Samoana Blue

La fascinación por las Islas del Pacífico te viene a una edad muy temprana. ¿No es cierto?

Es una larga historia yno dejaría de decir que es bella, puesto que es la mía. Ni Stevenson ni Melville suscitaron mi fascinación por los Mares del Sur. Surgió de la lectura de un libro que escribió un hombre sencillo y excepcional. Un navegante solitario español, que con el paso de los años tendría el privilegio de conocer en persona. Aquellas páginas llenas de poesía me trajeron la simplicidad y belleza de unas islas que transformarían en privilegiada los últimos años de mi adolescencia.

¿Algún lugar de las Islas del Pacífico en que te sientas especialmente a gusto o al que te retirarias indefinidamente?

Me apasiona Amerika Samoa la belleza de su paisaje es estremecedora, creo que no existe ninguna exageración en esta afirmación. Muy poca gente se molesta en visitar este archipiélago pues al ser territorio de los Estados Unidos de América, instantáneamente suscita connotaciones de aculturación y materialismo americano. Sin embargo la realidad puede ser muy bien otra si uno se preocupa en desvelarla, claro está. Los habitantes de estas islas tienen una capacidad asombrosa para samoanizar muchos elementos llegados del exterior. Por otro lado, los samoanos que viven aquí no se muestran muy entusiasmados con abrirse a los visitantes.

Rotuma es otro lugar muy especial, sus escenarios naturales también rayan lo paradisíaco e irreal. La isla está prácticamente cerrada a todo extranjero ajeno a su comunidad. Es imperativa una invitación por parte de familiares o amigos. No existen hoteles, ni restaurantes, ni nada por el estilo. Entre finales y principios de cada año todos sus habitantes se sumergen en el mane’a, un tiempo de esparcimiento que se prolonga casi más de dos meses. La gente deja todas sus obligaciones a parte y pasa los días enteros cantando y bailando. Lo llaman fara y puedo asegurar que es una experiencia realmente fascinante.

¿Momentos inolvidables?

Viajar por las Islas del Pacífico, como hacerlo por otros rincones del mundo, me proporciona momentos que siempre son difíciles de olvidar. A todos nos lo ocurre mismo. Sin embargo, la simplicidad me seduce; las cosas sencillas de la vida. Recordar el conducir por las calles de Nuku’alofa y Tongatapu en un mini amarillo destartalado, el tomar un dry martini en el Pago Bay acompañado por la música de Mancini y Sinatra mientras una tormenta impresionante se desploma sobre la bahía de Pago Pago; pasar largas horas de talanoa (conversación) con los jóvenes o los más ancianos, admirar las bellas y sensuales danzas de las muchachas polinesias; noches de ukelele y guitarras cantando bajo las estrellas canciones que hablan del amor y del mar, de héroes y navegantes legendarios• todo ello me produce un placer intenso y, como no, una nostalgia infinita que no cesa hasta volver a poner pie en aquellas tierras.

¿Alguna experiencia negativa puntual?

No, la verdad es que no. Más bien situaciones un tanto comprometidas o difíciles. En un primer viaje a las Islas Fiji estuve en un pueblecito del interior de Viti Levu, fui con un amigo originario de Truk, un archipiélago remoto de la Micronesia, y entonces estudiante del Pacific Theological School en Suva. Para él, evidentemente, la adaptación fue mínima o inexistente, por el contrario para mi fue un esfuerzo extraordinario que me exigió dormir por primera vez en una esterilla sobre el suelo, bañarme desnudo a las cinco de la mañana en un río de aguas heladas y una corriente imposible de dominar; o dedicar horas, horas y más horas a beber yaqona, es decir la kava, la raíz de la pimienta triturada, mezclada con agua y de efectos semi narcóticos que en estas islas es toda una institución social y cuya ingestión no escapa a ninguna ceremonia tradicional o encuentro social informal.

