Antoni Pujador y la Isla de Pascua (IV)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

Las fluctuantes pero siempre fraternales relaciones entre Antoni Pujador i Estany y Alberto Hotus

Rapa Nui (2)

Hasta que el panorama político general en Chile no hubo clarificado su futuro democrático, la relación personal entre estos dos destacados dirigentes de la política local fue de franca estima, admiración y respeto. Hotus era un líder nato, un viejo e incansable luchador a favor de las reivindicaciones históricas de Rapa Nui. Hasta entonces su autoridad no había sido puesta a discusión en el seno del Consejo de Jefes.

Pujador, en cambio, era visto como el apasionado y noble forastero que había sido admitido dentro de la sociedad indígena por sus cualidades intrínsecas. Prestigio ganado a lo largo de sus múltiples visitas a la Isla, tenacidad infatigable, «savoir faire» y un irresistible encanto personal.

Una activísima correspondencia cruzada entre ambos lo demuestra. Subordinación y absoluto respeto jerárquico hacia la persona y autoridad de Hotus fueron siempre mantenidos y reconocidos por Pujador. El singular carisma del tándem formado por Alberto Hotus Chávez, presidente, y Juan Chávez Haoa, vicepresidente, tampoco fue cuestionado de momento y de forma [55] abierta en el Consejo por el resto de representantes de las 36 familias tradicionales, al menos mientras el reparto del poder político siguiera en equilibrio sin alteraciones demasiado contrastadas. En los últimos tiempos aquellos dos habían sido los auténticos inspiradores, o cabezas visibles, en la orientación de las estrategias reivindicativas a seguir por parte del Consejo de Ancianos o Jefes Rapanui.

Pujador, por su parte, designado «portavoz del Consejo» a finales de febrero de 1987, además de miembro honorario con voz pero sin voto en las deliberaciones, desempeñaba una función de cualificado interlocutor en este organismo tradicional. Había demostrado tener inteligencia e ideas propias en política. Además gozaba de estima y admiración por parte de muchos residentes. Se le conocía por los numerosos viajes -alrededor de los veinte- que había realizado desde 1974. Él les correspondía con afecto sincero, pues desde el inicio se dio cuenta de la necesidad de conservar y fomentar los valores intrínsecos de la cultura rapanui. Su compromiso personal fue más allá de lo que le exigía el simple afecto a su «Isla» y su «pueblo». Esto estaba por encima de todo sin discusión. Hasta tal punto se sintió plenamente identificado con la Isla y su gente que no era raro oírle referirse a «ellos» por el indicador referencial de primera persona «nosotros». 

Este reconocimiento jerárquico, respecto a la autoridad y persona de Hotus, fue siempre mantenido y reconocido por Pujador. Mientras ejerció de portavoz del Consejo y como representante de los intereses del pueblo rapanui, siempre supeditó sus opiniones personales a las de la cúpula dirigente. En esta línea de fidelidad absoluta, por ejemplo, se enmarcan una serie de peticiones que le realiza Pujador en mayo de 1988. Le pide autorización para iniciar contactos con corresponsales de prensa y agencias de noticias domiciliados en Santiago de Chile. Reclama su conformidad explícita para iniciar él mismo las gestiones por télex y telefax a través de su propia empresa en Barcelona. Le sugiere la necesidad de hacerles llegar inmediatamente un extracto del «Memorial» que el mismo Hotus había inspirado. Por su parte, además. Pujador se comprometía a redactar una síntesis del mismo, traducirlo a diversos idiomas y remitirlo «a todo el mundo» en nombre del Consejo de Jefes, con sello y rúbricas oficiales. Además le pide información fidedigna sobre el éxito de dos documentales que la BBC de Londres había realizado en la Isla y, que tanto Pujador como el Consejo habían patrocinado a través de su director John Lynch. Así concluye Pujador su carta: «Debemos felicitamos, ya que escriben de nuestro Pueblo, y por él, por nuestro Pueblo hemos trabajado todos. Vosotros allá y yo aquí. Misión cumplida».

De todas maneras habían surgido problemas, seguramente debido a algún tipo de desajuste de cara al exterior. Más adelante se podrá hablar de una divergencia de estrategia y finalmente, en los últimos años de su vida, de franca desavenencia política entre los dos. Concretamente, a mediados de 1988. Antoni Pujador le había reclamado más coordinación en las actuaciones públicas, y una respuesta clara y rápida a sus planteamientos: Ya sabes que estoy, desarrollando una gran actividad, que estamos planteando nuestras reivindicaciones a nivel mundial; por lo tanto debemos actuar siempre coordinadamente.

Y añade que siempre someterá sus decisiones como portavoz a la aprobación del Consejo y su presidente, Alberto Hotus. Entre tanto, Pujador había tomado parte en diversos programas de radio y televisión a través de los que difundía los mensajes políticos en nombre del Consejo. Memorable fue la entrevista emitida desde Bilbao, especialmente invitado por la cadena autonómica vasca Euskal Telebista.

Entre otros frentes de batalla comunes liderados por el Consejo de Jefes de Rapa Nui, hubo uno especialmente significativo por su valor simbólico. Se trataba de iniciar una amplia campaña mediática contra la instalación de un monstruoso complejo turístico en la zona de Anakena por iniciativa del poderoso grupo hotelero «Club Meditérranée». Rápidamente Pujador marcó la estrategia a seguir por parte del Consejo de Jefes. Tomó cartas en el asunto, solicitando a la presidencia «carta blanca» para actuar en París delante de la dirección del Club Med. Con esta finalidad protagonizó una campaña de prensa en diversos periódicos y especialmente a través del boletín belga «L’Echo de Rapa Nui», dirigido y realizado por François Dederen.

A principios de noviembre de 1988 se encontraba de nuevo en Isla de Pascua. Tenía gran interés en realizar este viaje a fin de clarificar su posición dentro del Consejo y a la vez limar las diferencias de estrategia política que habían surgido con la presidencia. Era un momento de euforia comprensible porque, mientras tanto, se preveía el final del gobierno pinochetista, y con ello el cambio de gobernador, cargo que hasta entonces venía ocupando Sergio Rapu. Fue precisamente durante su estancia en estos días que tuvo que sufrir un tenso interrogatorio por parte del Jefe de policía local, especialmente preocupado por su papel representativo dentro del Consejo y por las posibles repercusiones si intentaba acudir a Naciones Unidas en caso de necesidad. En todo momento se mostró firme en sus convicciones respecto a la problemática rapanui. «Bajo ningún concepto claudicaría en la línea seguida hasta entonces»- le dio por respuesta.

En otro orden de cosas, hacía tiempo que se habían deteriorado las relaciones hasta entonces amistosas entre Antoni Pujador y André Valenta, entonces presidente del «Cercle d’Études de l’Ille de Pâques et de la Polynésie». En su caso venía ejerciendo doblemente como representante del Consejo de Jefes y delegado del Estado español dentro de aquel organismo con sede en París. No era cuestión de personalismos sino por la tendencia cada vez más manifiesta de Valenta en defender públicamente las opiniones y actuaciones del gobernador Rapu, que en su juicio se consideraban contrarias a las propuestas por parte del Consejo de Jefes. Teniendo en cuenta, además, las tensas relaciones existentes entre él y el gobernador, entonces aprovechó la ocasión para dirigirle a Valenta una durísima carta acompañada de su dimisión irrevocable al «Cercle d’Études». Hotus en nombre del Consejo tuvo que intervenir para reafirmar oficialmente las atribuciones de representación y honorabilidad de Pujador.

© Copyright 2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua ( y V)

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