Manuel Bosch i Barret: Un catalán en los Mares del Sur

Nacido en Barcelona en 1895. Abogado y escritor. Presidente del Tribunal Internacional Mixto de las Nuevas Hébridas, hoy Vanuatu, de 1936 a 1939. Su misión era dirimir disputas entre los dos poderes coloniales en las islas: Francia e Inglaterra. Fue nombrado como tal en recuerdo a Pedro Fernández de Quirós. Su cargo fue ficticio y sin poder real pues evidentemente aquellos países europeos no deseaban que nadie interfiriese en sus tierras conquistadas. Manuel Bosch i Barret no contó con ningún apoyo de España, pues en el momento de su viaje hacia Melanesia, el país se precipitaba a la guerra civil.  Su estancia en Melanesia y la visita a otros archipiélagos del Pacífico Sur dieron lugar, a su regreso a la capital catalana , a la publicación de libros como Doña Isabel Barreto, Adelantada de las Islas Salomon (1943) una biografía de Doña Isabel Barreto, primera mujer almirante y adelantada de las Islas Solomon; Xavier o la isla de Iman (1944), Pensión Ultramar (1945) y Tres Años en las Nuevas Hébridas (1945) esta última obra sin lugar a dudas, la más interesante y valiosa como documento histórico para la tristemente olvidada presencia española en las Islas del Pacífico.

  ” … Llegó la canoa a bordo y, previas las presentaciones protocolarias, desembarqué, después de recorrer acaso treinta mil millas, en la tierra a la que el destino me había mandado para dirimir contiendas entre franceses y británicos. Curioso empleo en verdad, cargo concedido a un español sin duda por razones históricas, ya que fue el místico navegante Pedro Fernández de Quirós, el peregrino de Clemente VIII, el primero en poner pie en aquellas islas …”

 ” … Fuese por razones históricas o por conveniencias políticas, el caso es que, desde 1906 en que se constituyó el régimen condominial, es un español quién, dentro de la competencia del Tribunal Mixto, es el Juez Supremo que juzga y falla con su sentencia inapelable, en primera y única instancia …”

 ” … La situación del habitante de las Nuevas Hébridas es por consiguiente sumamente curiosa. la calle que pisa es francesa, si él es francés; es inglesa, si se trata de un súbdito de la Gran Bretaña. En todo aquello que no sea competencia del tribunal Mixto, la ley que impera es la del ofendido. Que un inglés matase a un francés, y lo habría matado en marsella; que el caso sea inverso, y el crimen habría tenido lugar en Liverpool. Mientras el tribunal Mixto no ha adjudicado un terreno, sólo el tiene competencia para juzgar de cuanto en él ocurra. Una vez adjudicada la tierra, el colono reside en Francia o en Inglaterra, según sea su nacionalidad y sus Tribunales son los de su país, excepto en el caso de que en el crimen o litigio intervenga algún indígena …” ” … La competencia del Tribunal Mixto es por consiguiente hacer observar el protocolo de 1914, que confirmó y perfeccionó la convención de 1906, castigar las infracciones a los Reglamentos especialmente en lo que concierne al reclutamiento de mano de obra y la venta a los indígenas de armas y bebidas alcohólicas y dar los títulos de propiedad de las plantaciones a los colonos que lo hubiesen solicitado …”

Manuel Bosch i Barret ~Tres Años en las Nuevas Hébridas

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (I)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua
como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui 

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

 Resumen

El presente artículo traza un semblante biográfico del que fuera miembro del Consejo de Jefes Rapanui, el catalán Antoni Pujador i Estany, de singular e interesante trayectoria como defensor de la identidad cultural de la Isla de Pascua y respetado activista de los derechos indígenas a lo largo de muchos años y hasta su fallecimiento en 1993. Sus restos descansan hoy en Pascua, en el cementerio de Hanga Roa.

INTRODUCCIÓN

El día 11 de agosto de 1993 moría en Barcelona, víctima de una enfermedad irreversible, el señor Antoni Pujador i Estany a la edad de 45 años. Con él desaparecía una persona muy conocida y querida en Isla de Pascua. Después de una veintena de viajes a esta pequeña isla chilena del Pacífico, había llegado a crear fuertes vínculos de amistad con influyentes familias locales, autóctonas y continentales. Tuvo un enorme ascendiente entre destacados dirigentes indigenistas isleños que pronto supieron apreciar y aprovechar sus dotes humanas. En especial, su gran capacidad de maniobra política en defensa de sus reivindicaciones políticas y culturales. Dotado de un verbo fluido y convincente, era temido y respetado por sus contrincantes debido a la vehemencia y la pasión con que exponía sus argumentos.

Alguien dejó dicho tras su prematura muerte que Rapa Nui se había quedado sin uno de sus más desinteresados y leales adalides fuera de los límites estrictos de la insularidad. Defensor de las etnias minoritarias, admiraba especialmente a aquellas que luchaban por preservar su personalidad diferenciada por la vía política. Su combatividad le granjeó incluso adversarios entre antiguas amistades. Llegó a ser considerado un «activista»de la causa rapanui en el sentido más estricto de la palabra, lo que le comportó que se le tildara de «subversivo» en ciertos momentos de crispación política. Lo que nunca admitió es que fuera conceptuado de antichileno pues tenía a esta nación hermana como su segunda patria. La prueba es que prácticamente todos los gobernadores que estuvieron destinados a la Isla desde 1974 le distinguieron con su amistad personal. Nunca puso en duda la legalidad constitucional de su anexión política a Chile desde 1888 de conformidad con el histórico «acuerdo de voluntades» establecido libremente entre el delegado chileno Policarpo Toro y los representantes tribales, los legítimos dueños de las tierras de Rapa Nui.

Asumió con toda dignidad, responsabilidad y disponibilidad el encargo de «portavoz» que le había confiado el Consejo de Jefes (o Ancianos) de Rapa Nui, organismo autóctono que representa la voz de las familias descendientes de los antiguos moradores polinesios. Su opinión fue escuchada, respetada y a menudo sus sugerencias fueron asumidas por los dirigentes de este ente representativo. Ellos se sirvieron de Pujador como medio para difundir a través de prensa, radio y TV de diversos países la voz de la comunidad pascuense y las directrices políticas forjadas en el interior la Isla.

Desde su propio domicilio barcelonés se diseñaron sonadas campañas mediáticas que dieron la vuelta al mundo. Creó una efímera organización cultural «Taina Rapa Nui» (Amigos de Rapa Nui) con sede en Barcelona y abierta a todo el mundo. La disolvió al integrarse como miembro fundador de la «Asociación Española de Estudios del Pacífico» en Madrid. Dejó esposa, Sra. Rosa Caffarena, y dos hijas, Tiaré y Rosa María. En cumplimiento de sus últimas voluntades, sus cenizas mortales fueron trasladadas al cementerio de Hanga Roa, en Isla de Pascua. Todas las referencias y citas literales han sido sacadas de la abundante correspondencia y otra documentación del Consejo de Jefes Rapanui conservadas en el archivo familiar.

Resumen biográfico (1948-1993)

Había nacido en Barcelona en el seno de una acomodada familia catalan muy arraigada en el medio rural con fuertes convicciones católicas. Recibió formación intelectual en las escuelas de la Salle de la misma ciudad natal. Llegó a cursar estudios de ingeniería técnica que relegó para dedicarse a la aviación civil. Fue uno de los comandantes de líneas aéreas más joven y con más experiencia de vuelo en España. Estuvo destinado en los aeropuertos de Madrid, Las Canarias, Málaga y La Seu d’Urgell (Lleida).

Finalizada su tarea como piloto profesional de líneas aéreas, se convirtió en un activo y eficaz director de exportación para diversas firmas de ámbito internacional con sedes en Barcelona y Lyon, respectivamente. Además probó suerte con éxito construyendo una pequeña empresa propia de exportación ya en los últimos años de su vida. Otra compañía limitada, más romántica que comercial, fue «Motu-Iti» en recuerdo de un bello y salvaje islote situado en el extremo sur-oeste de Isla de Pascua que había visitado por primera vez en 1974. Era una sociedad mercantil formada por Antoni Pujador y Pablo Teutsch a finales de 1978 y con sendas oficinas en Barcelona y Santiago de Chile. Su finalidad era producir y distribuir todo tipo de artículos turísticos tales como «souvenirs» y productos culturales relacionados con la Isla para su venta exclusiva entre los visitantes. Lo más relevante fue una serie de tarjetas postales de gran calidad realizadas por él mismo e impresas en Barcelona de las que se distribuyeron a millares. Se convirtieron en las «clásicas» vistas de los «moai» de Isla de Pascua, famosas en el mundo entero y muy apreciadas por los coleccionistas.

Fue un apasionado de los deportes de riesgo y un gran practicante del excursionismo pirenaico. Era muy joven cuando ingresó en el movimiento «boy scout» catalán, que se caracterizaba por una línea de pensamiento liberal y con un indudable componente de reivindicación catalanista. Todo ello le proporcionó una fuerte concienciación a favor de los diferentes movimientos políticos nacionalistas que surgieron en el Estado español durante el franquismo y la transición democrática.Nunca ocultó sus profundas convicciones políticas y se le llegó a identificar entre sus numerosas amistades españolas, chilenas y pascuenses como el catalán Toni.