Otra experiencia ocurrida en el mismo país fue un aparatoso accidente de tráfico en Suva, donde más de la mitad de la docena de amigos que viajábamos en la caja abierta de un pick up acabamos en el hospital. Fue increíble, salimos disparados por los aires y en todas direcciones y todavía me asombro de que las consecuencias no fuesen mayores teniendo en cuenta, sobre todo que Pasepa, una polinesia de proporciones considerables, estuvo a punto de aterrizar sobre mi. Hubiese sido desastroso! Aún así hay que decir que yo fui el único que salí más mal parado de todo aquel asunto. En el War Memorial Hospital sentí en primera persona y por vez primera lo que supone ser atendido en un hospital del Tercer Mundo, con la carencia tremenda de medios e infraestructura que ello supone.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Un accidente provocado por la lluvia. Llegué al hospital hecho un auténtico desastre, a parte de perder mi reloj y una chancla, mis pantalones estaban sucios y rasgados; mi cara llena de magulladuras y los brazos con heridas profundas. Lo primero que me hicieron fue, lógicamente, curarme aquellas heridas, luego me pidieron que me desnudara, me dieron una bata y me dejaron encerrado, pestillo echado, en la sala de rayos X durante más de una hora. Al salir de aquel cubículo asfixiante no había ni rastro de mis amigos.

Me encontré totalmente solo y sin saber muy bien que hacer. En aquellos momentos, las personas con quiénes había sido trasladado al War Memorial estaban declarando a la Policía. En las horas y días siguientes un desfile interminable de médicos y enfermeras pasó por mi habitación diciéndose, desdiciéndose y contradiciéndose; dando diagnosticos y recomendaciones diferentes.

Jóvenes enfermeras y médicos australianos y de Nueva Zelanda en prácticas• indios, chinos, europeos y fijianos• Finalmente conseguí que me visitase John Fatiaki médico privado, y para mi suerte, uno de los mejores profesionales en medicina del país. Me hizo un reconocimiento interno, me quedé un poco más tranquilo y en reposo en cama durante dos semanas, en las cuales tampoco me libre de expertos en masajes y medicina tradicional. Lo mejor de toda esta historia es que horas antes de producirse aquel accidente, alguien me había insinuado que algo malo podía ocurrir!

¿A que te refieres, puedes explicarlo?

Aquel día fue muy especial y extraño a la vez. Mi familia adoptiva en Fiji es originaria de Rotuma, una isla que a pesar de formar parte de esta nación de Melanesia, posee una fuerte identidad polinesia reflejada tanto en el aspecto físico y lengua, como en los usos y costumbres de sus habitantes.

Una de las ceremonias más relevantes que tienen lugar entre los rotumanos es la mamasa. Esta se lleva a cabo en honor a todos aquellos que han dejado su lugar de origen y al cabo de un tiempo regresan a él. Es una celebración de bienvenida que encuentra su origen en aquellos tiempos en que los polinesios del Pacífico, después de largas y agotadoras jornadas marinas y de vuelta a sus islas de orígen, se les acogía en calurosa recepción y tras rituales purificadores se celebraban grandes fiestas en donde abundaban los alimentos, y los cantos y danzas no dejan de cesar.

Hoy cualquier persona que vaya a Rotuma por primera vez o regrese a esta después de un largo periodo de ausencia, es receptor de la mamasa. Esta puede tener lugar tanto en la isla como entre las comunidades rotumanas establecidas en Fiji. Entre los fijianos existe una ceremonia similar. Aquellos que van a recibir la mamasa se acomodan en ‘apei o esterillas trenzadas en pandano (Pandanus species), con las piernas cruzadas y vistiendo un ha’fali o pareo anudado a la cintura y una camisa que, dependiendo de la ocasión, serán reemplazadas por ropa seca. Se supone que cuando llegas de un largo viaje estas extenuado, hambriento y mojado.

La segunda parte consiste en la ofrenda de te fui o collar, confeccionado con hojas de apea y lana, momento en los cuales el mafua, el más anciano o persona adulta del grupo reunido y orador, entona una canción de bendición y seguidamente una mujer derrama aceite de coco sobre la cabeza del homenajeado. A partir de este momento se da paso a un gran banquete al que le siguen la música y el baile.

Tras mi primera mamasa un hombre mayor se me acercó y, probablemente, tras haber visto a mi amigo chileno Vidal Flores retratandome con la cámara durante la ceremonia, me dijo que si en alguna de aquellas fotos salía una persona ajena a aquellas sentadas y receptoras del ritual (eramos tres y yo estaba situado en el medio) a alguna de estas, especialmente la que estuviese en el centro, podría ocurrirle algo desagradable. Después del accidente de tráfico y reveladas las fotos descubrí con asombro que una mano y parte del brazo de alguien salía en la imagen!

