremoana George, siendo prácticamente imposible, por el momento, encontrar a otra joven con la inquietud y la habilidad suficiente para aprender; sin embargo ya no es por falta de interés si no, más bien, de personas.

Texto: Andrea Eimke
Transcripción:Tangata O Te Moana Nui
© Copyright by Tangata Pasifika 2008

Atiu: Hacia el Azul (IV)

 

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