Recién cumplidos los 16 años se había sentido irresistiblemente atraído por la alta montaña, en especial por la escalada. Fue en esta tan temprana edad que con otros compañeros escaladores organizó la «Operación 3000». Ésta consistió en efectuar la ascensión al Aneto y otros picos circundantes en los Pirineos. Poco tiempo después ingresaría en el barcelonés «Grupo Especial de Escalada» (GEDE) del prestigioso Club Excursionista de Gràcia, dedicado a la formación de escaladores de élite. Contaba con 17 años. No pararía hasta conquistar la mismísima cuna del Mont Blanch, el techo de Europa, con sólo 18 años. Se había convertido ya en un alpinista en el más estricto sentido de la [44] palabra. No abandonaría esta actividad tan arriesgada hasta que descubrió el fascinante mundo de la aviación.

 La misma pasión que demostró en la práctica de la escalada, en sus ansias de llegar a lo más alto posible, le llevó a obtener todos los títulos posibles como piloto de aviación civil española entre 1968 y 1975. Pilotó como comandante por todos los aeropuertos de Europa y África y con los más diversos tipos de aparatos de transporte civil. Y según parece condujo el último avión que repatrió personal no militar cuando el Sahara dejó de ser español. Por cierto que hay unas muy curiosas coincidencias entre Pujador y el gran aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. El mismo nombre, la pasión por volar y una filosofía basada en componentes idealistas. Físicamente, un perfil parecido y una muerte a los cuarenta años. No en vano un viejo amigo le venía denominando «el Saint-Exupéry catalán».

Ya entrados los años 80 abandonó los mandos de los aviones para dirigir el departamento de exportación de importantes empresas de aceros inoxidables. Su gestión fue tan eficaz que pronto los productos industriales comercializados encontraron clientes tan alejados como en Australia, Nueva Zelanda, Polinesia Francesa, China y África del Sur.

Su pasión por la Isla de Pascua

Ésta fue su característica personal más distintiva. Ambos nombres van indisolublemente unidos para el círculo de amistades. ¿Cómo se produjo esta atracción tan irresistible? Fue en la lejana época de sus 13 años. Cierto profesor le había comentado el famoso libro «Aku-Aku, el secreto de la Isla de Pascua» que años antes había escrito el navegante y etnólogo noruego Thor Heyerdahl, fruto de sus fascinantes experiencias arqueológicas en la Isla en los años 1955-1956.

Fue tan fuerte el impacto que le produjo su lectura en los años mozos que no descansó hasta ponerse en contacto epistolar con uno de los «héroes» del libro, el padre Sebastián Englert, apodado por su propio autor como el «auténtico rey sin corona de la Isla de Pascua». Viajar a este «enigmático roquerío» -en las propias palabras de Pujador- se convirtió en el sueño dorado de su juventud. Pudo hacerlo realidad en 1974. Al primer encuentro con el mundo que tanto le había embrujado en su niñez, cayó hechizado de forma irremediable.

Operación Rapa Nui (1975)

A finales de 1974 regresaba de Isla de Pascua absolutamente impresionado y con unas irresistibles ansias de volver allí lo antes posible. Inmediatamente se puso en contacto con Antonio Ribera. Éste, a la vista del entusiasmo de Pujador y del fascinante material cinematográfico que trajo consigo, empezó a organizar lo que se llamó «Operación Rapa Nui». Ribera había encontrado las personas idóneas para una verdadera expedición científica. Él era un director carismático de probada experiencia, y el resto de componentes estaban dispuestos a comprometerse en esta empresa científica sin perder ni un solo minuto.

Pronto se terminaría el verano austral por lo que no podían demorar la partida. La inminencia del viaje le obligó a renunciar a nuevos contratos profesionales como piloto. Esto le permitió dedicarse plenamente a las tareas organizativas. Antonio Ribera, fundador del CRIS y experto mundial en temas ufológicos era el director oficial de la expedición arqueológica submarina. Por su mediación se consiguieron ventajosos tratos comerciales con empresas relacionadas con el submarinismo. Por su parte, Pujador obtuvo un trato de favor por parte de la compañía aérea chilena para el transporte del abundante material de los expedicionarios. La salida desde Barcelona tuvo lugar el 5 de marzo de 1975.

El equipo inicial catalano-balear estaba formado básicamente por los dos organizadores ya citados, ambos de Barcelona; además de Josep Mascaró Pasarius, menorquín y arqueólogo reconocido internacionalmente; Nöel Hermitte, buceador francés, Helgue Willems, alemán, submarinista profesional; y Fernando Calderón, santanderino. Una vez ya en su destino, se les unieron el asturiano Francisco Mellén Blanco, ya entonces un experto en temas de pascuenses, y el chileno residente en Isla de Pascua, Rodolfo Bravo Forster. La campaña científica se iniciaría a los pocos días de su llegada. Tenían planeadas actividades para un período no superior a los dos meses.

El programa previsto contaba con actividades arqueológicas, de exploración submarina y de investigación en las numerosas cavidades y galerías subterráneas, tan abundantes por ser el subsuelo de formación volcánica. Tenían interés en inspeccionar algunas cuevas situadas en peligrosos acantilados. Para esta arriesgada tarea por suerte contaban con la probada habilidad de Antoni Pujador, experto escalador y espeleólogo.

Desde la vertiente arqueológica, el equipo submarinista había previsto realizar inmersiones superiores a los 40 metros en diversas zonas del litoral en búsqueda de antiguos «moai» o estatuas colosales que se hubieran podido depositar accidentalmente a lo largo de los siglos. Bajo la dirección del arqueólogo Mascaró-Pasarius se llevaron a cabo minuciosas exploraciones en cavidades naturales de difícil acceso en búsqueda de objetos antiguos, tales como estatuillas de piedra, figuras antropomorfas de «toromiro» o las codiciadas «Kohau rongorongo», las clásicas tabletas de madera repletas de extraños signos de escritura. Los poquísimos ejemplares auténticos conocidos se conservan únicamente en museos muy alejados de su tierra originaria.

Lo que dio pábulo a fantásticas teorías divulgadas por la prensa, fue el hallazgo de unas enigmáticas perforaciones cilíndricas en acantilados volcánicos a cargo de Pujador en su incansable actividad espeleológica arriesgando su vida, practicando difíciles «rappels» en peligrosos acantilados. Se registraron y dibujaron numerosos petroglifos. Se cartografiaron algunas cuevas desconocidas hasta entonces, tarea en que intervinieron también Francisco Mellén y Rodolfo Bravo. El programa de excavación científica se vio interrumpido ya en sus inicios por una inesperada prohibición gubernativa a pesar de disponer de todos los permisos en regla. Sólo se pudieron practicar unas catas en terrenos propiamente arqueológicos en la casa-bote («hare paenga») que, según la tradición oral, había pertenecido al mítico rey Tuu-Ko-Ihu.

Transcurridos los dos meses previstos, cada uno de los expedicionarios retomó a su país de origen. Excepto Antoni Pujador y Nöel Hermitte que prolongaron su estancia por un tiempo. A Pujador le tocó el turno de reiniciar sus actividades en el mundo de la aviación comercial. A finales de junio del mismo año 1975 estaba ya incorporado a la base aérea de Las Palmas como piloto de aerotaxis para una empresa canaria. A mediados de 1976 fue trasladado a la base aérea de Málaga y fijó su residencia temporal en Torremolinos. Al año siguiente, fuera del ámbito de la aviación, trabajó como representante de otra empresa barcelonesa en la rama de la exportación de maquinaria pesada a diversos países de África.

En uno de sus múltiples viajes a Isla de Pascua, concretamente a finales de 1978, sufrió un aparatoso accidente de motocicleta que le tuvo ingresado en el hospital local una larga temporada. Lo que podía haber sido una tediosa hospitalización, teniendo en cuenta que se perdía unas magníficas vacaciones lejos de su país, se le convirtió en una de las experiencias más divertidas y apasionantes que nunca hubiera podido imaginar. Fuera porque era especialmente apreciado por los isleños, fuera porque contaba con buenas amistades influyentes, el caso es que su permanencia en el hospital de Hanga Roa no mereció más que elogios por parte del personal sanitario. Su carácter abierto y alegre había logrado el milagro. Durante muchos años en la Isla se recordaron con nostalgia las divertidas tardes pasadas en su habitación de enfermo. Su gran amigo el juez Orasmín Gillies le dijo en broma: «Antonio, cuando te den el alta, te sacarán a empujones porque no querrás irte». La gente sencilla de la Isla había conquistado definitivamente su corazón.

De todas maneras, no perdió el tiempo en banalidades. Antes de regresar a Europa -ya totalmente recuperado de la operación quirúrgica- y en colaboración con el ingeniero chileno Pablo Teutsch Monreal allí residente, dejó constituida la pequeña sociedad mercantil «Motu Iti» para la comercialización de artículos turísticos relacionados con Isla de Pascua. Estaba seguro de que ello le reportaría más quebraderos de cabeza que beneficios económicos [47] propiamente dichos. Pero, en fin, y según sus propias palabras, le serviría: «para mantener un vínculo más con la Isla de mis sueños».

El año 1980 fue especialmente difícil para él por causas políticas y laborales acaecidas en Las Palmas, por lo que se vio obligado a abandonar definitivamente el mundo de la aviación. No sin antes haber asistido en 1981 a la inauguración del aeropuerto de La Seu d’Urgell-Andorra como piloto y secretario técnico del mismo. Había puesto grandes esperanzas en este proyecto catalano-andorrano que bien poco duró. Además acababa de contraer matrimonio con la señorita malagueña Rosa Caffarena.

Sus aspiraciones profesionales en el mundo de la aviación civil se le habían cerrado al parecer definitivamente en 1982. Por lo que optó por regresar a Barcelona y entrar en una gran empresa de fabricación de elementos de fijación en acero inoxidable. Se le aceptó la petición como director de exportaciones, cargo que abandonaría por otro de semejantes características en el extranjero ya en los últimos años de su vida.