¿Por lo que parece la gente continúa, de una forma u otra, apegada a sus creencias tradicionales o supersticiones?

Ina Nui, con la que me unió una entrañable amistad, era descendiente directa de Makea Nui ‘Ariki, la jefa de más alto rango de Avarua y proclamada Reina de Rarotonga por los misioneros y oficiales coloniales en 1845. Todos los domingos acudía a misa en la Cook Islands Christian Church de Avarua, pero no por ello dejó de olvidar a los dioses y espíritus de antaño.

Justo en frente de aquella iglesia y en los mismos terrenos donde se levanta el antiguo Palacio Real y la vieja mansión colonial que habitaba, se encuentra emplazado el marae de Taputapuatea; un antiguo centro ceremonial al aire libre estrechamente ligado al del mismo nombre en la isla de Ra’iatea en Tahiti & sus Islas.

Tapu en polinesio significa sagrado y en este caso Taputaputea, podría traducirse como ãdoblemente sagradoä. Es este motivo, y no otro, por el cual Ina Nui Rio Nia siempre impidió el paso a los extranjeros curiosos. Según propias palabras me comentó que un alemán, haciendo caso omiso al tapu, entró en el antiguo templo, y al cabo de unas semanas falleció.

Cuando tras la muerte de Ina Nui se desplomó parte del Raeremaru, muchos supimos que la leyenda que cuenta que en su cumbre los dioses de antaño aguardan a que las gentes se cansen del cristianismo para ser nuevamente adorados, se estaba confirmando ante nuestros propios ojos. Es más, cuando un ‘ariki del más alto rango deja este mundo, las creencias polinesias apuntan que cosas así pueden suceder.

En Amerika Samoa son muchas las personas que se niegan a ir a las Manu’a, en aquel archipiélago olvidado es donde se creó el mundo; es el centro del universo polinesio y por lo tanto refugio habitual de los tupapaku. Lo mismo ocurre con Falealupo en la isla grande de Savai’i en la Samoa Occidental. En este lugar remoto, solitario y de una belleza paradisíaca deslumbrante es donde se encuentra el luvai o la entrada al pulotu, el más allá de acuerod con la cosmogonía samoana. Por ser un área de extremada significación espiritual a pocos extranjeros se les permite pasar la noche aquí. Este hecho, igualmente y junto al concepto tradicional de tenencia de la tierra, a hecho desistir a muchos en sus planes de construir complejos hoteleros ante la reticencia de sus propietarios originales.

¿ La religión traída por los misioneros europeos es un elemento dominante en las sociedades insulares del Pacífico?

Es evidente que los misioneros hicieron un buen trabajo y muchas de las reglas establecidas continúan vigentes algo de lo que no hay que extrañarse considerando que las Islas Cook, por poner un ejemplo, fueron un reino misionero blindado durante sesenta y cinco años. En las Gambier, el Padre Honoré Laval instauró una teocracia similar construyendo capillas e iglesias bajo cada palmera, y mandando construir a los nativos una gigantesca catedral en Rikitea.

Sitiveni Rabuka protagonista del primer golpe de estado en las Islas Fiji y en todo el área del Pacífico Sur justificó como deseo de Dios su toma de fuerza.La iglesia metodista posee una influencia enorme dentro de la sociedad fijiana. En las Tonga la iglesia Wesleyana regula todo comportamiento social a su cabeza está, como no podía ser de otra manera, Su Majestad Taufa’ahau Tupou IV. Samoa está fundamentada en Dios, lo dicen ellos mismos en su logo nacional. En este país hay más iglesias que en ningún otro lugar del mundo, categoría compartida con otras naciones vecinas. El fa’a Samoa, el estilo de vida local, conjuga los valores tradicionales con los valores cristianos.

En las horas finales del día toda Samoa sin excepciones se recoge para el sa. Son momentos en que las familias se reúnen para leer y comentar las Escrituras, orar y cantar himnos religiosos. En el Maketi Fou de Apia, el Mercado Central, la misma policía es la que se encarga de imponer esta regla religiosa y la verdad es que no hay que andarse con bromas; menos aún en Pago Pago, donde a algunos se les puede ocurrir tirarte piedras si no respetadas la tradición establecida.

