Antoni Pujador y la Isla de Pascua (III)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

Es nombrado miembro del Consejo de Jefes de Rapa Nui

Mientras tanto, Antoni Pujador aprovecharía la ocasión para incrementar los contactos políticos con miembros destacados de la asamblea indígena local, conocida como «Consejo de Jefes o Ancianos de Rapa Nui.» Este organismo tradicional, constituido entonces por los representantes de las 36 familias indígenas de Isla de Pascua, no tenía aún el reconocimiento oficial por parte del gobierno de Chile. Pero su peso social y político era bien real. Había que contar con su respaldo en cuestiones que concernían a los problemas intrínsecos de la población rapanui. Poseía una gran capacidad de movilización popular como se demostró en numerosas ocasiones posteriores. Velaba por los intereses políticos y culturales de la mayoría de los habitantes autóctonos de etnia polinesia.

Gracias a los lazos de amistad que Pujador se había granjeado ya con anterioridad entre representantes de influyentes familias, su opinión en temas políticos fue cada vez más valorada y tenida en cuenta. En las sesiones deliberatorias de este órgano representativo tradicional, sus sugerencias siempre eran especialmente valoradas. Sus propuestas se discutían en el pleno y, en caso de ser asumidas por la mayoría de sus componentes, eran inmediatamente puestas en práctica. Siempre dentro del planteamiento global diseñado por sus miembros dirigentes naturales. De forma paulatina, Pujador lograría incrementar su cuota de influencia en amplios sectores del Consejo.

A fin de oficializar su nuevo peso político, en una de las reuniones del Consejo de Jefes celebrada en los últimos días de su estancia, Pujador fue admitido como miembro honorario, pero con facultades reales de opinión y actuación dentro del Consejo. El acta oficial de su nombramiento es de 26 de febrero de 1987 y va rubricada con las firmas del Presidente Alberto Hotus Chávez, del Vicepresidente Juan Chávez Haoa, del Secretario Marcelo Pont Hill y finalmente del Consejero Juan Haoa Hereveri. Desde aquella fecha. Heyerdahl, que ya ostentaba este título honorífico con anterioridad, y Pujador fueron los únicos miembros no rapanui incluidos en el Consejo de Jefes de Isla de Pascua o «Korohuas». Pocos días antes de abandonar la Isla, Pujador vio incrementado su papel representativo y ejecutivo al ser nombrado además su portavoz oficial con una amplia capacidad de maniobra fuera del ámbito local estricto. Se le valoraron especialmente su profundo conocimiento de la Isla y su cultura, su actitud combativa en los temas que afectaban a las reclamaciones territoriales y otras reivindicaciones de corte indigenista. Además, su increíble movilidad profesional en múltiples países y su especial habilidad comunicativa en varios idiomas le convirtieron de facto en la persona más idónea para este cometido.

Desde aquel momento puso a disposición de los intereses del Consejo su domicilio particular en Barcelona, convirtiéndolo en su «centro logístico» más importante en Europa. Muchas de sus estrategias se diseñarían aquí inmediatamente a su retorno, siempre contando con la previa aprobación por parte de sus representantes máximos en la Isla, Alberto Hotus y Juan Chávez. Con ellos mantuvo una frecuente y amistosa correspondencia dentro de la más absoluta fidelidad personal y política a estos dos líderes pascuenses. Pero este cargo honorífico pronto le reportaría graves complicaciones personales. El primer conflicto con las autoridades gubernativas de la Isla estalló a raíz de una declaraciones políticas que Pujador había efectuado a la agencia EFE a su llegada al aeropuerto de Madrid, inmediatamente reproducidas y ampliadas en la prensa chilena. El incidente había saltado a los medios de comunicación. Esta circunstancia provocó una rápida politización del «caso Pujador», lo que a la larga consolidaría y resaltaría aún más su papel como representante oficioso y efectivo del Consejo de Jefes de Rapa Nui. 

Había asumido el cargo con la más absoluta seriedad y responsabilidad, sacrificando a su dedicación muchas horas de descanso laboral. Era preciso dotarse de un instrumento para sellar la documentación oficial que emanaba del mismo Consejo. Con esta finalidad inició contactos con un experto belga en el tema., François Dederen, el cual se ofreció para diseñar el emblema oficial de este organismo autóctono rapanui. A su vez serviría para la confección de un tampón necesario para validar la correspondencia emitida por su portavoz en el exterior. El logotipo original escogido consistía en el perfil de la Isla de Pascua con un «reimiro», objeto de forma barquiforme colgando de una estrella solitaria y con la inscripción «Te Mau Hatu o Rapa Nui» («Los Soberanos de Rapa Nui»).