© Copyright 2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (II)

 Artículo de interés:

Rapa Nui: Un mundo perdido al este de Polinesia : Entrevista a Francesc Amorós

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (II)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

Hermanamiento entre Olot y Hanga Roa

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La idea de promover algún tipo de vínculo oficial entre Isla de Pascua y una localidad catalana le fue sugerido a Pujador por parte del alcalde de Hanga Roa durante la obligada permanencia de aquél en el hospital isleño. El objetivo primordial debería ser dar un golpe de efecto propagandístico que movilizara de una vez por todas un turismo popular hacía la Isla. Primero se pensó en Barcelona. Después, por razones prácticas se decidió por Olot, la ciudad gerundense famosa por su paisaje volcánico. Este podía ser un reclamo explicable por la semejanza orogénica de ambas localidades. Pero las gestiones iniciales ante la Diputación provincial de Girona las llevaría a efecto personalmente Don Orasmín Gillies Gil, juez de la Isla y gran amigo de Pujador, en visita privada por las comarcas gerundenses a finales de 1981.

Habría que esperar hasta el verano de 1982 en que tenían que darse cita en Barcelona dos eventos de gran resonancia mediática: la apertura del Campeonato Mundial de Fútbol, éste por parte de organismos deportivos internacionales, y la inauguración de Expocultura por iniciativa del gobierno autónomo catalán. Este último certament estaba concebido como una amplia muestra cultural y de artesanía de Catalunya a celebrar en los salones de la Feria de Montjuïc. Miles de turistas y visitantes acudirían a presenciar estos acontecimientos. Antoni Pujador aprovechó la ocasión para montar dentro del mismo recinto ferial barcelonés una oficina de información turística sobre Isla de Pascua, en la que por primera vez se exhibieron al público interesado valiosos objetos etnológicos procedentes de su colección continuamente enriquecida. Solamente por esta insólita exhibición artesanal inaugurada a  finales de junio transitaron más de cuarenta mil visitantes. No en vano lo que más destacó la prensa chilena de todo este montaje pascuense fue que su organizador había sido un «extranjero».

Tal como se ha apuntado anteriormente, en el mismo verano también tuvieron lugar los protocolarios actos del Hermanamiento entre Olot y Hanga Roa. Los representantes oficiales de Isla de Pascua, entre ellos el alcalde Samuel Cardinali y el juez Orasmín Gillies, fueron recibidos en Madrid el 17 de Junio por la delegación catalana, presidida por Pujador. La ceremonia que oficializaría el emotivo acto de «jumelage» entre las dos municipalidades se celebró el siguiente 2 de julio en el ayuntamiento de Olot (Girona). Entre la representación pascuense se hallaba Manuel Tuki, experto artesano rapanui que más tarde y por encargo del ayuntamiento se encargaría de tallar un auténtico «moai» en un bloque de durísimo basalto extraído de una cantera ubicada en la misma comarca gerundense. Emplazado actualmente en un espacio público de la ciudad de Olot, sirve para perpetuar el Hermanamiento entre tan alejadas poblaciones.

Antoni Pujador había demostrado con hechos concretos y con una nutrida serie de actividades mediáticas que el objetivo primordial había sido atraer la atención de los medios de comunicación sobre los intereses económicos de la Isla y que se había alcanzado plenamente. Incrementar el turismo era potenciar la principal fuente de ingresos locales y, en definitiva, era asegurar el bienestar de todos los residentes en Isla de Pascua en el futuro. Él quería presentarse como uno de los principales promotores de la idea.

El mapa de Rapa Nui o Isla de Pascua

Otro gran proyecto que le fascinó desde el primer momento surgió de su afán incansable por promover actividades positivas para «su» Isla. Un mapa en gran tamaño y a todo color que condensara toda aquella información relevante que pudiera ser de interés para visitantes o estudiosos. Hasta aquel momento Rapa Nui no disponía de nada parecido. Adquirió libros y toda clase de cartas oficiales con la finalidad de reunir una nutrida base de datos que luego le servirían para a cabo su novedosa gran idea. Obtuvo rápidamente colaboración entusiástica de diversas personas, en especial de Francesc Amorós i Gonell y de Pablo Teutsch, quienes aceptaron la responsabilidad de convertirse también en coautores. Este mapa «arqueológico-turístico de Rapa Nui», avalado por la firma y rúbrica de Thor Heyerdahl e impreso en Barcelona en su primera edición, vio la luz por fin en 1985. Agotada ésta, se imprimió de nuevo en Santiago de Chile. Miles de ejemplares de ambas ediciones sucesivas se vendieron en la misma Isla, además de los que se distribuyeron en librerías especializadas de numerosos países.

La presentación oficial ocupó las páginas de los principales diarios de Barcelona y Santiago de Chile, e indirectamente se difundió en prensa tan alejada como La Dépêche de Tahiti. El acto académico de más relevancia tuvo lugar en el Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Valparaíso en Chile a principios de abril de 1986 con la asistencia de ilustres profesores y otras personalidades. El influyente periódico «El Mercurio» glosó la ceremonia académica con estas palabras: «Se entregó al mundo el primer mapa arqueológico-turístico de la Isla de Pascua». Una cena oficial le fue ofrecida en el selecto Club Naval de Valparaíso. Definitivamente su nombre empezó a sonar en los estamentos académicos gracias a este mapa fruto de los esfuerzos de varios colaboradores especialistas.

Con el objetivo de presentar a Thor Heyerdahl las primeras pruebas tipográficas de este mapa, Amorós y Pujador en agosto de 1985 se habían personado en la residencia italiana del famoso noruego, especialmente invitados al efecto. Fruto de este encuentro, se desencadenó una afortunada serie de acontecimientos que repercutieron decisivamente en el futuro de Pujador. Sin proponérselo, en los próximos años se vería involucrado en la dirección del área política del principal organismo indigenista de Isla de Pascua.

Su participación en las excavaciones de 1987

La primera de las felices consecuencias de aquella entrevista con Heyerdahl, como ya se ha insinuado, fue su Invitación especial que le hizo para participar en los trabajos arqueológicos en Isla de Pascua, previstos para 1987. Se le presentaba una oportunidad excepcional puesto que dirigirían las excavaciones expertos arqueólogos reclutados por el Museo Kon-Tiki de Oslo, como Arne Skjolsvold y Gonzalo Figueroa, los cuales ya habían tomado parte en la larga campaña de 1955-1956. La razón aducida por Heyerdahl para reclamar la presencia de Pujador fue muy clara: «Since you are familiar with Easter Island and its inhabitants, it would be a pleasure for me if you could join the Expedition as an assistant». Conocía bien la Isla y gozaba de la confianza de los isleños. Amorós también se juntaría con el mismo equipo de Pujador por su vinculación a la Universidad de Barcelona.

Los trabajos se prolongaron aproximadamente durante enero y, febrero de 1987. La labor arqueológica de los dos barceloneses se desarrolló entre noruegos, suecos, chilenos continentales, pascuenses y otros técnicos de otras nacionalidades. Consistía en cumplir una extenuante jornada bajo un sol despiadado, colaborando en la extracción y clasificación de material arqueológico del subsuelo en las respectivas trincheras que les fueron asignadas por los directores.

© Copyright  2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (III)

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (III)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

Es nombrado miembro del Consejo de Jefes de Rapa Nui

Mientras tanto, Antoni Pujador aprovecharía la ocasión para incrementar los contactos políticos con miembros destacados de la asamblea indígena local, conocida como «Consejo de Jefes o Ancianos de Rapa Nui.» Este organismo tradicional, constituido entonces por los representantes de las 36 familias indígenas de Isla de Pascua, no tenía aún el reconocimiento oficial por parte del gobierno de Chile. Pero su peso social y político era bien real. Había que contar con su respaldo en cuestiones que concernían a los problemas intrínsecos de la población rapanui. Poseía una gran capacidad de movilización popular como se demostró en numerosas ocasiones posteriores. Velaba por los intereses políticos y culturales de la mayoría de los habitantes autóctonos de etnia polinesia.

Gracias a los lazos de amistad que Pujador se había granjeado ya con anterioridad entre representantes de influyentes familias, su opinión en temas políticos fue cada vez más valorada y tenida en cuenta. En las sesiones deliberatorias de este órgano representativo tradicional, sus sugerencias siempre eran especialmente valoradas. Sus propuestas se discutían en el pleno y, en caso de ser asumidas por la mayoría de sus componentes, eran inmediatamente puestas en práctica. Siempre dentro del planteamiento global diseñado por sus miembros dirigentes naturales. De forma paulatina, Pujador lograría incrementar su cuota de influencia en amplios sectores del Consejo.

A fin de oficializar su nuevo peso político, en una de las reuniones del Consejo de Jefes celebrada en los últimos días de su estancia, Pujador fue admitido como miembro honorario, pero con facultades reales de opinión y actuación dentro del Consejo. El acta oficial de su nombramiento es de 26 de febrero de 1987 y va rubricada con las firmas del Presidente Alberto Hotus Chávez, del Vicepresidente Juan Chávez Haoa, del Secretario Marcelo Pont Hill y finalmente del Consejero Juan Haoa Hereveri. Desde aquella fecha. Heyerdahl, que ya ostentaba este título honorífico con anterioridad, y Pujador fueron los únicos miembros no rapanui incluidos en el Consejo de Jefes de Isla de Pascua o «Korohuas». Pocos días antes de abandonar la Isla, Pujador vio incrementado su papel representativo y ejecutivo al ser nombrado además su portavoz oficial con una amplia capacidad de maniobra fuera del ámbito local estricto. Se le valoraron especialmente su profundo conocimiento de la Isla y su cultura, su actitud combativa en los temas que afectaban a las reclamaciones territoriales y otras reivindicaciones de corte indigenista. Además, su increíble movilidad profesional en múltiples países y su especial habilidad comunicativa en varios idiomas le convirtieron de facto en la persona más idónea para este cometido.