Por decirlo de alguna manera, las Islas del Pacífico cierran en domingo. Aquí no se hace nada más que asistir a misa, todo está cerrado y la única actividad permitida es el descanso. A pesar de la soporífera inmovilidad, un domingo en una isla del Pacífico resulta en toda una experiencia cultural. Dices que Fiji fue el primer país del Pacífico en protagonizar un golpe de estado militar.

¿Puedes resumirnos a grandes rasgos el panorama político actual?

En esta parte del mundo disponemos de muy poca información con respecto a lo que ocurre en aquellos países, tan sólo han llegado notícias fugaces de la crisis política fijiana; sin embargo ha sido simplemente reducida a un conflicto étnico entre la comunidad melanesia y la población descendiente de la mano de obra importada por los británicos desde la India entre 1879 y 1916.

En un mismo año y en la década de los ochenta el archipiélago fijiano sufrió dos golpes de estado liderados por el entonces Coronel Sitiveni Rabuka. Si tuviese que emplazar a las islas fijianas en la Polinesia o la Melanesia, con toda seguridad lo haría en las primeras. Fiji es un área de transición entre la Melanesia y la Polinesia y tanto en el pasado como en el presente han sido encrucijada de caminos donde ha convergido media Oceanía.

En la cultura material de Fiji conviven muchos aspectos polinesios y melanesios; la influencia polinesia es predominante en el área oriental del país. Muchas veces han justificado los golpes de estado como un instrumento para contener la supremacía económica, política y social la población de origen hindú sin embargo existe, sobre todo, un elemento de rivalidad entre confederaciones tribales, entre un occidente melanesio y un oriente polinesio, y el mantenimiento de privilegios que proporciona la jefatura tradicional. En años recientes, la llegada de chinos que inundan las calles de Suva de comercios, restaurantes y otras actividades que escapan a la legalidad, parece no ser motivo de preocupación.

Todavía existen residuos coloniales en Tahiti & sus Islas, en Kanaky (Nueva Caledonia), Hawai’i y la Micronesia. Las poblaciones alógenas existentes son las causantes de conflictos latentes y de riesgo continuado en Papua Occidental , ocupada por Indonesia. Las diferencias étnicas en el archipiélago de las Solomon, derivadas de la herencia colonial británica provocan desempleo, pobreza, desigualdad social y violencia doméstica. Estos ultimos aspectos alcanzan niveles realmente preocupantes en la Melanesia.

Las pruebas nucleares que llevó a cabo Francia durante años y años en los atolones de Fangataufa y Moruroa no han sido ni mucho menos las únicas ocurridas en el Pacífico. Los ingleses también se encargaron de explotar bombas y contaminar islas y poblaciones. Los E.E. U.U. han dejado una herencia nuclear espeluznante en las Islas Marshall. Los micronesios se convirtieron en sus protagonistas involuntarios, en víctimas que han sufrido lo indecible; las consecuencias físicas y sociales son irreversibles y espantosas. La naturaleza y la cultura de muchos atolones es ya inviable. Lo más lamentable es que el resto del mundo no quiso o no pudo enterarse de las barbaridades allí cometidas. Muy pocos países conocen mejor los efectos del colonialismo y militarismo norteamericanos que los habitantes de las diminutas islas de Micronesia, especialmente Palau. La política anti nuclear adoptada por este hermoso islario de coral, reflejada en su Constitución, incompatible con los intereses geo estratégicos americanos, hicieron que estos últimos pasasen por alto y sin ningún tipo de remordimiento, los derechos humanos más elementales.

¿Qué protagonismo se le concede a las jefaturas tradicionales?