Por si no fuera bastante, otra complicación mucho más grave vino a añadirse a la anterior, pues le llegaron informaciones confidenciales en el sentido de que, inmediatamente a su partida de la Isla, se había producido algún tipo de investigación policial sobre su persona y la de sus amistades chilenas y extranjeras por orden del gobernador. La causa más directa parece ser que había sido su reciente nombramiento como portavoz del Consejo. Su ingreso en este organismo indigenista -no reconocido oficialmente y por tanto considerado insidioso por parte de las autoridades gubernamentales- debió producir una cierta alarma.

La conocida combatividad de Pujador podría contribuir a internacionalizar las reivindicaciones de los pascuenses, tal como en realidad sucedió. La inquietud se materializó desde el momento en que su nombramiento hubo aparecido a toda página en la prensa chilena a principios de marzo de 1987. Desde ciertos rotativos oficiales se le intentó descalificar como peligroso aliado de la causa «independentista», «procomunista» y «antichileno», interpretación que el afectado desmintió públicamente con todo tipo de argumentos. Era consciente del temor que había levantado entre las autoridades en especial en la persona del gobernador de la Isla, Sergio Rapu. Tampoco se le ocultó el peligro que para él y su libertad de acción podía suponerle un enfrentamiento abierto con las autoridades.

Tal como se ha dicho anteriormente, su dedicación profesional como director de exportación en una empresa barcelonesa le obligaba a efectuar frecuentes viajes por todo el mundo. A finales de octubre de 1987 llegaba a Papeete, capital de Polinesia francesa, en vuelo procedente de Australia y Nueva Zelanda en donde había conseguido formar una buena clientela para la empresa que representaba. Tenía concertada una entrevista con el influyente diario local «La Dépèche de Tahiti» a fin de tratar temas de interés exclusivo para Isla de Pascua, pues allí reside una importante colonia de pascuenses. Efectivamente, el 4 de noviembre de 1987 aparecía publicado en forma extensa un reportaje que le dedicó varias páginas, con fotografías incluidas. Era una especie de carta de presentación de Pujador como portavoz del Consejo de Jefes de Rapa Nui. En él se hacían unas explícitas manifestaciones a favor de la necesidad de devolver a los pascuenses la titularidad de las tierras de la Isla que se encontraban inscritas en el fisco chileno desde 1933.

Esta cuestión ha sido el eterno caballo de batalla que ha venido enfrentando a los dos poderes, habida cuenta del especial valor y significado que la tierra tiene para el pueblo polinesio. «Tierra» se llama «Kainga», es decir «útero y matriz». Unos titulares hicieron estallar el conflicto contra Pujador: «Rapa Nui: le foncier fait grogner. La propriété de la terre pascuane au coeur d’un problème entre le Conseil des Chefs et le gouvemement chilien». La polémica estaba servida y los problemas para Antoni Pujador -«un espagnol au Conseil des chefs»- no hacían más que empezar. Además la gobernación al parecer se involucró en una contracampaña personal a través de cierta prensa, a lo que Pujador respondió con argumentos del mismo calibre.

A su regreso a Barcelona envió un larguísimo informe al Presidente del Consejo de Jefes, Alberto Hotus, en que le daba cuenta de las gestiones realizadas como portavoz del Consejo en su periplo alrededor del mundo en 19 días. Mantuvo interesantes entrevistas en Australia, Nueva Zelanda y Tahití. Además le pedía sugerencias prácticas sobre la efectividad de iniciar un boicot a los actos oficiales conmemorativos de la anexión de la Isla y que estaban previstos para setiembre de 1988. Le preguntaba, además, sobre la conveniencia de una posible presentación de un recurso al Tribunal de la Haya en el caso de que Chile se negase a acceder a las reclamaciones históricas isleñas. Solicitaba también información sobre los trabajos que un equipo de TV de la BBC había llevado a cabo en la Isla, en cuyas gestiones Pujador había actuado decididamente ante los máximos responsables ingleses, y que él consideraba de la máxima utilidad para «hacer llegar a todo el mundo el mensaje del Consejo de Jefes», según sus propias palabras.