Desde aquel momento puso a disposición de los intereses del Consejo su domicilio particular en Barcelona, convirtiéndolo en su «centro logístico» más importante en Europa. Muchas de sus estrategias se diseñarían aquí inmediatamente a su retorno, siempre contando con la previa aprobación por parte de sus representantes máximos en la Isla, Alberto Hotus y Juan Chávez. Con ellos mantuvo una frecuente y amistosa correspondencia dentro de la más absoluta fidelidad personal y política a estos dos líderes pascuenses. Pero este cargo honorífico pronto le reportaría graves complicaciones personales. El primer conflicto con las autoridades gubernativas de la Isla estalló a raíz de una declaraciones políticas que Pujador había efectuado a la agencia EFE a su llegada al aeropuerto de Madrid, inmediatamente reproducidas y ampliadas en la prensa chilena. El incidente había saltado a los medios de comunicación. Esta circunstancia provocó una rápida politización del «caso Pujador», lo que a la larga consolidaría y resaltaría aún más su papel como representante oficioso y efectivo del Consejo de Jefes de Rapa Nui. 

Había asumido el cargo con la más absoluta seriedad y responsabilidad, sacrificando a su dedicación muchas horas de descanso laboral. Era preciso dotarse de un instrumento para sellar la documentación oficial que emanaba del mismo Consejo. Con esta finalidad inició contactos con un experto belga en el tema., François Dederen, el cual se ofreció para diseñar el emblema oficial de este organismo autóctono rapanui. A su vez serviría para la confección de un tampón necesario para validar la correspondencia emitida por su portavoz en el exterior. El logotipo original escogido consistía en el perfil de la Isla de Pascua con un «reimiro», objeto de forma barquiforme colgando de una estrella solitaria y con la inscripción «Te Mau Hatu o Rapa Nui» («Los Soberanos de Rapa Nui»).

Por si no fuera bastante, otra complicación mucho más grave vino a añadirse a la anterior, pues le llegaron informaciones confidenciales en el sentido de que, inmediatamente a su partida de la Isla, se había producido algún tipo de investigación policial sobre su persona y la de sus amistades chilenas y extranjeras por orden del gobernador. La causa más directa parece ser que había sido su reciente nombramiento como portavoz del Consejo. Su ingreso en este organismo indigenista -no reconocido oficialmente y por tanto considerado insidioso por parte de las autoridades gubernamentales- debió producir una cierta alarma.

La conocida combatividad de Pujador podría contribuir a internacionalizar las reivindicaciones de los pascuenses, tal como en realidad sucedió. La inquietud se materializó desde el momento en que su nombramiento hubo aparecido a toda página en la prensa chilena a principios de marzo de 1987. Desde ciertos rotativos oficiales se le intentó descalificar como peligroso aliado de la causa «independentista», «procomunista» y «antichileno», interpretación que el afectado desmintió públicamente con todo tipo de argumentos. Era consciente del temor que había levantado entre las autoridades en especial en la persona del gobernador de la Isla, Sergio Rapu. Tampoco se le ocultó el peligro que para él y su libertad de acción podía suponerle un enfrentamiento abierto con las autoridades.

Tal como se ha dicho anteriormente, su dedicación profesional como director de exportación en una empresa barcelonesa le obligaba a efectuar frecuentes viajes por todo el mundo. A finales de octubre de 1987 llegaba a Papeete, capital de Polinesia francesa, en vuelo procedente de Australia y Nueva Zelanda en donde había conseguido formar una buena clientela para la empresa que representaba. Tenía concertada una entrevista con el influyente diario local «La Dépèche de Tahiti» a fin de tratar temas de interés exclusivo para Isla de Pascua, pues allí reside una importante colonia de pascuenses. Efectivamente, el 4 de noviembre de 1987 aparecía publicado en forma extensa un reportaje que le dedicó varias páginas, con fotografías incluidas. Era una especie de carta de presentación de Pujador como portavoz del Consejo de Jefes de Rapa Nui. En él se hacían unas explícitas manifestaciones a favor de la necesidad de devolver a los pascuenses la titularidad de las tierras de la Isla que se encontraban inscritas en el fisco chileno desde 1933.

Esta cuestión ha sido el eterno caballo de batalla que ha venido enfrentando a los dos poderes, habida cuenta del especial valor y significado que la tierra tiene para el pueblo polinesio. «Tierra» se llama «Kainga», es decir «útero y matriz». Unos titulares hicieron estallar el conflicto contra Pujador: «Rapa Nui: le foncier fait grogner. La propriété de la terre pascuane au coeur d’un problème entre le Conseil des Chefs et le gouvemement chilien». La polémica estaba servida y los problemas para Antoni Pujador -«un espagnol au Conseil des chefs»- no hacían más que empezar. Además la gobernación al parecer se involucró en una contracampaña personal a través de cierta prensa, a lo que Pujador respondió con argumentos del mismo calibre.

A su regreso a Barcelona envió un larguísimo informe al Presidente del Consejo de Jefes, Alberto Hotus, en que le daba cuenta de las gestiones realizadas como portavoz del Consejo en su periplo alrededor del mundo en 19 días. Mantuvo interesantes entrevistas en Australia, Nueva Zelanda y Tahití. Además le pedía sugerencias prácticas sobre la efectividad de iniciar un boicot a los actos oficiales conmemorativos de la anexión de la Isla y que estaban previstos para setiembre de 1988. Le preguntaba, además, sobre la conveniencia de una posible presentación de un recurso al Tribunal de la Haya en el caso de que Chile se negase a acceder a las reclamaciones históricas isleñas. Solicitaba también información sobre los trabajos que un equipo de TV de la BBC había llevado a cabo en la Isla, en cuyas gestiones Pujador había actuado decididamente ante los máximos responsables ingleses, y que él consideraba de la máxima utilidad para «hacer llegar a todo el mundo el mensaje del Consejo de Jefes», según sus propias palabras.

Lo más grave era que le habían llegado voces en el sentido de que el gobierno de Chile intentaba involucrarle en oscuras operaciones políticas y que por lo tanto se le había prohibido la entrada en todo el territorio nacional, bajo la amenaza de detención y expulsión a instigación del gobernador. Esto le alarmó sobremanera. Cabía la posibilidad real de no poder volver nunca más a la Isla. Entonces se lanzó a una frenética indagación sobre la veracidad de estos rumores. Expresó sus temores al consulado en Barcelona y al mismo Intendente de la Vª Región de Chile. Las respuestas siempre le fueron favorables. En caso contrario, estaba dispuesto incluso a acudir a organizaciones internacionales en defensa propia, como el Parlamento Europeo, UNESCO, Naciones Unidas, CIEMEN o IWGIA.

La batalla cuerpo a cuerpo con el gobernador de la Isla designado por el general Pinochet siguió su curso. Ante la próxima celebración del Centenario de la anexión de la Isla de Pascua por parte de Chile, fue acusado sin ningún fundamento de ser uno de los instigadores de un boicot popular. De hecho prosiguió hasta que aquel gobernador fue relevado de su cargo como resultado de las elecciones democráticas que llevaron al poder en el gobierno de la nación a la Democracia Cristiana. La polémica no le impidió visitar la Isla durante el año siguiente. El Consejo de Jefes de Rapa Nui manifestó siempre su apoyo incondicional a su portavoz Antoni Pujador.

Pujador lidera la campaña mundial por la recuperación de tesoros arqueológicos

A mediados de enero de 1988 Antoni Pujador se había desplazado a París con el fin de asistir a la reunión del «Cercle d’Études sur l’Ile de Pâques et de la Polynésie». Acudió con la condición de portavoz del Consejo de Jefes y delegado del «Cercle d’Études» por el Estado español. La reunión tuvo lugar en una de las dependencias de Musée de l’Homme.

Llevaba entre manos un encargo muy especial del Consejo. Se trataba de que se pusiera en contacto con Francis Mazière en su apartamento parisiense para tratar de convencerle de la necesidad de que se aviniera a devolver la más preciada de las reliquias históricas, supuestamente en su poder. Nada menos que la famosa calavera que por tradición oral se atribuía al mítico rey Hotu Matua, el ancestro fundador de la estirpe rapanui, y portador de su insólita cultura a Isla de Pascua. A pesar de su empeño, el resultado de estas gestiones fue nulo. Otros investigadores como François Dederen, Jean Bianco y Grant McCall habían hecho un seguimiento paralelo con idéntico desenlace. La campaña de recuperación de piezas arqueológicas esparcidas por todo el mundo no había hecho más que empezar. Habría que esperar al nuevo gobierno de Patricio Aylwin surgido democráticamente de las urnas para recibir un nuevo impulso.

El diario «La Nación» de Santiago de Chile, el día 4 de julio de 1990, rezaba a toda página: «Ciudadano Catalán realiza una cruzada en todo el mundo para que el tesoro cultural de Rapa Nui vuelva a su lugar de origen». El propio periodista, Juan Hölzel, le calificaba de «incansable» en su afán por investigar el destino final de centenares de objetos únicos e irremplazables, sacados ilegalmente de la Isla y repartidos en museos y colecciones privadas de diversos países. Por contra, el Museo de Hanga Roa, el único de la Isla, disponía entonces de muy pocas piezas antiguas que por su interés histórico fueran representativas.