En las Samoa la estratificación social puede ser asfixiante, cada aldea está compuesta por un número de ‘aiga o familias extendidas a cuya cabeza se sitúa un matai. Es un sistema comunal en donde todo pertenece a las familias. Sus miembros tienen derecho al uso de la propiedad aunque no titulo personal. La autoridad ejercida por los mata’i es absoluta. El Gran Consejo de Jefes de Fiji (Bose Levu Vakaturanga) toma decisiones a nivel local, aunque mantiene una enorme influencia a nivel nacional. Después de los golpes de estado de la década de los ochenta y la reforma de la Constitución de 1990 reforzó su condición notablemente. La unidad básica de la administración es la aldea o koro liderada por el turanga ni koro o jefe hereditario elegido generalmente entre los más ancianos de la comunidad. En muchas ocasiones los sistemas de jefatura locales excusan la corrupción y el nepotismo, algo que se conoce muy bien en Samoa, Tonga, Vanuatu o Papua Niugini (Papua Nueva Guinea).

¿Cuál es la posición de la juventud con respecto a la tradición?

En el sentido tradicional los samoanos sitúan a la familia antes que al individuo. Uno no puede decir lo que piensa como individuo, hasta la danza misma, ya sea en grupo o en solitario, es una expresión colectiva. Los jóvenes que trabajan deben dar la mayor parte del sueldo que ganan con el sudor de su frente al matai, también al fa’ifeau al párroco de la aldea. El resto, si es que realmente les queda algo, es para ellos. Hay quién acepta de buena gana las normas impuestas y no muestran interés alguno para que las cosas dejen de ser así. Otros, en cambio, y sin lugar a dudas aquellos más inquietos y con expectativas y concepciones diferentes les resulta insoportable adaptarse a las exigencias y al peso de la tradición.

Probablemente sea por este motivo que Samoa tenga una de las tasas de suicidios más altas del mundo, especialmente entre la juventud. Se hacen equilibrios en la cuerda floja, al joven samoano le resulta muy complicado conjugar dos mundos tan diferentes como el polinesio y el occidental. La gente, muy especialmente en Samoa i Sisifo, se quita la vida en público tragándose de golpe botellas enteras de herbicida. En la sociedad samoana parece ser que enfadarse o estar mal dispuesto con la familia puede llevar a extremos insospechados uno de ellos, quitarse la vida! Es terrible comprobar que son muchos los que se arrepienten demasiado tarde de su actitud impulsiva y se ven obligados a soportar una agonía escalofriante. El paraquat puede fulminarte en un instante o, por el contrario, tardar un par de días en hacer efecto!

Parece ser que la única solución es desmarcarse de los pasos de la tradición.

En Samoa son pocas las salidas que existen. Aquel individuo que no comparte, que no asume las pautas exigidas no es tan solo una vergüenza para la familia, también para la aldea y si me apuras, para Samoa entera. Sin embargo y en muchos casos tampoco parece ser la solución. Sin un lugar propio donde vivir, ni los recursos necesarios para mantenerte, son mayoría los que acaban viviendo con familiares emigrados en el extranjero donde el estilo de vida tradicional puede aplicarse, de una forma u otra, con la misma intensidad.

Es triste comprobar como la juventud abandona las islas con una facilidad asombrosa, atraída por las luces de la ciudad. Pocas son las veces que tienen en cuenta que para conseguir sus deseos y todos aquellos bienes materiales que ven reflejados en la televisión, es necesaria una formación mínima, que se requiere un esfuerzo y un sacrificio enormes; de esta manera acaban en suburbios miserables soportando el desarraigo social, trabajando en fábricas horribles y convertidos en ciudadanos de tercera clase.

¿ No parece una Polinesia muy feliz?

Dentro de nuestro contexto, desde la percepción mitificada que tenemos de aquellas tierras de las cuales con tan solo pronunciar sus nombres conlleva a imaginar una felicidad envuelta en mai tai y palmeras, playas interminables de arenas blancas y bellas muñecas que danza el hula hula al estilo de Dorothy Lamour o Minnie Mouse, ciertamente si. En todas las sociedades existen elementos positivos y negativos.

En aquellas tierras un número reducido cuestiona el fa’a Samoa, la mayoría piensan que es el único sistema valido y que sin este las islas perderían sus puntos de referencia e identidad. Los samoanos son un pueblo muy orgulloso, los pe’a los tatuajes tradicionales que cubren los cuerpos masculinos y su versión femenina, el malu, evidencian este aspecto.