Lo más grave era que le habían llegado voces en el sentido de que el gobierno de Chile intentaba involucrarle en oscuras operaciones políticas y que por lo tanto se le había prohibido la entrada en todo el territorio nacional, bajo la amenaza de detención y expulsión a instigación del gobernador. Esto le alarmó sobremanera. Cabía la posibilidad real de no poder volver nunca más a la Isla. Entonces se lanzó a una frenética indagación sobre la veracidad de estos rumores. Expresó sus temores al consulado en Barcelona y al mismo Intendente de la Vª Región de Chile. Las respuestas siempre le fueron favorables. En caso contrario, estaba dispuesto incluso a acudir a organizaciones internacionales en defensa propia, como el Parlamento Europeo, UNESCO, Naciones Unidas, CIEMEN o IWGIA.

La batalla cuerpo a cuerpo con el gobernador de la Isla designado por el general Pinochet siguió su curso. Ante la próxima celebración del Centenario de la anexión de la Isla de Pascua por parte de Chile, fue acusado sin ningún fundamento de ser uno de los instigadores de un boicot popular. De hecho prosiguió hasta que aquel gobernador fue relevado de su cargo como resultado de las elecciones democráticas que llevaron al poder en el gobierno de la nación a la Democracia Cristiana. La polémica no le impidió visitar la Isla durante el año siguiente. El Consejo de Jefes de Rapa Nui manifestó siempre su apoyo incondicional a su portavoz Antoni Pujador.

Pujador lidera la campaña mundial por la recuperación de tesoros arqueológicos

A mediados de enero de 1988 Antoni Pujador se había desplazado a París con el fin de asistir a la reunión del «Cercle d’Études sur l’Ile de Pâques et de la Polynésie». Acudió con la condición de portavoz del Consejo de Jefes y delegado del «Cercle d’Études» por el Estado español. La reunión tuvo lugar en una de las dependencias de Musée de l’Homme.

Llevaba entre manos un encargo muy especial del Consejo. Se trataba de que se pusiera en contacto con Francis Mazière en su apartamento parisiense para tratar de convencerle de la necesidad de que se aviniera a devolver la más preciada de las reliquias históricas, supuestamente en su poder. Nada menos que la famosa calavera que por tradición oral se atribuía al mítico rey Hotu Matua, el ancestro fundador de la estirpe rapanui, y portador de su insólita cultura a Isla de Pascua. A pesar de su empeño, el resultado de estas gestiones fue nulo. Otros investigadores como François Dederen, Jean Bianco y Grant McCall habían hecho un seguimiento paralelo con idéntico desenlace. La campaña de recuperación de piezas arqueológicas esparcidas por todo el mundo no había hecho más que empezar. Habría que esperar al nuevo gobierno de Patricio Aylwin surgido democráticamente de las urnas para recibir un nuevo impulso.

El diario «La Nación» de Santiago de Chile, el día 4 de julio de 1990, rezaba a toda página: «Ciudadano Catalán realiza una cruzada en todo el mundo para que el tesoro cultural de Rapa Nui vuelva a su lugar de origen». El propio periodista, Juan Hölzel, le calificaba de «incansable» en su afán por investigar el destino final de centenares de objetos únicos e irremplazables, sacados ilegalmente de la Isla y repartidos en museos y colecciones privadas de diversos países. Por contra, el Museo de Hanga Roa, el único de la Isla, disponía entonces de muy pocas piezas antiguas que por su interés histórico fueran representativas.

Con el evidente propósito de paliar esta situación de expolio cultural, el Consejo de Jefes había apadrinado e impulsado una campaña de envergadura. Pujador y el nuevo gobernador, Jacobo Hey, decidieron en 1990 tomar las riendas del asunto y hacer una llamada a la opinión pública chilena y mundial para que las colecciones privadas accedieran a devolver a los pascuenses parte de sus tesoros retenidos legalmente o ilegalmente. El primer fruto obtenido fue el retorno de unas piezas arqueológicas pertenecientes a Orasmín Gillies Gil, recién fallecido, que fueron entregadas oficialmente al Museo de Hanga Roa. Años atrás Thor Heyerdahl ya había restituido la mitad de una enigmática escultura femenina, descubierta en su campaña arqueológica de 1955-56. La prensa chilena se hizo eco de las gestiones de Pujador para la devolución de objetos tan emblemáticos como el «moai Hoa-haka- nana-ia» de Londres o las famosas tabletas «rongorongo» de los Sagrados Corazones de Roma. La tentativa no pasó de un buen propósito a tener en cuenta en un futuro.

© Copyright 2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (IV)

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