Con el evidente propósito de paliar esta situación de expolio cultural, el Consejo de Jefes había apadrinado e impulsado una campaña de envergadura. Pujador y el nuevo gobernador, Jacobo Hey, decidieron en 1990 tomar las riendas del asunto y hacer una llamada a la opinión pública chilena y mundial para que las colecciones privadas accedieran a devolver a los pascuenses parte de sus tesoros retenidos legalmente o ilegalmente. El primer fruto obtenido fue el retorno de unas piezas arqueológicas pertenecientes a Orasmín Gillies Gil, recién fallecido, que fueron entregadas oficialmente al Museo de Hanga Roa. Años atrás Thor Heyerdahl ya había restituido la mitad de una enigmática escultura femenina, descubierta en su campaña arqueológica de 1955-56. La prensa chilena se hizo eco de las gestiones de Pujador para la devolución de objetos tan emblemáticos como el «moai Hoa-haka- nana-ia» de Londres o las famosas tabletas «rongorongo» de los Sagrados Corazones de Roma. La tentativa no pasó de un buen propósito a tener en cuenta en un futuro.

© Copyright 2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (IV)

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (IV)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

Las fluctuantes pero siempre fraternales relaciones entre Antoni Pujador i Estany y Alberto Hotus

Rapa Nui (2)

Hasta que el panorama político general en Chile no hubo clarificado su futuro democrático, la relación personal entre estos dos destacados dirigentes de la política local fue de franca estima, admiración y respeto. Hotus era un líder nato, un viejo e incansable luchador a favor de las reivindicaciones históricas de Rapa Nui. Hasta entonces su autoridad no había sido puesta a discusión en el seno del Consejo de Jefes.

Pujador, en cambio, era visto como el apasionado y noble forastero que había sido admitido dentro de la sociedad indígena por sus cualidades intrínsecas. Prestigio ganado a lo largo de sus múltiples visitas a la Isla, tenacidad infatigable, «savoir faire» y un irresistible encanto personal.

Una activísima correspondencia cruzada entre ambos lo demuestra. Subordinación y absoluto respeto jerárquico hacia la persona y autoridad de Hotus fueron siempre mantenidos y reconocidos por Pujador. El singular carisma del tándem formado por Alberto Hotus Chávez, presidente, y Juan Chávez Haoa, vicepresidente, tampoco fue cuestionado de momento y de forma [55] abierta en el Consejo por el resto de representantes de las 36 familias tradicionales, al menos mientras el reparto del poder político siguiera en equilibrio sin alteraciones demasiado contrastadas. En los últimos tiempos aquellos dos habían sido los auténticos inspiradores, o cabezas visibles, en la orientación de las estrategias reivindicativas a seguir por parte del Consejo de Ancianos o Jefes Rapanui.

Pujador, por su parte, designado «portavoz del Consejo» a finales de febrero de 1987, además de miembro honorario con voz pero sin voto en las deliberaciones, desempeñaba una función de cualificado interlocutor en este organismo tradicional. Había demostrado tener inteligencia e ideas propias en política. Además gozaba de estima y admiración por parte de muchos residentes. Se le conocía por los numerosos viajes -alrededor de los veinte- que había realizado desde 1974. Él les correspondía con afecto sincero, pues desde el inicio se dio cuenta de la necesidad de conservar y fomentar los valores intrínsecos de la cultura rapanui. Su compromiso personal fue más allá de lo que le exigía el simple afecto a su «Isla» y su «pueblo». Esto estaba por encima de todo sin discusión. Hasta tal punto se sintió plenamente identificado con la Isla y su gente que no era raro oírle referirse a «ellos» por el indicador referencial de primera persona «nosotros». 

Este reconocimiento jerárquico, respecto a la autoridad y persona de Hotus, fue siempre mantenido y reconocido por Pujador. Mientras ejerció de portavoz del Consejo y como representante de los intereses del pueblo rapanui, siempre supeditó sus opiniones personales a las de la cúpula dirigente. En esta línea de fidelidad absoluta, por ejemplo, se enmarcan una serie de peticiones que le realiza Pujador en mayo de 1988. Le pide autorización para iniciar contactos con corresponsales de prensa y agencias de noticias domiciliados en Santiago de Chile. Reclama su conformidad explícita para iniciar él mismo las gestiones por télex y telefax a través de su propia empresa en Barcelona. Le sugiere la necesidad de hacerles llegar inmediatamente un extracto del «Memorial» que el mismo Hotus había inspirado. Por su parte, además. Pujador se comprometía a redactar una síntesis del mismo, traducirlo a diversos idiomas y remitirlo «a todo el mundo» en nombre del Consejo de Jefes, con sello y rúbricas oficiales. Además le pide información fidedigna sobre el éxito de dos documentales que la BBC de Londres había realizado en la Isla y, que tanto Pujador como el Consejo habían patrocinado a través de su director John Lynch. Así concluye Pujador su carta: «Debemos felicitamos, ya que escriben de nuestro Pueblo, y por él, por nuestro Pueblo hemos trabajado todos. Vosotros allá y yo aquí. Misión cumplida».

De todas maneras habían surgido problemas, seguramente debido a algún tipo de desajuste de cara al exterior. Más adelante se podrá hablar de una divergencia de estrategia y finalmente, en los últimos años de su vida, de franca desavenencia política entre los dos. Concretamente, a mediados de 1988. Antoni Pujador le había reclamado más coordinación en las actuaciones públicas, y una respuesta clara y rápida a sus planteamientos: Ya sabes que estoy, desarrollando una gran actividad, que estamos planteando nuestras reivindicaciones a nivel mundial; por lo tanto debemos actuar siempre coordinadamente.

Y añade que siempre someterá sus decisiones como portavoz a la aprobación del Consejo y su presidente, Alberto Hotus. Entre tanto, Pujador había tomado parte en diversos programas de radio y televisión a través de los que difundía los mensajes políticos en nombre del Consejo. Memorable fue la entrevista emitida desde Bilbao, especialmente invitado por la cadena autonómica vasca Euskal Telebista.

Entre otros frentes de batalla comunes liderados por el Consejo de Jefes de Rapa Nui, hubo uno especialmente significativo por su valor simbólico. Se trataba de iniciar una amplia campaña mediática contra la instalación de un monstruoso complejo turístico en la zona de Anakena por iniciativa del poderoso grupo hotelero «Club Meditérranée». Rápidamente Pujador marcó la estrategia a seguir por parte del Consejo de Jefes. Tomó cartas en el asunto, solicitando a la presidencia «carta blanca» para actuar en París delante de la dirección del Club Med. Con esta finalidad protagonizó una campaña de prensa en diversos periódicos y especialmente a través del boletín belga «L’Echo de Rapa Nui», dirigido y realizado por François Dederen.

A principios de noviembre de 1988 se encontraba de nuevo en Isla de Pascua. Tenía gran interés en realizar este viaje a fin de clarificar su posición dentro del Consejo y a la vez limar las diferencias de estrategia política que habían surgido con la presidencia. Era un momento de euforia comprensible porque, mientras tanto, se preveía el final del gobierno pinochetista, y con ello el cambio de gobernador, cargo que hasta entonces venía ocupando Sergio Rapu. Fue precisamente durante su estancia en estos días que tuvo que sufrir un tenso interrogatorio por parte del Jefe de policía local, especialmente preocupado por su papel representativo dentro del Consejo y por las posibles repercusiones si intentaba acudir a Naciones Unidas en caso de necesidad. En todo momento se mostró firme en sus convicciones respecto a la problemática rapanui. «Bajo ningún concepto claudicaría en la línea seguida hasta entonces»- le dio por respuesta.

En otro orden de cosas, hacía tiempo que se habían deteriorado las relaciones hasta entonces amistosas entre Antoni Pujador y André Valenta, entonces presidente del «Cercle d’Études de l’Ille de Pâques et de la Polynésie». En su caso venía ejerciendo doblemente como representante del Consejo de Jefes y delegado del Estado español dentro de aquel organismo con sede en París. No era cuestión de personalismos sino por la tendencia cada vez más manifiesta de Valenta en defender públicamente las opiniones y actuaciones del gobernador Rapu, que en su juicio se consideraban contrarias a las propuestas por parte del Consejo de Jefes. Teniendo en cuenta, además, las tensas relaciones existentes entre él y el gobernador, entonces aprovechó la ocasión para dirigirle a Valenta una durísima carta acompañada de su dimisión irrevocable al «Cercle d’Études». Hotus en nombre del Consejo tuvo que intervenir para reafirmar oficialmente las atribuciones de representación y honorabilidad de Pujador.

© Copyright 2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua ( y V)

Antoni Pujador y la Isla de Pascua ( y V)

Construcción de entidades nacionales en el Pacífico.
Antoni Pujador i Estany
(1948-1993)

Su intervención en la política de defensa de los derechos históricos de Isla de Pascua como miembro Portavoz del Consejo de Jefes Rapanui 

Centro de Estudios Históricos Internacionales.
Universidad de Barcelona

pujador-rapa-nui

Antoni Pujador-Manuheuroroa

Fue precisamente durante la visita a Isla de Pascua o Rapa Nui en noviembre de 1988 cuando adoptó un segundo apellido totalmente pascuense, concedido por la familia Teave. Lo que le vinculaba con los linajes más antiguos de la Isla. Esto le llenó de orgullo y de una gran satisfacción personal. Por fin era considerado un miembro más de la gran familia rapanui. A partir de enero de 1989 en toda la correspondencia «oficial» del Consejo de Jefes añadirá al primer apellido paterno catalán el otro adoptado de estirpe genuinamente rapanui: «Manuheuroroa» («El ave que vino de muy lejos»).