El fa’a matai garantiza el bienestar de cada miembro de la Îaiga y la comunidad. Los jefes actúan como moderadores en las disputas, distribuyen la tierra familiar y el trabajo y procuran que a nadie les falte alimento y un lugar donde dormir. En este sentido, el fa’a Samoa es realmente positivo. Por último, debo decir que nadie es quíen, como ocurre en ocasiones, para decidir como deben dirigir su sociedad los samoanos, menos aún el mundo occidental.

¿Es únicamente en Samoa donde la tierra posee una función corporativa?

No. Uno de los aspectos sociales, políticos y económicos más críticos de las Islas del Pacífico es la cuestión de la tierra. Pienso que en ningún otro lugar del mundo se encuentran unos elementos tan variados y complejos. En efecto, la tierra tiene una función corporativa, ninguna persona bajo titulo alguno puede arrendar o vender tierras. Los derechos de propiedad recaen sobre el grupo ya sea a nivel de clanes o familias. La tierra significa status y prestigio social, una base para la seguridad psicológica y garantiza el sentimiento de pertenencia a un lugar en concreto.

Aloha , concretamente el concepto de Aloha ‘aina, una palabra prostituida hasta la saciedad por la industria turística y cinematográfica, define de una forma clara y concisa la significación del se kanaka maoli o nativo de Hawai’i: El Amor a la Tierra y a la Gente. Por otro lado, si las predicciones se van confirmando con el paso del tiempo, las consecuencias del cambio climático serán catastróficas y dramáticas para las Islas del Pacífico, ya sean estas naturales, humanas o culturales. Lo que están tierras sufran como primeras víctimas del calentamiento global, será tan solo un ejemplo de lo que nos pasará a nosotros mismos.

¿Qué recomendarías a alguien que planea o prepara un viaje a las Islas del Pacífico?

Desprenderse del mito de los Mares del Sur, olvidar a Gauguin. Es necesario y muy importante plantearse el ecoturismo y/o turismo cultural sostenible como una fórmula esencial. Es decir, la mejor solución para asegurar la supervivencia de las culturas insulares y la frágil naturaleza de las islas. No se trata de convertir a las islas en museos y que sus habitantes vayan vestidos y vivan como nativos para nuestro propio deleite y disfrute de lo exótico; sino garantizar el respeto al entorno y hacia el otro; y aunque este último lleve móvil o teclee el ordenador que ello no nos incite a sacar nuestras propias conclusiones y formas de actuar.

Es necesario potenciar un turismo que impulse el diálogo entre los pueblos. Mucha gente viaja para encerrarse en una burbuja turística completamente ajena al mundo que desde tan lejos han ido a ver, esto es algo que indudablemente no beneficia a ninguna de las partes.

Samoana Blue
© Copyright Tangata Pasifika 2004. Todos los Derechos Reservados

 

6 pensamientos en “Samoana Blue

  1. Aloha y Hola Javier!

    ¿Usted habla inglés? Quisiera comunicar con usted y hablo solamente un poco español.

    Mahalo nui,
    Ana
    Pasifika Foundation Hawai’i

  2. Me ha gustado mucho la entrevista, también he tenido el privilegio de visitar algunas islas del Pacífico y de hecho estoy dedicando mi tesis doctoral a sus literaturas, sería un placer mantener el contacto. Kia ora, talofa!
    Humberto

  3. Me has dejado impresionada, desgraciadamente vivo muy lejos de este paraíso, gracias por compartir experiencias. Tu mochila va cargada de cosas fantásticas.
    De una expatriada a otro expatriado.

  4. Vinaka vakalevu Ana. Gracias a ti, un privilegio contar con tu amistad!

  5. Bula Javier, soy Rosa del grupo de Españoles que estuvimos en Fiji este Octubre y que casualmente te encontramos, me ha encantado la narración de tus experiencias y ademas quiero volverte a dar las gracias por habernos ensañado a tomar kava y por haber querido compartir tu tiempo y tus conocimientos con nosotros tan amablemente.
    Muchos besos y espero volver a verte en FIJI. BULA BULA

  6. Hola, reflejas un conocimiento profundo de esas islas, ha sido un placer leer la entrevista, me he quedado algo triste con lo que comentas sobre los suicidios en Samoa, no tenía idea de esa problemática. Y nunca, (aunque entendí al idea…) nunca olvidaré a Gauguin.

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