Pero con el nuevo año se observa una cierta descoordinación entre lo que propone Pujador y lo que ejecuta la presidencia del Consejo. Ya anteriormente, el portavoz Pujador le había reiterado no dejar de efectuar el acuse de recibo de todo tipo de documentación enviada por él, y comprobar que en el archivo del Consejo en la Isla no faltase ninguna de sus cartas, recortes de prensa o telefax remitidos. Son instrucciones precisas y perfectamente numeradas que a veces precisaban la conveniencia de tener que eludir algún tipo de control usando vías no convencionales.

Según la correspondencia enviada y recibida a lo largo de 1989, se hace patente un cierto malestar entre los miembros del Consejo de Jefes de Rapa Nui, fruto de una creciente politización de signo contrario entre los dirigentes más destacados. Antoni Pujador se da cuenta de forma inmediata del grave problema que ello suponía e intenta por todos los medios frenar un proceso que podría hacer peligrar la unidad del Consejo hasta entonces celosamente mantenida. Por vía confidencial se le Informó acerca de unos rumores en el sentido de una futura vinculación de algunos de sus miembros a una opción política más allá del marco de los intereses de la Isla. En opinión de Pujador Manuheuroroa, el Consejo nunca debería supeditarse orgánicamente a ningún partido político estatal. Había que evitar a toda costa fragmentar la unidad de acción de los pascuenses.

Además apuesta por la posibilidad de hacer un paso más en el reconocimiento  de la personalidad política y Jurídica de Rapa Nui. Avisa que hay que estar preparados para plantear la cuestión para cuando la Democracia Cristiana gobierne en Chile. Sugiere introducir alguna reforma en la Constitución que les permitiera una amplia autonomía. Para ello les remite unos ejemplares de los textos oficiales de los estatutos de autonomía catalán y vasco, además de prometer el envío de los reglamentos jurídicos adoptados por las islas Cook y Niue con regímenes políticos parecidos en el ámbito del Pacífico.

Curiosamente las divergencias en el seno del Consejo se hicieron más patentes desde el momento en que la Corte Suprema de Santiago hubo reconocido una cierta forma de personalidad jurídica al Consejo de Jefes Rapanui. Se agravaron en especial cuando el panorama político chileno se hubo adaptado a la forma tradicional de partidos clásicos. Ante una futura coalición de los rapanui con los pueblos aymarás y mapuches, Pujador emitió su opinión como portavoz. Expresó sus reservas al respecto debido a ciertas disensiones surgidas entre los representantes políticos de las minorías. Su deseo era que los pascuenses obrasen independientemente del resto de grupos indigenistas chilenos, en contra de la opinión de una parte del Consejo de Jefes de Rapa Nui. En un futuro no muy lejano esta cuestión tan crucial se convertiría en el «talón de Aquiles» que hundiría la facción más «soberanista» del Consejo representada por el vicepresidente Juan Chávez, tal como temía Antoni Pujador.

Las elecciones post-Pinochet estaban previstas para diciembre de 1989 y en esta ocasión Pujador creyó que la opción que mejor podía ayudar a la causa rapanui era la candidatura de la Democracia Cristiana, liderada por Patricio Aylwin.En la sede del Colegio de Antropólogos de Santiago de Chile había tenido lugar el primer «Encuentro por los Derechos de los Pueblos Indígenas y sus Demandas», con representantes Aymará, Mapuche y Rapanui. En representación de la Isla asistieron Alberto Hotus y Petero Edmunds. El éxito fue total y se suscribió un documento titulado «Acuerdo conjunto».

En la reunión realizada en la Isla se insistió sobre la demanda de recuperación de los títulos de propiedad de las tierras que había sido presentada a la Corte de Apelaciones en agosto de 1988. Para el mes de junio de 1989 estaba previsto celebrar un congreso de pueblos indígenas durante el cual se elegiría un Consejo Coordinador con dos miembros de cada organización, los cuales tendrían que colaborar con las comisiones de derechos humanos.

De la asamblea de pueblos indígenas celebrada en Santiago a principios de año, salió una Declaración de Principios y la propuesta de formación de un nuevo partido político, que tomaría la denominación de «Partido de la Tierra y la Identidad» (P.T.I.). Su finalidad sería agrupar todas las minorías étnicas de Chile, incluida Rapa Nui. Las opiniones a favor y en contra pronto se dejaron oír, ya que las elecciones al Parlamento estaban previstas para  diciembre de 1989 y constituían una coyuntura excepcional para conseguir un amplio eco. Alberto Hotus multiplicó las gestiones políticas ante las autoridades y medios de comunicación. Y a fin de formalizar e inscribir el nuevo partido étnico P.T.I., una representación del Consejo de Jefes Rapanui se desplazó a Santiago.

De todas maneras, la idea de ingresar en la estructura de un partido político desagradó profundamente a alguno de los miembros más significativos del Consejo, especialmente al grupo de opinión representado por el vicepresidente Juan Chávez, y al cual pronto se adhirió el portavoz Antoni Pujador Manuheuroroa. Una brecha insalvable acababa de abrirse entre viejos amigos y sinceros luchadores por los derechos de Rapa Nui, que quizás nunca más volvería a cerrarse.

Ya finales de 1989, Pujador mostraba su profundo disgusto. Reconocía que, a pesar de su dedicación total a la causa política del Consejo de Jefes, se sentía aislado y que su comunicación con la presidencia se hallaba estancada. Los desacuerdos Pujador-Hotus llegaron a la máxima tensión a mediados de 1991, según parece, con motivo de haber enviado el primero por «motu propio» unas cartas en nombre del Consejo a diversas embajadas de Chile en algunos estados europeos. El texto de la discordia no era otro que un documento acreditativo a favor del mismo Pujador-Manuheuroroa como delegado y portavoz exclusivo de dicho organismo indígena en previsión de los actos a celebrar en Sevilla para el próximo V Centenario y Expo 92. El malestar fue en aumento.

Vista desde el exterior, esta profunda desavenencia no parecía revelar ningún tipo de antagonismo personal sino más bien que los tiempos habían cambiado. Por lo tanto, el papel de representatividad política otorgada a Pujador -una persona no originaria de la Isla- había cambiado radicalmente desde el preciso momento de la restauración democrática en el Juego político chileno. Su funcionalidad había mermado considerablemente. Ante el nuevo panorama de la nación, es natural que Alberto Hotus quisiera asumir personalmente la dirección política del Consejo de Jefes y, por lo tanto, que desaprobase las iniciativas personalistas de Antoni Pujador. Por otra parte, y según parece, Hotus había sido desestimado para ocupar un cargo local en el momento de la renovación democrática.

Sin intentar dimitir ni del Consejo ni de sus responsabilidades, Pujador manifestó sus deseos de reorientar su vida centrándola en la Isla en la que pensaba poseer residencia permanentemente en un tiempo no muy lejano. A sus 42 años y después de haber dedicado 17 a la aviación y los restantes a viajar prácticamente por todo el mundo como director de exportaciones había decidido detenerse.

Durante el mes de junio de 1990 tuvo que realizar un viaje profesional a Guadalupe y Martinica por cuenta de la empresa. De allí saltó a Miami y posteriormente [60] a Chile, para proseguir el vuelo hasta Isla de Pascua. Fue en esta ocasión en que conoció al nuevo gobernador, Jacobo Hey Paoa. Ambos se desplazaron hasta Santiago en visita oficial al nuevo Presidente, Patricio Aylwin, en audiencia privada en la sede del Palacio de la Moneda. En estas circunstancias, Pujador actuó como secretario accidental del gobernador de Isla de Pascua. Una de las primeras tareas que propulsó Hey fue iniciar oficialmente el retorno de piezas históricas al museo de la Isla, en cuya campaña Pujador tuvo un papel muy destacado.

Por otra parte y fiel a los compromisos preelectorales adquiridos, en mayo de 1990 el Presidente Aylwin firmaba un decreto por el que se creaba la Comisión Especial de Pueblos Indígenas, encargada de elaborar una ley que recogiera las demandas de los tres grupos étnicos. La participación de los representantes pascuenses en la Comisión Nacional de la Ley Indígena provocó una fuerte polémica entre los residentes en la misma Isla.

A partir del año 1990 Pujador reconoce que su actividad epistolar ha decrecido mucho fruto de sus compromisos laborales. El poco tiempo libre de que dispone tiene que dedicarlo a la absorbente tarea de portavoz del Consejo. Por ello se observa una notoria reducción de protagonismo en este cometido. Paulatinamente la función directiva será controlada y monopolizada por su líder histórico, Alberto Hotus. Pujador va pasando a un papel claramente secundario, a la vez que detectaba como un sector muy representativo de sus componentes se inclinaba a favor del partido político PPD y temía que la evidente politización acabaría con su pluralidad e independencia.

Haciendo gala de un pragmatismo inteligente, fue relegando las funciones políticas de representación internacional a cambio de incrementar sus actividades profesionales de forma cada vez más exclusiva. Por este motivo los viajes se le multiplicaron extraordinariamente. Una vez desligado de su antigua sociedad industrial en la que venía trabajando desde 1982, le llegó la ocasión de crear su propia empresa, aunque de reducidas proporciones y con sede en Barcelona, dedicada a importación y exportación.

A mediados de julio de 1992 repitió viaje comercial a Sudamérica, visitando clientes en Caracas, Bogotá y Santo Domingo. Sería el último, a excepción de una visita esporádica a Sevilla con motivo de la Expo 92. Inmediatamente a su regreso, sufrió un ataque cerebral que le mantendría hospitalizado durante varios meses. Graves complicaciones posteriores acabarían con su vida y truncarían definitivamente sus entusiásticos proyectos.

En cumplimiento de sus postreras voluntades, sus cenizas mortales fueron trasladadas por la familia a «su Isla». Desde entonces, Antoni Pujador i Estany reposa «entre otros dirigentes o matato’a que han construido su Historia» -según reza su lápida sepulcral en el cementerio de Hanga Roa (Isla de Pascua). Fue enterrado con honores de un auténtico «jefe de tribu». La losa de mármol exhibe esculpido el emblema oficial del Consejo de Jefes Rapanui en uno de sus ángulos superiores. Además legó a la Isla una importante suma de dinero para beneficencia.

Poco tiempo después de su desaparición se consumó el cisma entre los dirigentes indigenistas isleños apareciendo un segundo Consejo de Jefes Rapanui en competencia con el anterior. Sus temores se habían cumplido.

 © Copyright 2008 Francesc Amorós i Gonell
Revista Española del Pacífico. Nº 11, Año 2000

Antoni Pujador y la Isla de Pascua (I)

 Artículos de Interés:

1.-Antoni Pujador Manuheuroroa 

2.- Rapa Nui: Un mundo perdido al este de Polinesia : Entrevista a Francesc Amorós

Tatuaje en las Islas Samoa


” … Cada acción relacionada con el tatuaje era una oración. Es una oración. La recolección de materiales y el acto del tatuaje en sí mismo, que yo comparo como una forma de escritura. Los maestros tatuadores son, en cierto sentido, los mediadores de Dios en la tierra. Escribiendo la verdad de Dios, aquella que se encuentra en la estrella de mar, en el ciempiés, la canoa, el zorro volador, todos los símbolos del tatuaje, los elementos de la naturaleza y del universo están cartografiados en la memoria, cartografiados en los muslos de nuestras jóvenes mujeres y en las nalgas de nuestros hombres. Esta es nuestra oración. Una oración que llevamos con nosotros. Siempre.

Es un prodigio que el tatuaje de una mujer sea el malu. Malu significa proteger. Refugiarse. Fa’amalu. Como un paraguas. Un paraguas de alofa, de amor, manchado con un poco de sangre. Un poco de dolor. Pero es alofa lo que cuenta. El tatuaje es la expresión máxima de alofa, de amor. Una oración que no solo es interpretada por aquel que lleva el tatuaje si no, también, una oración para toda la ‘aiga, la familia entera, la aldea, el distrito, el país. Esto es lo que yo creo que es un tatuador. Es la única posesión que tengo. El único presente con el que obsequiarnos el uno al otro… “

They who do not Grieve
Sia Figiel

Greg Semu, New Zealand Samoan photographer - Sef portrait with pe’a

Fotografía: © Greg Semu

En las islas Samoa el tatuaje o pe’a formaba parte de las ceremonias rituales que marcaban el paso de la adolescencia a la edad adulta. Hoy no existe una edad precisa para tatuarse, niños y niñas de nueve años puede llevar dibujado sobre su cuerpo un pe’a completo.Tatuarse exige un proceso extremadamente doloroso que implica sesiones prolongadas de trabajo minucioso.  El dolor forma parte esencial para su elaboración  y su duración puede variar entre una semana o varios meses. Una vez el tatuaje ha sido iniciado, debe acabarse por completo; una tarea no concluida supone la vergüenza para el individuo y la deshonra para su familia. El tatuaje en Samoa se considera símbolo de madurez, valor, prestigio social y belleza. El cuerpo humano tatuado es portador de genealogía, historia y poesía.

Los tufuga tatatau o maestros tatuadores utilizan todavía las técnicas tradicionales : instrumentos de madera en forma de peine, con agujas afiladas unidas a un mango. Las puntas se impregnan con un pigmento negro extraído a partir del hollín de queroseno o del fruto candlenut y se introducen bajo la epidermis mediante golpes aplicados con un pequeño mazo de madera.

Existen cuatro tipos de peines: ‘au fa’atala o ‘au mono, para la elaboración de los puntos o diseños; el ‘au sogi ‘aso tetele, para las líneas gruesas; el ‘au sogi’aso laitiiti, para las líneas más finas; y el ‘au fapulu, para rellenar las áreas que aparecen completamente negras. Los instrumentos que se utilizan en el tatau son guardados por el tufuga en los tulama o cajones de madera.

Los diseños cubren el cuerpo, en el caso de los hombres desde arriba de las rodillas hasta la altura del ombligo, recreando sofisticadas e inconfundibles formas geométricas que representan elementos simbólicos de la vida diaria, de la cultura y de las tradiciones samoanas.

Aunque tatuarse exige a muchas familias enormes sacrificios económicos, la mayoría de los padres obligan a sus hijos a someterse a este ritual milenario, aunque  el número de jóvenes que desean tatuarse por voluntad propia ha incrementado de forma muy considerable como forma de expresión y orgullo cultural.  En Aukilani (Auckland / Aotearoa Nueva Zelanda) donde residen muchos polinesios originarios de Samoa, existen algunos expertos tufuga tata’tau que atienden múltiples peticiones de pe’a y malu La habilidad y destreza de los maestros tatuadores es reconocida a través de un complicado sistema de pago que que consiste en la presentación tradicional de esteras tejidas en pandano (Pandanus species), comida y otros bienes materiales tradicionales. Aquellos samoanos que ejercen como tufuga tata’tau en otros países, aceptan una forma de pago menos comprometida con la tradición, la cual se traduce en una elevada retribución de dinero en efectivo.

Tan sólo en las últimas décadas el ta’tau representa para los jóvenes samoanos,  una forma de rechazo a las transformaciones e influencias del mundo occidental también, como expresión  del orgullo cultural e  identidad  como individuo y pueblo. En la antigüedad tan solo los hijos e hijas de los jefes eran tatuados. Los tatuajes de las mujeres reciben el nombre de malu.

La leyenda cuenta que las hermanas gemelas Taema y Filifaiga de Manu’a (Amerika Samoa) nadaron hasta el archipiélago fijiano con el deseo de visitar a la hija del Tu’i Manu’a ( jefe de descendencia divina que gobernaba desde las islas sagradas del archipiélago de las Manu’a centro del universo, desde donde se creó Samoa) , quién se había casado con el Rey de Fiji. Allí aprendieron las técnicas del tatuaje de Tufou y Filelei.

A su regreso a Samoa, Filifaiga se estableció en Falealupo (Savai’i) convirtiendose en la diosa de la guerra Nafanua. Taema nadó hasta Tutuila para quedarse en Poloa (Amerika Samoa).

Al principio de los tiempos en Fiji era costumbre tatuar tan solo a las mujeres Taema, para no olvidarlo compuso una canción sin embargo, a su llegada a la Samoa Oriental ya no se acordaba de ella y recitó:

Tupu lei tane, tale tatau.
Tupu fafine , fanafanau.

Cuando un varón crezca, tatuarlo.
Cuando una hembra crezca,
qué de luz a criaturas
” 
[1]

Desde entonces, el protagonismo del tatuaje recae sobre los hombres, aunque las mujeres tatúan sus muslos (malu) en una bella constelación de puntos que imitan las estrellas de mar y las medusas.

En Samoa i Sisifo existen tan solo dos familias distinguidas de tatuadores, los Su’a de ‘Upolu y los Tulouena de Savai’i. Actualmente, una tercera familia esta reclamando sus derechos históricos para poder practicar el arte del tatau. Suluape Alaiva’a Petelo pertenece a la ‘aiga o familia extendida de los Su’a, y es uno de los tatuadores con mayor reconocimiento tanto a nivel local como internacional. Iniciandose en 1976, ha practicado desde entonces el arte del tatuaje tradicional samoano alternando con su trabajo como profesor. Su hermano Paulo, reputado tatuador de fama internacional murió asesinado en 1999 en Aotearoa Nueva Zelanda. Petelo  quién vive en Australia y Lafaele, su otro hermano que reside en Samoa, son tufuga tatatau muy respetados.

Su’a Suluape Alaiva’a Petelo aprendió las técnicas de tatuaje de su padre, y ahora su hijo más mayor las aprende de éste, aunque no podrá hacerse cargo del au ( peine y mazo de tatuaje) hasta que sus otros hermanos hayan por el mismo proceso de aprendizaje que él.

Suluape posee sus propias ideas acerca del ta’tau y con ellas a formulado teorías muy controvertidas sobre su origen. Sin considerar la tradición oral de Taema y Filifaiga, el maestro cree que Fetu y Tulouena fueron quiénes introdujeron los instrumentos para elaborar los pe’a. Estas dos mujeres viajaron desde Samoa hasta el archipiélago de Manu’a (Samoa Oriental) y desde una aldea llamada Fitiuta (“Fiji tierra adentro“) en la isla de Ta’u, trajeron consigo todos los elementos necesarios para tatuar.

Suluape cree al mismo tiempo, que los habitantes de la bella y remota isla de Ta’u, donde la antropóloga Margaret Mead llevó a cabo sus estudios de campo en la década de 1920, podrían ser los descendientes de Las Tribus Perdidas de Israel que habrían emigrado atraves de Indonesia y Melanesia hasta llegar a Samoa. Para sustentar sus teorías apunta a la similitud que existía en el plano religioso, entre las antiguas creencias samoanas y el cristianismo aportado por los misioneros, de  ambas se desprendía la predicación de la hospitalidad el respeto y el amor.

Según propias palabras de Suluape, llevar a cabo un pe’a con instrumentos modernos no es lo adecuado, como tampoco lo es dejar un tatuaje a medias. Una vez el individuo se ha decidido a llevarlo a cabo, ya no hay vuelta atrás, es inconcebible; las consecuencias serían terribles para la familia (‘aiga), una verguenza difícil de soportar. En Samoa las acciones individuales ya sean  buenas o malas, recaen sobre la familia entera.

Para que un pe’a sea perfecto las líneas tienen que ser finas y precisas. Si se penetra la piel en profundidad, la tinta elaborada a partir del hollín del fruto Aleurites moluccana  o del keroseno puede expandirse y arruinar el tatuaje. Suluape emplea un peine confeccionado con colmillos de cerdo que ha sido previamente trabajado por él, con la sola utilización de un cuchillo. Sus puntas son casi tan afiladas como los de una cuchilla de afeitar y se van introduciendo profundamente bajo la piel al golpear con la ayuda de un bastoncillo el mango de un pequeño rastrillo. La destreza de los tufuga tata’tau es proverbial.

Ayudados en todo momento por dos asistentes que han pasado previamente por el ritual, estos estiran la piel del soga’i miti o persona a tatuar a fin de que el trazo sea perfectamente limpio. El maestro tatuador encadena líneas curvas, rectas y puntos con gran rapidez, precisión y seguridad.

Cuando la ceremonia del tatuaje llega a su fín, su éxito es celebrado con gran alegría. Se inicía con una plegaria de acción de gracias a Dios, cubriendo el cuerpo del soga’i miti con aceite de coco e incitandole a bailar danzas tradicionales como acto de exhibición de la obra de arte que ahora su piel es portadora. Más tarde, se parte un huevo sobre la persona recién tatuada, hecho que simboliza el nacimiento de una nueva persona, un individuo ya maduro que ha demostrado con creces su coraje.

Texto: Tangata O Te Moana Nui
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Measina Samoa: Stories of the Malu es el  hermoso cortometraje de Lisa Taouma que podéis ver  en  el  documental Tatau: A Journey Este formó parte de una exposición TA’ TAU junto a las extraordinarias fotografías de Mark Adams,  inaugurada en Londres en el 2003  junto a una conferencia en la Universidad de Victoria: Ta’tau/Tattoo Embodied Art & Cultural Exchange 1760-2000 con el patrocinio del The Getty Grant Programme (USA), la Arts & Humanities Research Board (Reino Unido) y el Goldsmiths College de la Universidad de Londres y auspiciada por los departamentos de Estudios del Pacífico e Historia del Arte. En esta interesantisima exhibición , se exploraron  los orígenes, historia y la práctica del tatuaje tradicional samoano y su significación actual. Desde el pe’a masculino al malu femenino contemplando el tatuaje samoano desde una perspectiva contemporánea y documentando la extraordinaria historia transcultural de este arte ancestral polinesio desde la década de los años setenta, en que fue  transplantado a las comunidades originarias de las Islas de Polinesia establecidas en Aotearoa Nueva Zelanda, y su difusión internacional entre las subculturas urbanas.

La serie  expuesta, de cuarenta y tres fotografías  están basadas en la relación establecida durante veinticinco años con el tufuga tatatau o maestro tatuador de la ‘aiga o familia extendida de los Sa Su’a y especialmente a través de la amistad con el maestro Sulu’ape Paulo II. El cortometraje de Lisa Taouma Measina Samoa: Stories of the Malu es un viaje metafórico que se adentra en los orígenes mitológicos del tatau. La película representa de una forma imaginativa la leyenda de dos hermanas que llevaron consigo los conocimientos necesarios para llevar a cabo la práctica del tatuaje en las islas Samoa, y yuxtapone esta misma tradición oral, con los testimonios de mujeres samoanas que hoy nos hablan del malu y del significado e importancia que hoy representa en sus vidas. Con todo ello TA’ TAU afirma la vitalidad de una práctica cultural ancestral, al mismo tiempo que plantea cuestiones complejas relacionadas con la cultura y la globalización; la identidad sexual y la etnicidad, y el intercambio cultural y la representación etnográfica.

Mark Adams reside y da clases de fotografía en Auckland (Nueva Zelanda). Es uno de los fotógrafos más destacados de Nueva Zelanda y su obra se encuentra expuesta en la Auckland Art Gallery, Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa y la Christchurch Art Gallery. Centrando su trabajo fotográfico en el tatuaje samoano, sus fotografías han sido exhibidas en Nueva Zelanda, Australia, África del Sur, Brasil y Europa. Su cámara, refleja a un mismo tiempo las relaciones entre los maori y los pakeha en la región de Rotorua, en el área central de la isla del norte y en los extraordinarios paisajes de la isla del sur de Aotearoa. Destacamos sus libros Land of Memories (1993) y Cook’s Sites: Revisiting History (1999).

Desde la década de los setenta acompañó a Sulu’ape Paulo en su labor como tufuga tatatau o maestro tatuador experto en las técnicas tradicionales lo que le permitió reflejar este arte ancestral polinesio con toda autenticidad. Capturado en la mayoría de ocasiones en los deprimidos suburbios de Auckland, donde se concentra una mayoría de origen polinesio, Marks muestra las pautas que exige la tradición samoana en cuanto a la elaboración de un tatuaje, la utilización de instrumentos tradicionales, las esterillas trenzadas en pandano donde la persona que va a ser tatuada se recuesta y sobre la que se sienta de piernas cruzadas el tatuador; aunque sin apartar de esta visión aquellos ceniceros llenos de colillas, las bolsas de plástico, el mobiliario kistch polinesio, en definitiva todo aquello que representa la vida contemporánea como exposición de la búsqueda de una identidad que permita una balance armónico entre el mantenimiento de la tradición y la adaptación al mundo de hoy. El pe’a es un símbolo masculino de status, y cada día más entre los samoanos de Aotearoa Nueva Zelanda, un motivo de orgullo cultural, pero al mismo tiempo y en la sociedad pakeha sinónimo de pobreza y desarraigo.

Actualmente se puede contemplar la obra fotográfica de Marks relacionada con el arte del tatuaje en Tatau: Samoan Tattooing and Global Culture exposición que tiene lugar en el Museo de Antropología de la Universidad de la Columbia Británica Las fotografías son el diálogo íntimo del artista con el imaginario creado en entorno a las sociedades y culturas de las Islas del Pacífico que se inició con la llegada de los occidentales, un análisis de los retratos de la historia de la etnografía y la ética de las representaciones transculturales. Las fotografías muestran un mundo globalizado que se apropia del tatuaje samoano y polinesio precipitando la desaparición de las técnicas tradicionales en beneficio del mercantilismo.

El tatuaje pasa convertirse en una moda, en un artículo de consumo, en el absurdo de un tribal desposeído de toda significación cultural y espiritual. En los años noventa, en los que parecía querer tatuarse medio mundo occidental Sulu’ape tuvo reconocimiento internacional, Mark Adams le acompañó a convenciones, encuentros y ferias de tatuaje, especialmente viajes a Europa consecuencia de ello, algunas fotos que muestran esta apropiación que tantos problemas ocasionó al tatuador samoano, como la del holandés Michiel Thieme un comerciante arte étnico que rodeado de sus trofeos y portando un arma primitiva, muestra la confusión de tatuajes de Borneo, Marquesas y Samoa (labor de Sulu’ape) que inundan su cuerpo en una confusión “tribal” digna de reflexión.

[1] Aqui tenéis la letra en samoano y traducida al español, de la   preciosa canción   que los samoanos cantan para apoyar y aliviar el sufrimiento de la persona que es tatuada. En ella se relata  como  Taema y Filifaiga  introdujeron en Samoa el arte del tatuaje.

 Faimai e tata o tane,
‘Ae le tata o fafine

Silasila I si tama ua ta’atia
O le tufuga lea ua amatalia
Talofa ua tagi aue aue
Ua oti’oti solo o le ‘autapulu tele

Sole sole ia e loto tele
O le ta’aloga fa’atamatane
E ui lava ina tiga tele
Ae mulimuli ane ua e fefete

O atunu’u uma o le Pasefika
Ua sili Samoa le ta’uta’ua
‘O le sogaimiti ua savalivali mai
Ua fe’iafi mai o na fa’a’ila

O asofa’aifo, fa’amuli’ali’ao
Fa’aatualoa, selu fa’alaufao
O le sigano fa’apea fa’aulutao
Ua ova I le vasa laolao

Este es el origen de ta’tau en Samoa

El viaje de dos hermanas
Que llegaron desde Fiji, nadando en el océano

Trajeron un cesto con los instrumentos necesarios para
Elaborar el tatuaje
Y la canción que cantaban
Decía que tan sólo las mujeres podían tatuarse,
No los hombres

El motivo porque los hombres se tatúan
Es porque las hermanas se equivocaron
Al cantar su canción
En aguas cercanas a Falealupo
Encontraron una ostra gigante
Y buceando, quisieron atraparla
Cuando regresaron a la superficie
Cantaron:
Sólo los hombres pueden ser tatuados,
No las mujeres

Mira al joven recostado
Mientras el tufuga inicia su labor
Da lástima el lamento del muchacho
Al sentir el diente del autapula

Se valiente joven
Es cosa de hombres
Aunque sea tan doloroso
Luego estarás muy orgulloso

De todas las Islas del Pacífico
Samoa es conocida por su ta’tau
El hombre joven caminando con su ta’tau
Mientras relucen al sol

RECUERDA QUE COPIAR EL TATUAJE DE OTRA PERSONA, ES COMO  APROPIARSE DE SU HISTORIA PERSONAL